lunes, febrero 20, 2017

Acerca de los nativos digitales (y sus padres)

«¿Hay riesgos en la tecnología? Sí, por supuesto. Como en todo. Como en salir a la calle, como en hablar con desconocidos o como en ver la televisión. ¿Hay un pederasta colgado en cada poste, acechando a nuestros hijos? No, pero hay que explicarles que existen pederastas, y que en cuanto tengan la más mínima sospecha, tienen que contárselo inmediatamente a sus padres. ¿Existe el cyberbullying? Por supuesto, como existía el bullying antes de que hubiese internet, aunque le diésemos un nombre diferente… pero cuando veo problemas con adolescentes sometidos a cyberbullying, no puedo evitar pensar siempre lo mismo: ¿dónde diablos estaban esos padres que ni fueron capaces ni de estar ahí disponibles para comentar los problemas de sus hijos, y que ni siquiera se dieron cuenta por las señales externas de que los estaban sufriendo? No, educar a un hijo no es darle un ordenador y dejarlo que aprenda a usarlo sin supervisión “porque es un nativo digital”. Educar a un hijo es otra cosa, y tiene poco que ver con la tecnología o con instalar un maldito filtro parental. Es una actitud.

»Utilizar los dispositivos como apaganiños o como baby-sitter es una completa irresponsabilidad. Pero peor aún es considerar que “la tecnología es peligrosa” y tratar de mantenerlos lejos de ella. Eso sí resulta profundamente irresponsable y absurdo. Nuestra comprensión de la tecnología tiene que comenzar por pensar que es un elemento permanente de nuestra sociedad actual y futura, y que lo que tenemos que hacer con ella es aceptarla y preparar a nuestros hijos para ella. La primera regla básica es entender que el mayor riesgo de la tecnología para nuestros hijos es que se mantengan alejados de ella...»

sábado, febrero 18, 2017

El viento

Ayer mi madre quería ir a entregar unos papeles al ISSSTE, en su calidad de jubilada. La convencí de que fuera el próximo lunes, pues por las constantes y nunca acabadas obras de "reconstrucción" en el centro de la ciudad y por el viento que se desató sería una odisea caótica. Escila y Caridbis se aparecen constantemente en una ciudad que parece cada vez más en estado de sitio. A los pocos minutos leímos que estaban desalojando el edificio Puga, donde están esas oficinas a las que iba, por cimbrarse ante los embates de Eolo. Oh, milagros de la procrastinación. No sé si lo predijeron los Simpson, como casi todo. Pero sí lo hizo Pessoa:

El viento, el viento alto
Fernando Pessoa

El viento, alto en su elemento
Me hace más solo —no me estoy
lamentando, él se tiene que lamentar.

Es un sonido abstracto, insondable
venido del elusivo fin del mundo.
Profundo es su significado.

Me habla el todo inexistente en él,
cómo la virtud no es un escudo, y
cómo la mejor es estar en silencio.

viernes, febrero 17, 2017

Teresa del Conde (1938-2017)

La crítica de arte, escritora y académica mexicana Teresa del Conde murió este jueves a los 79 años. La profesora de la UNAM fue autora de unos 30 libros, recibió el Premio Nacional de Crítica de Arte Luis Cardoza y Aragón en 2003 y la medalla de oro de Bellas Artes en 2008. 
Transcribo aquí un fragmento de una entrevista que dio a La Crónica.

“Es necesario que los medios dejen de ser conservadores y acepten a personas que quieren dedicarse a dicho ejercicio, pues sólo aceptan a quienes se han dedicado a la crítica y tienen fama en el rubro […] Hace falta calibrar a las nuevas generaciones, es necesario detectarlas y entonces sí, insertarlas en los medios para que comiencen a ser asimiladas por los lectores y continúen dándose nombres de críticos de arte”.

“Los editores también padecen de este problema. Por ejemplo, acabo de tener una experiencia con el prospecto de un libro que implica a la crítica de arte y me doy cuenta que también se valen de los mismos autores de hace lustros; muchos que incluso ya murieron”

“Además de que de la crítica de arte no se podría vivir, por ser mal pagada, es mal vista porque desde mis experiencias con grandes profesores que tuve, no les gustaba que la crítica se llevara a los medios de comunicación, por lo que se debía buscar por otros canales el ejercicio de la misma”

jueves, febrero 16, 2017

Jannis Kounellis (1936-2017)

«La tecnología es un medio que unas veces puede introducirse en el trabajo del artista y otras no. No todo puede pasar por el ordenador, sólo ciertas cosas. Para mí el peso es el inicio de un discurso y la polarización de un espacio. Un kilo de carbón es el inicio de la polarización de un espacio y este peso me permite avanzar en lo que para mí se ha convertido en una obsesión por ser libre. Le pongo otro ejemplo, el cuadro de Picasso Las señoritas de Aviñón y la fragmentación de las figuras que contiene. Me interesa mucho más la hipótesis que se desprende de este cuadro que el totalitarismo que nos ofrece la televisión. De todas formas, es difícil saber cuándo nace realmente la modernidad, ¿fue con la Contrarreforma o con la Ilustración?...»

Véase también "Arte povera"





miércoles, febrero 15, 2017

La personalidad del tiempo - Juan Carlos Ramos Treviño

«El abuelo de un poeta campesino contaba que había asestado un golpe tan fuerte a un perro callejero que lo atacaba, que su brazo penetró por el hocico hasta las vísceras, y en la brusca retracción del movimiento, el animal quedó como un calcetín vuelto al revés, después, ladró a la inversa (¿has oído un ladrido inverso?) y se alejó recogiendo sus raros pasos por un camino que se diluía hacia otras dimensiones a través del portal de la noche.

«El tiempo y el espacio constituyen la matriz de un universo; sus dimensiones, elementos y sucesos dependen de la capacidad onírica de la divinidad que se atreve a nombrarlo. En Alicia en el País de las Maravillas, ella dialoga sobre el tema del tiempo con el Sombrerero:

Alicia suspiró fastidiada.
—Creo que ustedes podrían encontrar mejor manera de matar el tiempo —dijo— que ir proponiendo adivinanzas sin solución.
—Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo —dijo el Sombrerero—, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!
—No sé lo que usted quiere decir -protestó Alicia.
—¡Claro que no lo sabes! —dijo el Sombrerero, arrugando la nariz en un gesto de desprecio—. ¡Estoy seguro de que ni siquiera has hablado nunca con el Tiempo!
—Creo que no —respondió Alicia con cautela—. Pero en la clase de música tengo que marcar el tiempo con palmadas.
—¡Ah, eso lo explica todo! —dijo el Sombrerero—. El Tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj. Por ejemplo, supón que son las nueve de la mañana, justo la hora de empezar las clases, pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj.

»El tiempo al que se refiere tiene una personalidad que espera determinadas relaciones y las establece según sus interlocutores. Aquí, la voluntad divina de la imaginación literaria se tensiona en la trama y en los personajes, pues también se duelen de que el tiempo no responda a sus deseos; su condición existencial es también un acaecer en dramas, azares, con-sentidos desde otros sentidos sin-sentido que dan sentido; oficios, ocupaciones y otras formas de estar en otro o en otros universos sui géneris, hologramáticos y sicodélicos.»

De "El tiempo es todo un personaje", en revista Desocupado.