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miércoles, julio 01, 2026

La etapa primordial del poema - Eduardo Espina



«Corrijo obsesivamente, pues en el paso de lo dicho a lo supuesto está la materia principal de la poesía. Corregir es la etapa primordial del poema, la única que absorbe el habla del alma para preguntarle si tiene algo más para decir. En ese algo más que siempre puede venir en lo que ya está, surgen acontecimientos, interrogantes, deseos irrecíprocos. Una gran cantidad de cosas. Corregir es pues escuchar a la vida después que se ha salvado del consternamiento. Respecto a los procedimientos, corresponde al lector encontrarlos. Los hay y responden a un complejo mecanismo de relojería, pero sería caer en lo nefastamente didáctico aludir con afán pedagógico a ellos. En fin. Hay una sintaxis en la cual me reconozco y oigo hablas que son mías, estados alterados minuciosamente ordenados por esa manera tan antinómica de decir que yo llamo poesía, espejo en el cual las imágenes y frases nadan a su naufragio. Por un tiempo quise escribir de otra forma, pero siempre me salía yo. Quiero escribir, pero siempre me sale Espina.»

lunes, febrero 16, 2026

Sensibilidad poética - Josep Massot

Edificar un buen poema requiere una técnica y una sensibilidad que está al alcance de muy pocos en cada generación. Hoy predominan lo que Cortázar llamaba novelistas vagos para un lector vago y sentimentaloide. Puestos a ser vagos, el poema más breve sería el de un solo verso, o monóstico, cercano al aforismo, como el enigmático "Il ne faut pas voir la réalité telle que je suis", de Éluard, o el famosísimo "Hoy es siempre todavía, de Machado.

[…] 

»Tener sensibilidad poética es desarrollar un sistema inmunitario lingüístico. Quien sabe leer a Lorca o a Dante sabe cuándo le están vendiendo una mentira, porque sus oídos están entrenados para detectar la madera podrida en el lenguaje.

»Sin poesía el ser humano se queda mudo ante sus experiencias más profundas. En el proceso de extraer la información eliminando la vibración, el poema se taxidermiza en un informe.

»Sin poesía el ser humano es más fácil de pastorear. El lenguaje poético nos hace libres porque nos enseña que las palabras tienen doble y triple fondo. El que no capta la ironía de un verso, tampoco captará la mentira de un demagogo. Cuando el ser humano pierde el ritmo y la imagen en su escritura, pierde el acceso a su inconsciente.

»La capacidad de leer poesía es, en última instancia, la capacidad de reconocer que hay un misterio detrás de lo cotidiano. Es lo que nos diferencia de una inteligencia artificial puramente lógica o de un animal puramente instintivo, siempre que no seas un Brumaherido, aquel que se irrita ante lo que no es nítido; un Tragasentidos, aquel que abre un libro de poemas con la misma ansiedad con la que se busca una dirección en un mapa o un Glosahambriento, alguien que no se alimenta del poema, se alimenta de la glosa del poema y apaga las estrellas para poder contar cuántas hay. Su tragedia es que, de tanto buscar el porqué, se le olvida sentir el cómo. Al final, muere de inanición.»

Tomado de El Boomeran(g)

lunes, noviembre 10, 2025

La diferencia - Ariana Harwicz

"La gran diferencia entre un escritor y un trabajador de la escritura (o un escritor profesional) es que el escritor profesional controla su obra. Se pone al servicio de la demanda. Que la novela no sea muy breve, pero tampoco muy larga, que se adecúe a un género, que no haya demasiados diálogos, que sea latinoamericana, pero no del todo. Ese escritor inspecciona su escritura subido a una torre de control y con el agente literario al teléfono. En cambio, el escritor no profesional, no puede controlar su corazón, tiene que hacer el libro que tiene que hacer, hasta las últimas consecuencias. Tiene que escribir lo que tiene que escribir. Aunque no sea el libro que le conviene, aunque destruya su figura de autor, aunque no sealo que se espera de él, aunque le adviertan que así, no tendrá muchas traducciones ni premios. Y sobre todo, aunque lo puedan cancelar. Un poco como los que trabajan con material explosivo: nunca saben cuándo finalmente va a fallar y a explotarles la granada despedazándole una mano".

lunes, julio 28, 2025

Decálogo (apócrifo) para escribir con riesgo y risa - Harold Lloyd

Hollywood, junio de 1925



1. La historia debe correr. Si no te hace sudar, no sirve.

2. Escribe escenas donde el peligro y el deseo caminen juntos.

3. El héroe no es perfecto. Es torpe, decidido y siempre tarda.

4. Cada obstáculo debe ser una oportunidad para hacer reír o sufrir (o ambas).

5. El romance funciona mejor si casi se cae del reloj de un edificio.

6. Nunca subestimes el poder de un sombrero bien lanzado.

7. El gag se construye como una torre: paso a paso, hasta el colapso.

8. Haz que el espectador olvide que está viendo una historia. Que viva dentro de ella.

9. La comedia no es escape. Es enfrentarse al mundo con una sonrisa temblorosa.

10. Si el público contiene el aliento… y luego ríe: escribiste bien.


* * *
Tomado de la página de Facebook El inquilino guionista

jueves, julio 10, 2025

La vida de un escritor - Roald Dahl

«La vida de un escritor es un verdadero infierno comparada con la de un empleado. El escritor tiene que obligarse a trabajar. Ha de establecer sus propios horarios y si no acude a sentarse a su mesa de trabajo no hay nadie que lo amoneste. Si es autor de obras de ficción, vive en un mundo de temores. Cada nuevo día exige ideas nuevas, y jamás puede estar seguro de que se le vayan a ocurrir. Dos horas de trabajo dejan al autor de ficción absolutamente exhausto. Durante esas dos horas ha estado a leguas de distancia, ha sido otra persona, en un lugar distinto, con gente totalmente distinta, y el esfuerzo de volver al entorno habitual es muy grande.

»Es casi una conmoción. el escritor sale de su cuarto de trabajo como aturdido. Le apetece un trago. Lo necesita. Es un hecho que casi todos los autores de ficción beben más whisky del que les conviene para su salud. Lo hacen para darse fe, esperanza y ánimo. Es un insensato el que se empeña en ser escritor.

»Su única compensación es la libertad absoluta. No tiene quien le mande, salvo su propio espíritu, y eso, estoy seguro, es lo que le tienta".

* * * * * 
Historias extraordinarias, Anagrama, Barcelona, 2008.

miércoles, septiembre 11, 2024

Para escribir un cuento en cinco minutos - Bernardo Atxag

(Tomado de saladeprensa.org)


Para escribir un cuento en sólo cinco minutos es necesario que consiga —además de la tradicional pluma y del papel blanco, naturalmente— un diminuto reloj de arena, el cual le dará cumplida información tanto del paso del tiempo como de la vanidad e inutilidad de las cosas de esta vida; del concreto esfuerzo, por ende, que en ese instante está usted realizando. No se le ocurra ponerse delante de una de esas monótonas y monocolores paredes modernas, de ninguna manera; que su mirada se pierda en ese paisaje abierto que se extiende más allá de su ventana, en ese cielo donde las gaviotas y otras aves de mediano peso van dibujando la geometría de su satisfacción voladora. Es también necesario, aunque en un grado menor, que escuche música, cualquier canción de texto incomprensible para usted: una canción, por ejemplo, rusa. 

Una vez hecho esto, gire hacia dentro, muérdase la cola, mire con su telescopio particular hacia donde sus vísceras trabajan silenciosamente, pregúntele a su cuerpo si tiene frío, si tiene sed, frío-sed o cualquier otro tipo de angustia. En caso de que la respuesta fuera afirmativa, si, por ejemplo, siente un cosquilleo general, evite cualquier forma de preocupación, pues sería muy extraño que pudiera encaminar su trabajo ya en el primer intento. Contemple el reloj de arena, aún casi vacío en su compartimiento inferior, compruebe que todavía no ha pasado ni medio minuto. No se ponga nervioso, vaya tranquilamente hasta la cocina, a pasitos cortos, arrastrando los pies si eso es lo que le apetece. Beba un poco de agua —si viene helada no desaproveche la ocasión de mojarse el cuello— y antes de volver a sentarse ante la mesa eche una meada suave (en el retrete, se entiende, porque mearse en el pasillo no es, en principio, un atributo de lo literario).

Ahí siguen las gaviotas, ahí siguen los gorriones, y ahí sigue también —en la estantería que está a su izquierda— el grueso diccionario. Tómelo con sumo cuidado, como si tuviera electricidad, como si fuera una rubia platino. Escriba entonces —y no deje de escuchar con atención el sonido que produce la plumilla al raspar el papel— esta frase: Para escribir un cuento en sólo cinco minutos es necesario que consiga.

Ya tiene el comienzo, que no es poco, y apenas si han transcurrido dos minutos desde que se puso a trabajar. Y no sólo tiene la primera frase; tiene también, en ese grueso diccionario que sostiene con su mano izquierda, todo lo que le hace falta. Dentro de ese libro está todo, absolutamente todo; el poder de esas palabras, créame, es infinito.

Déjese llevar por el instinto, e imagine que usted, precisamente usted, es el Golem, un hombre o mujer hecho de letras, o mejor dicho, construido por signos. Que esas letras que le componen salgan al encuentro -como los cartuchos de dinamita que explotan por simpatía- de sus hermanas, esas hermanas dormilonas que descansan en el diccionario.

Ha pasado ya algún tiempo, pero una ojeada al reloj le demuestra que ni siquiera ha transcurrido aún la mitad del que tiene a su disposición.

Y de pronto, como si fuera una estrella errante, la primera hermana se despierta y viene donde usted, entra dentro de su cabeza y se tumba, humildemente, en su cerebro. Debe transcribir inmediatamente esa palabra, y transcribirla en mayúsculas, pues ha crecido durante el viaje. Es una palabra corta, ágil y veloz; es la palabra RED.

Y es esa palabra la que pone en guardia a todas las demás, y un rumor, como el que se escucharía al abrir las puertas de una clase de dibujo, se apodera de toda la habitación. Al poco rato, otra palabra surge en su mano derecha; ay, amigo, se ha convertido usted en un prestidigitador involuntario. La segunda palabra desciende de la pluma deslizándose a dos manos para luego saltar a la plumilla y hacerse con la tinta un garabato. Este garabato dice: MANOS.

Como si abriera un sobre sorpresa; tira de la punta de ese hilo (perdóneme el tuteo, al fin y al cabo somos compañeros de viaje), tira de la punta de ese hilo, decía, como si abrieras un sobre sorpresa. Saluda a ese nuevo paisaje, a esa nueva frase que viene empaquetada en un paréntesis: (Si, me cubrí el rostro con esta tupida red el día en que se me quemaron las manos).

Ahora mismo se han cumplido los tres minutos. Pero he aquí que no has hecho sino escribir lo anterior cuando ya te vienen muchas oraciones más, muchísimas más, como mariposas nocturnas atraídas por una lámpara de gas. Tienes que elegir, es doloroso, pero tienes que elegir. Así pues, piénsalo bien y abre el nuevo paréntesis: (La gente sentía piedad por mí. Sentía piedad, sobre todo, porque pensaba que también mi cara había resultado quemada; y yo estaba segura de que el secreto me hacía superior a todos ellos, de que así burlaba su morbosidad).

Todavía te quedan dos minutos. Ya no necesitas el diccionario, no te entretengas con él. Atiende sólo a tu fisión, a tu contagiosa enfermedad verbal que crece y crece sin parar. Por favor, no te demores en transcribir la tercera oración: (Saben que yo era una mujer hermosa y que doce hombres me enviaban flores cada día).

Transcribe también la cuarta, que viene pisando los talones a la anterior, y que dice: (Uno de esos hombres se quemó la cara pensando que así ambos estaríamos en las mismas condiciones, en idéntica y dolorosa situación. Me escribió una carta diciéndome, ahora somos iguales, toma mi actitud como una prueba de amor).

Y el último minuto comienza a vaciarse cuando tú vas ya por la penúltima frase: (Lloré amargamente durante muchas noches. Lloré por mi orgullo y por la humildad de mi amante; pensé que, en justa correspondencia yo debía hacer lo mismo que él: quemarme la cara).

Tienes que escribir la última nota en menos de cuarenta segundos, el tiempo se acaba: (Si dejé de hacerlo no fue por el sufrimiento físico ni por ningún otro temor, sino porque comprendí que una relación amorosa que empezara con esa fuerza habría de tener, necesariamente, una continuación mucho más prosaica. Por otro lado, no podía permitir que él conociera mi secreto, hubiera sido demasiado cruel. Por eso he ido esta noche a su casa. También él se cubría con un velo. Le he ofrecido mis pechos y nos hemos amado en silencio; era feliz cuando le clavé este cuchillo en el corazón. Y ahora solo me queda llorar por mi mala suerte).

Y cierra el paréntesis —dando así por terminado el cuento— en el mismo instante en que el último grano de arena cae en el reloj.
--
(Este cuento forma parte del libro Obabakoak , Madrid, 1989)
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jueves, septiembre 05, 2024

¿Cuarto propio? - Gloria Anzaldúa



"Olvídate del 'cuarto propio', escribe en la cocina, enciérrate en el baño. Escribe en el autobús o mientras haces fila en el Departamento de Beneficio Social o en el trabajo, durante la comida, entre dormir y estar despierta. Yo escribo hasta sentada en el excusado. No hay tiempos extendidos en la máquina de escribir a menos que seas rica o tengas un patrocinador (puede ser que ni tengas una máquina de escribir). Mientras lavas los pisos o la ropa escucha las palabras cantando en tu cuerpo. Cuando estés deprimida, enojada, herida, cuando la compasión y el amor te posean. Cuando no puedas hacer nada más que escribir."

Hablar en lenguas. Una carta a escritoras tercermundistas.
1987

lunes, agosto 05, 2024

Escribir un cuento (fragmento) - Raymond Carver

«La definición que da V.S. Pritcher del cuento como “algo vislumbrado con el rabillo del ojo”, otorga a la mirada furtiva categoría de integrante del cuento. Primero es la mirada. Luego esa mirada ilumina un instante susceptible de ser narrado. Y de ahí se derivan las consecuencias y significados. Por ello deberá el cuentista sopesar detenidamente cada una de sus miradas y valores en su propio poder descriptivo. Así podrá aplicar su inteligencia, y su lenguaje literario (su talento), al propio sentido de la proporción, de la medida de las cosas: cómo son y cómo las ve el escritor; de qué manera diferente a las de los más las contempla. Ello precisa de un lenguaje claro y concreto; de un lenguaje para la descripción viva y en detalle que arroje la luz más necesaria al cuento que ofrecemos al lector. Esos detalles requieren, para concretarse y alcanzar un significado, un lenguaje preciso, el más preciso que pueda hallarse. Las palabras serán todo lo precisas que necesite un tono más llano, pues así podrán contener algo. Lo cual significa que, usadas correctamente, pueden hacer sonar todas las notas, manifestar todos los registros.»

lunes, julio 01, 2024

El látigo - Truman Capote



«Mi vida –como artista, por lo menos– puede ser proyectada en un gráfico con la misma precisión que una fiebre, registrándose altos y bajos, ciclos específicamente definidos.

»Comencé a escribir a los ocho años, inesperadamente, sin la inspiración de un modelo. No conocía a nadie que escribiera. En realidad, apenas si conocía a alguien que leyera. El hecho era que sólo cuatro cosas me interesaban: leer, ir al cine, zapatear y dibujar. Luego, un día, empecé a escribir, sin saber que me había encadenado, de por vida, a un amo noble pero despiadado. Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un látigo, y éste sólo tiene por finalidad la autoflagelación.

»Pero, naturalmente, yo no lo sabía. Yo escribía historias de aventuras, novelas policiales, escenas cómicas, cuentos que me había narrado ex esclavos y veteranos de la Guerra Civil. Me divertía muchísimo, al principio. Dejé de divertirme cuando descubrí la diferencia entre escribir bien y mal, y luego hice un descubrimiento más alarmante aún: la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte. Una diferencia sutil, pero feroz. Después de eso, cayó el látigo…»

viernes, mayo 03, 2024

Algunos consejos de Paul Auster

1. Nunca es fácil
Creo que el proyecto más difícil al que me he enfrentado es cada uno de los que he intentado hacer. Nunca es fácil. Algunas cosas se escriben más rápido que otras, pero realmente no puedo medir los grados de dificultad.

2. Relájate y sucederá
Cuando estaba escribiendo una novela y me quedaba atascado, y todos los escritores se atascan en algún momento, entraba en un estado de pánico, pensando que el proyecto se había acabado, no sabía qué hacer con él y resultaban momentos muy tormentosos. Ahora que soy viejo, cuando llego a uno de esos momentos, me digo a mí mismo: “Si este libro necesita ser escrito, si es algo valioso, si cuenta con el poder que creo que tiene, entonces voy a solucionarlo y todo lo que tengo que hacer es ser paciente”.

3. Intenta vivir en el extranjero
Dejé Estados Unidos al final de los 70, cuando tenía 24 años. Me dio una nueva perspectiva de América. Creo que es una cosa buena dejar tu país y mirarlo desde la distancia. Yo lo recomiendo. La vida es ahora mucho más cara que entonces, pero supongo que si tienes medios financieros suficientes, es muy bueno para una persona joven. Mejor hacerlo cuando eres joven que cuando eres viejo.

4. Aprende de los grandes
Creo que lo importante para los jóvenes escritores es leer a los buenos. Y supongo que con esto quiero decir a los que han resistido la prueba del tiempo. Ya sabes, los grandes. Hawthorne, Melville, Dostoevsky, Tolstoi, Kafka, Dickens… es de donde vas a sacar lo mejor.

5. No te des demasiada importancia
Cuidado con el ego y con darte demasiada importancia. No seas un escritor. Es una terrible forma de vivir tu vida. No ganarás nada con ello salvo pobreza, soledad y oscuridad. Así que si realmente quieres escribir, si te quemas por hacerlo, adelante. Pero no esperes nada de nadie. El mundo no te debe nada y nadie te lo ha pedido.




https://www.casadeletras.ar/2024/05/10/algunos-consejos-4/

viernes, abril 05, 2024

Para ser escritor - Abelardo Castillo

* Podrás beber, fumar o drogarte. Podrás ser loco, homosexual, manco o epiléptico. Lo único que se precisa para escribir buenos libros es ser un buen escritor. Eso sí, te aconsejo no escribir drogado ni borracho ni haciendo el amor con la mano que te falta ni en mitad de un ataque de epilepsia o de locura.

* Un albañil puede habitar la casa que construye, decía más o menos Sartre, un sastre usar el traje que ha hecho: un escritor no puede ser lector de su propio libro. Un libro es lo que los lectores ponen en él. Ningún escritor puede agregar un sentido nuevo a sus propias palabras. Si puede hacerlo, debería escribir el libro otra vez.

* Lo mejor que se ha dicho sobre el cuento es lo que Edgar Poe escribió en su ensayo sobre Nathaniel Hawthorne. No pienso facilitarte las cosas reproduciéndolo. Tendrás que encontrarlo solo. Un escritor es un buscador de tesoros. Los descubre o no. Esa es la única diferencia entre la biblioteca de un escritor y el mueble del mismo nombre de las personas llamadas cultas.

* Podrás corregir tus textos o no corregirlos. Toltstoi escribió siete veces Guerra y Paz; Stendhal terminó La Cartuja de Parma en cincuenta y dos días. El único problema es cómo se las arregla uno para ser Toltstoi o Stendhal.

* Nadie escribió nunca un libro. Sólo se escriben borradores. Un gran escritor es el que escribe el borrador más hermoso.

* Los novelistas y los editores creen que una novela es más importante que un cuento. No les creas. Sólo es más larga.

* Los cuentistas afirman que el cuento es el género más difícil. Tampoco les creas. Sólo es más corto. El cuento es díficil únicamente para aquellos que nunca deberían intentarlo. Para Poe era facilísimo, para Cortazar, Chéjov o Hemingway también.

* No intentes ser original ni llamar la atención. Para conseguir eso no hace falta escribir cuentos o novelas, basta con salir desnudo a la calle.

* Podrás escribir: "Volvió a verla tres días más tarde", pero sólo a condición de saber perfectamente (aunque no lo digas) qué le pasó a tu personaje en esos tres días, y por qué fueron tres días y no una semana o un año.

* No es lo mismo ambigüedad que confusión. Una historia debe tener siempre un único final. Si quisiste sugerir dos o más desenlaces, esos desenlaces son un único final: se llama ambigüedad. Si nadie entiende ni medio se llama confusión.

* No describas sino lo esencial. La posición de un pie, en casi todos los casos, es más importante que el color de los zapatos.

* Lo que llamamos estilo sucede más allá de la gramática. No es lo mismo decir: "ahí está la ventana" que "la ventana está ahí". En un caso se privilegia el espacio; en el otro, el objeto. Toda sintaxis es una concepción del mundo.

* En el origen del conocimiento y de la literatura está el acto de contar. La crítica de la razón pura nos cuenta lo que Kant pensaba de los límites de la razón; los versos de La Eneida, la epopeya del Lacio; el teorema de Pitágoras, el cuadrado de la hipotenusa. El hombre es el único animal que cuenta.

* Cortázar solía decir que empezaba sus cuentos sin saber a dónde iba. No le creas. En sus mejores cuentos lo sabía perfectamente, aunque no supiera que lo sabía.

* Los grandes novelistas aconsejan ignorar el final de la historia, no tener nada claro qué hará el personaje en el próximo capítulo, no atarse a un plan previo. A ellos sí podrás creerles, pero con moderación. Digamos, hasta llegar a la página 150. Más allá de eso, saber tan poco de tu propio libro ya es mera imbecilidad.

* Cuidado con Borges, Kafka, Proust, Joyce, Arlt, Bernhard. Cuidado con esas prosas deslumbrantes o esos universos demasiado intensos. Se pegan a tus palabras como lapas. Esa gente no escribía así: era así.

martes, febrero 06, 2024

Decálogo para jóvenes poetas - Héctor Carreto

(Nocturnario)

1. No tengas miedo a las influencias. Todos, cuando empezamos a escribir, necesitamos modelos, como ocurre con los estudiantes de otras disciplinas, como las artes visuales. Imita al escritor que admiras, a tu padre poético y, cuando te sientas preparado para irte de casa, independízate. Sin embargo, regresa de vez en cuando a visitar a tus padres.
No te preocupes mucho por la retórica, y menos por la tradicional. Te recomiendo conocerla y olvidarla a la hora de escribir. La retórica puede servir de ayuda, pero jamás garantiza la buena y legítima escritura.

2. Sobre la intertextualidad, si decides insertar en tu obra versos o incluso párrafos de otro poeta, busca que éstos cambien de sentido en tu discurso. Es decir que, integrados a un poema tuyo, lo enriquezcan. En cambio, si lo único que haces es acomodarlos junto a los tuyos, el lector opinará, con justa razón, que lo valioso en tu texto son los versos del otro, que seguramente serán un autor importante.
Aunque todos estamos acostumbrados al saqueo, te aconsejo que, si los versos que robas no son muy conocidos, pongas la fuente al pie de la página, o por lo menos por los versos robados en cursivas.

3. Si buscas escribir poesía de corte clásico, rimada y medida, piensa que los maestros de otros siglos ya agotaron esas formas. Si insistes en dedicar tu vida literaria, por ejemplo, al soneto, valdrá la pena si los tuyos pueden alcanzar la altura de los escritos por Shakespeare, Quevedo o Sor Juana, lo cual es prácticamente imposible. Y en la lectura de sonetos, el lector siempre elegirá leer a los grandes poetas.
En un poema, igual que en la narrativa, puedes incluir diálogos, personajes, plegarias, noticias de periódico. Asimismo, el verso puede ser corto o largo, o una combinación de ambos, e incluso puedes escribir el poema en prosa. La poesía es tan flexible como las necesidades que requiere quien la escriba.

4. No escribas una poesía explicativa, pero tampoco una tan oscura que nadie entienda. No es lo mismo un poema misterioso que una adivinanza. Si necesitas poner símbolos, éstos deberán ser localizados por el lector. Es decir, debe localizarlos aunque no los descifre. Un poema muy explicativo aburre por lo obvio y uno oscuro difícilmente se le termina de leer.
El poema debe tener tanta causalidad como la prosa. Aunque te propongas escribir un poema oscuro, no debes perder nunca la lógica del discurso. Esto es, nunca pierdas el sujeto ni la concordancia en los tiempos verbales. De otro modo, corres el riesgo de que nadie entienda lo que escribiste.

5. Si los temas que elijas son políticos, amorosos, sociales o eróticos, haz crecer el poema asociando el tema elegido con otro complementario. Por ejemplo, el tema amoroso está prácticamente agotado si únicamente se aboca a expresar el sentimiento; éste ya fue explotado con éxito por los poetas de épocas pasadas, por lo que el tuyo tendrá que contener un plus. Esto es, que además de amoroso lo vuelvas, al mismo tiempo, político o social, o que tenga sentido del humor. Los epigramas de Ernesto Cardenal, por ejemplo, son amorosos y, al mismo tiempo, políticos; los de las poetas estadounidenses son eróticos pero también son políticos o feministas. Cuestionan a la sociedad en la que viven.

6. Escribe sólo sobre lo que conoces bien. De otra manera, el lector lo sentirá falso. Escribe sobre lo que te interese. No hay temas vedados a la poesía. No existen temas exclusivos para la prosa ni exclusivos para la poesía. Simplemente, se abordan desde ángulos distintos. Donde termina la prosa empieza el poema, y viceversa. No pierdas de vista el sujeto. Aun si escribes poesía hermética, debe haber precisión en el discurso. De otra manera, el lector no entenderá el poema y abandonará la lectura.

7. No busques palabras “poéticas” para escribir. Todas las palabras que hay en el diccionario pueden ser útiles en un poema. Todo depende de la naturaleza del texto. La utilización de palabras “elegantes” o en desuso causará un efecto artificial o cursi en el lector. Hay diccionarios que señalan que la poesía busca la belleza. Es una afirmación a la ligera. En todo arte legítimo tiene que estar presente la belleza. En la poesía la belleza está en el conjunto, no en la elección de ciertas palabras.

8. Evita el hipérbaton. Muchos principiantes creen que cambiando el orden de una frase, ésta se convierte en verso. Nada más falso. El trazo debe ser sencillo, natural, como en la prosa. Aplica el hipérbaton sólo si tiene alguna función en la rima.

9. Los poemas no necesariamente deben tener metáforas ni muchas imágenes. Hay muchos poemas de grandes autores que no contienen imágenes y otros que, aunque las tengan, no elaboran metáforas. No es una regla que el uso de las imágenes deba ser muy elaborado. Hay poetas que sólo incluyen las imágenes que son necesarias al discurso.

10. Sobre el tono. Te recomiendo familiarizarte con la música de concierto, o clásica, y también con el jazz, sobre todo si tu proyecto es escribir un poema extenso. Muchos poetas tienen la tendencia a escribir poemas largos sin cambiar ni el ritmo y ni el tono del discurso. Esto hace que los textos lleguen a ser pesados, aburridos y en algún momento llegan a caerse, pues es casi imposible, por ejemplo, mantener la nota alta (el éxtasis) siempre arriba. Si escuchas con atención un concierto o una sinfonía, podrás observar los diversos matices y cambios de ritmo que tienen las obras.

viernes, enero 26, 2024

Lo indispensable - Ernesto Sabato

«Escribo lo indispensable, no creo en la cantidad. Creo que si un escritor no puede decir en uno, dos o tres libros todo lo que se refiere al bien y al mal, a la esperanza y a la desesperación, al destino de la humanidad, a los grandes problemas éticos y espirituales, no va a ganar nada escribiendo más y más libros como si fuesen papel moneda, depreciando el valor en oro de ese libro que podría ser único. Tenemos el ejemplo de los grandes escritores: lo que escribe Cervantes es El Quijote; lo demás son pequeñas obras que se hacen lateralmente. Dante escribió La Divina Comedia y punto. En latín escribe un tratado que se refiere a problemas teológicos, pero el libro que va a quedar, el que se va a leer siempre es La Divina Comedia, escrita en el buen romance, la lengua del pueblo.

»Me fascinan los escritores que han conseguido decir en un solo libro cosas importantes y decisivas. San Juan de la Cruz lo ha dicho todo en muy pocas páginas. En el caso de un poeta, se pueden decir en veinte páginas cosas memorables. La novela es diferente, pero tampoco hay que excederse y escribir mil páginas. En definitiva, no creo en la cantidad: me parece que hay pocas cosas que decir y que hay que decirlas con las palabras más escuetas y menos pretenciosas, al alcance de cualquier ser humano.»

Fragmento del texto publicado en Mar de fondo

domingo, diciembre 03, 2023

Corregir - Fernando Aramburu

"Me gusta más corregir que escribir. La primera versión, con la que lleno la página en blanco, siempre es provisional. La parte placentera viene después: quitar y poner, añadir algún detalle… Desde el principio busco deliberadamente esa fase, la del cincelado. Quizás eso me viene de mi época de poeta, cuando uno centraba toda su energía en un pedazo pequeño de texto hasta lograr la estrofa redonda".

Completo en Casa de Letras

viernes, diciembre 01, 2023

Volver a escribir - Andrés Felipe Yaya

"Escribir es un diálogo permanente con el mundo, pero ¿qué mundo nos quedará después de aprehenderlo a través de las palabras? De todas maneras, el mundo es una materia de asombro que hay que mirarlo con ojos virginales, que hay que describir de la manera más endiablada, una forma exaltada donde todo está por descubrirse. En un seminario el escritor Julián Serna Arango se preguntaba por los elementos que marcan la diferencia al momento de escribir. Son tres, decía. La primera: ser claro. La segunda: decir cosas distintas, es decir, aportar algo. La tercera: hacerse inolvidable. En fin, son ideas atinadas que solo lo entrega el oficio mismo. Únicamente en el acto de escribir todo está por suceder y nada parece imposible. Aquí tres nociones certeras. Tres filosofías de oficio. Tres revelaciones razonadas, pero indómitas como un animal encerrado."


lunes, septiembre 11, 2023

Leonard Cohen

Tomado de: https://www.themarginalian.org/2014/07/15/leonard-cohen-paul-zollo-creativity/

"Antes de poder descartar el verso, tengo que escribirlo... No puedo descartar un verso antes de que esté en el papel porque es la escritura del verso lo que produce cualquier deleite, interés o faceta que vaya a captar la luz. Es necesario terminar el corte de la gema antes de poder ver si brilla." 

"Mi estado mental ordinario es muy parecido a la sala de espera del DMV... Entonces, para penetrar en esta charla y este debate sin sentido que ocupa la mayor parte de mi atención, tengo que encontrar algo que realmente hable de mis intereses más profundos. De lo contrario, me quedo dormido de una forma u otra. Entonces, encontrar esa canción, esa canción urgente, requiere muchas versiones, mucho trabajo y mucho sudor..."

martes, agosto 29, 2023

Oferta académica en el Ceart SLP, último trimestre 2023

En el Centro de las Artes de San Luis Potosí hay cursos y talleres interesantes en todas las disciplinas del arte. Comparto aquí la oferta académica del área de Integración y Literatura y les invito especialmente a nuestro Taller de Creación Literaria, que empieza a finales de septiembre. ¿Ahí nos vemos?

Página del área académica: http://www.ceartslp.gob.mx/ceart/FormacionAcademica/Inscripciones/OfertaAcademica/






domingo, diciembre 18, 2022

Rehén de la precisión - Joseph Brodsky

"Cuanta más poesía leemos, más aborrecible nos resulta cualquier tipo de verborrea, tanto en el discurso político o filosófico, como en los estudios históricos y sociales, o en el arte de la ficción. El buen estilo en prosa es siempre rehén de la precisión, de la rapidez y de la lacónica intensidad de la dicción poética. Hija del epitafio y del epigrama, concebida, por lo que parece, como una forma sintética de tratar cualquier tema, la poesía supone una gran disciplina para la prosa. Le enseña no solo el valor de cada palabra sino también los ricos esquemas mentales del ser humano, las posibles alternativas a la composición lineal, la habilidad de omitir lo obvio, el subrayado del detalle, la técnica del anticlímax."