miércoles, abril 22, 2026

Olimpia Badillo Iracheta (1943-2026)

Con tristeza te releo esta mañana, Olimpia. Mucho por reflexionar sobre tu vida y tu obra, sobre la época que te tocó y la música que compartiste. Qué ganas de ir a La Lira a reencontrarme con La Bohemia Potosina y oírte cantar mientras brindamos.
Que mucha gente conozca tu poesía.
Descansa. Gracias por todo, por tanto. 


Con el viento a favor


VIAJO en tu cuerpo
ola encendida donde mi boca muere
y resucita
noche temprana de volcán abierto
que se lleva a refugiar mi vientre para saciar a Dios
otra vez en octubre

Viajo en tu cuerpo
me basta el espacio húmedo en tu presencia
y te recorro
abro mis tempestades
me inundo
primero las manos que gritan el camino
para heredar tu piel
con mi reflejo
luego mis poros buscan a los tuyos
y se abren
se abren
como ojos navegando oscuridad
como boca que recibe la cascada
la lluvia
o la muerte.


De proa a popa repaso los meridianos cero
de tu sombra
nocturna mariposa que yace a mi costado
en aliento permanente
pálida contraluz y ansia de veinticuatro arenas
sin reloj
de veinticuatro orgasmos libres e infinitos
Voy despacio
presiento un mínimo de luz un tu silencio
y me dejo llevar
te llevo
a mi modo te llevo
a intervalos te gasto
me consumo
te consumes
me sumas a este territorio de humedad
que brota de los barcos sin anclar que somos
y te pierdes
dentro de mi viaje te pierdes
hasta prender tu ritmo a mi cintura
y correr por tu agonía mi agonía.

Somos el mismo potro, la misma grupa
galopando hacia todas las vidas moribundas
con el viento a favor
Somos el mismo viaje
las mismas manos recogiendo el ritmo de los árboles
respirando agua a contraviento
somos tú y yo
sólo tú y yo.



domingo, abril 19, 2026

Los versicidas no acabarán con la poesía - Josep Massot

Tomado de El boomeran(g)

«Si Versicida es quien cree que para hacer poesía basta con poner voz de poeta y una entonación grave, mientras emite una prosa ramplona y doliente, el Poesílego o Velociego es el lector que ojea un poema con la misma velocidad con la que revisa las notificaciones de su teléfono, buscando un mensaje literal, una utilidad práctica o una frase motivacional, pobre ignorante de que la poesía es, precisamente, el sabotaje de la prisa. También están el Prosancudo, que camina por el poema con zancos de prosa, porque teme rozar el misterio, una analfabeto del asombro, y el Versisordo, carente de silencio y música.


Edificar un buen poema requiere una técnica y una sensibilidad que está al alcance de muy pocos en cada generación. Hoy predominan lo que Cortázar llamaba novelistas vagos para un lector vago y sentimentaloide. Puestos a ser vagos, el poema más breve sería el de un solo verso, o monóstico, cercano al aforismo, como el enigmático «Il ne faut pas voir la réalité telle que je suis», de Éluard, o el famosísimo «Hoy es siempre todavía», de Machado.

Si perdemos la capacidad de leer poesía, nos volvemos literales. Y el literalismo es la antesala de la intolerancia. Para el literalista, un hombre es solo un hombre, una frontera es solo una línea y un poema es solo tinta. Sin la flexibilidad mental que otorga la metáfora, somos incapaces de ponernos en el lugar del otro, porque el otro deja de ser una posibilidad poética para convertirse en un dato estadístico.

La tragedia del Poesilego es que vive en un mundo donde nada significa más de lo que parece.

domingo, abril 12, 2026

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