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jueves, octubre 20, 2016

Muerte y arte en San Luis Potosí (y, obvio, más allá)


Este año quiero retomar el blog Muerte y arte en San Luis Potosí (y, obvio, más allá), en el que compartiremos poesía, narrativa, textos varios, noticias, fotografía y artes plásticas los días 31 de octubre y 1 y 2 de noviembre. El blog es una "Muestra de literatura y arte sobre la muerte en y desde San Luis Potosí, obituario literario y cultural, enlaces suicidas, necrófilos y luctuosos. Total: el escritor al pozo y el libro al gozo".

La invitación está abierta y recibiremos colaboraciones hasta el 30 de octubre en el correo debajodelagua@gmail.com.

Asimismo, planeo un minitaller de seis horas sobre literatura sobrenatural para la siguiente semana. El costo será bajo, casi fantasmal. Ya les daremos detalles en un par de días. Informes también en el mismo correo.

jueves, septiembre 22, 2011

Leyendas: literatura de tradición oral de San Luis Potosí en letras de molde*

Alexandro Roque

El primer libro de mitos y leyendas que como tal se publicó en San Luis, al parecer, fue Leyendas potosinas, de Ignacio Medellín Espinoza, editado por los talleres del periódico Acción en 1934 y patrocinado por Hipólito Cedillo, “presidente del partido de San Luis Potosí”. En esta primera edición de leyendas —hoy en cientos de versiones no siempre bien editadas y, a veces, más bien pobres en edición y lenguaje— se recuperan historias (digamos) nacionales como la de la Llorona o la Maltos, pero se añaden y empiezan a reunir como típicas de San Luis Potosí las historias de personajes como Juan del Jarro o el Caballero Degollado, y lugares como el jardín de San Francisco (hoy Vicente Guerrero) o los túneles que supuestamente conectan templos y edificios públicos, versión negada oficialmente.

Jesús C. Pérez, también (o más) conocido por su seudónimo periodístico Peritos, nació en San Luis Potosí el 22 de diciembre de 1903 y falleció en la misma ciudad el 18 de diciembre de 1970. Destacó en el género de cuento, con abundantes obras publicadas en varios libros, en compilaciones o individualmente, y en las revistas Bohemia, Letras Potosinas (publicación de la cual también fue jefe de redacción) y otras publicaciones locales. Vivió algún tiempo en Estados Unidos y allá fundó una pequeña publicación en español. Jesús C. Pérez fue uno de los pocos narradores de la Bohemia Potosina, asociación que se reunía en el Museo Othoniano e incluía a historiadores, poetas y profesionistas varios.

De sus muchas publicaciones me referiré a Cuentos del viejo San Luis, producida en 1959 en la Imprenta Universitaria, con el sello editorial de la Asociación de Escritores, Artistas y Periodistas. Este libro consta de siete cuentos: “El burro de extensión”, “Las bicicletas automáticas”, “La bruja de Capulines”, “Un chistecito”, “El enamorado”, “Tata Chico Meza” y “La calavera”, varios de ellos reeditados como cuadernitos, acaso por su éxito de venta. Todos los cuentos tienen elementos de historias de aparecidos, fantasmas, brujas y demonios y por ahora, aunque todos tienen su gracia y elementos para desmenuzar poco a poquito —por el humor y la estrategia con los que atrae al lector—, les platico un poquito de un par de ellos.

En sus cuentos, Peritos relata “tal como me los contaron, porque aquí no invento nada ni meto mano, entre otras razones porque no hace falta, ya que tengo el concepto de que la imaginación, por viva que sea, nunca supera a la realidad”.

Al final del cuento “El burro de extensión”, el autor refrenda: “Esto me lo contaba mi abuelita paterna, muy conocida en el barrio por mamá Lolita, aun por aquellos que no tenían con ella ningún parentesco, y como era una insuperable narradora, lo hacía con mucha gracia y dando toda clase de detalles, dejándonos a todos con la boca abierta…”

En su gusto por retomar de una manera literaria viejas historias de terror Peritos da ubicaciones del San Luis de finales del siglo XIX y principios del XX, con nombres de calles, comercios famosos y personajes que muchas veces retoma de familiares y conocidos. Así, a veces menciona el año, las características y hasta las familias “notables del lugar”, pero otras no menciona el año porque no le gusta contar mentiras. En “Las bicicletas automáticas” el autor advierte: “cambiaré también el nombre de los demás personajes que intervienen, porque los hechos son todavía recientes y quedan descendientes de ellos, de tal manera que más de uno pudiera no estar conforme con que su gente anduviera en cuentos”. Esta hibridación de géneros la propone nuestro autor porque “hay individuos que confunden a los cuentos con las historias y a las historias con los cuentos”, disfrazando las historias como cuentos “como los historiadores disfrazan a sus cuentos de historias”.

Los cuentos son “El chistecito” y “Tata Chico Meza”. En el primero son un par de nahuales los que se aparecen burlonamente a los protagonistas, un par de compadres que salen a acampar lejos de la ciudad. Solo son testigos del chistecito de los niños, y lo sobrenatural se aparece para demostrar el poder del campo y de la noche. En "Tata Chico Meza" asistimos a una anécdota que con diversos nombres se oye en muchas poblaciones: alguien se encuentra a las afueras del pueblo con una persona que le pide le lleve un recado a una tercera. Al llegar hay un velorio, y a quien se está velando es a la persona que había mandado el recado. Casi siempre se trata de una deuda, de un recado de esperanza, o hasta de una misa por las ánimas del purgatorio.


A veces sin redondear el aspecto literario —se transcribe sin más, con lo difusa y confusa que pueda resultar el habla—, a veces con simpleza de lenguaje para que se vendan, los libros de leyendas aquí y en otras partes no siempre son lo que uno esperaría, y es que esta búsqueda de la tradición oral desde lo literario —no desde lo mercadológico— apenas empieza.  

Y hay otro cuento de Peritos del cual sólo citaré el inicio, nomás porque menciona a la bella villa. Es “La bruja de Capulines”, en el cual uno de los dos involucrados es don Panfilo, quien “no era de San Luis, sino de Carbonera, que ahora se llama Villa Juárez, en donde abundan los Castillos, los Almazanes, los Izaguirres y los Ruices, todos ellos muy decentes y muy finas personas”.


* Versión del texto presentado en la Coordinación de Ciencias Sociales.

(y si quieren ver algo sobre otras formas literarias (musicales) de tradición oral vayan acá: "De toquines y charangas")

jueves, noviembre 18, 2010

el que a buena leyenda se arrima...

Como invitado al Seminario de Literatura Tradicional de la licenciatura en lengua y literaturas hispanoamericanas, hoy jueves a las 13:30 estaré charlando con colegas y alumnos de la Coordinación de Ciencias Sociales de la UASLP.

De entre los temas y géneros a los que me aproximado, como mero aprendiz de todo y oficial de nada, podremos platicar, depende del tiempo diponible, sobre

a) la bruja guachichil, una revolucionaria de hace 400 años;
b) los primeros libros de leyendas potosinas;
c) los cuentos y leyendas de Jesús C. Pérez;
d) leyendas y tradición oral de Villa Juárez, SLP;
e) historias de aparecidos en San Luis Potosí;
f) las décimas
y valonas y demás música tradicional de SLP.

martes, enero 26, 2010

literatura de tradición oral, novedad editorial

De entre las novedades del fondo editorial de El Colegio de San Luis deseo compartirles una que me obsequió Mercedes Zavala Gómez del Campo. Se trata de Formas narrativas de la literatura de tradición oral en México: romance, corrido, décima, leyenda y cuento, resultado del coloquio del mismo nombre que se realizó en el Colsan en 2008, bajo la coordinación de Mercedes, también responsable de esta edición.

A este blog han llegado muchas personas buscando información sobre dicho coloquio, que aseguran Mercedes y compañía tendrá una segunda versión en 2010, y es grato notificarles que ya salieron las memorias, donde se reunieron las ponencias según los temas y se publica una interesante bibliografía conjunta sobre la literatura oral. 14 trabajos sobre corridos, narcocorridos, valonas, romanceros, leyendas y más.

Por hoy les comparto dos fragmentos de temas que en lo particular me interesan: el narcocorrido y la valona. Sobre el primero nos dice Juan Carlos Ramírez-Pimienta que cualquier esfuerzo de México o Estados Unidos por prohibir los narcocorridos es inútil, por la falta de legislaciones conjuntas, y que "el corrido de narcotráfico se fue convirtiendo en narcocorrido en la medida en que la temática pasó del narcotráfico, sus peligros y aventuras, para convertirse en un corrido que enfatiza la vida suntuosa y placentera del narcotraficante".

En cuanto a la valona, género lírico que se cultiva en mis dos matrias, la Zona Media de San Luis Potosí y la Tierra Caliente de Michoacán, Raúl Eduardo González nos habla de esta forma poético-musical que se da muchas veces con improvisaciones según el público y el lugar en el que se ejecuta, que tiene su estilo de baile particular y a veces se presta a competencias cantadas y bailadas, con las "topadas" entre grupos de músicos y los intentos de rajar la tabla sobre la que se zapatea.

Dice González: "la forma tradicional del género es la de una glosa en décimas; generalmente una planta con la forma de una cuarteta de octosílabos (glosa típica), o bien, con la de un solo verso octosílabo (glosa de línea) que se desarrolla en cuatro décimas, cada una de las cuales culmina con un verso de la planta".

Dado que el autor marca diferencias entre las valonas tradicionales y las nuevas, sobre todo en el uso de la glosa ("esa partecita que se repite", como dijo alguien), les dejo la que González usa como muestra de la tradicional, "La renca".

Disfruten la canción y el libro.

viernes, enero 22, 2010

de noche

Alexandro Roque

Esta noche ya quería llegar a la casa y el transporte urbano no pasaba. La calle estaba desierta y hacía mucho frío, aunque no tanto como otros días. Prendí un cigarro, porque no falla que apenas me decido a fumar tranquilamente suele pasar el transporte.

En eso pasó un taxi pero no le hice la parada hasta que me echó las luces. A primera vista había creído que llevaba pasaje, pero resultó que no, que iba vacío.
—Oiga, ¿puedo fumar?, es que lo acabo de prender...
—Sí, nomás abra un poquito más la ventana.
—Gracias. Voy a... Pensé que iba ocupado.
—Je, ¿le digo la verdad? No es la primera persona que me lo dice, siempre que trabajo de noche me va mal porque todo mundo ve que llevo una persona en el asiento del pasajero. ¿Era un hombre de bigote, vestido de negro?
—Sí, ese.
—No sé porqué le gusta viajar conmigo. Pobre...

Y ya en el trayecto me dijo que a él le ha tocado ver espectros en dos lugares de San Luis Potosí. En el circuito interior Río Santiago, en dirección a Morales más o menos a la altura del puente de la colonia San Felipe, a la una de la mañana hay una pareja, hombre y mujer, que se suben al cofre de los carros. Dicen los que los han visto que visten de blanco y no tienen cuerpo de la cintura para abajo, pero sí una mirada profunda que clavan inmisericordes en los conductores. Al llegar a la altura del puente Eje Vial se evaporan.

El otro sitio de apariciones es el exterior del panteón Españita donde, todas las noches, en punto de las dos de la mañana, atraviesa la puerta del panteón un hombre decapitado, que lleva su cabeza en las manos, como una carga muy pesada. Siempre se queda unos minutos frente a la puerta y luego da vuelta a la izquierda, rumbo al periférico. Al llegar a los límites del cementerio desaparece.

—Oiga joven —me dijo el taxista—, ¿y usted no ha visto fantasmas?

—Sólo una vez. Fuimos mi novia y yo a casa de una amiga, casada y con una hija como de cinco años. A mi novia se le olvidó un album de fotos en el carro y me ofrecí a ir por él, porque la noche estaba lluviosa. Abrí la puerta del pasajero y mientras me inclinaba a buscar abajo del asiento por el espejo retrovisor vi de reojo a una niña rubia, con los ojos verdes, que me observaba con curiosidad. Cerré la puerta y ya no estaba.
Cuando entré de nuevo le pregunté a mi amiga:
—Oye, ¿por qué dejas salir a tu niña con este clima? Ya ni la haces.
—No, ella ya está dormida desde hace mucho, cómo crees que la iba a dejar salir. ¿Por qué preguntas?

—No... por nada.

martes, junio 03, 2008

Leyenda rural


(fotoarte de Alexandro Roque)

Yo se la leí a Siqueiros en entrevista con Julio Scherer: La piel y la entraña. He visto y oído muchas versiones.

Un viejito va caminando en el campo y se encuentra con un bebé llorando, abandonado entre el maizal. Es hermoso. Lo levanta y lo lleva a su casa. Cuando se lo muestra a su esposa, el bebé la mira, abre una boca enorme, con colmillos bestiales, y con una voz espeluznante, repite sonriente: "mira mis dientitos, mira mis dientitos"... El anciano deja caer al bebé, que al tocar el suelo explota, quedando solamente una pequeña nube de humo...