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martes, febrero 28, 2023

Cuando me paro a contemplar mi estado - Lope de Vega

Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por donde he venido,
me espanto de que un hombre tan perdido
a conocer su error haya llegado.

Cuando miro los años que he pasado,
la divina razón puesta en olvido,
conozco que piedad del cielo ha sido
no haberme en tanto mal precipitado.

Entré por laberinto tan extraño,
fiando al débil hilo de la vida
el tarde conocido desengaño;

mas de tu luz mi escuridad vencida,
el monstro muerto de mi ciego engaño,
vuelve a la patria, la razón perdida.

jueves, octubre 14, 2021

De mirra - José Pulido


El tiempo no necesita tocar para entrar
pero el gong del recuerdo debe repicar
con estruendo metálico de tormenta y de invasión
para que despiertes de nuevo y surja de pronto
una y otra vez lo que has dicho para tus adentros

Debería haber un mérito que te proteja.
Si los mismos inocentes te lo han arrebatado
¿por qué asumir la forma de la vergüenza?

Desde aquella eternidad hasta la fecha
los dedos de ella gotean mirra
sobre la puerta en vela, la aterrada puerta
¿cómo reaccionar ante la seducción de las afueras?

Las dificultades que no tienen fianza del espíritu
son tiempo perdido a menos que agites el aire
como si fueras un fantástico personaje alado

Las paredes de la materia indiferente
ignoran tus manos que gotean mirra
el neón, los comercios,
la gente detenida en las paradas
te ignoran mujer
y los guardias y otros vigilantes
esperan para golpearte

y sin embargo eso es vivir:
compartir la posibilidad de comprender
todo lo robótico maldito que sucede
eres la misma del pasado
eres la victima adorada

¿Qué vamos a hacer hoy?
¿cómo vamos a evadir nuestros abismos
y escalar nuestras cimas?
agita el aire con las alas que invoques
mientras recibes las torpes inclemencias

Escarlata viene de Bizancio
Cobre viene de Chipre
Aciago viene de Egipto

No puedo escribir esto sin repasar la suave
caricia inolvidable que nunca me has enviado
que murmuro hambriento cuando la noche suda
y la luna estorba

Vean esas enormes serranías,
esas escalinatas de cemento y de odio
hartas de cadáveres
donde desfallecen las horas del querer

no son nada frente a lo que ella ha caminado
ha recorrido más trechos tristes que diez siglos de cabras
y ha gemido desde su más amoratado ser
como todas las ballenas encalladas

esas veredas crueles
no son nada comparadas al muermo que provocan
los recuerdos de ofensas ad honorem
que siguen tallando muñecas dentro de las muñecas

La mujer es palimpsesto de sí misma
por eso saborea el resto del camino
sin miedo a mostrar el indefenso cuello
he ahí lo mejor después de lamentar
que el amor ha tocado la puerta y no lo han visto




jueves, octubre 07, 2021

Me detengo a oír un estrepitoso triunfo de cigarras - Derek Walkott

Me detengo a oír un estrepitoso triunfo de cigarras
ajustando el tono de la vida, pero vivir a su tono
de alegría es insoportable. Que apaguen
ese sonido. Después de la inmersión del silencio,
el ojo se acostumbra a las formas de los muebles, y la mente
a la oscuridad. Las cigarras son frenéticas como los pies
de mi madre, pisando las agujas de la lluvia que se aproxima.
Días espesos como hojas entonces, próximos los unos a los otros como
horas y un olor quemado por el sol se alzó de la carretera lloviznada.
Punteo sus líneas a las mías ahora con la misma máquina.
¡Qué trabajo ante nosotros, qué luz solar para generaciones!-
La luz corteza de limón en Vermeer, saber que esperará allí
por otros, la hoja de eucalipto
rota, aún oliendo fuertemente a trementina,
el follaje del árbol del pan, de contorno oxidado como en van Ruysdael.
La sangre holandesa que hay en mí se dibuja con detalle.
Una vez quise limpiar una gota de agua de un bodegón flamenco
en un libro de estampas, creyendo que era real.
Reflejaba el mundo en su cristal, temblando con el peso.
¡Qué alegría en esa gota de sudor, sabiendo que otros perseverarán!
Que escriban: «A los cincuenta invirtió las estaciones,
la carretera de su sangre cantó con las cigarras parlantes»,
como cuando emprendí el camino para pintar en mi decimoctavo año.

miércoles, octubre 06, 2021

Por alguna razón - Joaquín Gianuzzi

Compré café, cigarrillos, fósforos.
Fumé, bebí
y fiel a mi retórica particular
puse los pies sobre la mesa.

Cincuenta años y una certeza de condenado.

Como casi todo el mundo fracasé sin hacer ruido;
Bostezando al caer la noche murmuré mis decepciones,
escupí sobre mi sombra antes de ir a la cama.
Esta fue toda la respuesta que pude ofrecer a un mundo
que reclamaba de mí un estilo que posiblemente no me
correspondía.
O puede ser que se trate de otra cosa. Quizás
hubo un proyecto distinto para mí
en alguna probable lotería
y mi número no salió.

Quizá nadie resuelva un destino estrictamente privado.
Quizás la marea histórica lo resuelva por uno y por todos.
Me queda esto.
Una porción de vida que me cansó de antemano,
Un poema paralizado en mitad de camino
hacia una conclusión desconocida;
un resto de café en la taza
que por alguna razón
nunca me atreví a apurar hasta el fondo.


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lunes, octubre 04, 2021

Abatimiento - WB Yeats

Cuando vi por última vez
los redondos ojos verdes y los largos cuerpos sinuosos
de los negros leopardos de la luna,
las brujas hurañas, señoras nobilísimas,
con todo y sus escobas y sus lágrimas,
sus coléricas lágrimas, se fueron.
Se perdieron los sacros centauros de los montes;
sólo me queda el amargado sol.
La heroica madre luna se perdió en el destierro;
tengo cincuenta años, y ahora
he de sufrir la timidez del sol.



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En Amediavoz. Versión de Hernando Valencia Goelkel

Pasatiempo - Mario Benedetti


Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía
luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era océano
la muerte solamente
una palabra
ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros
ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

miércoles, febrero 24, 2021

Lawrence Ferlinghetti (1919-2021)

A medida que envejezco

A medida que envejezco
percibo que la vida
tiene la cola en la boca
y otros poetas y otros pintores
ya no encarnan para mí
ningún tipo de competencia
El cielo es el desafío
el cielo
que aún debe ser descifrado
ese alto cielo
ante el que caen agobiados
los astrónomos
con sus grandes orejas electrónicas
ese cielo
que nos susurra constante
los secretos finales del universo
el mismo que respira
hacia adentro hacia afuera
como si fuera el interior de una boca
del cosmos
el mismo cielo
que es el borde de la tierra
y del mar también
el cielo
de voces múltiples y ningún dios
rodeando un océano de sonido
que devuelve ecos
como las olas
que estallan en el murallón
Poemas enteros
diccionarios completos
enrollándose
en la explosión de un trueno
Cada atardecer un cuadro instantáneo
cada nube un libro de sombras
a través de las que vuelan salvajes
las vocales de los pájaros
que llorarán repentinamente
Ese firmamento para el pescador
está despejado
a pesar de las nubes oscuras
Él lo observa
lo estima por lo que es:
el espejo del mar
a punto de precipitarse sobre él
en su bote de madera
al filo del horizonte oscuro
Nosotros lo imaginamos como un poeta
siempre cara a cara con la vieja realidad
donde los pájaros nunca vuelan
antes de la tormenta
No lo dudes
él sabe lo que caerá desde las alturas
antes de que amanezca
él es su propio vigía
en su embarcación
atento al sonido del universo
dando cuenta de las visiones
de la tierra de lo viviente
con su voz poderosa



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Tomado de Zenda

sábado, diciembre 26, 2020

Pues el tiempo no para - José Saramago

Pues el tiempo no para, poco importa.

Que los días vividos nos acerquen
el vaso de agua amarga colocado
donde la sed de vida se exaspera.

No contemos los días que pasaron:
Fue hoy cuando nacimos.

Sólo ahora
la vida ha comenzado, y, lejos aún,
la muerte ha de cansarse en nuestra espera.

domingo, agosto 05, 2018

Poema 167 - Vicente Verdú


Soñé que,

sin haberlo advertido,

estaba cerca de cumplir 47 años.

Ante esa constatación,

vi abrillantarse la vida alrededor

y me reproché, me maldije

por haber estado deprimido

durante los últimos meses.

Era incompatible esa edad

exultante y hallarse deacaído.

Con esos años 46 y pico

reinando en mi organismo,

desde la cabeza a los pies,

el mundo se redondeaba como una tensa

pelota de goma.

Un balón de reglamento, quizás.

Esos años eran la playa en vacaciones

radiantes,

un proyecto tonificante,

un futuro sin visible final.

Quedé turbado por ese feliz

descubrimiento

tan luminoso como un tesoro

Una realidad que, de ser tan obvia,

me habría pasado desapercibida.

Distraída entre la normalidad

Así que, de paso, sentí que sufría

alguna inapropiada perturbación,

una inculcación pesimista

que no se correspondía con el valor de lo real.

Una degustación, en suma, que no estaba haciendo

debidamente,

de la sustanciosa carne de los cuarenta y tantos años.

Lo saboree, por tanto, unos momentos

dentro del sueño

Y casi sin transición, con el bocado en el paladar

temí haber alterado los números

Del 74 al 47 y un temblor

llegó hasta los labios, el rostro,

el resto de mi figuración.

Nunca había soñado nada parecido.

No era probable que ahora

viniera a desilusionarme

una dislexia vulgar.

Pero así era.

Mi edad pasó de pronto

De 47 a 74 y con ella

bien marcada

se prolongó el sueño hasta despertar.

¡De modo que habría de cargar con 74 años cuando

momentos antes hacía una fiesta con 47.

La bicicleta, la natación, el footing, las chicas, los libros,

los ambiciosos proyectos,

la tensión de los bíceps,

el color del pelo y del pecho,

el sabor frutal con que obtenía los besos.

La gratuidad de los placeres,

la delectación de la plenitud.

O la dorada madurez de la piel en los estíos,

el vigor de la escritura profesional.

¿Qué me quedaba al fin de todo esto

si tenía ya 74 años?

Restos de todo ello,

cabos de la plenitud,

recortadas parcelas.

Apenas una colilla de la vida para fumar

por estos pulmones que ahora

solicitan como gran slam

salir ganadores en un TAC.

viernes, enero 26, 2018

Dejar de escribir... - Philip Roth

«Como expreso en Why Write?, en 2010 tenía “la fuerte sospecha de que ya había hecho mi mejor trabajo y cualquier cosa más sería inferior. Para entonces ya no poseía la vitalidad mental, la energía verbal ni la condición física necesarias para emprender y sostener un ataque creativo grande de cualquier duración para una estructura compleja tan demandante como una novela… Todos los talentos tienen sus límites: su naturaleza, su alcance, su fuerza; y también su final, un periodo, un ciclo de vida… no todos podemos ser fructíferos por siempre”.»

Entrevista en The New York Times

viernes, octubre 06, 2017

Umbral hacia otra vida - Claudia Piñeiro

"Son los cincuenta los que marcan la verdadera bisagra. Cuando uno cumple treinta o cuarenta cree que está pasando por un umbral hacia otra vida. Es un error de juventud. Son números redondos y eso impacta, pero nada más, a esa edad aún queda bastante rollo por delante. Cuando uno cumple cincuenta se ríe de aquel que fue y de las preocupaciones que hoy sabe no merecían tanta dedicación. Se ríe un rato, no más, porque enseguida concluye que ahora sí, que éste, el de los cincuenta, es el verdadero umbral. Es entonces cuando aparecen señales evidentes de que algo, de verdad, cambió. O de que algo tiene que cambiar. O de que nada, nunca, cambiará. Elige tu propia aventura, si es que puedes".

jueves, diciembre 22, 2016

Juventud y vejez

«La diferencia fundamental entre la juventud y la vejez es y seguirá siendo que aquella tiene la vida por delante y esta la muerte por delante; es decir, que la primera posee un pasado breve y un futuro largo; y la segunda, todo lo contrario. Es cierto que cuando se es viejo sólo se tiene la muerte por delante; pero cuando se es joven se tiene a la vida por delante; y habría que preguntar cuál de las dos perspectivas es la más inquietante, y si a final de cuentas la vida, vista en su conjunto, no será algo que es preferible tener tras de sí que delante de sí; pues ya dice el Qoheleth (7, 2): «el día de la muerte es mejor que el día del nacimiento». Anhelar tener una vida muy larga es, en todo caso, un deseo muy peligroso. Pues "quien larga vida vive mucho mal vive", como dice el refrán español.»

miércoles, diciembre 07, 2016

Ahora que ya no soy más joven - Piedad Bonnett

Ahora que ya remonto la mitad del camino de mi vida,
yo que siempre me apené de las gentes mayores,
yo, que soy eterna pues he muerto cien veces, de tedio, de agonía,
y que alargo mis brazos al sol en las mañanas y me arrullo
en las noches y me canto canciones para espantar el miedo,
¿qué haré con esta sombra que comienza a vestirme
y a despojarme sin remordimientos?
¿Qué haré con el confuso y turbio río que no encuentra su mar,
con tanto día y tanto aniversario, con tanta juventud a las espaldas,
si aún no he nacido, si aún hoy me cabe
un mundo entero en el costado izquierdo?
¿Qué hacer ahora que ya no soy más joven
si todavía no te he conocido?

lunes, mayo 09, 2016

Confesiones - Dolan Mor

Al principio yo anhelaba ser el príncipe
de la poesía, el rey de las palabras,
un ministro de los poemas con una medalla
sobre mi oscuro pecho, una corona de oro
alumbrando con su dorada luz mi noble cabeza.
Después, bajé mis metas y me propuse ser
un licenciado, un doctor en gramática,
políglota, un James Joyce, usar barba,
un abrigo negro hasta los tobillos, las gafas
circulares, la pipa entre los labios
recitando los versos de Charles Baudelaire.
(Recuerdo que tenía la foto de Vallejo
debajo del cristal de mi mesa de noche
y, mirándola, apoyaba mi rostro y mis manos
cruzadas encima de un bastón con el puño
de plata, en forma de león, para creer
un instante que mi nombre era César.
–Incluso estuve preso por parecerme a él.)
Me decía a mí mismo frases de Kierkegaard:
"para el hombre que aspire a triunfar en la vida
existen dos caminos: ser César o ser Nada".
Y yo lo repetía con la convicción de que era
(sólo faltaba tiempo) un dios o hijo de un dios.
Sin embargo, las cosas han cambiado y mi punto
de vista se cayó en un abismo. Ya no aspiro
a ser príncipe, ni ministro, ni rey, ni políglota
un día, mucho menos deseo ser Joyce o Baudelaire
porque ambos están muertos, y un hombre,
si está muerto, vale menos que un perro.
Ahora aspiro a las cosas sencillas de la vida.
(Me lo dijo Ray Carver y nunca lo entendí.)
Miro el agua de un río sin pensar qué es el agua,
me acuesto entre la hierba y disfruto del sol.
Pienso, respiro, siento cómo limpia el oxígeno
mi sangre, mis pulmones, late en mi corazón.
Soy feliz con vivir sencillo, aspiro a eso:
Posado, como un pájaro, sólo quiero una rama
para cantar mis versos, también una ventana
para mirar el mundo, aunque no tenga un piso,
ni un palacio, ni un templo. Un marco,
una ventana para asomar mis ojos, humilde,
con asombro, sabiendo que soy polvo,
y, debajo del cielo, un animal o nada.

viernes, octubre 31, 2014

Edad, dos poemas de Karmelo Iribarren

Una edad

36 años. Ni tan joven ya,
ni todavía viejo. Una edad rara
—dicen—, seria; una edad gris.
No lo sé. Suficiente, eso sí,
para que a veces sientas
que los mejores días han volado.
Y, lo que es peor aún,
que no fueron tan buenos.

* * * * *

No hay más

Al principio
quieres cambiar
el mundo,
y al final te conformas
con dejar el tabaco.

No hay más.

Así de cómico,
y así de trágico.