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lunes, enero 16, 2023

Talleres literarios: Valadés según JEP

El Cuento de Edmundo Valadés
(fragmento)

Por José Emilio Pacheco


1
Es un domingo de 1957 o 1958, son muchos domingos de aquellos años, voy por donde había árboles y ahora cruza un eje vial, vamos Carlos Monsiváis y yo por avenida Eugenia o entre las calles de Portales. En su casa de la colonia del Periodista nos espera Edmundo Valadés, va a regalarnos la mañana de su único día de descanso, porque en esta época, entre quién sabe cuántas otras cosas, hace la página de espectáculos de 'Novedades' y publica tres veces por semana “Tertulia literaria”.


2
Con qué paciencia, con qué atenta generosidad Valadés escuchará los primeros borradores de nuestro aprendizaje interminable. El escritor y los aprendices somos adictos a los cuentos, en primer término a leerlos y en seguida a escribirlos. (Durante muchos años Monsivaís escondió su vocación de cuentista o disfrazó de crónicas sus cuentos, hasta que no le quedó más remedio y publicó al fin su libro, su Nuevo catecismo para indios remisos.) Pero entonces con cuánta delicadeza, con cuánto pudor Valadés me decía: No, fíjese que no, por ahí no va la cosa; el tema da para mucho y ese lenguaje como que no funciona, está muy denso. ¿Por qué no lo guarda un tiempo y después lo relee?


3
A cambio de talleres literarios había esos encuentros en casas, en cafés, en redacciones; esos diálogos que hace mucho la ciudad y el pluriempleo volvieron imposibles. Fue preciso envejecer, llenarse de trabajos y compromisos y fatigas para darse cuenta de lo que significa dedicar mañanas enteras a dos desconocidos que tal vez sí o tal vez no lleguen un día a ser escritores. Y tener la humildad de leerles —de igual a igual, nada de magisterio— sus propios cuentos, “Rock”, "Las raíces irritadas”, y escuchar sus comentarios. Pero sobre todo pasar de la sala o el jardincito al primer piso invadido, copado por los libros.Y decirles: Miren, ¿ya conocen este de John Hersey? ¿No han leído el de Saroyan? Aquí tiene lord Dunsany un cuento extraordinario. Consíganse en Zaplana el libro de Akutagawa.

lunes, julio 04, 2022

Presencia - José Emilio Pacheco


¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
sino esta llave ilesa de agonía,
estas pocas palabras con que el día
dejó cenizas de su sombra fiera?

¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
esa daga final? Acaso mía
será la noche fúnebre y vacía
que vuelva a ser de pronto primavera.

No quedará el trabajo, ni la pena
de creer y de amar. El tiempo abierto,
semejante a los mares y al desierto,

ha de borrar de la confusa arena
todo lo que me salva o encadena.
Más si alguien vive yo estaré despierto.

viernes, mayo 27, 2022

Vida de los poetas - José Emilio Pacheco

En la poesía no hay final feliz.
Los poetas acaban
viviendo su locura.
Y son descuartizados como reses
(sucedió con Darío).
O bien los apedrean y terminan
arrojándose al mar o con cristales
de cianuro en la boca.
O muertos de alcoholismo, drogadicción, miseria.
O lo que es peor: poetas oficiales,
amargos pobladores de un sarcófago
llamado Obras completas.

lunes, abril 17, 2017

Sobre escribir - Juan Rulfo

«Mis amigos preguntan por qué no escribo en vez de leer. He llegado a la conclusión de que existen demasiadas lecturas. Además, quiero aprender a escribir leyendo. El éxito de mis libros en el extranjero puede tener resonancia para los lectores de otras lenguas: a mí ya no me importa. Para el autor un libro publicado es una cosa liquidada. El trabajo real son los nuevos proyectos.

»He escrito meros intentos de aficionado. No soy un escritor profesional. Para mí el único oficio es el de vivir. La literatura es un pasatiempo que comparto con mi otra gran afición, la fotografía. A veces siento ganas de salir al campo con mi cámara; otras, de quedarme en casa leyendo. Algunas noches, muy pocas, me encierro a escribir, siempre a mano.

»El escritor no debe desvelarse por tener un oficio. El oficio es para los carpinteros. Si el escritor lo adquiere ganará en artesanía lo que pierda en autenticidad. No se puede escribir una novela cada tres meses, a riesgo de publicar muchos bodrios, pero si la obra es buena cada quien puede escribir como quiera y cuanto quiera.

- - - - - -
Entrevista de José Emilio Pacheco en "México en la Cultura", suplemento de Novedades, 20 de julio de 1959, retomada en Proceso.

miércoles, septiembre 23, 2015

Hoy quemé tu carta - JEP

Sábado, 8 de diciembre

Hoy quemé tu carta. La única carta que me escribiste. Y yo te he estado escribiendo (sin que tú lo sepas) día a día. A veces con amor, a veces con desolación, otras con rencor. Tu carta la conozco de memoria: catorce líneas, ochenta y ocho palabras, diecinueve comas, once puntos seguidos, diecisiete acentos ortográficos y ni una sola verdad.

(Fragmento de la novela corta El Principio del Placer)

miércoles, septiembre 16, 2015

Hacia "La suave Patria" - JEP (fragmentos)

"¡Viva Cristo Rey! La Revolución ha fracasado". En México el poeta civil del 2001 se llama León Felipe y escribió hace más de cincuenta años. La Revolución murió sin que nadie la llorara en una elegía. Tampoco hubo una épica para celebrarla. Sus mayores novelas —Los de abajo, El águila y la serpiente, La sombra del caudillo— critican la violencia ciega y las corrupciones de los nuevos poderes. Dos de sus grandes escritores, Martín Luis Guzmán y Alfonso Reyes, fueron hijos de militares porfirianos caídos en lucha contra el maderismo. Así, no quedó más remedio que inventarse un poema patriótico declamable en las escuelas. Pero "La suave Patria" no es nada de eso. Su misterio no se ha agotado y aún invita a toda clase de interpretaciones.

También sorprende que hayamos decidido celebrar no un número redondo sino los ochenta años de su aparición en la revista El Maestro, dirigida por José Gorostiza y patrocinada por José Vasconcelos, rector de la Universidad Nacional a punto de convertirse en ministro de Educación. El Maestro repartía cientos de miles de ejemplares gratuitos en Hispanoamérica. Uno cayó en manos del joven Borges. Se aprendió de memoria "La suave Patria" y no la olvidó nunca.

El ser memorizable es una de las cualidades que hacen memorable "La suave Patria". Es fama que al morir López Velarde Vasconcelos fue al castillo de Chapultepec para conseguir que el gobierno pagara las exequias. Álvaro Obregón, uno de los rarísimos presidentes mexicanos aficionados a la poesía y discreto versificador él mismo, amaba a Vargas Vila y a Julio Flórez pero ignoraba quién era el muerto. Vasconcelos le leyó "La suave Patria". En su siguiente acuerdo ministerial Obregón la recitó como si la hubiera estudiado mucho tiempo.

En 1921 Obregón se aprestaba a celebrar el centenario de la consumación de la Independencia y a inaugurar el sistema que duró hasta el 2000. Como Iturbide un siglo atrás, su genio táctico y estratégico había vencido a los ejércitos campesinos. Consciente de que un golpe militar y no un movimiento popular lo había llevado al poder, inventó que todas las rebeliones anteriores desembocaban en una sola a la que llamó Revolución Mexicana.

Solemnizar ambas cosas requería de cuando menos un poema épico. No había nadie que lo escribiera. Para López Velarde el intento era la única posibilidad de reconciliarse con los vencedores. ¿Cómo hacerlo si su honradez le impedía elogiar al general que jamás perdió una batalla y congraciarse con los asesinos de su jefe que mantenían preso a su amigo y protector Aguirre Berlanga?

Optó por un poema íntimo que en vez de cantar al nuevo México obregonista se despedía del México destruido por la Revolución. No fue, como algunos quisieron, un segundo Himno Nacional. Sin embargo, su encanto y su misterio están lejos de haberse agotado en estos ochenta años:

Trueno del temporal: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas,
oigo lo que se fue, lo que aún toco
y la hora actual con su vientre de coco
y oigo en el brinco de tu ida y venida,
oh trueno, la ruleta de mi vida.

Tomado de Letras Libres: "López Velarde hacia 'La suave Patria' " (JEP, 2001)

lunes, enero 27, 2014

En defensa del anonimato (fragmento) - JEP

no tengo nada que añadir a lo que está en mis
poemas,
dejo a otros el comentario, no me preocupa
(si alguno tengo) mi lugar en la historia.

(Tarde o temprano a todos nos espera el
naufragio.)

Escribo y eso es todo. Escribo: doy la mitad del
poema.
Poesía no es signos negros en la página blanca.
Llamo poesía a ese lugar del encuentro
con la experiencia ajena. El lector, la lectora
harán o no el poema que tan sólo he esbozado.
No leemos a otros: nos leemos en ellos.
Me parece un milagro
que algún desconocido pueda verse en mi espejo.

Si hay un mérito en esto —dijo Pessoa—
corresponde a los versos, no al autor de los versos.

Si de casualidad es un gran poeta
dejará cuatro o cinco poemas válidos,
rodeados de fracasos y borradores.
Sus opiniones personales
son de verdad muy poco interesantes.

Extraño mundo el nuestro: cada día
le interesan cada vez más los poetas;
la poesía cada vez menos.
El poeta dejó de ser la voz de la tribu,
aquel que habla por quienes no hablan.
Se ha vuelto nada más otro entertainer.
Sus borracheras, sus fornicaciones, su historia clínica.
sus alianzas o pleitos con los demás payasos del circo,
tienen asegurado el amplio público
a quien ya no hace falta leer poemas.

Sigo pensando
que es otra cosa la poesía:
una forma de amor que solo existe en silencio,
en un pacto secreto entre dos personas,
de dos desconocidos casi siempre.
Acaso leyó usted que Juan Ramón Jiménez
pensó hace mucho tiempo en editar una revista.
Iba a llamarse “Anonimato”.
Publicaría no firmas sino poemas;
se haría con poemas, no con poetas.
Y yo quisiera como el maestro español
que la poesía fuese anónima ya que es colectiva
(a eso tienden mis versos y mis versiones).
Posiblemente usted me dará la razón.
Usted me ha leído y no me conoce.
No nos veremos nunca pero somos amigos.
Si le gustan mis versos
qué mas da que sean míos/ de otros/ de nadie.
En realidad los poemas que leyó son de usted:
Usted, su autor, que los inventa al leerlos.

domingo, enero 26, 2014

Contraelegía - José Emilio Pacheco (1939-2014)

Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
              sería de piedra.

sábado, noviembre 12, 2011

Memoria - José Emilio Pacheco

No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.
 
A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.

Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.

viernes, septiembre 16, 2011

Alta traición - José Emilio Pacheco

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
     es inasible.
Pero (aunque suene mal)
     daría la vida
por diez lugares suyos,
     cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
     fortalezas,
una ciudad deshecha,
     gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
     montañas
-y tres o cuatro ríos.

lunes, agosto 29, 2011

Este país...

El nombre de México ya no figura en nuestro vocabulario. Lo sustituye en las conversaciones una expresión de furia, despecho y desprecio: "Este país". "Ya no se puede vivir en este país", "A este país ya se lo llevó la chingada", "Este país es el más corrupto del mundo", "Qué gente la que gobierna a este país", "No aguanto un minuto más a este país".

En un ejercicio de sociología instantánea se puede fijar en 1982 la fecha de nacimiento de la expresión "este país"... Del mismo modo, "este país" nos absuelve: los corruptos son los otros, los ineficientes son los otros, los culpables del hundimiento son los otros.

José Emilio Pacheco, "Inventario", Proceso, 2011 22 de junio de 1987.

miércoles, abril 21, 2010

JEP

(JEP en San Luis Potosí, en 2008)

"No creo haber influido en la historia de la literatura mexicana. En la sociedad, seguro que no, aunque me hubiera gustado escribir un poema que sirviera para parar la violencia. La sensibilidad por la poesía, como por la música, se tiene o no se tiene. Yo conozco a grandes intelectuales que no la tienen, pero cuando fui al festival de poesía se Medellín, en Colombia, me llevaron, primero a un estadio con 12.000 personas y luego, a una escuela secundaria en la que los chicos eran sicarios (deben de estar todos muertos), y tenían una gran sensibilidad poética. ¿Una definición de poesía? No tengo, lo siento. Yo escribo porque me pasa algo. Un epigrama griego dice que la poesía es pintura que habla y la pintura, poesía del silencio. Antes decía yo que todo conspira contra ella, pero la poesía está en el propio lenguaje. Basta pensar en lo que preguntan los niños. Cosas como: ¿A dónde van los días que pasan?”


José Emilio Pacheco
Nota de El País

miércoles, julio 01, 2009

Juan Carlos Onetti (1909)

"Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene".
JCO

* * * * *

Juan Carlos Onetti en Santa Elena
JEP

"Sin excepción nacemos
para el fracaso.
La derrota
es el destino único de todos.
Nadie se salva",

dice el viejo escritor triunfante
que ya no se levanta de la cama.
Le da un sorbo a su whisky, añade:

"¿Quién ha tenido el éxito
de Napoleón?:
la campaña de Italia,
la Batalla de las Pirámides,
el Consulado, el Imperio,
Jena, Austerlitz
y todo lo que gusten.
Gran victoria
si cortamos aquí el relato.

Pero al final Napoleón
es Waterloo y Santa Elena.

Todos vamos sin pausa hacia el desastre.
Toda la vida termina en el fracaso".

martes, junio 30, 2009

Uno de José Emilio Pacheco (1939)

Lolita

JEP

La señora de edad fue a visitarme y dijo:
"Le pago
por escribir la historia de mi vida.
Yo soy, yo fui Lolita. Usted sabe:
Lolita, la de Nabokov, Vladimir Nabokov,
el novelista ruso, Lolita.
Voy a contar lo que él no dijo. Prometo
revelaciones increibles. Habrá
sexo y más sexo en mi libro."

Me disculpé. Nos despedimos.
En todos estos años he vuelto a verla
tratando de robar en supermercados
o acercándose a alguien en un café
para decirle
que ella es Lolita y debe reclamar
"la merecida gloria, robada
por Nabokov, un canalla
como todos los escritores".

Sí, he vuelto a verla de vez en cuando con gran tristeza.
Me duele
pensar en ella.
Ignoro si fue Lolita hace medio siglo.

Hasta ahora hay dos cosas ciertas:
vive muy pobremente en Tlatelolco
—y jamás ha leído la novela.

lunes, febrero 23, 2009

José Emilio Pacheco, 70 años

MEMORIA

No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.

A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.

Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.


(toda la poesía es memoria, dijo el festejado en el Palacio de Minería, donde pidió al público votar el título de su siguiente libro, y fue La Edad de las Tinieblas)

(ya vendrán fotos y textos de los días de libros y vino en el Palacio)

martes, octubre 02, 2007

Lectura de los "Cantares mexicanos" - José Emilio Pacheco

El llanto se extiende
gotean las lágrimas
allí en Tlatelolco.
(Porque ese día hicieron
una de las mayores crueldades
que sobre los desventurados mexicanos
se han hecho en esta tierra).

Cuando todos se hubieron reunido,
los hombres en armas de guerra,
los hombres que hacen estruendo,
ataviados de hierro
fueron a cerrar las salidas,
las entradas, los pasos.
(Sus perros van por delante,
los van procediendo.)
Entonces se oyó el estruendo,
entonces se alzaron los gritos.
Muchos maridos buscaban a sus mujeres.
Unos llevaban en brazos a sus hijos pequeños.
Con perfidia fueron muertos,
sin saberlo murieron.

y el olor de la sangre mojaba el aire
y el olor de la sangre mojaba el aire.

y los padres y madres alzaban el llanto.
Fueron llorados,
se hizo la lamentación de los muertos.
Los mexicanos estaban muy temerosos:
miedo y vergüenza los dominaban.
y todo eso pasó con nosotros.
Con esta lamentosa y triste suerte
nos vimos angustiados.
En la montaña de los alaridos,
en los jardines de la greda
se ofrecen sacrificios
ante la montaña de las águilas
donde se tiende la niebla de los escudos.

Ah yo nací en la guerra florida,
yo soy mexicano.
Sufro, mi corazón se llena de pena.
Veo la desolación que se cierne sobre. el templo
cuando todos los escudos se abrasan en llamas.

En los caminos yacen dardos rotos.
Las casas están destechadas.
Enrojecidos tienen sus muros,
Gusanos pululan por calles y plazas.
Golpeamos los muros de adobe
y es nuestra herencia
una red de agujeros.
Esto es lo que ha hecho el Dador de la Vida
allí en Tlatelolco.