Un día
Me levantaré del escritorio
Y comenzaré a distanciarme de las palabras,
de vosotros
y de las cosas, una por una.
Veré en la lejanía una montaña
e iré hacia ella
Hasta que la montaña quede atrás.
Luego iré a la siga de una nube
y la nube quedará atrás.
También el sol quedará atrás
y las estrellas y todo el universo...
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martes, abril 11, 2023
miércoles, marzo 29, 2023
Yo no soy yo - Juan Ramón Jiménez
Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera…
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera…
miércoles, febrero 24, 2021
Lawrence Ferlinghetti (1919-2021)
A medida que envejezco
A medida que envejezco
percibo que la vida
tiene la cola en la boca
y otros poetas y otros pintores
ya no encarnan para mí
ningún tipo de competencia
El cielo es el desafío
el cielo
que aún debe ser descifrado
ese alto cielo
ante el que caen agobiados
los astrónomos
con sus grandes orejas electrónicas
ese cielo
que nos susurra constante
los secretos finales del universo
el mismo que respira
hacia adentro hacia afuera
como si fuera el interior de una boca
del cosmos
el mismo cielo
que es el borde de la tierra
y del mar también
el cielo
de voces múltiples y ningún dios
rodeando un océano de sonido
que devuelve ecos
como las olas
que estallan en el murallón
Poemas enteros
diccionarios completos
enrollándose
en la explosión de un trueno
Cada atardecer un cuadro instantáneo
cada nube un libro de sombras
a través de las que vuelan salvajes
las vocales de los pájaros
que llorarán repentinamente
Ese firmamento para el pescador
está despejado
a pesar de las nubes oscuras
Él lo observa
lo estima por lo que es:
el espejo del mar
a punto de precipitarse sobre él
en su bote de madera
al filo del horizonte oscuro
Nosotros lo imaginamos como un poeta
siempre cara a cara con la vieja realidad
donde los pájaros nunca vuelan
antes de la tormenta
No lo dudes
él sabe lo que caerá desde las alturas
antes de que amanezca
él es su propio vigía
en su embarcación
atento al sonido del universo
dando cuenta de las visiones
de la tierra de lo viviente
con su voz poderosa
A medida que envejezco
percibo que la vida
tiene la cola en la boca
y otros poetas y otros pintores
ya no encarnan para mí
ningún tipo de competencia
El cielo es el desafío
el cielo
que aún debe ser descifrado
ese alto cielo
ante el que caen agobiados
los astrónomos
con sus grandes orejas electrónicas
ese cielo
que nos susurra constante
los secretos finales del universo
el mismo que respira
hacia adentro hacia afuera
como si fuera el interior de una boca
del cosmos
el mismo cielo
que es el borde de la tierra
y del mar también
el cielo
de voces múltiples y ningún dios
rodeando un océano de sonido
que devuelve ecos
como las olas
que estallan en el murallón
Poemas enteros
diccionarios completos
enrollándose
en la explosión de un trueno
Cada atardecer un cuadro instantáneo
cada nube un libro de sombras
a través de las que vuelan salvajes
las vocales de los pájaros
que llorarán repentinamente
Ese firmamento para el pescador
está despejado
a pesar de las nubes oscuras
Él lo observa
lo estima por lo que es:
el espejo del mar
a punto de precipitarse sobre él
en su bote de madera
al filo del horizonte oscuro
Nosotros lo imaginamos como un poeta
siempre cara a cara con la vieja realidad
donde los pájaros nunca vuelan
antes de la tormenta
No lo dudes
él sabe lo que caerá desde las alturas
antes de que amanezca
él es su propio vigía
en su embarcación
atento al sonido del universo
dando cuenta de las visiones
de la tierra de lo viviente
con su voz poderosa
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Tomado de Zenda
domingo, enero 24, 2021
Dr. Barbahan (1954-2021)
Mi columna en Pulso: Los deberes y la escritura
Jesusito (PDF)
Alejandro Ramírez: Barbahan parte a buscar a Uwe Bruker
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El duro oficio de escritor
Dr. Barbahan
Apreciable lector: déjeme decirle que soy un escritor en formación, a lo mejor, con un poco de chance si usted quiere, casi hecho. Con muchos apuros y en un largo tiempo, he logrado al fin conjuntar un pequeño volumen de cuentos y narraciones cortas.
Venciendo los miedos y prejuicios inherentes a un escritor bisoño, decidí el otro día visitar a un editor muy versado en literatura. Entonces dirigí mis pasos hacia el edificio donde él trabaja; una vez ahí hice antesala un buen rato, tiempo después su secretaria me pasó a su oficina. Ya en su presencia, el editor me señaló una silla justo frente a su escritorio.
Me presenté, tomé asiento, enseguida le entregué mi trabajo. Era un hombre maduro, alto y delgado, de cabello casi blanco, vestía muy elegante, además tenía los ojos azules, como mi padre. Bueno, al menos eso es lo que siempre ha dicho mi madre de mi progenitor, pues en realidad yo nunca lo conocí, y aún ella no me perdona mis ojos negros y lo prieto de mi piel; mi madre no sabe nada de las leyes de Mendel acerca de la genética, pues a final de cuentas ella es la única culpable, porque al igual que yo, es prieta.
Me miró unos instantes de arriba a abajo y luego se puso a leer mi libro, haciendo caso omiso de mi presencia. Había algo en el editor; su personalidad inspiraba confianza, un cierto aire de paternalismo y al instante me identifiqué con él. Mientras leía las cuartillas algunas veces movía la cabeza de un lado a otro, como si desaprobara lo escrito; otras simplemente se le escapaba una leve sonrisa y así por el estilo.
Empecé a hablarle, a contarle cosas y más cosas, pero no me escuchaba, estaba embebido en la lectura, había ido a verlo por lo del libro, pero en el fondo deseaba platicar con alguien como él. Yo hablo solo, tengo esa mala costumbre y la gente piensa que estoy loco; en un tiempo lo estuve, tengo que reconocerlo, pero ya no.
Comencé platicando solo, después platicaba con las paredes, y por último, las paredes me contestaban. Entonces fui a dar a la clínica de recuperación mental, pero ya estoy bien, se los aseguro.
Esta vez no estaba platicando solo ni mucho menos con una pared, tenía un interlocutor; si él no me escuchaba eso a mí no me importaba, a fin de cuentas yo no sé qué tiene el mundo en contra de la locura, acaso no saben que gracias a ella nosotros nos mantenemos cuerdos en el delirio, acaso no se han dado cuenta que en este país de locura, atrás del aparente caos hay un verdadero desmadre. Y sin más ni más le dije lo que para mí era el duro oficio de escritor:
—Mire, lo primero que se tiene que hacer es escribir y luego busque un estilo propio, después integre un trabajo; luego busque un lector por lo menos, y si las cosas van bien, entonces acuda a un editor. Después trate de vender el trabajo acumulado con tanto esfuerzo y tiempo y por último, si así lo marca el destino, podrá disfrutar de los méritos alcanzados.
Seguía sin escucharme, concentrado en mis cuartillas. Algunas veces levantaba la cara, me miraba, luego continuaba leyendo. Mientras menos me escuchaba más seguía yo hablando, pero ya no hablaba para él, sino para mí: en el fondo tenía unas ganas enormes de oírme, sin el temor de que la gente pensara en mi locura. No podía desperdiciar esta oportunidad de oro, entonces me desahogué con más fuerza:
—Mire, escribir es lo más fácil del mundo, es más, es como el cagar. Aunque la gente no sepa ni el alfabeto es capaz de comunicarse por algún medio escrito, incluso los animales pueden comunicarse mediante marcas, orina u otras cosas. Yo no sé por qué ciertos escritores se creen tanto. Basta un pequeño premio o una leve distinción en un certamen (no importa qué tan pequeño y amafiado sea) para que ya se sientan premios Nobel y anden por ahí pavoneándose, dándoselas de intelectuales. La mayoría de las veces sus currículos son mucho más apasionantes que sus obras, por eso yo no entiendo por qué se creen tanto, si al fin y al cabo todos cagamos. Es cierto que algunos de ellos logran hacer grandes cosas en la taza del baño, pero a excepción de eso, no son algo fuera de lo normal, aunque tengo que reconocer, no sin un poco de envidia, que en esto, muchos de ellos son realmente inigualables.
Como seguía sin escucharme, le platiqué de la perrita pequinesa que tuve cuando era chico: se la había cogido un perrazo gran danés de una casa vecina, para vergüenza de la familia. Luego le dije lo de María para finalmente terminar con lo de Mar; todo esto en voz baja para evitar que su secretaria se enterara.
Por fin terminó de leer mi libro:
—Déjamelo, quiero revisarlo bien, regresa dentro de una semana —me dijo.
Volví a ver sus ojos azules y su rostro sereno. Había ido a verlo con la esperanza de una respuesta afirmativa y me despedí un poco desilusionado.
—Hasta dentro de una semana —le dije.
Justo cuando estaba bajo el marco de la puerta de su oficina me llamó y la esperanza volvió a mí. El jodido va a todas y lo último que pierde es la fe. Me sonrió y le sonreí; por un instante me pareció el padre imaginario que nunca tuve, tenía el manuscrito en la mano y me lo regresó mientras me decía:
—Mejor dedícate a cagar, pues sin duda alguna ahí está tu brillante futuro.
martes, octubre 27, 2020
Muerte y arte 2020
sábado, julio 29, 2017
Reina de Corazones
Añoro la añeja costumbre,
mi reina,
de despedirnos.
De condenarnos
mutuamente
a vivir en la hora del adiós.
Aunque solo soy un naipe,
Aunque solo soy un naipe,
Reina de Corazones,
por ti perdería la cabeza
(temo que ya la he perdido)
(temo que ya la he perdido)
con una sonrisa.
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jueves, julio 20, 2017
jueves, marzo 16, 2017
"A-Dios" - Jacques Derrida
«Para expresar esta emoción sin precedentes, la que siento aquí y comparto con ustedes, la que nuestro sentimiento de propiedad nos impide exhibir, y para poner en palabras, sin ánimo de confesión o exhibición personal, cómo esta emoción tan singular se relaciona con la responsabilidad que nos es delegada y confiada como un legado, permítanme, una vez más, que sea Levinas el que hable...
»Dije que no quería simplemente recordar lo que él nos confió del a-Dios, sino en primer lugar decirle adiós, llamarlo por su nombre, decir su nombre, su primer nombre, de la manera en que se le llama en el momento en el que si ya no responde, es porque él responde en nosotros, desde el fondo de nuestros corazones, en nosotros pero antes que nosotros, en nosotros ante nosotros, —llamándonos, recordarnos: “a-Dios”.
- - - - - -
Fragmento de la Oración fúnebre pronunciada durante el sepelio de Emmanuel Levinas el 28 de diciembre de 1995. Tradución de José Manuel Saavedra e Isabel Correa modificada (Horacio Potel). Tomado de Derrida en castellano.
"La muerte de alguien no es, a pesar de lo que parecería ser a primera vista, un hecho en sí (la muerte como un hecho empírico, cuya sola presencia sugeriría su universalidad); no se agota en esa forma. Alguien que se expresa en su desnudez –el rostro– es de hecho alguien en la medida en que me busca, en la medida en que se pone bajo mi responsabilidad: ahora debo contestar por él, ser responsable de él. Cada gesto del Otro es una señal dirigida hacia mí. […] La muerte del Otro me afecta en mi identidad como un yo responsable... constituido por una responsabilidad imposible de describir. Es así como soy afectado por la muerte del Otro; ésta es mi relación con su muerte. Es desde ese momento, en mi relación, en mi deferencia hacia alguien que ya no responde más, una culpa del sobreviviente".«"El saludo del a-Dios no significa el fin. El a-Dios no es una finalidad”, dice Lévinas recusando esa “alternativa del ser y la nada”, que “no es la última”. El a-Dios saluda al otro más allá del ser en “lo que significa más allá del ser la palabra gloria”. “El a-Dios no es un proceso del ser; en el llamado soy reenviado al otro hombre a través del cual este llamado tiene significado: al prójimo por el que debo temer”.
»Dije que no quería simplemente recordar lo que él nos confió del a-Dios, sino en primer lugar decirle adiós, llamarlo por su nombre, decir su nombre, su primer nombre, de la manera en que se le llama en el momento en el que si ya no responde, es porque él responde en nosotros, desde el fondo de nuestros corazones, en nosotros pero antes que nosotros, en nosotros ante nosotros, —llamándonos, recordarnos: “a-Dios”.
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Fragmento de la Oración fúnebre pronunciada durante el sepelio de Emmanuel Levinas el 28 de diciembre de 1995. Tradución de José Manuel Saavedra e Isabel Correa modificada (Horacio Potel). Tomado de Derrida en castellano.
viernes, diciembre 23, 2016
Desaparecer y ya
Desde 1990 han desaparecido en Japón unas 100 mil personas. No hay rastro ni quieren que las busquen. "La gente es cobarde. Todos quieren tirar la toalla un día, desaparecer y reaparecer en algún lugar que nadie conoce. Nunca imaginé que huir fuera a ser un fin en sí mismo... Sabes, una desaparición es algo que nunca puedes olvidar. Huir es una vía rápida hacia la muerte", explica uno de estos deparecidos al New York Post (que retoma ABC en español).
Suena genial.
Suena genial.
domingo, enero 26, 2014
Contraelegía - José Emilio Pacheco (1939-2014)
Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.
viernes, septiembre 27, 2013
Me declaro vencido - Miquel Martí i Pol
Me declaro vencido. Los años que me quedan
los malviviré en penumbra. Cada mañana
deshojaré una rosa —la misma—
y con tinta evanescente escribiré un verso
débil y nostálgico en cada pétalo.
Os lego mi sombra en testamento:
es lo más perdurable y sólido que tengo,
y los cuatro palmos de mundo tranquilo
que creo cada día con la mirada.
Cuando muera, cavad un profundo hoyo
y enterradme en él de pie, frente al mediodía,
que el sol, al salir, me ciegue el fondo de los ojos.
Así la gente que me vea exclamará:
—Mirad, un muerto con la mirada viva.
los malviviré en penumbra. Cada mañana
deshojaré una rosa —la misma—
y con tinta evanescente escribiré un verso
débil y nostálgico en cada pétalo.
Os lego mi sombra en testamento:
es lo más perdurable y sólido que tengo,
y los cuatro palmos de mundo tranquilo
que creo cada día con la mirada.
Cuando muera, cavad un profundo hoyo
y enterradme en él de pie, frente al mediodía,
que el sol, al salir, me ciegue el fondo de los ojos.
Así la gente que me vea exclamará:
—Mirad, un muerto con la mirada viva.
viernes, enero 25, 2013
La certeza de tu bondad...
"Si alguien hubiera podido salvarme hubieras sido tú. Todo me ha abandonado excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida. No creo que dos personas pudieran ser más felices a como nosotros lo hemos sido”.
Virginia Woolf
viernes, noviembre 23, 2012
"Basta. Es suficiente"
“Decidí que estaba terminado con la ficción. Ya no la quiero leer, no la quiero escribir y ni siquiera quiero hablar de ella. He dedicado mi vida a la novela: la he estudiado, la he enseñado, la he escrito y la he leído. Basta. Es suficiente. Ya no siento la dedicación a la escritura que he sentido en toda mi vida. La idea de luchar con la escritura una vez más me resulta intolerable”
sábado, octubre 06, 2012
Epitafio
"Sólo sé que no sé dulce".
—Amargado —comentó el forense.
—Ha sido ácido —replicó el ayudante.
—Amargado —comentó el forense.
—Ha sido ácido —replicó el ayudante.
jueves, octubre 04, 2012
La sed insaciable - José Ángel Buesa
Decir adiós... La vida es eso.
Y yo te digo adiós, y sigo...
Volver a amar es el castigo
de los que amaron con exceso
Amar y amar toda la vida,
y arder en esa llama.
Y no saber por qué se ama...
Y no saber por qué se olvida...
Coger las rosas una a una,
beber un vino y otro vino,
y andar y andar por un camino
que no conduce a parte alguna.
Sentir más sed en cada fuente
y ver más sombra en cada abismo,
en este amor que es siempre el mismo,
pero que siempre es diferente.
Porque en sordo desacuerdo
de lo soñado y lo vivido,
siempre, del fondo del olvido,
nace la muerte de un recuerdo.
Y en esta angustia que no cesa,
que toca el alma y no la toca,
besar la sombra de otra boca
en cada boca que se besa.
Y yo te digo adiós, y sigo...
Volver a amar es el castigo
de los que amaron con exceso
Amar y amar toda la vida,
y arder en esa llama.
Y no saber por qué se ama...
Y no saber por qué se olvida...
Coger las rosas una a una,
beber un vino y otro vino,
y andar y andar por un camino
que no conduce a parte alguna.
Sentir más sed en cada fuente
y ver más sombra en cada abismo,
en este amor que es siempre el mismo,
pero que siempre es diferente.
Porque en sordo desacuerdo
de lo soñado y lo vivido,
siempre, del fondo del olvido,
nace la muerte de un recuerdo.
Y en esta angustia que no cesa,
que toca el alma y no la toca,
besar la sombra de otra boca
en cada boca que se besa.
domingo, mayo 27, 2012
Pentecostés
No sé. Creo que me equivoqué de lengua. El fuego que me tocó no era el adecuado o no supe mantenerlo.
Ese domingo empezó todo. Estábamos todos juntos cuando de pronto se oyó un ruidajal y que nos cae así como un viento bien fuerte. Además de los que querían charlar en arameo, frigio, árabe y lorem ipsum, uno empezó a hablar con denuedo en mandarín, uno más en klingon, otro en nahuatl y hubo quien discutía en élfico. (Dicen que Judas hubiera hablado en sith, pero ya sus entrañas se habían desparramado en Acéldama.)
A dos más les entró la prisa por escribir: de ahí salió una trilogía dividida en cuatro evangelios.
Nos habíamos echado algunas copas pero no estábamos borrachos, era el Espíritu Santo, como les dijo Pedro a todos los que nos veían (lo bueno que no cantó el gallo dos o tres veces tras pronunciar su discurso).
Quedamos de vernos dentro de algunos años en la torre de Babel, y por mientras cada quien jaló pa donde lo llevó el idioma a hablar de amor y tratar de ponerlo en práctica.
En el lugar que me tocó nunca dije lo que creí decir: o no me ponían atención o yo estaba muy wey para hablar de amor, me cai. Todos se confundían, sólo dos o tres se quedaron conmigo, aunque supe que más allá de creer en la palabra tenían que hacer su vida. Mejor me vine a Real de Catorce mientras se apaga la llama que traigo en mi cabeza, a ver si puedo volver a comunicarme. Total, yo ya lo dije, y el que entendió, entendió.
domingo, marzo 18, 2012
Confieso que he soñado
“La vida es soportable gracias al sueño;
cada mañana, tras una interrupción, comienza una nueva aventura..."
modernizada daría: «Todo es pesadilla»"
Cioran
Ya son varias noches en las que, durante las dos o tres horas que puedo dormir, se presenta un sueño: hay una reunión para mí, a la que llegan familiares, conocidos, compañeros de escuela y de trabajo, gente a la que hace mucho no veia. Incluso algunos a quienes sé que no les caigo muy bien. Rostros inolvidables, personas a las que puedo abrazar, presentarlas entre sí, oírlas. El escenario cambia en cada dulce sueño (siempre lugares luminosos, cálidos), y las personas, tantas en tan poco tiempo, pero todos llegan de todas partes de mis imaginarios a verme. Todos me dicen adiós y correspondo emocionado. Me seguirán leyendo, prometen, y les digo que no los olvidaré. Tal vez los sueños son ese otro lenguaje del que hablaba Lihn.
lunes, marzo 05, 2012
Carta sin fecha - José Angel Buesa
Amigo: sé que existes, pero ignoro tu nombre.
No lo he sabido nunca ni lo quiero saber.
Pero te llamo amigo para hablar de hombre a hombre,
que es el único modo de hablar de una mujer.
Esa mujer es tuya, pero también es mía.
Si es más mía que tuya, lo saben ella y Dios.
Sólo sé que hoy me quiere como ayer te quería,
aunque quizá mañana nos olvide a los dos.
Ya ves, ahora es de noche. Yo te llamo mi amigo;
yo, que aprendí a estar solo para quererla más;
y ella, en tu propia almohada, tal vez sueña conmigo;
y tú, que no lo sabes, no la despertarás.
¡Qué importa lo que sueña! Déjala así, dormida.
Yo seré como un sueño sin mañana ni ayer.
Y ella irá de tu brazo para toda la vida,
y abrirá las ventanas en el atardecer.
Quédate tú con ella. Yo seguiré el camino.
Ya es tarde, tengo prisa, y aún hay mucho que andar,
y nunca rompo el vaso donde bebí un buen vino,
ni siembro nada, nunca, cuando voy hacia el mar.
Y pasarán los años favorables o adversos,
y nacerán las rosas que nacen porque sí;
y acaso tú, algún día, leerás estos versos,
sin saber que los hice por ella y para ti...
No lo he sabido nunca ni lo quiero saber.
Pero te llamo amigo para hablar de hombre a hombre,
que es el único modo de hablar de una mujer.
Esa mujer es tuya, pero también es mía.
Si es más mía que tuya, lo saben ella y Dios.
Sólo sé que hoy me quiere como ayer te quería,
aunque quizá mañana nos olvide a los dos.
Ya ves, ahora es de noche. Yo te llamo mi amigo;
yo, que aprendí a estar solo para quererla más;
y ella, en tu propia almohada, tal vez sueña conmigo;
y tú, que no lo sabes, no la despertarás.
¡Qué importa lo que sueña! Déjala así, dormida.
Yo seré como un sueño sin mañana ni ayer.
Y ella irá de tu brazo para toda la vida,
y abrirá las ventanas en el atardecer.
Quédate tú con ella. Yo seguiré el camino.
Ya es tarde, tengo prisa, y aún hay mucho que andar,
y nunca rompo el vaso donde bebí un buen vino,
ni siembro nada, nunca, cuando voy hacia el mar.
Y pasarán los años favorables o adversos,
y nacerán las rosas que nacen porque sí;
y acaso tú, algún día, leerás estos versos,
sin saber que los hice por ella y para ti...
domingo, enero 15, 2012
Elegía lamentable - José Angel Buesa
Desde este mismo instante seremos dos extraños
por estos pocos días, quien sabe cuántos años...
yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido
uno de esos que nadie confiesa haber leído.
Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso,
tú bajaras los ojos y apretarás el paso,
y yo, discretamente, me cambiaré de acera,
o encenderé un cigarro, como si no te viera...
Seremos dos extraños desde este mismo instante
y pasarán los meses, y tendrás otro amante:
y como eres bonita, sentimental y fiel,
quizás, andando el tiempo, te casarás con él.
Y ya, más que un esposo será como un amigo,
aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo,
y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha,
se te empañen los ojos, al llegar una fecha.
Acaso, cuando llueva, recordarás un día
en que estuvimos juntos y en que también llovía.
Y quizás nunca más te coloques aquel traje
de terciopelo verde, con adornos de encaje.
O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta,
cuando dobles tu almohada con mano soñolienta.
Y domingo a domingo, cuando vayas a misa,
de tu casa a la iglesia, perderás tu sonrisa.
¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta
que abanica al marido cuando ronca la siesta:
y tras fregar los platos y tras tender las camas,
te pasarás las noches sacando crucigramas...
Y así, años y años, hasta que, finalmente,
te morirás un día, como toda la gente.
Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre,
y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre.
por estos pocos días, quien sabe cuántos años...
yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido
uno de esos que nadie confiesa haber leído.
Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso,
tú bajaras los ojos y apretarás el paso,
y yo, discretamente, me cambiaré de acera,
o encenderé un cigarro, como si no te viera...
Seremos dos extraños desde este mismo instante
y pasarán los meses, y tendrás otro amante:
y como eres bonita, sentimental y fiel,
quizás, andando el tiempo, te casarás con él.
Y ya, más que un esposo será como un amigo,
aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo,
y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha,
se te empañen los ojos, al llegar una fecha.
Acaso, cuando llueva, recordarás un día
en que estuvimos juntos y en que también llovía.
Y quizás nunca más te coloques aquel traje
de terciopelo verde, con adornos de encaje.
O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta,
cuando dobles tu almohada con mano soñolienta.
Y domingo a domingo, cuando vayas a misa,
de tu casa a la iglesia, perderás tu sonrisa.
¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta
que abanica al marido cuando ronca la siesta:
y tras fregar los platos y tras tender las camas,
te pasarás las noches sacando crucigramas...
Y así, años y años, hasta que, finalmente,
te morirás un día, como toda la gente.
Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre,
y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre.
martes, enero 10, 2012
La ciudad - Constantino Kavafis
Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón —como un cadáver— sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar —no esperes—
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón —como un cadáver— sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar —no esperes—
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.
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