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miércoles, junio 30, 2021
sábado, junio 12, 2021
TEDxTangamanga en Cafebrería Ítaca de Cerritos
domingo 13 de junio a partir de las 10:00
Cafebrería Ítaca, Jardín Hidalgo 15 altos
Cerritos, SLP
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miércoles, octubre 16, 2019
miércoles, septiembre 09, 2015
Mafia literaria local - Daniel Espartaco Sánchez
«Del Atlántico al Pacífico, del río Bravo hacia el sur, toda ciudad mexicana tiene su mafia literaria local, compuesta principalmente por uno o dos capos (dos vacas sagradas locales) y un séquito de seguidores, admiradores y aduladores. No me interesa descubrir el hilo negro: esto es una verdad universalmente reconocida. Lo que me sorprende a veces es cómo fingimos no darnos cuenta, cómo vemos a esta mafia local como lo más normal del mundo. ¡Qué hipócritas somos! Y supongo que lo mismo sucede en los demás aspectos de nuestra sociedad. ¿Pero quiénes son estos señores, estos Tony Soprano? Los que se codean con el presidente municipal y el gobernador; los que deciden quién va a publicar en la editorial del gobierno; los que imparten talleres de literatura donde los asistentes duran años sin dar un paso adelante, eternamente estancados; los que deciden sin empacho quiénes irán al festival que organizan con el dinero de los contribuyentes (sus cuates, por supuesto); los que deciden quiénes aparecerán en las antologías (hoy por ti, mañana por mí; antológame que yo te antologaré; dame una plaza, licenciado, que yo respaldaré tu candidatura al municipio; publícame que yo te publicaré; prémiame que yo te premiaré, y un largo y aburrido etcétera). Y esto, que no tiene nada que ver con el acto de la creación literaria, en realidad carece de la mayor importancia, porque este semoviente por más sagrado que sea pocas veces logra trascender más allá de las vías del tren de San Juan de los Palotes. No me preocuparía tanto, y no escribiría sobre esto (hay hartos temas más interesantes) de no ser porque este sistema, esta manera de ver y organizar las cosas finalmente no hace sino estorbar al desarrollo del talento; pervertir a los escritores en ciernes, quienes desde muy pequeños aprenden que la única manera de progresar es besando traseros antes que ponerse a crear una obra literaria en serio. Usted no lo va a creer, pero en mi pueblo, San Juan de los Palotes, en la carrera de Letras Hispánicas hay dos asignaturas tituladas Literatura sanjuanpalotense I y Literatura sanjuanpalotense II (líbreme Dios de estar en ese programa), mismas que además ¡son obligatorias! para titularse. Ahí se les enseña a los jóvenes estudiantes todo un compendio de obras locales como si fueran clásicos de la lengua. Y por clásico me refiero a una obra tan ejemplar que es digna de imitarse. Por supuesto, quienes decidieron quién iba estar en el programa fueron los de la mafia local.
«Pero un escritor joven que comienza de manera titubeante debe saber que es posible progresar sin tener que pasar por el aro de fuego de la mafia literaria; debe saber que es posible aprender a escribir sin necesidad de los sabios consejos del rebaño sagrado: basta con trabajar mucho, con leer a Balzac y a Dostoyevski, con los consejos de autores como Carver, Chéjov, Hemingway, que se consiguen gratis en internet, con tener un diccionario y una gramática a la mano; que todo lo que necesita saber está en The Art of Fiction de John Gardner (hay traducción mexicana: El arte de escribir novela y otros tipos de ficción. Editorial Publigrafics, S.A. México, 1987); pero más importante que todo, debe saber que, en mi opinión, para ser escritor o artista, o en su defecto poeta, hay algo que no se enseña en un taller de literatura, y eso es la ética, la dignidad, la sensibilidad social, el compromiso con el arte y el oficio, con lo humano, con la honestidad. Honestidad ante todo. No puede haber un escritor de talento sin esto. Hay que quedarse en casa y ponerse a escribir y a corregir más en vez de andar en presentaciones de libros y talleres para recoger las migajas que deja Tony Soprano. La literatura mexicana será mejor, y más democrática, en la medida en que dejemos atrás estos vicios. Selah.»
«Pero un escritor joven que comienza de manera titubeante debe saber que es posible progresar sin tener que pasar por el aro de fuego de la mafia literaria; debe saber que es posible aprender a escribir sin necesidad de los sabios consejos del rebaño sagrado: basta con trabajar mucho, con leer a Balzac y a Dostoyevski, con los consejos de autores como Carver, Chéjov, Hemingway, que se consiguen gratis en internet, con tener un diccionario y una gramática a la mano; que todo lo que necesita saber está en The Art of Fiction de John Gardner (hay traducción mexicana: El arte de escribir novela y otros tipos de ficción. Editorial Publigrafics, S.A. México, 1987); pero más importante que todo, debe saber que, en mi opinión, para ser escritor o artista, o en su defecto poeta, hay algo que no se enseña en un taller de literatura, y eso es la ética, la dignidad, la sensibilidad social, el compromiso con el arte y el oficio, con lo humano, con la honestidad. Honestidad ante todo. No puede haber un escritor de talento sin esto. Hay que quedarse en casa y ponerse a escribir y a corregir más en vez de andar en presentaciones de libros y talleres para recoger las migajas que deja Tony Soprano. La literatura mexicana será mejor, y más democrática, en la medida en que dejemos atrás estos vicios. Selah.»
miércoles, noviembre 13, 2013
¡Literaturas, en plural! - Milan Kundera
"Goethe fue quien formuló por primera vez lo que acabo de decir: 'La literatura nacional ya no representa mucho hoy en día, entramos en la era de la literatura mundial (die Weltliteratur) y nos compete a cada uno de nosotros acelerar esta evolución'. Éste es, por decirlo así, el testamento de Goethe. Un testamento traicionado más. Porque abrid cualquier manual, cualquier antología: la literatura universal es presentada como yuxtaposición de las literaturas nacionales. ¡Como una historia de las literaturas! ¡Literaturas, en plural!
"¿Quiero decir con eso que, para juzgar una novela, podemos prescindir del conocimiento de su lengua original? Pues sí, ¡es exactamente lo que quiero decir! Gide no sabía ruso, G.B. Shaw no sabía noruego, Sartre no leyó a Dos Passos en su lengua original. Si los libros de Witlod Gombrowicz y de Danilo Kis hubieran dependido únicamente del juicio de los que saben polaco o serbio, nunca se habría descubierto su radical novedad estética..."
"¿Quiero decir con eso que, para juzgar una novela, podemos prescindir del conocimiento de su lengua original? Pues sí, ¡es exactamente lo que quiero decir! Gide no sabía ruso, G.B. Shaw no sabía noruego, Sartre no leyó a Dos Passos en su lengua original. Si los libros de Witlod Gombrowicz y de Danilo Kis hubieran dependido únicamente del juicio de los que saben polaco o serbio, nunca se habría descubierto su radical novedad estética..."
(El telón, ensayo en siete partes)
jueves, septiembre 05, 2013
miércoles, julio 24, 2013
Regiones (2)
"Es en el campo literario donde quisiéramos apuntar algunos hechos que determinan configuraciones desiguales y establecen cánones de valor literario y de creación. El tiempo finisecular dio cabida a otras manifestaciones literarias, y una de las más importantes es lo que algunos críticos literarios han llamado la literatura del desierto, como Vicente Francisco Torres, y otros, literatura de la llanura, como Christopher Domínguez Michael.
"Ambas pertenecen a un título más global de literatura regional, con viejos antecedentes en el siglo XIX, que se pueden establecer en la búsqueda de una literatura nacional --léase Ignacio Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez, etcétera--, en los innumerables viajeros que circundaron los caminos reales y veredas de ese México decimonónico, ávidos de un conocimiento geográfico basado en las estadísticas y en el conocimiento del territorio y paisaje nacionales, para propios y extraños.
"La literatura regional va acompañada, en el caso mexicano, para su concepción contemporánea con el discurso de la historia. No es casual que este renacimiento de la literatura regional en el campo de las letras mexicanas haya sido reforzado por la aparición que marcó un hito en la historia de México: la publicación en 1968 de Pueblo en vilo, de Luis González y González.
"Por otro lado los problemas de una larga herencia centralizadora de la vida nacional hicieron voltear los ojos a otros mundos que estaban ahí y de los cuales no se ocupaban ni los gobiernos ni los escritores. Lo regional se entendía en contraposición a lo nacional, lo oficial, lo aceptado.
"La microhistoria influye en la percepción por explicar lo pequeño, lo local, lo regional y, muchas veces, por enfrentarse a la historia nacional, la que construye el Estado en su afán de homogeneizar un discurso o una práctica política".
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Tomás Bernal Alanis, "La odisea de la narrativa regional: la construcción de la identidad en el norte de México", en Pensamiento, cultura y literatura en América Latina, Patricia Cabrera (coordinadora), CIICH-UNAM/ Plaza y Valdes, 2004.
viernes, julio 12, 2013
Regiones (1)
"Los continentes, me parece, se tornan archipiélagos, al menos vistos desde afuera. Las Américas tienden a configurarse como un archipiélago, se agrupan en regiones, sobreponiéndose a las fronteras nacionales. A mi juicio debemos devolver al término región la dignidad que le es propia. El pensamiento de sistema, el pensamiento continental [...] consideraba a las lenguas no vehiculares --a las que llamaremos regionales, siempre que demos al vocablo región un sentido nuevo, exhaustivo-- como lenguas encerradas en sí mismas, replegadas, idóneas para la folklorización y el particularismo inoperante. Este estado de cosas genera inmediatamente obligaciones, siendo la conclusión que todas las lenguas han de entenderse, a través del espacio, en los tres sentidos del término entenderse, a saber: deben escucharse, deben comprenderse y deben reconocerse".
Edouard Glissant, Introducción a una poética de lo diverso
Edouard Glissant, Introducción a una poética de lo diverso
sábado, junio 02, 2012
provincianismo...
"Todo se renueva en estas cabeceras de Guanajuato, de San Luis, de Zacatecas... renuévase el árbol, y la belleza de la mujer, y el agua. Todo, sí, menos el pensamiento, que se momifica en una tradición feudal o se cristaliza en la ñoñez jacobina. Yo no lo deploro: antes me alegro que los iracundos y pueriles sectarios lleven trazas de poder ofrecernos siempre un sabroso sainete de ideas. me alegro, porque es saludable asistir a los escenarios en que se disputan la candidez y la petulancia".
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Ramón López Velarde, "La provincia mental",
Una música íntima (antología), Editorial Ponciano Arriaga, SLP
selección e introducción de Armando Adame, 2011
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Ramón López Velarde, "La provincia mental",
Una música íntima (antología), Editorial Ponciano Arriaga, SLP
selección e introducción de Armando Adame, 2011
jueves, septiembre 22, 2011
Leyendas: literatura de tradición oral de San Luis Potosí en letras de molde*
Alexandro Roque
El primer libro de mitos y leyendas que como tal se publicó en San Luis, al parecer, fue Leyendas potosinas, de Ignacio Medellín Espinoza, editado por los talleres del periódico Acción en 1934 y patrocinado por Hipólito Cedillo, “presidente del partido de San Luis Potosí”. En esta primera edición de leyendas —hoy en cientos de versiones no siempre bien editadas y, a veces, más bien pobres en edición y lenguaje— se recuperan historias (digamos) nacionales como la de la Llorona o la Maltos, pero se añaden y empiezan a reunir como típicas de San Luis Potosí las historias de personajes como Juan del Jarro o el Caballero Degollado, y lugares como el jardín de San Francisco (hoy Vicente Guerrero) o los túneles que supuestamente conectan templos y edificios públicos, versión negada oficialmente.
Jesús C. Pérez, también (o más) conocido por su seudónimo periodístico Peritos, nació en San Luis Potosí el 22 de diciembre de 1903 y falleció en la misma ciudad el 18 de diciembre de 1970. Destacó en el género de cuento, con abundantes obras publicadas en varios libros, en compilaciones o individualmente, y en las revistas Bohemia, Letras Potosinas (publicación de la cual también fue jefe de redacción) y otras publicaciones locales. Vivió algún tiempo en Estados Unidos y allá fundó una pequeña publicación en español. Jesús C. Pérez fue uno de los pocos narradores de la Bohemia Potosina, asociación que se reunía en el Museo Othoniano e incluía a historiadores, poetas y profesionistas varios.
De sus muchas publicaciones me referiré a Cuentos del viejo San Luis, producida en 1959 en la Imprenta Universitaria, con el sello editorial de la Asociación de Escritores, Artistas y Periodistas. Este libro consta de siete cuentos: “El burro de extensión”, “Las bicicletas automáticas”, “La bruja de Capulines”, “Un chistecito”, “El enamorado”, “Tata Chico Meza” y “La calavera”, varios de ellos reeditados como cuadernitos, acaso por su éxito de venta. Todos los cuentos tienen elementos de historias de aparecidos, fantasmas, brujas y demonios y por ahora, aunque todos tienen su gracia y elementos para desmenuzar poco a poquito —por el humor y la estrategia con los que atrae al lector—, les platico un poquito de un par de ellos.
En sus cuentos, Peritos relata “tal como me los contaron, porque aquí no invento nada ni meto mano, entre otras razones porque no hace falta, ya que tengo el concepto de que la imaginación, por viva que sea, nunca supera a la realidad”.
Al final del cuento “El burro de extensión”, el autor refrenda: “Esto me lo contaba mi abuelita paterna, muy conocida en el barrio por mamá Lolita, aun por aquellos que no tenían con ella ningún parentesco, y como era una insuperable narradora, lo hacía con mucha gracia y dando toda clase de detalles, dejándonos a todos con la boca abierta…”
En su gusto por retomar de una manera literaria viejas historias de terror Peritos da ubicaciones del San Luis de finales del siglo XIX y principios del XX, con nombres de calles, comercios famosos y personajes que muchas veces retoma de familiares y conocidos. Así, a veces menciona el año, las características y hasta las familias “notables del lugar”, pero otras no menciona el año porque no le gusta contar mentiras. En “Las bicicletas automáticas” el autor advierte: “cambiaré también el nombre de los demás personajes que intervienen, porque los hechos son todavía recientes y quedan descendientes de ellos, de tal manera que más de uno pudiera no estar conforme con que su gente anduviera en cuentos”. Esta hibridación de géneros la propone nuestro autor porque “hay individuos que confunden a los cuentos con las historias y a las historias con los cuentos”, disfrazando las historias como cuentos “como los historiadores disfrazan a sus cuentos de historias”.
Los cuentos son “El chistecito” y “Tata Chico Meza”. En el primero son un par de nahuales los que se aparecen burlonamente a los protagonistas, un par de compadres que salen a acampar lejos de la ciudad. Solo son testigos del chistecito de los niños, y lo sobrenatural se aparece para demostrar el poder del campo y de la noche. En "Tata Chico Meza" asistimos a una anécdota que con diversos nombres se oye en muchas poblaciones: alguien se encuentra a las afueras del pueblo con una persona que le pide le lleve un recado a una tercera. Al llegar hay un velorio, y a quien se está velando es a la persona que había mandado el recado. Casi siempre se trata de una deuda, de un recado de esperanza, o hasta de una misa por las ánimas del purgatorio.
A veces sin redondear el aspecto literario —se transcribe sin más, con lo difusa y confusa que pueda resultar el habla—, a veces con simpleza de lenguaje para que se vendan, los libros de leyendas aquí y en otras partes no siempre son lo que uno esperaría, y es que esta búsqueda de la tradición oral desde lo literario —no desde lo mercadológico— apenas empieza.
Y hay otro cuento de Peritos del cual sólo citaré el inicio, nomás porque menciona a la bella villa. Es “La bruja de Capulines”, en el cual uno de los dos involucrados es don Panfilo, quien “no era de San Luis, sino de Carbonera, que ahora se llama Villa Juárez, en donde abundan los Castillos, los Almazanes, los Izaguirres y los Ruices, todos ellos muy decentes y muy finas personas”.
* Versión del texto presentado en la Coordinación de Ciencias Sociales.
(y si quieren ver algo sobre otras formas literarias (musicales) de tradición oral vayan acá: "De toquines y charangas")
miércoles, septiembre 07, 2011
Letras de San Luis 2011, inauguración
(el programa completo por acuá)
Miércoles 7 de septiembre
Inauguración
20:00 hs. Teatro. La vida se Lee. Dirige y actúa Susana Alexander. Plaza de Armas
Exposición
· Retrospectiva de la Novela Grafica de Edgar Clément. Galerías de Palacio
Talleres
· Alberto Chimal (Teoría y práctica del cuento)/ITESM
· Julián Herbert (La estructura del relato posmoderno)/Coordinación de Ciencias Sociales y Humanidades UASLP
· Jaime Chabaud (Principios de Dramaturgia)/Museo de la Máscara
· J.M. Servín (periodismo charter: escribir sin un cielo protector)/Sala de Cronistas
· Edgar Clément (Introducción a la ilustración digital)/Facultad del Habitat de la UASLP
Miércoles 7 de septiembre
Inauguración
20:00 hs. Teatro. La vida se Lee. Dirige y actúa Susana Alexander. Plaza de Armas
Exposición
· Retrospectiva de la Novela Grafica de Edgar Clément. Galerías de Palacio
Talleres
· Alberto Chimal (Teoría y práctica del cuento)/ITESM
· Julián Herbert (La estructura del relato posmoderno)/Coordinación de Ciencias Sociales y Humanidades UASLP
· Jaime Chabaud (Principios de Dramaturgia)/Museo de la Máscara
· J.M. Servín (periodismo charter: escribir sin un cielo protector)/Sala de Cronistas
· Edgar Clément (Introducción a la ilustración digital)/Facultad del Habitat de la UASLP
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San Luis Potosí
lunes, marzo 07, 2011
Lo femenino en la literatura potosina (3)
Amparo Dávila es una escritora zacatecana que estuvo avecindada en San Luis Potosí. Se le reconoce más como cuentista, pero el escritor Jesús Olague nos da a conocer que durante su estancia en tierras potosinas Dávila publicó tres poemarios, Salmos bajo la luna (1950), Meditaciones a la orilla del sueño y Perfil de soledades (ambos de 1954). Por sus cuentos y los ambientes que logra recrear a Amparo Dávila se le ha considerado escritora “de literatura fantástica”, aunque más podría ser una escritura tejida sobre otras realidades, sobre una lectura interiorizada de lo que nos rodea.
Escribe Olague: “Para 1954, el año en que aparece Tiempo destrozado, esta indagación ya no puede entenderse como un recorrido por la vía de la iluminación. La idea de la revelación súbita, de que la plenitud del conocimiento puede alcanzarse además de nombrarse, implica la distorsión tradicional de las capacidades y las debilidades del lenguaje; más humilde, pero también más afilada y escéptica, Dávila opta por una vía de oscuridad: por dar un paso atrás en la búsqueda del sentido del mundo para intentar, desde más lejos, desde más abajo, entrever al menos la plenitud de lo que no comprendemos”.
* * * * *
Asunción Izquierdo de Albiñana es autora de Andréïda, el tercer sexo (Botas, México, 1938). La joven que da título a la novela “es un ser sorprendente, desconcertante […] como todo ser que ha roto un equilibrio, una continuidad, es el ser rebelde por excelencia. Desordenador de toda naturaleza humana”. Su pecado: buscar la liberación; su redención: la maternidad.
Cuando la protagonista se entrega a su amado la narradora dice: “sorprendida, Andréïda lo dejó hacer, sabía que era el póstumo homenaje a su virginidad […] Para el hombre, lo inalcanzado tiene un valor magnífico que jamás vuelve a otorgar a lo poseído, por mucha necesidad que sienta en conservarlo”.
En el orgasmo “no es el goce lo que le entreabre los labios en una mueca desesperada y le hace entrechocar los dientes en un temblor nervioso. No es alegría lo que estremece, a intervalos, sus finos miembros… es el dolor infinito, es la maldición hebrea, es la venganza de un Dios imposible”.
La vida con el hijo es el final feliz, inevitable, en el que influyó “la cobardía de la mano femenina que la plasmara en letras. Mano cobarde que, espantada de su audacia, se apresuró en alargarle la rehabilitación, la suprema redención a su heroína, dentro de una forma suave y rosada, destinada a estremecer al mundo con un débil vagido de infante”.
* * * * *
Otra protagonista inolvidable es Gabriela Infante, quien en un tiempo fue más conocida como La Generala, “un ángel glorioso”, una heroína de la guerra cristera que no mataba, “linda como una rosa”. El protagonista de la novela de Jesús Goytortúa y sus lectores la conocen aún más como Pensativa, quien vive con su propia corte de los milagros, ciegos, mancos, todos ex cristeros, en una hacienda “alejada del mundanal ruido”, según la expresión de la época.
Con una excelente historia de suspenso, personajes completos y complejos, en la que pesan por igual los actos heroicos y sanguinarios del gobierno y de las tropas cristeras, Pensativa ganó el premio Lanz Duret de 1944 y fue publicada en 1945. Aún se reedita bajo el sello de Editorial Porrúa. A diferencia de otras novelas de la época la protagonista es fuerte, el amor no es su destino anhelado y tiene un ascendente sobre todos los hombres de la región por su talento guerrero y su inteligencia. Pensativa “es tan reflexiva, tan seria, sin ser adusta […] Es altiva y parece altanera, pero tiene un corazón exquisito”.
La verdad y el pasado se van develando finamente en la trama, con un final que ha sido discutido con energía por sus lectoras, entre ellas mis alumnas, opiniones que como en la vida “real” van de lo que se quiere a lo que debería ser ante el amor y ante la vida.
* * * * *
Tita Valencia es una escritora que sabe transmitir el fuego eternizado en palabras. En “Urgente decir te amo” (1932-1942), publicado por El Colegio de San Luis (2007) nos lleva a los recuerdos de una pareja potosina, a sus cartas y sentimientos. Lupe, la protagonista de dicha historia de amor, fue hija del cerritense Rafael Nieto Compeán, de quien la historia local nos muestra que fue el gobernador que reconoció el derecho al voto de la mujer, pero del que poco se habla como poeta, pues fue autor a su vez de poemas dedicados a la mujer potosina.
La hija de Rafael Nieto, novia y esposa de Mario, un poeta, poeta ella misma, es pues la protagonista de Urgente decir te amo... Tita Valencia nos narra el encuentro y el matrimonio, la muerte, las palabras que surgen entre dos que se quieren. Lupe no es una mujer sumisa, que espera que llegue un príncipe azul. Ella escribió que se había refugiado en la hacienda La Joya de Luna no para descansar, sino para
En la lectura narración de Tita Valencia hay reconocimiento de la comunión que representa la maternidad, pero no es como en el caso de Asunción Izquierdo una redención. Así, tras de que Lupe le anuncia a Mario que van a tener un hijo, la narradora comenta: “Ellos, los enamorados y el fruto de sus vientres, han quedado enlazados irreversiblemente, ensartados e insertados en el futuro, ese cordón umbilical que tanto se parece a la soga del ahorcado y que es la historia”.
* * * * *
“¡Ah, mi libro, mi libro siempre abierto!/ Persigo la palabra/ y yo me encuentro dentro”, cantaba Juana Meléndez, maestra generosa de varias generaciones, quien dejó una obra importante que debe ser analizada por las nuevas generaciones de literatos, por la ciudad toda, igual que la obra de las mujeres de quienes hemos hablado, igual que la de Dolores Jiménez y Muro, Socorro Perea, Carmen Ayech, Olimpia Badillo o la de Anna Neumann.
Harían falta muchas horas y muchas páginas para hablar de todas. La más reciente publicación de Andrea Saldaña se titula Cuentos de genero-sidad, Gabriela dÁrbel nos habla de sus fantasmas, Laura Elena González nos ha dado una Ciudad sin puertas , Socorro Venegas La noche será negra y blanca, y Jeanne Karen el Canto de una mujer en tierra. Hay voces que arrancan apenas pero que habrá que añadir a la lista de imprescindibles en un año o más, o mañana. Sí, faltan muchas, pero la historia debe construirse con muchas voces. Y nos debemos como sociedad la historia de las artistas plásticas, de las músicas, de las dramaturgas y actrices, de las cantantes.
En la Huasteca, mujeres como Cesiah Gallegos o María Rufina Trejo Jasso hacen su trabajo creador como parte del grupo cultural independiente Donde Nace la Palabra, mediante lecturas, talleres y publicaciones. En Rioverde hay gente deseosa de aprender los vericuetos de la escritura y lo mismo pasa en chos municipios. No es la capital del estado, ni el estado.
En fin, concluyamos, por ahora, con que, como propone Ute Frevert (en cita de Paatz) “sólo cuando se haya llegado a condiciones de igualdad social en todos los niveles, tanto en el trabajo como en la familia, para todos los sectores de la población, la diferencia biológica de los sexos podría resultar productiva, sin que sea factible el mal uso de la misma". Ojalá que los libros no se queden sin abrir, que las calles tengan nombres vivos, que el diálogo entre hombres y mujeres fructifique en un coro de poesía y reconocimiento mutuos, aquí y en donde nos encontremos.
Lo femenino en la literatura potosina (1)
Lo femenino en la literatura potosina (2)
Escribe Olague: “Para 1954, el año en que aparece Tiempo destrozado, esta indagación ya no puede entenderse como un recorrido por la vía de la iluminación. La idea de la revelación súbita, de que la plenitud del conocimiento puede alcanzarse además de nombrarse, implica la distorsión tradicional de las capacidades y las debilidades del lenguaje; más humilde, pero también más afilada y escéptica, Dávila opta por una vía de oscuridad: por dar un paso atrás en la búsqueda del sentido del mundo para intentar, desde más lejos, desde más abajo, entrever al menos la plenitud de lo que no comprendemos”.
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Asunción Izquierdo de Albiñana es autora de Andréïda, el tercer sexo (Botas, México, 1938). La joven que da título a la novela “es un ser sorprendente, desconcertante […] como todo ser que ha roto un equilibrio, una continuidad, es el ser rebelde por excelencia. Desordenador de toda naturaleza humana”. Su pecado: buscar la liberación; su redención: la maternidad.
Cuando la protagonista se entrega a su amado la narradora dice: “sorprendida, Andréïda lo dejó hacer, sabía que era el póstumo homenaje a su virginidad […] Para el hombre, lo inalcanzado tiene un valor magnífico que jamás vuelve a otorgar a lo poseído, por mucha necesidad que sienta en conservarlo”.
En el orgasmo “no es el goce lo que le entreabre los labios en una mueca desesperada y le hace entrechocar los dientes en un temblor nervioso. No es alegría lo que estremece, a intervalos, sus finos miembros… es el dolor infinito, es la maldición hebrea, es la venganza de un Dios imposible”.
La vida con el hijo es el final feliz, inevitable, en el que influyó “la cobardía de la mano femenina que la plasmara en letras. Mano cobarde que, espantada de su audacia, se apresuró en alargarle la rehabilitación, la suprema redención a su heroína, dentro de una forma suave y rosada, destinada a estremecer al mundo con un débil vagido de infante”.
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Otra protagonista inolvidable es Gabriela Infante, quien en un tiempo fue más conocida como La Generala, “un ángel glorioso”, una heroína de la guerra cristera que no mataba, “linda como una rosa”. El protagonista de la novela de Jesús Goytortúa y sus lectores la conocen aún más como Pensativa, quien vive con su propia corte de los milagros, ciegos, mancos, todos ex cristeros, en una hacienda “alejada del mundanal ruido”, según la expresión de la época.
Con una excelente historia de suspenso, personajes completos y complejos, en la que pesan por igual los actos heroicos y sanguinarios del gobierno y de las tropas cristeras, Pensativa ganó el premio Lanz Duret de 1944 y fue publicada en 1945. Aún se reedita bajo el sello de Editorial Porrúa. A diferencia de otras novelas de la época la protagonista es fuerte, el amor no es su destino anhelado y tiene un ascendente sobre todos los hombres de la región por su talento guerrero y su inteligencia. Pensativa “es tan reflexiva, tan seria, sin ser adusta […] Es altiva y parece altanera, pero tiene un corazón exquisito”.
La verdad y el pasado se van develando finamente en la trama, con un final que ha sido discutido con energía por sus lectoras, entre ellas mis alumnas, opiniones que como en la vida “real” van de lo que se quiere a lo que debería ser ante el amor y ante la vida.
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Tita Valencia es una escritora que sabe transmitir el fuego eternizado en palabras. En “Urgente decir te amo” (1932-1942), publicado por El Colegio de San Luis (2007) nos lleva a los recuerdos de una pareja potosina, a sus cartas y sentimientos. Lupe, la protagonista de dicha historia de amor, fue hija del cerritense Rafael Nieto Compeán, de quien la historia local nos muestra que fue el gobernador que reconoció el derecho al voto de la mujer, pero del que poco se habla como poeta, pues fue autor a su vez de poemas dedicados a la mujer potosina.
La hija de Rafael Nieto, novia y esposa de Mario, un poeta, poeta ella misma, es pues la protagonista de Urgente decir te amo... Tita Valencia nos narra el encuentro y el matrimonio, la muerte, las palabras que surgen entre dos que se quieren. Lupe no es una mujer sumisa, que espera que llegue un príncipe azul. Ella escribió que se había refugiado en la hacienda La Joya de Luna no para descansar, sino para
estudiar mucho, saciar mi hambre y sed de conocimiento. No se me había permitido entrar a la universidad a pesar de mis altas calificaciones en el colegio belga. Prejuicios de aquellos tiempos. Por eso, en revancha, había huido al campo llevando conmigo varios volúmenes sobre ciencias, filosofía, arte… Entre ellos, el Zaratustra de Nietzche, La República de Platón, lo más que pude historia universal [...] Ni entonces ni nunca he flaqueado. Mi pasión por el saber ha sido una especie de guía innata en mí.
En la lectura narración de Tita Valencia hay reconocimiento de la comunión que representa la maternidad, pero no es como en el caso de Asunción Izquierdo una redención. Así, tras de que Lupe le anuncia a Mario que van a tener un hijo, la narradora comenta: “Ellos, los enamorados y el fruto de sus vientres, han quedado enlazados irreversiblemente, ensartados e insertados en el futuro, ese cordón umbilical que tanto se parece a la soga del ahorcado y que es la historia”.
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“¡Ah, mi libro, mi libro siempre abierto!/ Persigo la palabra/ y yo me encuentro dentro”, cantaba Juana Meléndez, maestra generosa de varias generaciones, quien dejó una obra importante que debe ser analizada por las nuevas generaciones de literatos, por la ciudad toda, igual que la obra de las mujeres de quienes hemos hablado, igual que la de Dolores Jiménez y Muro, Socorro Perea, Carmen Ayech, Olimpia Badillo o la de Anna Neumann.
Harían falta muchas horas y muchas páginas para hablar de todas. La más reciente publicación de Andrea Saldaña se titula Cuentos de genero-sidad, Gabriela dÁrbel nos habla de sus fantasmas, Laura Elena González nos ha dado una Ciudad sin puertas , Socorro Venegas La noche será negra y blanca, y Jeanne Karen el Canto de una mujer en tierra. Hay voces que arrancan apenas pero que habrá que añadir a la lista de imprescindibles en un año o más, o mañana. Sí, faltan muchas, pero la historia debe construirse con muchas voces. Y nos debemos como sociedad la historia de las artistas plásticas, de las músicas, de las dramaturgas y actrices, de las cantantes.
En la Huasteca, mujeres como Cesiah Gallegos o María Rufina Trejo Jasso hacen su trabajo creador como parte del grupo cultural independiente Donde Nace la Palabra, mediante lecturas, talleres y publicaciones. En Rioverde hay gente deseosa de aprender los vericuetos de la escritura y lo mismo pasa en chos municipios. No es la capital del estado, ni el estado.
En fin, concluyamos, por ahora, con que, como propone Ute Frevert (en cita de Paatz) “sólo cuando se haya llegado a condiciones de igualdad social en todos los niveles, tanto en el trabajo como en la familia, para todos los sectores de la población, la diferencia biológica de los sexos podría resultar productiva, sin que sea factible el mal uso de la misma". Ojalá que los libros no se queden sin abrir, que las calles tengan nombres vivos, que el diálogo entre hombres y mujeres fructifique en un coro de poesía y reconocimiento mutuos, aquí y en donde nos encontremos.
Lo femenino en la literatura potosina (1)
Lo femenino en la literatura potosina (2)
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Tita Valencia
Lo femenino en la literatura potosina (2)
Como en el campo poético, la labor de Joaquín Antonio Peñalosa en la historiografía literaria es invaluable. Gracias a ella tenemos acercamientos a la literatura potosina, o regional, producida en muchas épocas. Destaquemos aquí su libro Letras virreinales de San Luis Potosí, en el que da cuenta de lo femenino y lo trágico en los inicios de las letras de nuestra entidad.
Juan de Gabiria es el autor y Martha de Rentería la musa, apenas a 14 años de la fundación de San Luis Potosí. La pareja vivía en el entonces pueblo de Tlaxcalilla, hoy barrio de Tlaxcala. Cuando supo del primer amante de Martha, Juan de Gabiria desapareció un tiempo. A su regreso, aun cuando ella estaba embarazada “del otro”, la perdonó. En 1606, cuando ella tuvo un segundo amante, la mató a puñaladas. En la causa criminal aparece el poema de diez décimas, que es, según el padre Peñalosa, “el mejor preámbulo y augurio de la poesía y de la historia literaria de San Luis Potosí”.
Tlaxcalilla era un pueblo de indios, donde las costumbres eran más relajadas que en el pueblo de españoles. La “vida licenciosa” de Martha de Rentería era conocida de todos y por ello al poeta sólo se le destierra durante seis meses, aunque nunca se vuelve a saber de él. Se considera un crimen menor, por ser “en defensa de la honra”.
Dice Peñalosa que de las diez décimas “A Martha de Rentaría” al parecer la última fue escrita tras la muerte de la musa esquiva:
Caído me has a las manos,
pagas por donde pecaste,
que si de mi te burlaste,
yo de tus gustos livianos;
que los cielos soberanos,
viendo mi justa querella,
te dan por sentencia en ella
que, como desconocida,
la que me quitó la vida
se quede sin mi y sin ella.
* * * * *
Con los calificativos de “escogida, moral y recreativa”, en sus antologías de poesía y prosa, publicadas respectivamente en 1904 y 1905, Adolfo B. González incluye un total de 29 mujeres potosinas (12 y 17). Son textos poéticos y narrativos dedicados en gran parte a una búsqueda del ser mujer, sea mediante el canto al amor donde la sensualidad se esconde, a la maternidad como realización personal o la devoción o súplica a la divinidad, principalmente a la Virgen. Otra vez la madre como figura literaria, que da, que protege a sus crías.
Del trabajo antologador de Adolfo B. González, cuyas muestras femeninas se pueden consultar gracias a las módicas ediciones publicadas por El Colegio de San Luis, destacaré dos textos. El primero está fechado en 1887, obra de Refugio Marmolejo. Titulado con sencillez, “a mis lectoras”, la autora habla de la diferencia moral que hay entre el simple aseo y el demasiado adorno y se dirige a las mujeres que “tienen la desgracia de carecer” de una madre que con sus consejos las libren de ese defecto.
Recordemos que el texto en mención es propuesto en pleno porfiriato, en un San Luis afrancesado y en expansión, con muchas obras planeadas o en construcción, un lugar donde todos se conocen. Aquella que dedica demasiado tiempo a su “demasiado adorno”, advierte doña Refugio, “no va al templo más que para ver y ser vista”, con el consecuente descuido de “la educación intelectual tan necesaria y de las faenas domésticas”, amén de que el murmullo que levanta a su paso “es muchas veces de burla y de desprecio”.
Quiero también compartir con ustedes un fragmento de “La educación de la mujer”, escrito el 3 de octubre de 1892 por la también poeta Guadalupe Vázquez Castillo y publicado en la antología citada. En su texto, ella pide énfasis en materias como ciencias naturales o antropología, a la vez que enaltece la procreación y asegura que “las operaciones más comunes del cálculo, la economía domestica, el arreglo de piezas de ropa, etc., han de ocupar un sitio preferente en su educación; tanto porque es lo único que a muchos preocupa y lo que sólo buscan en la mujer, como es lo que siempre y a cada paso le está poner en práctica”.
Es decir, aquí sigue vigente la visión de las mujeres como amas de casa y madres de familia, el inevitable círculo vicioso o virtuoso, según se mire. Son las mujeres quienes legitiman el estatus quo, proponiendo una mayor educación a las niñas, “mujeres en miniatura”, preparándolas “para que cumplan más tarde los importantes deberes de que ellas mismas se hallan investidas”.
* * * * *
Concepción Urquiza fue una poeta michoacana que llegó a San Luis Potosí a revitalizar los a veces cansados círculos literarios. Peñalosa y otros críticos la consideran una de las mejores entre los poetas místicos, acaso la más grande después de sor Juana Inés de la Cruz. En su libro Concha Urquiza: la embriaguez de Dios, la investigadora de la UNAM Margarita León da a conocer datos interesantes sobre los años que Urquiza pasó en San Luis, de 1939 a 1994, bajo el amparo de su amiga Rosario Oyárzum, “abogada y destacada mujer de letras”. Aquí, en la universidad, da clases de lógica, literatura e historia de las ideas filosóficas, y es una etapa fructífera en lo poético y en lo personal. Eran muy comentados sus paseos en bicicleta por la alameda, pues ella y Rosario iban en pantalones. Un escándalo para su época. Mientras, Urquiza escribía tranquilamente:
Quiero decir que te amo y no lo digo
aunque bien siento el corazón llagado,
porque para mi mal tengo probado
que soy tibio amador y flaco amigo.
No amarte más es culpa y es castigo,
que de ansias de tu amor me has abrasado,
y con sólo dejarme en mi pecado
extremas tu rigor para conmigo.
Sólo quiero vivir para buscarte,
sólo temo morir antes de hallarte,
sólo siento vivir cuando te llamo;
y, aunque vivo ardiendo en vivo fuego,
como la entera voluntad te niego
no me atrevo a decirte que te amo.
Concha Urquiza dejó San Luis con una obra sólida, que prometía mucho más y que interrumpió su desaparición en el mar de Baja California cuando apenas tenía 35 años...
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(Sigue aquí)
Antes: Lo femenino en la literatura potosina (1)
Juan de Gabiria es el autor y Martha de Rentería la musa, apenas a 14 años de la fundación de San Luis Potosí. La pareja vivía en el entonces pueblo de Tlaxcalilla, hoy barrio de Tlaxcala. Cuando supo del primer amante de Martha, Juan de Gabiria desapareció un tiempo. A su regreso, aun cuando ella estaba embarazada “del otro”, la perdonó. En 1606, cuando ella tuvo un segundo amante, la mató a puñaladas. En la causa criminal aparece el poema de diez décimas, que es, según el padre Peñalosa, “el mejor preámbulo y augurio de la poesía y de la historia literaria de San Luis Potosí”.
Tlaxcalilla era un pueblo de indios, donde las costumbres eran más relajadas que en el pueblo de españoles. La “vida licenciosa” de Martha de Rentería era conocida de todos y por ello al poeta sólo se le destierra durante seis meses, aunque nunca se vuelve a saber de él. Se considera un crimen menor, por ser “en defensa de la honra”.
Dice Peñalosa que de las diez décimas “A Martha de Rentaría” al parecer la última fue escrita tras la muerte de la musa esquiva:
Caído me has a las manos,
pagas por donde pecaste,
que si de mi te burlaste,
yo de tus gustos livianos;
que los cielos soberanos,
viendo mi justa querella,
te dan por sentencia en ella
que, como desconocida,
la que me quitó la vida
se quede sin mi y sin ella.
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Con los calificativos de “escogida, moral y recreativa”, en sus antologías de poesía y prosa, publicadas respectivamente en 1904 y 1905, Adolfo B. González incluye un total de 29 mujeres potosinas (12 y 17). Son textos poéticos y narrativos dedicados en gran parte a una búsqueda del ser mujer, sea mediante el canto al amor donde la sensualidad se esconde, a la maternidad como realización personal o la devoción o súplica a la divinidad, principalmente a la Virgen. Otra vez la madre como figura literaria, que da, que protege a sus crías.
Del trabajo antologador de Adolfo B. González, cuyas muestras femeninas se pueden consultar gracias a las módicas ediciones publicadas por El Colegio de San Luis, destacaré dos textos. El primero está fechado en 1887, obra de Refugio Marmolejo. Titulado con sencillez, “a mis lectoras”, la autora habla de la diferencia moral que hay entre el simple aseo y el demasiado adorno y se dirige a las mujeres que “tienen la desgracia de carecer” de una madre que con sus consejos las libren de ese defecto.
Recordemos que el texto en mención es propuesto en pleno porfiriato, en un San Luis afrancesado y en expansión, con muchas obras planeadas o en construcción, un lugar donde todos se conocen. Aquella que dedica demasiado tiempo a su “demasiado adorno”, advierte doña Refugio, “no va al templo más que para ver y ser vista”, con el consecuente descuido de “la educación intelectual tan necesaria y de las faenas domésticas”, amén de que el murmullo que levanta a su paso “es muchas veces de burla y de desprecio”.
Quiero también compartir con ustedes un fragmento de “La educación de la mujer”, escrito el 3 de octubre de 1892 por la también poeta Guadalupe Vázquez Castillo y publicado en la antología citada. En su texto, ella pide énfasis en materias como ciencias naturales o antropología, a la vez que enaltece la procreación y asegura que “las operaciones más comunes del cálculo, la economía domestica, el arreglo de piezas de ropa, etc., han de ocupar un sitio preferente en su educación; tanto porque es lo único que a muchos preocupa y lo que sólo buscan en la mujer, como es lo que siempre y a cada paso le está poner en práctica”.
Es decir, aquí sigue vigente la visión de las mujeres como amas de casa y madres de familia, el inevitable círculo vicioso o virtuoso, según se mire. Son las mujeres quienes legitiman el estatus quo, proponiendo una mayor educación a las niñas, “mujeres en miniatura”, preparándolas “para que cumplan más tarde los importantes deberes de que ellas mismas se hallan investidas”.
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Concepción Urquiza fue una poeta michoacana que llegó a San Luis Potosí a revitalizar los a veces cansados círculos literarios. Peñalosa y otros críticos la consideran una de las mejores entre los poetas místicos, acaso la más grande después de sor Juana Inés de la Cruz. En su libro Concha Urquiza: la embriaguez de Dios, la investigadora de la UNAM Margarita León da a conocer datos interesantes sobre los años que Urquiza pasó en San Luis, de 1939 a 1994, bajo el amparo de su amiga Rosario Oyárzum, “abogada y destacada mujer de letras”. Aquí, en la universidad, da clases de lógica, literatura e historia de las ideas filosóficas, y es una etapa fructífera en lo poético y en lo personal. Eran muy comentados sus paseos en bicicleta por la alameda, pues ella y Rosario iban en pantalones. Un escándalo para su época. Mientras, Urquiza escribía tranquilamente:
Quiero decir que te amo y no lo digo
aunque bien siento el corazón llagado,
porque para mi mal tengo probado
que soy tibio amador y flaco amigo.
No amarte más es culpa y es castigo,
que de ansias de tu amor me has abrasado,
y con sólo dejarme en mi pecado
extremas tu rigor para conmigo.
Sólo quiero vivir para buscarte,
sólo temo morir antes de hallarte,
sólo siento vivir cuando te llamo;
y, aunque vivo ardiendo en vivo fuego,
como la entera voluntad te niego
no me atrevo a decirte que te amo.
Concha Urquiza dejó San Luis con una obra sólida, que prometía mucho más y que interrumpió su desaparición en el mar de Baja California cuando apenas tenía 35 años...
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Lo femenino en la literatura potosina (1)
Lo femenino en la literatura de San Luis Potosí
Hacia algunas definiciones nada definitivas
Escribir es ir más allá de la vida real, de un cuerpo que no pedimos y de un tiempo que corre cada vez más de prisa. Eusebio Ruvalcaba propone provocadoramente que los hombres escriben más que las mujeres “porque ellas practican los sueños en la vida diaria”. No siempre. Pero es un punto de vista del que podríamos partir.
Literatura es una palabra, un vocablo, una voz y una forma de descifrar el mundo, de inventar la realidad. Cuando Rocío Salazar me invitó a charlar con ustedes en el marco el Día Internacional de la Mujer una multitud de ideas que apenas he podido tratar de ordenar me vinieron a la mente. Hablar de literatura, de género y de región, los tres o por separado, no es tarea fácil, por lo que aquí se trata apenas de hacer algunos planteamientos y presentar algunos datos que den pie a una labor que tiene que hacerse en colectivo.
El lenguaje divide en géneros para clasificar lo que tiene caracteres y características comunes. En gramática se habla de que hay tres, femenino, masculino y neutro, aunque en español no hay sustantivos neutros y recientemente se ha caído en la ultracorrección de hablar “a ellos” y “a ellas” como si con eso pudiéramos ocultar traumas añejos virados a hábitos de la realidad de desigualdad, el machismo de ellos y la supuesta abnegación de ellas. Poetisa es una palabra que quiso ser laudatoria en su tiempo, pero una colega me advirtió no hace mucho que si le llamaba poetisa me daría una ídem. Es un problema de palabras, pero no lo es. No bastan los discursos sino lo que se habla desde la infancia.
Lo más sencillo hubiera sido hablar de la mujer como musa inspiradora. Más, lo más sencillo hubiera sido que invitaran a una escritora, que hay muchas y casi todas mejores que yo. La cuestión es cómo vemos al otro, a la otra, como poder hacer una visión que nos integre y nos haga iguales. Yo es otro, escribió un poeta. Yo es otra, soy tú, lo femenino que de ti recibo y me completa. Tolerancia es un término muy lejano, no implica ponerse en los zapatos o zapatillas del otro. Mejor usemos aceptación. Mejor, comprensión.
Volviendo a Ruvalcaba, ¿qué, el hombre no sueña? Tal vez no todo el tiempo pero debería. Debería preocuparse por ser inspiración, “muso” para la mujer. Regularmente muchos de mis congéneres no aceptan su lado femenino, ese que se supone deben transmitir mamá y papá desde que el niño está en la cuna. El problema viene de que la madre ha sido educada para buscar la autorrealización en los hijos, y el padre no se autorrealiza porque por lo regular está ausente. Creemos que todo es blanco o negro, hombre o mujer, activo o pasivo. Hasta las palabras hembra y macho, que deberían hablarnos sólo de rasgos biológicos, se convierten en insultos. La falta de contacto con uno mismo, la no realización como individuos es lo que nos falla. La mexicanidad es una codependencia, dice el escritor Heriberto Yepez.
Estamos acostumbrados a discriminar, a poner apodos, a pensar que el otro es inferior por su color de piel o por su religión, por su peso o por su sexo, por su falta de educación, el lugar donde vive o porque tiene muchos grados académicos. Hasta por el color de su cabello y, una vez más en el caso de las mujeres, por el tamaño de sus senos. Entre broma y broma los prejuicios se asoman.
En el análisis del discurso se ha dado peso recientemente a la llamada ginocrítica, y aquí retomo a la investigadora Annette Paatz, como la disciplina que estudia los textos individuales basada “en los esbozos de sujeto femenino y sentido histórico constituidos por la escritura”, donde las autoras hacen sus propuestas a partir de la conciencia de su rol y su exclusión del discurso del poder, de lo que surgen nuevas posibilidades creativas
¿Y la literatura regional? Escribir desde San Luis Potosí, desde la provincia, en un sitio y un tiempo específicos no nos hace escritores “locales”. En tiempos de que pone en duda “lo mexicano” como identidad, hacia dentro y hacia fuera, ¿“lo potosino” existe como una característica literaria? Ser mujer no hace que lo que produzcan deba ser considerado literatura femenina, como las letras de hombres no son machistas per se. Casos claros de ello son Sor Juana o Mary Shelley, autora de Frankenstein o el moderno Prometeo, a quienes lo último que deberíamos hacer es acusarlas de hacer literatura femenina.
Pensar que lo que se hace en la ciudad de México es lo único que cuenta es otra trampa cultural que nos hace desear pero no actuar, escondernos en algunos de nuestros tantos prejuicios, con los que muchos quieren hacer más grande la diferencia entre lo que se escribe en la capital y lo que se escribe “en el interior del estado”, o entre la literatura culta y la popular, entre la obra de los consagrados y la de los jóvenes que apenas empiezan.
El investigador Humberto Félix Berumen propone que para estudiar la literatura regional debemos “comprender la noción de literatura que priva en ciertos momentos”, “considerar la infraestructura cultural y educativa existente en cada momento”, como las editoriales e imprentas, talleres literarios, premios y becas, posibilidades de intercambios de textos y autores, cercanías y lejanías, así como las condiciones de difusión y recepción de las obras literarias, y el papel de la crítica (¿la habrá en San Luis, por cierto?) y las articulaciones que se puedan detectar en tiempos y espacios.
Para fines de estudio valen esas clasificaciones, no para la vida.
* * * * *
No se trata de hacer teorías de género a partir de la revisión de algunas autoras, o de definir las lecturas que aquí se presentan como literatura femenina. Se proponen aquí nombres e ideas para escribir más, de algún hombre que intenta descifrar lo femenino, de mujeres que opinan, para escribir de nuevo, para ver que hay un pasado y un presente donde la mujer se apodera de las letras, desde la provincia tan lejana a la ciudad de México, desde lo indígena y lo mestizo, desde Latinoamérica hacia el mundo. Se trata de literatura más allá del género, donde hay ideas y sentimientos, puntos de vista que conviene retomar para no perdernos en los tiempos de la demasiada información, casi toda digerida y a un click de distancia.
Tengo el honor de estar frente a grupo en la recién refundada escuela de letras de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. En la hoy licenciatura en lengua y literaturas hispanoamericanas hay ya tres grupos estudiantiles compuestos mayoritariamente por mujeres. Este semestre me ha tocado compartir con ellas la materia de Literatura Regional, en la que fiel a mis usos y costumbres trato de propiciar un diálogo en el que haya más dudas que certezas para que los estudiantes busquen sus respuestas. ¿Qué es la literatura regional? ¿Sólo los nacidos en la región o quienes vienen de fuera? ¿Durante cuánto tiempo deberían estar en la región para poder apropiárnoslos para nuestra historia? ¿Y si nacen aquí, se van y hacen su obra fuera, también podemos hacerlos nuestros? ¿Desde dónde se escribe y para quién?
Los invito a compartir este recuento apresurado e incompleto de obras literarias en esta región, que no de literatura femenina ni local. Se trata de literatura a secas, de una historia común...
(sigue aquí)
Hacia algunas definiciones nada definitivas
San Luis Potosí, SLP, 10 de marzo de 2010
Escribir es ir más allá de la vida real, de un cuerpo que no pedimos y de un tiempo que corre cada vez más de prisa. Eusebio Ruvalcaba propone provocadoramente que los hombres escriben más que las mujeres “porque ellas practican los sueños en la vida diaria”. No siempre. Pero es un punto de vista del que podríamos partir.
Literatura es una palabra, un vocablo, una voz y una forma de descifrar el mundo, de inventar la realidad. Cuando Rocío Salazar me invitó a charlar con ustedes en el marco el Día Internacional de la Mujer una multitud de ideas que apenas he podido tratar de ordenar me vinieron a la mente. Hablar de literatura, de género y de región, los tres o por separado, no es tarea fácil, por lo que aquí se trata apenas de hacer algunos planteamientos y presentar algunos datos que den pie a una labor que tiene que hacerse en colectivo.
El lenguaje divide en géneros para clasificar lo que tiene caracteres y características comunes. En gramática se habla de que hay tres, femenino, masculino y neutro, aunque en español no hay sustantivos neutros y recientemente se ha caído en la ultracorrección de hablar “a ellos” y “a ellas” como si con eso pudiéramos ocultar traumas añejos virados a hábitos de la realidad de desigualdad, el machismo de ellos y la supuesta abnegación de ellas. Poetisa es una palabra que quiso ser laudatoria en su tiempo, pero una colega me advirtió no hace mucho que si le llamaba poetisa me daría una ídem. Es un problema de palabras, pero no lo es. No bastan los discursos sino lo que se habla desde la infancia.
Lo más sencillo hubiera sido hablar de la mujer como musa inspiradora. Más, lo más sencillo hubiera sido que invitaran a una escritora, que hay muchas y casi todas mejores que yo. La cuestión es cómo vemos al otro, a la otra, como poder hacer una visión que nos integre y nos haga iguales. Yo es otro, escribió un poeta. Yo es otra, soy tú, lo femenino que de ti recibo y me completa. Tolerancia es un término muy lejano, no implica ponerse en los zapatos o zapatillas del otro. Mejor usemos aceptación. Mejor, comprensión.
Volviendo a Ruvalcaba, ¿qué, el hombre no sueña? Tal vez no todo el tiempo pero debería. Debería preocuparse por ser inspiración, “muso” para la mujer. Regularmente muchos de mis congéneres no aceptan su lado femenino, ese que se supone deben transmitir mamá y papá desde que el niño está en la cuna. El problema viene de que la madre ha sido educada para buscar la autorrealización en los hijos, y el padre no se autorrealiza porque por lo regular está ausente. Creemos que todo es blanco o negro, hombre o mujer, activo o pasivo. Hasta las palabras hembra y macho, que deberían hablarnos sólo de rasgos biológicos, se convierten en insultos. La falta de contacto con uno mismo, la no realización como individuos es lo que nos falla. La mexicanidad es una codependencia, dice el escritor Heriberto Yepez.
Estamos acostumbrados a discriminar, a poner apodos, a pensar que el otro es inferior por su color de piel o por su religión, por su peso o por su sexo, por su falta de educación, el lugar donde vive o porque tiene muchos grados académicos. Hasta por el color de su cabello y, una vez más en el caso de las mujeres, por el tamaño de sus senos. Entre broma y broma los prejuicios se asoman.
En el análisis del discurso se ha dado peso recientemente a la llamada ginocrítica, y aquí retomo a la investigadora Annette Paatz, como la disciplina que estudia los textos individuales basada “en los esbozos de sujeto femenino y sentido histórico constituidos por la escritura”, donde las autoras hacen sus propuestas a partir de la conciencia de su rol y su exclusión del discurso del poder, de lo que surgen nuevas posibilidades creativas
¿Y la literatura regional? Escribir desde San Luis Potosí, desde la provincia, en un sitio y un tiempo específicos no nos hace escritores “locales”. En tiempos de que pone en duda “lo mexicano” como identidad, hacia dentro y hacia fuera, ¿“lo potosino” existe como una característica literaria? Ser mujer no hace que lo que produzcan deba ser considerado literatura femenina, como las letras de hombres no son machistas per se. Casos claros de ello son Sor Juana o Mary Shelley, autora de Frankenstein o el moderno Prometeo, a quienes lo último que deberíamos hacer es acusarlas de hacer literatura femenina.
Pensar que lo que se hace en la ciudad de México es lo único que cuenta es otra trampa cultural que nos hace desear pero no actuar, escondernos en algunos de nuestros tantos prejuicios, con los que muchos quieren hacer más grande la diferencia entre lo que se escribe en la capital y lo que se escribe “en el interior del estado”, o entre la literatura culta y la popular, entre la obra de los consagrados y la de los jóvenes que apenas empiezan.
El investigador Humberto Félix Berumen propone que para estudiar la literatura regional debemos “comprender la noción de literatura que priva en ciertos momentos”, “considerar la infraestructura cultural y educativa existente en cada momento”, como las editoriales e imprentas, talleres literarios, premios y becas, posibilidades de intercambios de textos y autores, cercanías y lejanías, así como las condiciones de difusión y recepción de las obras literarias, y el papel de la crítica (¿la habrá en San Luis, por cierto?) y las articulaciones que se puedan detectar en tiempos y espacios.
Para fines de estudio valen esas clasificaciones, no para la vida.
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No se trata de hacer teorías de género a partir de la revisión de algunas autoras, o de definir las lecturas que aquí se presentan como literatura femenina. Se proponen aquí nombres e ideas para escribir más, de algún hombre que intenta descifrar lo femenino, de mujeres que opinan, para escribir de nuevo, para ver que hay un pasado y un presente donde la mujer se apodera de las letras, desde la provincia tan lejana a la ciudad de México, desde lo indígena y lo mestizo, desde Latinoamérica hacia el mundo. Se trata de literatura más allá del género, donde hay ideas y sentimientos, puntos de vista que conviene retomar para no perdernos en los tiempos de la demasiada información, casi toda digerida y a un click de distancia.
Tengo el honor de estar frente a grupo en la recién refundada escuela de letras de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. En la hoy licenciatura en lengua y literaturas hispanoamericanas hay ya tres grupos estudiantiles compuestos mayoritariamente por mujeres. Este semestre me ha tocado compartir con ellas la materia de Literatura Regional, en la que fiel a mis usos y costumbres trato de propiciar un diálogo en el que haya más dudas que certezas para que los estudiantes busquen sus respuestas. ¿Qué es la literatura regional? ¿Sólo los nacidos en la región o quienes vienen de fuera? ¿Durante cuánto tiempo deberían estar en la región para poder apropiárnoslos para nuestra historia? ¿Y si nacen aquí, se van y hacen su obra fuera, también podemos hacerlos nuestros? ¿Desde dónde se escribe y para quién?
Los invito a compartir este recuento apresurado e incompleto de obras literarias en esta región, que no de literatura femenina ni local. Se trata de literatura a secas, de una historia común...
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miércoles, diciembre 22, 2010
"El valle de Tangamanga", cuento de Jesús C. Pérez
Don Fernando Sánchez y Gómez, sabio arqueólogo y eminente antropólogo, miembro de la Sociedad de Arqueología e Historia, de la de Geografía y Estadística y otras muchas del país y extranjeras, dedicó los mejores años de su vida al estudio y exploración del valle de Tangamanga, conocido por otros historiadores como valle de San Luis, en donde encontró pruebas evidentes de que existió allí una civilización muy avanzada en los órdenes material, moral e intelectual.
Siete lustros antes que Sánchez y Gómez, el eminente profesor John Smith, catedrático del Science Institute de Filadelfia, sentó la tesis que las arduas investigaciones de nuestro ilustre sabio han venido a corroborar en forma concluyente, y aunque es probable que el estudio que nos ocupa pase inadvertido para el vulgo, y la envidia, que hoy por hoy priva en los centros científicos, trate de opacar la gloria de Sánchez y Gómez, las pruebas que este exhibe son de tal manera evidentes que sólo la apatía de este siglo de oscurantismo y el charlatanismo de los sabios hechos a base del favor oficial serían capaces de negar la exactitud de sus conclusiones.
Nuestra atrasadísima geografía, de texto en las escuelas elementales, y aun en los institutos de enseñanza superior, concreta el estudio de ese valle a unos cuantos renglones, describiéndolo como “una zona desértica que se encuentra comprendida entre los tantos más cuantos grados de latitud norte y sur, oriente y poniente, de conformación volcánica e inadaptable para la vida humana”. Es decir, se limita a su localización y se deja ver que a los autores del texto sólo les preocuparon las posibilidades de su explotación material, sin importarles las altas e interesante investigaciones emprendidas principalmente por Smith y Sánchez y Gómez, quienes no tuvieron otro interés que el de descorrer el velo de misterio que envuelve a este girón de nuestra patria. La historia no está menos atrasada a ese respecto y apenas si algunos cronistas nos relatan, en forma de leyenda, la existencia en ese valle de seres humanos, tal como ha sido transmitida de generación a generación, pero sin pruebas científicas.
Los estudios de Sánchez y Gómez han venido hacer luz en el misterio, revelando como una verdad histórica los relatos de la conseja popular, y aun cuando nuestro sabio no se atreve a señalar la época del florecimiento de esa civilización, se cree que ya existía cuando se produjo aquella espantosa matanza que a consecuencia de una falsa lucha de clases asoló al continente, y que coincidió con la erupción del cerro de San Miguelito, que fue la que ocasionó la extinción total de la vida en el valle, aunque hay quien afirma, con algún fundamento, que es anterior todavía a las civilizaciones maya y tolteca, cuyos monumentos se han conservado a pesar de la acción devastadora del tiempo y de la barbarie de los hombres.
Sánchez y Gómez tiene, sin embargo, un defecto visible: la pasión sectaria lo sigue en su interesante estudio, lo que le resta seriedad científica. Místico por temperamento y por convicción, niega que la capa de lodo que ubre todo el valle, haya brotado de ninguna erupción volcánica y afirma con terquedad de sabio que “es el lodo que los tangamanguenses llevaban en sus conciencias”.
Al margen de sus opiniones dogmáticas, su estudio no puede ser más interesante y confesamos con franqueza que sólo un místico como él pudo tener la paciencia de pasar años enteros aprendiendo la lengua de los nativos limítrofes del valle, recogiendo testimonios, formando mapas, escarbando la hedionda superficie y, al descubrir las ruinas, lograr hacer legibles los documentos.
El vulgo, como ya dijimos, no comprenderá jamás, ni menos apreciará, la paciente labor del maestro. A raíz de la importancia de sus descubrimientos, y mientras se afanaba por reconstruir con procedimientos especiales valiosísimos documentos de la extinta civilización, nosotros entrevistamos al más eficaz de sus colaboradores, Pedro Cruz, mestizo fornido, de ojos vivarachos, que pesar de compartir la gloria de Sánchez y Gómez se expresó en estos términos:
Entre las “chácharas” a que se refirió Cruz, Sánchez y Gómez logró reproducir un mapa de lo que entonces debió ser América, donde está señalada la gran falla que divide al sur del norte del continente, lo que indica el grado de adelanto de la ciencia tangamanguense.
Sin embargo, y atenidos siempre a los documento descubiertos, el arte literario tuvo predominio especial en esa remota civilización. Interesantes manuscritos, de letra atravesada e inverosímil, nos revelan historias extrañas, asombrosos descubrimientos, personajes exóticos y aventuras extraordinarias. ¿Son cuentos? ¿Son novelas? ¿Son historias de la vida real? Nosotros tenemos razones de peso para inclinarnos por esto último, porque entre dichos manuscritos se encuentra la historia de los zapatos del autor y quien se ocupa de filosofar sobre ese tema tan senillo no creemos que tome la pluma para meterse con cosas imaginarias. Las prosas selectísimas descubiertas, llenas de bellas metáforas y filosofía profunda, los versos de corte extraño y cautivador, las narraciones eróticas y algunos cuentos bobalicones sí son, evidentemente, pura literatura. Además, claro nos lo dan a saber unas crónicas, que esos trabajos se presentaban en cenas literarias, y ya nos imaginamos los atracones de belleza que debieron darse los afortunados y extintos habitantes del valle de Tangamanga.
También descubrió el maestro unas figurillas de hueso verdaderamente extraordinarias, que algunos opinan que formaban parte en los ritos de aquellos seres, pero otros aseguran que no eran otra cosa que piezas de que se valían para juegos de entrenamiento, algo así como los maíces y frijoles que usamos ahora en nuestro moderno “coyote”.
Que los tangamanguenses fueron místicos y tuvieron un culto, claro nos lo revela la figura de una idolesa de rara perfección, a la que indudablemente se refieren en unos poemas interesantes y bellos dedicados a la diosa Maguila. También hay documento en que se habla de un tal dios Chílpocles, pero por otra parte se le designa como un gran filósofo de las antigüedades tangamanguenses. Tal vez ambas cosas sean ciertas y ocurrió allí lo que sucede en el mundo de nuestros días y se deificó a seres extraordinarios. Siguiendo este orden de ideas, el que esto escribe cree que Maguila pudo ser una mujer de belleza excepcional y un poco ligera de cascos, porque las oraciones y versos que se le dedican son eróticos en extremo. Sin embargo, la autorizada opinión de Sánchez y Gómez es en el sentido de que era una virgen, la misma que cantó Virgilio, la que anunciaron los profetas y por la que se descuernan en la actualidad los hombres de nuestros días.
Se presume que al dios o filósofo Chílpocles lo representaban los tangamanguenses con la horrenda figura de una cabeza de momia, precioso hallazgo del maestro, de inestimable valor.
Sobre sus descubrimientos nos ha hablado el sabio con la sencillez y modestia que lo caracterizan:
—Me apasioné por estos estudios —dijo— desde que leí la interesante obra de John Smith, Tangamanga´s Valley. Es a mi ilustre colega, y no a mí, a quien se debe el éxito de estos descubrimientos. Tras haber escarbado durante diez años, y cuando ya desconfiaba de la resistencia de mi cuerpo para continuar la empresa, mi colaborador Pedro Cruz me anunció que había encontrado una pared de cal y canto. Di gracias al Señor y ordené inmediatamente que se suspendieran los trabajos hasta estar personalmente en el lugar, y fue inmensa mi emoción al descubrir, envueltos en una gruesa capa de hojas de maíz y tabaco picado, lo objetos que hoy se exhiben a la pública administración y para gloria de Dios. Creo que debido a esas hojas, al tabaco y a un tufillo de alcohol que allí se respiraba fue posible que se preservaran esos objetos, estando, como estaban, a sesenta metros de profundidad.
Sánchez y Gómez ha logrado estos descubrimientos gracias a su paciencia y a su terquedad, y en las esferas oficiales, lejos de encontrar ayuda a tan meritoria tarea, se le ha estorbado en todo lo posible, lo que no obsta para que algunos vivos de la administración traten de declarar ahora joyas nacionales a los objetos descubiertos, para pasearse por el extranjero con el pretexto de exhibirlos o venderlos a los gringos, que se desviven por las cosas antiguas. Estos señores pretenden hacer creer que el interés del gobierno por la investigación científica hizo posible el éxito del maestro. Con todo, a las constantes demandas de Sánchez y Gómez, quien sólo pedía que lo dejaran en paz, únicamente se le contestaba con acuses de recibo y el estribillo oficial muy conocido de “ya reatiende su petición”.
También los enemigos de la ciencia han principiado a murmurar sobre la utilidad de estos descubrimientos, aunque presumimos que otro sería su criterio si ellos los hubieran descubierto. En un articulejo, que su autor no se atreve a firmar, encontramos lo que sigue:
“De los documentos desenterrados por Sánchez y Gómez, y aun admitiendo, sin conceder, que sean auténticos, nada ganarán los hombres y sí vendrán a aumentar la confusión que ya existe en la historia del continente. Los hay que hablan de un presidente que hizo bienes infinitos a la nación, por lo que se presumiría que aquello era una especie de jauja, y por otra parte hay quejas y más quejas en contra de atropellos sin nombre a las garantías individuales, de las que felizmente gozamos en la actualidad con el gobierno de nuestro gran jefe máximo, Agustín Díaz. De aceptar lo primero es necesario rechazar lo segundo”.
Como se ve, el pensamiento de este hombre apasionado coincide con el del ignorante Cruz, pero el articulista tiene al menos la virtud de decir con pocas palabras una necedad mayúscula, ya que sólo a un criterio unilateral como el suyo se le puede ocurrir rechazar una cosa para aceptar otra. Nosotros aceptamos ambas; creemos que en aquel tiempo, como ahora, una ley biológica empujaba a los hombres unos contra otros; los más vivos se ponían a favor del que manda para obtener una parte del presupuesto, y los demás trataban de arrancarles el poder para acomodarse ellos. Con todo, se ve que había espíritus elevados que, a pesar de la furia exterior, creaban amables rincones donde el arte florecía con magnificencia y derramaba su luz para beneficio de los elegidos de todos los tiempos.
Y ahora que nos encontramos al borde de una espantosa catástrofe, ahora que la humanidad de nuestros días prepara con cuidado salvaje una repetición dolorosa de su historia, los que a pesar de nuestra miopía vemos más allá de nuestras narices, debemos aprovechar la lección tangamanguense. El descubrimiento de Sánchez y Gómez confirma la creencia universal de que la maldad es eterna. “El demonio lo llevamos dentro y para redimir a los hombres es necesario redimirnos a nosotros mismos”. Nosotros invitamos a los intelectuales de hoy a que sigamos el ejemplo de los intelectuales de ayer. Encerrados en el último rinconcito de esta tierra inhóspita y miserable, daremos culto a Maguila, la diosa de la alegría y el amor, y al inmenso Chílpocles, que representa el pensamiento y la sabiduría. En una buhardilla humilde evocaremos el espíritu glorioso de los sabios y artistas de Tangamanga; cuidaremos de guardar entre hojas, tabaco y alcohol nuestras pobres producciones, y quién sabe si al transcurso de los siglos los Smith y Sánchez y Gómez del futuro encuentren entre sus ruinas un rico legado de pensamiento y arte, única cosa que sobrevive del costal de miserias que cargamos trabajosamente. Esto bastará para justificar nuestro paso por el mundo y dirán los de mañana lo que hoy decimos de los de ayer:
Siete lustros antes que Sánchez y Gómez, el eminente profesor John Smith, catedrático del Science Institute de Filadelfia, sentó la tesis que las arduas investigaciones de nuestro ilustre sabio han venido a corroborar en forma concluyente, y aunque es probable que el estudio que nos ocupa pase inadvertido para el vulgo, y la envidia, que hoy por hoy priva en los centros científicos, trate de opacar la gloria de Sánchez y Gómez, las pruebas que este exhibe son de tal manera evidentes que sólo la apatía de este siglo de oscurantismo y el charlatanismo de los sabios hechos a base del favor oficial serían capaces de negar la exactitud de sus conclusiones.
Nuestra atrasadísima geografía, de texto en las escuelas elementales, y aun en los institutos de enseñanza superior, concreta el estudio de ese valle a unos cuantos renglones, describiéndolo como “una zona desértica que se encuentra comprendida entre los tantos más cuantos grados de latitud norte y sur, oriente y poniente, de conformación volcánica e inadaptable para la vida humana”. Es decir, se limita a su localización y se deja ver que a los autores del texto sólo les preocuparon las posibilidades de su explotación material, sin importarles las altas e interesante investigaciones emprendidas principalmente por Smith y Sánchez y Gómez, quienes no tuvieron otro interés que el de descorrer el velo de misterio que envuelve a este girón de nuestra patria. La historia no está menos atrasada a ese respecto y apenas si algunos cronistas nos relatan, en forma de leyenda, la existencia en ese valle de seres humanos, tal como ha sido transmitida de generación a generación, pero sin pruebas científicas.
Los estudios de Sánchez y Gómez han venido hacer luz en el misterio, revelando como una verdad histórica los relatos de la conseja popular, y aun cuando nuestro sabio no se atreve a señalar la época del florecimiento de esa civilización, se cree que ya existía cuando se produjo aquella espantosa matanza que a consecuencia de una falsa lucha de clases asoló al continente, y que coincidió con la erupción del cerro de San Miguelito, que fue la que ocasionó la extinción total de la vida en el valle, aunque hay quien afirma, con algún fundamento, que es anterior todavía a las civilizaciones maya y tolteca, cuyos monumentos se han conservado a pesar de la acción devastadora del tiempo y de la barbarie de los hombres.
Sánchez y Gómez tiene, sin embargo, un defecto visible: la pasión sectaria lo sigue en su interesante estudio, lo que le resta seriedad científica. Místico por temperamento y por convicción, niega que la capa de lodo que ubre todo el valle, haya brotado de ninguna erupción volcánica y afirma con terquedad de sabio que “es el lodo que los tangamanguenses llevaban en sus conciencias”.
—Las grandes civilizaciones —dice el ilustre maestro— arrastran a los hombres a la más espantosa miseria moral, y los tangamanguenses no fueron una excepción a esta regla.
Al margen de sus opiniones dogmáticas, su estudio no puede ser más interesante y confesamos con franqueza que sólo un místico como él pudo tener la paciencia de pasar años enteros aprendiendo la lengua de los nativos limítrofes del valle, recogiendo testimonios, formando mapas, escarbando la hedionda superficie y, al descubrir las ruinas, lograr hacer legibles los documentos.
El vulgo, como ya dijimos, no comprenderá jamás, ni menos apreciará, la paciente labor del maestro. A raíz de la importancia de sus descubrimientos, y mientras se afanaba por reconstruir con procedimientos especiales valiosísimos documentos de la extinta civilización, nosotros entrevistamos al más eficaz de sus colaboradores, Pedro Cruz, mestizo fornido, de ojos vivarachos, que pesar de compartir la gloria de Sánchez y Gómez se expresó en estos términos:
—Para encontrar las chácharas que le han dado tanta fama al maestro hemos hecho durante diez años alrededor de cuatrocientos agujeros, más o menos profundos. No me quejo, pues durante todo este tiempo he tenido pan para mi familia, pero no me explico su afán de andar buscando lo que no ha perdido.
Entre las “chácharas” a que se refirió Cruz, Sánchez y Gómez logró reproducir un mapa de lo que entonces debió ser América, donde está señalada la gran falla que divide al sur del norte del continente, lo que indica el grado de adelanto de la ciencia tangamanguense.
Sin embargo, y atenidos siempre a los documento descubiertos, el arte literario tuvo predominio especial en esa remota civilización. Interesantes manuscritos, de letra atravesada e inverosímil, nos revelan historias extrañas, asombrosos descubrimientos, personajes exóticos y aventuras extraordinarias. ¿Son cuentos? ¿Son novelas? ¿Son historias de la vida real? Nosotros tenemos razones de peso para inclinarnos por esto último, porque entre dichos manuscritos se encuentra la historia de los zapatos del autor y quien se ocupa de filosofar sobre ese tema tan senillo no creemos que tome la pluma para meterse con cosas imaginarias. Las prosas selectísimas descubiertas, llenas de bellas metáforas y filosofía profunda, los versos de corte extraño y cautivador, las narraciones eróticas y algunos cuentos bobalicones sí son, evidentemente, pura literatura. Además, claro nos lo dan a saber unas crónicas, que esos trabajos se presentaban en cenas literarias, y ya nos imaginamos los atracones de belleza que debieron darse los afortunados y extintos habitantes del valle de Tangamanga.
También descubrió el maestro unas figurillas de hueso verdaderamente extraordinarias, que algunos opinan que formaban parte en los ritos de aquellos seres, pero otros aseguran que no eran otra cosa que piezas de que se valían para juegos de entrenamiento, algo así como los maíces y frijoles que usamos ahora en nuestro moderno “coyote”.
Que los tangamanguenses fueron místicos y tuvieron un culto, claro nos lo revela la figura de una idolesa de rara perfección, a la que indudablemente se refieren en unos poemas interesantes y bellos dedicados a la diosa Maguila. También hay documento en que se habla de un tal dios Chílpocles, pero por otra parte se le designa como un gran filósofo de las antigüedades tangamanguenses. Tal vez ambas cosas sean ciertas y ocurrió allí lo que sucede en el mundo de nuestros días y se deificó a seres extraordinarios. Siguiendo este orden de ideas, el que esto escribe cree que Maguila pudo ser una mujer de belleza excepcional y un poco ligera de cascos, porque las oraciones y versos que se le dedican son eróticos en extremo. Sin embargo, la autorizada opinión de Sánchez y Gómez es en el sentido de que era una virgen, la misma que cantó Virgilio, la que anunciaron los profetas y por la que se descuernan en la actualidad los hombres de nuestros días.
Se presume que al dios o filósofo Chílpocles lo representaban los tangamanguenses con la horrenda figura de una cabeza de momia, precioso hallazgo del maestro, de inestimable valor.
Sobre sus descubrimientos nos ha hablado el sabio con la sencillez y modestia que lo caracterizan:
—Me apasioné por estos estudios —dijo— desde que leí la interesante obra de John Smith, Tangamanga´s Valley. Es a mi ilustre colega, y no a mí, a quien se debe el éxito de estos descubrimientos. Tras haber escarbado durante diez años, y cuando ya desconfiaba de la resistencia de mi cuerpo para continuar la empresa, mi colaborador Pedro Cruz me anunció que había encontrado una pared de cal y canto. Di gracias al Señor y ordené inmediatamente que se suspendieran los trabajos hasta estar personalmente en el lugar, y fue inmensa mi emoción al descubrir, envueltos en una gruesa capa de hojas de maíz y tabaco picado, lo objetos que hoy se exhiben a la pública administración y para gloria de Dios. Creo que debido a esas hojas, al tabaco y a un tufillo de alcohol que allí se respiraba fue posible que se preservaran esos objetos, estando, como estaban, a sesenta metros de profundidad.
Sánchez y Gómez ha logrado estos descubrimientos gracias a su paciencia y a su terquedad, y en las esferas oficiales, lejos de encontrar ayuda a tan meritoria tarea, se le ha estorbado en todo lo posible, lo que no obsta para que algunos vivos de la administración traten de declarar ahora joyas nacionales a los objetos descubiertos, para pasearse por el extranjero con el pretexto de exhibirlos o venderlos a los gringos, que se desviven por las cosas antiguas. Estos señores pretenden hacer creer que el interés del gobierno por la investigación científica hizo posible el éxito del maestro. Con todo, a las constantes demandas de Sánchez y Gómez, quien sólo pedía que lo dejaran en paz, únicamente se le contestaba con acuses de recibo y el estribillo oficial muy conocido de “ya reatiende su petición”.
También los enemigos de la ciencia han principiado a murmurar sobre la utilidad de estos descubrimientos, aunque presumimos que otro sería su criterio si ellos los hubieran descubierto. En un articulejo, que su autor no se atreve a firmar, encontramos lo que sigue:
“De los documentos desenterrados por Sánchez y Gómez, y aun admitiendo, sin conceder, que sean auténticos, nada ganarán los hombres y sí vendrán a aumentar la confusión que ya existe en la historia del continente. Los hay que hablan de un presidente que hizo bienes infinitos a la nación, por lo que se presumiría que aquello era una especie de jauja, y por otra parte hay quejas y más quejas en contra de atropellos sin nombre a las garantías individuales, de las que felizmente gozamos en la actualidad con el gobierno de nuestro gran jefe máximo, Agustín Díaz. De aceptar lo primero es necesario rechazar lo segundo”.
Como se ve, el pensamiento de este hombre apasionado coincide con el del ignorante Cruz, pero el articulista tiene al menos la virtud de decir con pocas palabras una necedad mayúscula, ya que sólo a un criterio unilateral como el suyo se le puede ocurrir rechazar una cosa para aceptar otra. Nosotros aceptamos ambas; creemos que en aquel tiempo, como ahora, una ley biológica empujaba a los hombres unos contra otros; los más vivos se ponían a favor del que manda para obtener una parte del presupuesto, y los demás trataban de arrancarles el poder para acomodarse ellos. Con todo, se ve que había espíritus elevados que, a pesar de la furia exterior, creaban amables rincones donde el arte florecía con magnificencia y derramaba su luz para beneficio de los elegidos de todos los tiempos.
Y ahora que nos encontramos al borde de una espantosa catástrofe, ahora que la humanidad de nuestros días prepara con cuidado salvaje una repetición dolorosa de su historia, los que a pesar de nuestra miopía vemos más allá de nuestras narices, debemos aprovechar la lección tangamanguense. El descubrimiento de Sánchez y Gómez confirma la creencia universal de que la maldad es eterna. “El demonio lo llevamos dentro y para redimir a los hombres es necesario redimirnos a nosotros mismos”. Nosotros invitamos a los intelectuales de hoy a que sigamos el ejemplo de los intelectuales de ayer. Encerrados en el último rinconcito de esta tierra inhóspita y miserable, daremos culto a Maguila, la diosa de la alegría y el amor, y al inmenso Chílpocles, que representa el pensamiento y la sabiduría. En una buhardilla humilde evocaremos el espíritu glorioso de los sabios y artistas de Tangamanga; cuidaremos de guardar entre hojas, tabaco y alcohol nuestras pobres producciones, y quién sabe si al transcurso de los siglos los Smith y Sánchez y Gómez del futuro encuentren entre sus ruinas un rico legado de pensamiento y arte, única cosa que sobrevive del costal de miserias que cargamos trabajosamente. Esto bastará para justificar nuestro paso por el mundo y dirán los de mañana lo que hoy decimos de los de ayer:
“En el mundo salvaje de aquellos tiempos había, sin embargo, seres superiores que se ocupabn del arte, del amor y la contemplación”.
miércoles, octubre 27, 2010
"Cada domingo", cuento de Juana Meléndez
Cada domingo voy a visitar a mi ahijada Adelaida, hija única de mi compadre Luis, que hace dos años se quedó viudo. Él nunca está en la casa ese día y voy en la tarde para acompañar a esa linda y solitaria criatura. Me gusta aspirar el perfume de su cabellera, oscura y suave como la seda. Tiene diecisiete años, piel blanca y ojos verdes, como las blusas de seda que usa porque, dice, así le brotan flores de sus pechos. Tierra de tentaciones en la que detecto matices sorprendentes cuando pone en marcha su actividad corporal.
Mi mujer acepta con beneplácito que pase las tardes con Adelaida. Pobrecita, me dice, está tan sola… No te acompaño porque tengo que organizar mi trabajo de la semana. Ella es maestra y yo apruebo su comprensión, o sin protestar un poco, pero la verdad es que me la paso de maravilla.
Adelaida y yo conversamos, oímos música y juntos vemos, a través de la ventana, cómo la penumbra va invadiendo la sala, poco a poco. De allá para acá, todo va muriendo. Entonces podemos dividir lo de afuera y de adentro, que empieza a vivir al estallar el fuego de los cuerpos en una sinfonía radiante.
Así sucede cada domingo, hasta la hora prefijada para mi regreso, no antes, porque no quiero encontrar a Luis en mi casa.
Mi mujer acepta con beneplácito que pase las tardes con Adelaida. Pobrecita, me dice, está tan sola… No te acompaño porque tengo que organizar mi trabajo de la semana. Ella es maestra y yo apruebo su comprensión, o sin protestar un poco, pero la verdad es que me la paso de maravilla.
Adelaida y yo conversamos, oímos música y juntos vemos, a través de la ventana, cómo la penumbra va invadiendo la sala, poco a poco. De allá para acá, todo va muriendo. Entonces podemos dividir lo de afuera y de adentro, que empieza a vivir al estallar el fuego de los cuerpos en una sinfonía radiante.
Así sucede cada domingo, hasta la hora prefijada para mi regreso, no antes, porque no quiero encontrar a Luis en mi casa.
jueves, septiembre 02, 2010
Festival Letras de San Luis 2010 (2)
JUEVES 2 de septiembre
10:00 hrs. Maratón de Lectura
Confabulario y la Feria de Juan José Arreola
Plaza Principal de la Delegación de La Pila
12:00 hrs. Encuentro Literario/Narrativa del Siglo XXI
Guillermo Samperio, Alejandro Licona, Roberto Collins, Luis Carlos Fuentes Ávila, Juan Félix Barbosa, Gabriela d´Arbel
Auditorio de la Preparatoria del ITESM Campus San Luis Potosí.
18:00 hrs. La Poesía de Félix Dauajare en voz de Ofelia Medina
Auditorio al aire libre en el área de preparatoria del ITESM Campus San Luis
19:00 hrs. La Poesía de Juana Meléndez en voz de Ana Neumann
Universidad Tangamanga, auditorio del plantel de postgrado en Tequis
20:00 hrs. Primero Sueño
Jesusa Rodríguez
Plaza de Armas
ACTIVIDADES PLAZA DEL CARMEN
10:00 hrs. Presentación de editoriales participantes
Martha I. Ramírez
10:30 hrs. Foro Revistas literarias/Mesa 1
Esta revista se llama Blasfemia, Perros del Alba, Kronos, Hijo Bastardo, Cinefilicos
11:30 hrs. Foro Revistas literarias/Mesa 2
Metrópolis, Punto de Partida, El Búho, El Tonal, El Blog
17:00hrs. Presentación de Editorial Teatro Sin Paredes
18:00 hrs. Lectura en atril
Canción de Cuna para la siesta de un insecto, Juan José Campos
19:00 hrs. Lectura en atril
René Urías, dramaturgo
lunes, mayo 31, 2010
Paisaje
"No tendríamos paisaje si el hombre no se retirase decisivamente de él, si su protagonismo no cesara de ser visible, si no se privilegiase esa clase tan radical de otredad que en ciertas épocas se ha llamado, con mayúscula, la Naturaleza, Pero por otra parte es precisamente la mirada humana la que convierte cierto espacio en paisaje, consiguiendo que por medio del arte una porción de tierra adquiera calidad de signo de cultura, no aceptando lo natural en su estado bruto sino convirtiéndolo en algo cultural; y ello hasta el punto en que se nos hace difícil no considerar muchos paisajes como entornos nuestros, reales o inminentes, aunque no estemos en ellos, o bien simbólicamente como vías de reconocimiento de nuestra situación en el mundo. Así, el paisaje es a la vez omisión y conquista del hombre, pero no su mirada y acaso su construcción de un sentido".
Claudio Guillén, citado en Paisajes y géneros literarios, de Juan Pascual Gay.
Claudio Guillén, citado en Paisajes y géneros literarios, de Juan Pascual Gay.
sábado, mayo 29, 2010
De Jesús Goytortúa (2)
Fragmento de "El último sol" (1949):
—Tú me ignoras —le dijo a la pequeña capital, cuyas cúpulas surgían entre las pinceladas de verdura—. No conoces al poeta que no supo ganarse los aplausos. Expresé mis deseos y congojas en versos satinados, nocturnos orgullosos; aborrecí las arengas, las hipérboles, las imprecaciones, la frase resonante y el grito colérico; tuve asco de entregarme, de ser fácil a la memoria. Fui lejano y altivo. Y tú, mi ciudad natal, fuiste mi maestra de lejanía y altivez. No supe presentarme en tus juegos florales, ni cantar tu nombre ni tus torres, tus jardines ni tus mujeres: y sin embargo, en cada verso mío se posó tu sello.
—Las bestias salvajes —meditó Leonardo, acercándose a la Caja del Agua, que elevaba en un arriate sus flancos decorados con aules de piedra— cuando se sienten heridos, buscan su viejo cubil. Yo me siento morir y he vuelto a tí, mi ciudad. La vejez me encuentra ignorado hasta el punto de que mi nombre, en el registro del hotel, no ha provocado la atención. Soy un hombre como tantos otros, un viejo sin parientes y sin hogar, al que nadie espera. No me desconsuela mi soledad. Mis versos son lo que quise fueran; dije mi mensaje y no son culpa ni pesar míos que se hayan disipado en el vacío. Y he encontrado estas antiguas piedras, mis campanarios, mis calzadas polvorientas, toda mi ciudad, para en ella concluir un viaje sin destino...
viernes, mayo 28, 2010
De Jesús Goytortúa (1)
Con motivo de las próximas horas que pasaré en Xilitla, en el encuentro de creadores organizado por el grupo Donde Nace la Palabra, los dejo con los párrafos iniciales del cuento "La gloria pasó cerca", de Jesús Heliodoro Goytortúa Santos, autor de la excelente novela Pensativa (premio Lanz Duret 1944).
Cierro los ojos y vuelvo a verme niño de siete años, más desterrado que radicado en San Luis Potosí. La nobilísima ciudad no me fue grata cuando en el lluvioso final del verano de 1916, cambié por sus canteras mis cañas huastecas. Lo añoré todo: la alimentación y los bosques, los caballos, los ríos, la anchurosa existencia.
En los primeros meses de 1918, viví en la calle de Vallejo. El llamado a primera misa, en San Francisco, al despedazar mi sueño me ordenaba prepararme a salir hacia el colegio de mistress Coleman y renovaba la sensación de hallarme en tierra que no era la mía —pero que pausadamente me tornó tan suyo, que hoy busca pasar a mis escritos la exquisita frialdad del jardín del Santuario.
Con el gusto de la lectura comenzó a dominarme la alegría de andar. Después de leer a hurtadillas y sin entenderlos, Nuestra Señora de París y La casa de las bugambilias, resultaba delicioso explorar comarcas tan lejanas como Tequisquiapan o como la Privada de María de la Luz. En una de estas exploraciones me enteré que la gloria se aprestaba a besar mi frente...
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