sábado, octubre 21, 2017

Cuentubre

A partir del reto gráfico de #Inktuber, que bien puede traducirse como tintubre, hay quienes han llevado la práctica a las letras, y surgió así el Cuentubre: tomar una palabra propuesta para cada día del mes, e inventar una breve historia, una microficción o un poema  partir de ella.

Tarde pero sin sueño me apunto al llamado letrado, para no procrastinar, para no alegar falta de inspiración, porque a veces las palabras se las lleva el viento y no sirven para nada. Pero sí, no sé. (Aquí mismo iré actualizando el Cuentubre 2017 hasta completar el mes.)

1
Ibas tan rápido que te convertiste en futuro.

2
Vivir dividido no es tan malo: hay horas en que todas las voces cantan en coro.

3
Nadie descubrió el veneno: ella lo portaba en su mirada.

4
El cuento desértico tuvo un final inesperado, submarino.

5
Hace mucho, mucho tiempo no había tiempo. Empezó cuando Luzbel cayó, y lo primero que inventó fue la clepsidra.

6
Sin poder evitarlo, seguía pensando en ella. Se quedó dormido y cuando despertó, la espada seguía pendiendo sobre su cabeza. Suspiró.

7
Érase un personaje tan tímido que no se asomó ni siquiera al final del cuento.

8
Ninguna autoridad pudo (o no quiso) aportar pistas para que aterrizara tan torcido caso. Dejaron que se estrellara contra la víctima.

9
El chillido, que se creía a salvo escondido bajo la cama, levantó finalmente las manos, rodeado por silencios.

10
Al menos la sombra proyectada sobre la página en blanco lo hacía sentir gigantesco.

11
Sí, desde hace mucho sé que debí correr, que la catástrofe era inminente. Pero no pude. Primero tengo que averiguar cómo hacerle para dejar de flotar.

12
Era tan optimista que nunca admitió estar destrozado. Si acaso, concedía, a veces siento que estoy compuesto de tepalcates.

13
Más que repleto se sintió pletórico al terminar tres platos grandes de sopa de letras. Sería una gran obra.

14 
—¿Es por mis ojos saltones y mis dientes afilados? —musitó apenado el lobo feroz.

15 
Todos vieron el verbo morir pero el pronombre misterioso permaneció en las sombras. Era hora de la oración.

16 
—Quiero probar esa manzana... 
—No sé, se me antoja algo con grasa... Los cerdos no están prohibidos, ¿verdad?

17 
Se sintió ofendido al pensar en el prefijo "a" cuando le dijeron "agraciado".

18 
Pocos saben que si bien Ulises no se tapó los oídos, se tapó la boca para no corear entusiasmado el inmundo canto de las sirenas.

19 
Él subía a la nube todas las fotos y mensajes de ella. Todas las noches le llovía sobre mojado pero despertaba con una sonrisa. 

20 
Quiso cortar entonces las raíces más profundas, pero sólo encontró floreceres subterráneos.

21 
Cuando apenas la iba a saludar, ella, indiferente, le pasó por encima.
Furioso, se revolcó en su tumba.

22
Hoja en blanco: no hay sendero, o hay infinidad. Es cuestión de apoyar la punta del bolígrafo y avanzar.

23
Era tan optimista que a pesar de estar desempleado iba al cajero automático todos los días, con la esperanza de encontrarse con un jugoso traspaso accidental.

viernes, octubre 20, 2017

Satanás y las leyes - Ambrose Bierce

Satanás, s.- Uno de los lamentables errores del Creador. Habiendo recibido la categoría de arcángel, Satanás se volvió muy desagradable y fue finalmente expulsado del Paraíso. A mitad de camino en su caída, se detuvo, reflexionó un instante y volvió.

—Quiero pedir un favor —dijo.

—¿Cuál?

—Tengo entendido que el hombre está por ser creado. Necesitará leyes.

—¡Qué dices, miserable! Tú, su enemigo señalado, destinado a odiar su alma desde el alba de la eternidad, ¿tú pretendes hacer sus leyes?

—Perdón; lo único que pido es que las haga él mismo.

Y así se ordenó”.

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El diccionario del diablo

jueves, octubre 19, 2017

El yo - Walter Benjamin

“Habría que acostumbrar a los escritores a considerar la palabra yo como su reserva de víveres. Así como los soldados no pueden tocar la suya antes de que pasen 30 días, tampoco los escritores deberían desenterrar el yo antes de tener cumplida la treintena. Cuanto más temprano recurren a él, peor entienden su oficio”

Citado por Beatriz Sarlo en El País, donde ella también dice:

"Probablemente uno de los ejercicios más difíciles de la literatura sea el de borrar el yo e imaginar una tercera persona, su lenguaje, sus repeticiones, sus traiciones, su deseo y su pasión. Sobre todo, imaginar una distancia entre un escondido yo y un personaje..."

martes, octubre 17, 2017

Richard Wilbur (1921-2017)

Malabarista

Una pelota rebotará; pero cada vez menos. No es
Una cosa alegre, resiente su propia resistencia.
La caída es lo que ama y cae la tierra
en nuestros corazones, desde la brillantez,
Se instala y se olvida.
Se necesita un malabarista azul cielo con cinco bolas rojas

Sacudir nuestra gravedad. Huy, en el aire
Las bolas giran, giran sobre sus manos giratorias,
Aprendiendo las formas de ligereza, alterando a las esferas
Pastorea la punta de sus dedos,
Se aferran allí a sus cursos,
Meciendo un pequeño cielo sobre sus oídos.

Pero un cielo es más fácil hecho de nada en absoluto
Que la tierra recobrada, y quieta y única por dentro
El giro de los mundos, con un gesto claro y noble.
Él rueda ese cielo adentro,
Aterriza de balón en balón,
Y lo cambia todo por una escoba, un plato, una mesa.

Oh, en su pata la mesa está girando, la escoba
Equilibra su nariz, y la placa gira
¡En la punta de la escoba! Maldita sea, qué espectáculo, lloramos:
Los muchachos patean y las chicas
Gritan y los golpes del tambor
Y todo baja, y él se inclina y dice adiós.

Si ahora el malabarista está cansado, si la escoba está parada
En el polvo de nuevo, si la mesa comienza a caer
A través de la oscuridad diaria de nuevo, y aunque el plato
Se encuentra en la parte superior de la mesa,
Para él, batimos nuestras palmas
Quien ganó por una vez el peso del mundo.

lunes, octubre 16, 2017

Decálogo periodístico - Miguel Ángel Granados Chapa

1. Nunca escriba o diga algo de una persona que no se lo pueda decir a la cara.

2. Combata la ambigüedad: no insinúe, no exagere, no minimice. Elija una postura y defiéndala. Un juicio no depende de la complicidad del lector sino del apego a la verdad.

3. Use las palabras precisas, no sólo por la riqueza del lenguaje sintético sino para lograr exactitud en lo que uno quiere decir.

4. Evite los lugares comunes, la vulgaridad y la falsa familiaridad con los entrevistados.

5. Construya su propia opinión, aunque no coincida con los demás, y sobre todo, si coincide con los demás.

6. No se ponga usted mismo en el centro de la noticia.

7. No haga juegos de palabras ni sorna con el nombre o la apariencia de una persona.

8. No aspire a recompensas materiales, no acepte regalos que puedan significar un soborno, ni siquiera los más pequeños. Hay que practicar una extremada ambición ética, aunque parezca una soberbia de la virtud.

9. Considere los fenómenos en su larga duración y en toda su anchura.

10. Encuentre el camino o hágalo.

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Tomado de Sala de Prensa.
(Los invito a leer mi columna de esta semana en Pulso.) 

domingo, octubre 15, 2017

sábado, octubre 14, 2017

De los diarios de Jules Renard (1)

«23 de noviembre. No serás nada. Por más que hagas: no serás nada. Comprendes a los mejores poetas, a los prosistas más profundos, pero aunque digan que comprender es igualar, serás tan comparable a ellos como un ínfimo enano puede compararse con gigantes. Trabajas todos los días. Te tomas la vida en serio. Crees fervorosamente en tu arte. Eres moderado con la mujer. Pero no serás nada. No tienes que preocuparte por el dinero, no has de ganarte el pan de cada día. Eres libre, y el tiempo te pertenece. Solo tienes que querer. Pero te falta poder. No serás nada. Llora, grita, agárrate la cabeza con las dos manos, espera, desespera, reanuda la tarea, empuja la roca. No serás nada.

»17 de marzo. Estoy pasando un mal momento. Todos los libros me hastían. No hago nada. Me doy más cuenta que nunca de que no sirvo para nada. Siento que no llegaré a nada, y estas líneas que escribo me parecen pueriles, ridículas, e incluso, y sobre todo, absolutamente inútiles. ¿Cómo salir de esto? Tengo un recurso: la hipocresía. Me quedo horas encerrado y se creen que trabajo. Quizá me compadecen, algunos me admiran, y yo me aburro, y bostezo, con los ojos llenos de reflejos amarillos, los reflejos enfermizos de mi biblioteca. Tengo una mujer que es un ser fuerte y dulce, lleno de vida, un bebé digno de ganar un concurso, y ninguna energía para disfrutar de todo esto. Sé que este estado de ánimo no durará. Volveré a tener esperanzas, más coraje para esforzarme más. ¡Si por lo menos estas confesiones me ayudasen! ¡Si más adelante me convirtiese en un gran psicólogo, grande como Bourget! Pero no me creo lo bastante vivo. Moriré antes de tiempo, o me rendiré y me convertiré en un borracho de ensueños. Más valdría romper piedras, labrar campos...»