Mostrando las entradas con la etiqueta domingo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta domingo. Mostrar todas las entradas

lunes, mayo 16, 2022

Domingo

Domingo de día del maestro...
nada como compartir con alguien el gusto por la lectura.



Vi pasar la estación Isis y por si las dudas pedí un deseo. 
Eclipse total de luna. Miztli cualo. 
Por fin un fenómeno astronómico que no ocultan las nubes potosinas. 
Lo vi casi completo, platiqué con las tzitzimime y me sentí un poco extraño
pero todo bien este domingo.





 

domingo, mayo 23, 2021

Domingo - José Manuel Caballero Bonald

La veis un día domingo.
Lleva un cuerpo cansado, lleva un traje cansado
(no la podéis mirar),
un traje donde cuelgan trabajos, tristes hilos,
pespuntes de dolor, esperanzas sangrantes
hechas verdad a fuerza de ir remendando sueños,
de ir gastando mañanas, hombres de cada día,
en las estribaciones de un pan dominical.

La veis venir acaso de un azar con ternuras,
de una piedad con fábulas; la veis
venir y no sabéis que está llamándose
lo mismo que la vida,
lo mismo que su traje hecho disfraz de olvido,
hecho carne de engaño y servicial,
cortado a la medida de mensuales lágrimas,
de quebrantos tejidos con la última
hebra de la intemperie, con las briznas
de ese telar de amor donde aprendemos
la hermandad necesaria que es un cuerpo sin nadie.

Sucede que es un día más bien canción que número,
más bien como una lluvia de inclemente mirada,
de humilde mano abierta
que volverá a vestir de desnudez la vida.
Y entonces ya es mentira crecer sobre raíces,
ya es mentira ese tiempo blandamente nocivo
que se nos va quedando alquilado en la piel,
que se nos gasta hasta dejarnos
un mísero rastro de caricia vacía,
llegar a confundirnos en un domingo anónimo,
en un amor sin cuerpo, hilvanando de lástima.

Y entonces, ese día, el domingo,
viene llegando, corre, se nos acerca
(todos la conocemos),
nos mira igual que un charco
de amor recién secado, nos contagia
de todo cuanto es puro en su día siguiente,
porque está consolándose con un jornal caduco,
está desviviéndose
en una pobre sucesión de acopios para amar,
de ir contando los años por tránsitos de trajes,
por memorias zurcidas, por sueños arrancados
del retal de un domingo cegador e ilusorio.

sábado, marzo 28, 2015

Tres de Domingo de Ramos

Tus pies son dos heráldicas alondras
que eternamente llegan de mi ayer!
Linda Regia! Tus pies son las dos lágrimas
que al bajar del Espíritu ahogué,
un Domingo de Ramos que entré al Mundo,
ya lejos para siempre de Belén!

César Vallejo

Musicaliza todo : tus dolores,
tus placeres, los páramos, las flores,
vive en perenne Domingo de Ramos.
Y espera anacreóntico la muerte
diciendo ante el enigma de la suerte
como Rubén: -¡Señor!... ¿A dónde vamos?...

Hilarón Cabrisas

Yo conozco las caras que se parten
en dos y en otras dos y en otras;
elementales casi formas
disfrazadas de ausentes enemigos.
Y en torno crujen las marchitas
maderas lamentables,
como un otoño cruje, como crujen
barcos difuntos, abrasados troncos,
alas crispadas y caducas
de domingos de ramos polvorientos.

Rubén Bonifaz Nuño

domingo, abril 13, 2014

Jerusalén - Giovanni Papini

«El cortejo se aproximaba a la ciudad enemiga con la furia sonora de un torrente desbordado. Estos campesinos, estos aldeanos, van delante, rodeados de un móvil simulacro de bosque, como queriendo llevar dentro de las murallas un poco de campo y libertad. Los más atrevidos han cortado a lo largo del camino ramas de palmera, olivo, mirto y sauce, como para la fiesta de los tabernáculos. Y las agitan en alto mientras claman las apasionadas palabras de los salmos mirando al ardiente rostro del que viene en nombre de Dios.

»La primera legión cristiana está a las puertas de Jerusalén y las voces de homenaje no se callan: "¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!" Estos gritos llegan a oídos de los fariseos, altivos y severos, a ver qué sediciosa gritería era aquella. Y los gritos han escandalizado a aquellos prudentes oídos, han conturbado a aquellos corazones recelosos. Algunos de ellos, bien envueltos en sus capas doctorales,  gritan a Jesús de entre la muchedumbre: "¡Maestro, reprende a tus discípulos! ¿No sabes que tales palabras sólo al Señor pueden dirigirse y al que venga en su nombre?"

»Y él, sin detenerse:

»—¡Yo os digo que si éstos callan, gritarán las piedras!

»Con aquella respuesta, Jesús no sólo ha confirmado ser el Cristo, pues es, además, una declaración de guerra. En efecto, el nuevo rey, apenas entrado en su ciudad, da la señal de asalto.»

(Historia de Cristo, Alamah, 2002)

A un cristo hecho de caña de maíz - Joaquín Antonio Peñalosa


Cristo tameme, cargador de oficio,
cargas a Dios y cargas la criatura,
doble peso te dobla la cintura
y se derrumba todo el edificio.

Por levantarte voy a tu servicio,
por sopesar, si puedo, tu escultura,
seguro de la fuerza de su hechura,
dudoso de mi débil ejercicio.

Pero al sentir a Cristo tan liviano,
le pregunté dónde dejó los huesos
y descargó la carga del pecado,

como al surco, me dijo, me han clavado
con cañas y con flores y con besos,
y así no pesa el Cristo mexicano.

domingo, julio 31, 2011

Eliseo Alberto (1951-2011)

Eliseo Alberto en SLP

Este domingo, a los casi sesenta años, falleció este poeta, novelista y guionista cubano, quien con sus entretenidas historias ganó varios premios. A San Luis Potosí vino a dar un curso taller a la Casa López Velarde, y nos compartió anécdotas y buenos tips, además de su sabrosa novela Esther en alguna parte, recién publicada en aquellos días. Un tipazo y un excelente escritor, lo que no siempre se conjunta. 

En La eternidad por fin comienza un lunes, escribió:

"Ese domingo tremendo, de experiencias contrapuestas, de verificaciones conmovedoras, ese domingo extraño que había comenzado con la tristísima muerte y el solitario entierro de un león y que estaba terminando con el hallazgo o la invención de la felicidad..."

A seguirlo leyendo...

domingo, marzo 13, 2011

Música dominical

No recuerdo dónde leí —y disculpen el apocalapsus memoriae— que nos encanta pensar en el fin del mundo porque no queremos irnos solos, como si por irnos en bola supiera menos amargo el trago. Miedito siempre va a haber, y con los maremotos, terremotos y peligro nuclear que este fin de semana ha sufrido Japón no es para menos. Y duele que sea en Japón, un país muy cercano por su cultura, sus intercambios, sus productos. De él sabemos más (y esto también lo leí, tampoco recuerdo dónde) que de otros de América o Europa.

Autodefensa de la tierra, dicen unos, y el hombre es la infección, añaden otros. Mientras leeemos y escribimos qué tal si oímos algo de música para tranquilizarnos. Puede ser a Mono Blanco o la canción de la Santita de Santa Sangre.:



Está bien, no son muy tranquilizadoras pero son muy disfrutables. Feliz domingo.

miércoles, octubre 27, 2010

"Cada domingo", cuento de Juana Meléndez

Cada domingo voy a visitar a mi ahijada Adelaida, hija única de mi compadre Luis, que hace dos años se quedó viudo. Él nunca está en la casa ese día y voy en la tarde para acompañar a esa linda y solitaria criatura. Me gusta aspirar el perfume de su cabellera, oscura y suave como la seda. Tiene diecisiete años, piel blanca y ojos verdes, como las blusas de seda que usa porque, dice, así le brotan flores de sus pechos. Tierra de tentaciones en la que detecto matices sorprendentes cuando pone en marcha su actividad corporal.

Mi mujer acepta con beneplácito que pase las tardes con Adelaida. Pobrecita, me dice, está tan sola… No te acompaño porque tengo que organizar mi trabajo de la semana. Ella es maestra y yo apruebo su comprensión, o sin protestar un poco, pero la verdad es que me la paso de maravilla.

Adelaida y yo conversamos, oímos música y juntos vemos, a través de la ventana, cómo la penumbra va invadiendo la sala, poco a poco. De allá para acá, todo va muriendo. Entonces podemos dividir lo de afuera y de adentro, que empieza a vivir al estallar el fuego de los cuerpos en una sinfonía radiante.

Así sucede cada domingo, hasta la hora prefijada para mi regreso, no antes, porque no quiero encontrar a Luis en mi casa.