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lunes, septiembre 02, 2019

Lunes - Roque Dalton

Las seis de la mañana
partiendo a gritos del reloj: de nuevo
la catedral de luz derribará sus muros
sobre mi caminante corazón
que descansaba.
Odio como a un burgués la fuga de las sábanas.

No es por el frío, que no existe.
No es por el miedo al ojo agazapado
donde el farol,
anoche,
crucificó la sombra.
Ni siquiera es por ti,
ni por tu sexo que estalla en las manos,
tu descubierta gruta
recién muerta en el agua.

Es
—oh indeterminación
que un año azul y roto se merece—
la sensación antigua como mi puño izquierdo
o mi añorada comprensión de los pájaros:
el ojo junto al hombro, sin suplicar siquiera,
la mano hacia la cara de nueva piedra que alzo,
la vida que me pide,
la miserable savia que reconozco en mí.

Habría tenido, digo yo, que venir,
—no al mundo de los títeres, costureros de seda,
rudas botellas de ginebra como hospitales de la sed,
no al mundo que me das o al te doy,
pan deleznable, campo
para el cuchillo de la mermelada—
habría tenido que venir, repito,
como un desnudo incendio
hasta el reseco bosque donde me aterro sin gritar,
como un rudo torrente para la arena débil,
como aquel árbol que exige sangre de la tierra dormida,
reclamo de preñez contra la fuga,
contra la inmóvil lágrima
y la potente desesperación…

Pero, tempranamente,
vine como soy,
con manos desangrables,
con miedo,
con amor,
con cuatro lunes cada mes.
Y creo
que de no ser por este corazón,
por este palpitante planeta musical,
ya me habría marchado a tratar de morir.
Con todo,
no querría olvidarme de la risa

domingo, agosto 18, 2019

«¡Oh humanidad!»



Para acompañar mi columna de hoy en Pulso («Preferiría no hacerlo»), van algunas ligas:

Bartleby el escribiente, en pdf.
Fragmento de Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas.
«Herman Melville en el escritorio de Bartleby», de Rafael Narbona.
Deleuze sobre Bartleby (video).



Y sí, después de la versión en cómic que comenté en la columna, vino la versión de La Nave de los Locos. ¿Coincidencia?

Algo de Bunbury para ir construyendo el soundtrack de locura y literatura, mi proyecto actual.



miércoles, febrero 06, 2019

La mala racha - Eduardo Galeano

Mientras dura la mala racha, pierdo todo. Se me caen las cosas de los bolsillos y de la memoria: pierdo llaves, lapiceras, dinero, documentos, nombres, caras, palabras. Yo no sé si será gualicho de alguien que me quiere mal y me piensa peor, o pura casualidad, pero a veces el bajón demora en irse y yo ando de pérdida en pérdida, pierdo lo que encuentro, no encuentro lo que busco, y siento mucho miedo de que se me caiga la vida en alguna distracción.

(El libro de los abrazos)

domingo, agosto 05, 2018

Poema 167 - Vicente Verdú


Soñé que,

sin haberlo advertido,

estaba cerca de cumplir 47 años.

Ante esa constatación,

vi abrillantarse la vida alrededor

y me reproché, me maldije

por haber estado deprimido

durante los últimos meses.

Era incompatible esa edad

exultante y hallarse deacaído.

Con esos años 46 y pico

reinando en mi organismo,

desde la cabeza a los pies,

el mundo se redondeaba como una tensa

pelota de goma.

Un balón de reglamento, quizás.

Esos años eran la playa en vacaciones

radiantes,

un proyecto tonificante,

un futuro sin visible final.

Quedé turbado por ese feliz

descubrimiento

tan luminoso como un tesoro

Una realidad que, de ser tan obvia,

me habría pasado desapercibida.

Distraída entre la normalidad

Así que, de paso, sentí que sufría

alguna inapropiada perturbación,

una inculcación pesimista

que no se correspondía con el valor de lo real.

Una degustación, en suma, que no estaba haciendo

debidamente,

de la sustanciosa carne de los cuarenta y tantos años.

Lo saboree, por tanto, unos momentos

dentro del sueño

Y casi sin transición, con el bocado en el paladar

temí haber alterado los números

Del 74 al 47 y un temblor

llegó hasta los labios, el rostro,

el resto de mi figuración.

Nunca había soñado nada parecido.

No era probable que ahora

viniera a desilusionarme

una dislexia vulgar.

Pero así era.

Mi edad pasó de pronto

De 47 a 74 y con ella

bien marcada

se prolongó el sueño hasta despertar.

¡De modo que habría de cargar con 74 años cuando

momentos antes hacía una fiesta con 47.

La bicicleta, la natación, el footing, las chicas, los libros,

los ambiciosos proyectos,

la tensión de los bíceps,

el color del pelo y del pecho,

el sabor frutal con que obtenía los besos.

La gratuidad de los placeres,

la delectación de la plenitud.

O la dorada madurez de la piel en los estíos,

el vigor de la escritura profesional.

¿Qué me quedaba al fin de todo esto

si tenía ya 74 años?

Restos de todo ello,

cabos de la plenitud,

recortadas parcelas.

Apenas una colilla de la vida para fumar

por estos pulmones que ahora

solicitan como gran slam

salir ganadores en un TAC.

martes, septiembre 19, 2017

Escribir - Helène Cixous

«La condición por la que comenzar a escribir se vuelve necesaria y posible: perder todo, haber una vez perdido todo. Y esta no es una “condición” pensable. Tú no puedes querer perder: si quieres, entonces hay un tú y hay querer, hay no-perdido. Escribir comienza sin ti, sin yo, sin ley, sin saber, sin luz, sin esperanza, sin lazo, sin nadie cerca de ti. Entonces, cuando lo has perdido todo, no hay más camino, no hay más sentido, no hay más signo fijo, no hay más suelo, no hay más pensamiento, cuando estás perdida, fuera de ti, y continúas perdiéndote, cuando devienes el movimiento enloquecedor de perderte, entonces es por ahí, desde ahí, donde eres trama despedazada, completamente abismada de otra, es en esos tiempos jadeantes cuando escrituras te atraviesan, brotan fuera de las gargantas de tus habitantes desconocidas, son gritos que la muerte y la vida arrojan al combatirse...—

miércoles, mayo 03, 2017

La muerte muerta (fragmento) - Guerasim Luca

[...] Sé en qué medida
mi desesperación proyectada sobre la totalidad
de las personas que me rodean
es susceptible de sugerir
la manía de persecución
en su fase aguda, pero esta faceta
de mi comportamiento no sabría cómo abolir
el significado objetivo
que atribuyo a la paranoia
ya que para denunciar a las personas que amo
dispongo de un material analítico
por sí mismo convincente
sin que sea necesario
el apoyo maníaco de mi persona

Además, poco importa que mis acusaciones
sean legítimas o no

Lo que me interesa, lo que experimento
como una necesidad irresistible
es apoyar con mis actos
hasta en sus consecuencias más absurdas
el vacío teórico que me ocupa
independientemente del dolor pasajero
que me inflijo y de la categoría masoquista
en la que supuestamente caigo

Para mí, el único placer
objetivamente deseable, aquel que jamás
ha sido experimentado, no puede suscitarse
más que por una euforia mental concomitante
jamás imaginada, jamás pensada

Los errores teóricos que haya podido cometer
y que me han vuelto en los últimos tiempos
tan vulnerable al sadismo incesante
del mundo exterior
no pueden encontrar una salida
si no es porque conservo en mí el equilibrio
inestable de la negación
y de la negación de la negación
única forma de estar siempre de acuerdo
con uno mismo

El vacío teórico que experimento
como si viviera día y noche
bajo una máquina neumática
me obliga a mandar a todos los que me quieren
cartas de ruptura en las que denuncio su odio
teniendo su amor por mí todos los caracteres
latentes del odio general

El alejamiento físico de estas personas
no es solamente la puesta en práctica
de mi vacío teórico
sino también una medida elemental de seguridad...]

miércoles, abril 19, 2017

Eros, narciso y depresión... - Byung-Chul Han

«El Eros se dirige al otro en sentido enfático, que no puede alcanzarse bajo el régimen del yo. Por eso, en el infierno de lo igual, al que la sociedad actual se asemeja cada vez más, no hay ninguna experiencia erótica. Esta presupone la asimetría y exterioridad del otro. No es casual que Sócrates, como amado, se llame atopos. El otro, que yo deseo y que me fascina, carece de lugar. Se sustrae al lenguaje de lo igual: "Atópico, el otro hace temblar el lenguaje: no se puede hablar de él, sobre él; todo atributo es falso, doloroso, torpe, mortificante". La cultura actual del constante igualar no permite ninguna negatividad del atopos. Comparamos de manera continua todo con todo, y así lo nivelamos para hacerlo igual, puesto que hemos perdido precisamente la atopía del otro. La negatividad del otro atópico se sustrae al consumo. Así, la sociedad del consumo aspira a eliminar la alteridad atópica a favor de diferencias consumibles, heterotópicas. La diferencia es una positividad, en contraposición a la alteridad. Hoy la negatividad desaparece por todas partes. Todo es aplanado para convertirse en objeto de consumo.

»Vivimos en una sociedad que se hace cada vez más narcisista. La libido se invierte sobre todo en la propia subjetividad. El narcisismo no es ningún amor propio. El sujeto del amor propio emprende una delimitación negativa frente al otro, a favor de sí mismo. En cambio, el sujeto narcisista no puede fijar claramente sus límites. De esta forma, se diluye el límite entre él y el otro. El mundo se le presenta solo como proyecciones de sí mismo. No es capaz de conocer al otro en su alteridad y de reconocerlo en esta alteridad. Solo hay significaciones allí donde él se reconoce a sí mismo de algún modo. Deambula por todas partes como una sombra de sí mismo, hasta que se ahoga en sí mismo.

»La depresión es una enfermedad narcisista. Conduce a ella una relación consigo mismo exagerada y patológicamente recargada. El sujeto narcisista-depresivo está agotado y fatigado de sí mismo. Carece de mundo y está abandonado por el otro. Eros y depresión son opuestos entre sí. El Eros arranca al sujeto de sí mismo y lo conduce fuera, hacia el otro. En cambio, la depresión hace que se derrumbe en sí mismo. El actual sujeto narcisista del rendimiento está abocado, sobre todo, al éxito. Los éxitos llevan consigo una confirmación del uno por el otro. Ahora bien, el otro, despojado de su alteridad, queda degradado a la condición de espejo del uno, al que confirma en su ego. Esta lógica del reconocimiento atrapa en su ego, aún más profundamente, al sujeto narcisista del rendimiento. Con ello se desarrolla una depresión del éxito. El sujeto depresivo del rendimiento se hunde y ahoga en sí mismo. En cambio, el Eros hace posible una experiencia del otro en su alteridad, que saca al uno de su infierno narcisista. El Eros pone en marcha un voluntario desreconocimiento de sí mismo, un voluntario vaciamiento de sí mismo. Una especial debilidad se apodera del sujeto del amor, acompañada, a la vez, por un sentimiento de fortaleza que de todos modos no es la realización propia del uno, sino el don del otro. En el infierno de lo igual, la llegada del otro atópico puede asumir una forma apocalíptica. Formulado de otro modo: hoy solo un apocalipsis puede liberarnos, es más, redimirnos, del infierno de lo igual hacia el otro.

» El Eros vence la depresión...»

- - - - - - - - 
La agonía del Eros (Herder, 2014)


viernes, abril 07, 2017

Día Mundial de la Salud 2017: depresión

"La depresión afecta a personas de todas las edades y condiciones sociales y de todos los países. Provoca angustia mental y afecta a la capacidad de las personas para llevar a cabo incluso las tareas cotidianas más simples, lo que tiene en ocasiones efectos nefastos sobre las relaciones con la familia y los amigos y sobre la capacidad de ganarse la vida. En el peor de los casos, la depresión puede provocar el suicidio, que actualmente es la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años de edad" (OMS).

"En México una de cada tres personas presenta un desorden psiquiátrico a lo largo de su vida" (Sin Embargo).

"En México, el Inegi ha documentado que 34.85 millones de personas se han sentido deprimidas. De esa cantidad, 14.48 millones son hombres y 20.37 millones corresponde a las mujeres. De los enfermos con depresión en nuestro país, sólo la décima parte recibe tratamiento y sólo apenas el uno por ciento se atiende con un médico especialista" (Cultura Colectiva).

Canción 
Samuel Beckett

Vejez es cuando a un hombre
arrimado al fuego de la chimenea
temblando a causa de las brujas
para poner el cazo sobre el lecho
y traerle su ponche
viene ella en las cenizas
quien amada no pudo ser vencida
o vencida no amada
o alguna otra aflicción
viene con las cenizas
como en esa luz vieja
el rostro en las cenizas
aquella vieja luz de las estrellas
en la tierra otra vez.

corazón, qué oquedad,
y dentro cuánta suciedad

dormir hasta la muerte
nos cura siempre
ven a aliviar
esta vida este mal

¿La esperanza?, un bribón, el más grande embustero,
hasta que la perdí, no supe de la felicidad.
Copiaré del infierno en la puerta del cielo:
dejad toda esperanza los que entráis.

Pide al todo-lo-cura, al todo-lo-consuela pensamiento
solaz y salvación para el dolor que os donó con esfuerzo

domingo, enero 15, 2017

Crimentales en Pulso: La gran depresión

Acompáñenme a leer esta triste historia.
Y a leer este poema de Vallejo:

Masa

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: "¡No mueras, te amo tanto!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
"¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando "¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: "¡Quédate hermano!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...

viernes, diciembre 30, 2016

Los heraldos negros - César Vallejo

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o lo heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!

viernes, diciembre 23, 2016

Desaparecer y ya

Desde 1990 han desaparecido en Japón unas 100 mil personas. No hay rastro ni quieren que las busquen. "La gente es cobarde. Todos quieren tirar la toalla un día, desaparecer y reaparecer en algún lugar que nadie conoce. Nunca imaginé que huir fuera a ser un fin en sí mismo... Sabes, una desaparición es algo que nunca puedes olvidar. Huir es una vía rápida hacia la muerte", explica uno de estos deparecidos al New York Post (que retoma ABC en español).
Suena genial.

martes, diciembre 06, 2016

Pensar con profundidad - Fernando Pessoa

«Me lleno de ira. Querría comprenderlo todo, saberlo todo, cumplirlo todo, decirlo todo, disfrutarlo todo, sufrirlo todo, sí, sufrirlo todo. Pero no tengo nada de todo esto, nada, nada. Estoy anulado por la idea de lo que querría tener, poder, sentir. Mi vida es un inmenso sueño. Pienso, en ocasiones, que quisiera cometer todos los crímenes, todos los vicios, todas las acciones bellas, nobles, grandes, beber la belleza, la verdad, el bien, de un solo trago, y dormirme después para siempre en el pacífico seno de la Nada.

»Déjenme llorar.

»Estoy aquí sentado, escribiendo en mi mesa, con mi bolígrafo en la mano, etc., y súbitamente cae sobre mí el misterio del universo y me detengo, tiemblo, siento pánico. Siento el deseo de dejar de sentir, de matarme, de aplastar mi cabeza contra la pared.

»Dichoso el hombre que puede pensar con profundidad; sin embargo, sentir con esa profundidad es una maldición. ¿Cómo podría describirlo? Un horror que se añade a otro...»

(Diarios)

sábado, diciembre 03, 2016

No soporto más esta vida de privaciones - Guerasim Luca

Trato de suicidarme estrangulándome
con ayuda de una corbata que ato
al pomo de la puerta

He dejado sobre la mesa una carta
que me parece de una comicidad irresistible

La ausencia de toda razón perceptible
halla en mi suicidio «a causa de la miseria»
una réplica groseramente económica
pero llena de encanto

De todas las razones aparentes
invocadas por los suicidas
esta me ha provocado siempre
una repulsa especial
debido a su carácter esclavista, masoquista
y claramente contrarrevolucionario

No podía dejar una carta
más desconcertante sobre mi cadáver

Para él la sola palabra «privaciones»
resume toda la languidez
y la beatitud del miserable

Aunque saque la lengua
con una involuntaria tendencia
satírica antagónica
mi arribista cadáver supera
gracias a esta carta
el primer grado de la escala social
Un vértigo en el que reconozco mi pasión
por la intoxicación, por la asfixia
por la desaparición de las certidumbres

Llevo las manos a mi garganta
probablemente para impedir el estrangulamiento
pero el gesto es tan violento
que se diría que quiero rematarlo
No me he puesto una corbata desde hace ocho años

jueves, diciembre 01, 2016

Enfermedades del siglo - Byung-Chul Han

«El comienzo del siglo XXI, desde un punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal. Las enfermedades neuronales como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (tdah), el trastorno límite de la personalidad (tlp) o el síndrome de desgaste ocupacional (sdo) definen el panorama patológico de comienzos de este siglo. Estas enfermedades no son infecciones, son infartos ocasionados no por la negatividad de lo otro inmunológico, sino por un exceso de positividad . De este modo, se sustraen de cualquier técnica inmunológica destinada a repeler la negatividad de lo extraño».

La sociedad del cansancio

miércoles, noviembre 09, 2016

lunes, septiembre 12, 2016

Consejos para escritores - Jennifer Egan

«Cuando estoy escribiendo ficción me olvido de quién soy y de dónde vengo. Me deslizo en un modo de absorción total. Amo la sensación de que me he vuelto tan comprometida con el otro lado que he perdido un poco mis andares por aquí. Si voy de la mentalidad escritora a recoger a mis hijos de la escuela, a menudo siento un muy corto pero agudo tipo de depresión, como si estuviera doblada. Una vez que estoy con ellos la sensación desaparece totalmente, y me siento feliz de nuevo . A veces se me olvida que tengo hijos, lo cual es muy extraño. Me siento culpable por ello , como si mi falta de atención hiciera que algo les suceda a ellos, incluso cuando yo no soy responsable de eso...

«Todos tenemos una tendencia a pensar que el momento presente va a durar para siempre. Quizá cuando no soy el sabor del mes más voy a estar devastada y muy sorprendida, y me voy a olvidar de todo lo que estoy diciendo en este momento. Pero mi esperanza es que tengo las herramientas para manejarlo.

«Sólo se puede escribir con regularidad si estás dispuesto a escribir mal. No se puede escribir con regularidad y bien. Uno debe aceptar la mala escritura como una forma de cebar la bomba, un ejercicio de calentamiento que le permite escribir bien.»

jueves, diciembre 31, 2015

Apuntes rezagados para acabar el año

Entiendo que haya personas que pueden vivir sin leer, pero sin soñar no lo entiendo.

* * * * *

Nada como pasar algunos días en la sala de Urgencias de algún hospital para ganar una letra: de penar a pensar.

* * * * *

El amor es una batalla en la que las treguas deben irse haciendo más prolongadas, hasta ser una, permanente.

* * * * *

Unir palabras, aglutinarlas: sicierto, aveces, teamo...

* * * * *

La felicidad son solo instantes; compartidos, se multiplica.

* * * * *

Ni a tu favor ni en contra: el universo no conspira. Tantas casualidades juntas son una casualidad.

* * * * * 

Escribir no sirve de nada. Hilo palabras y las destejo. Como Penélope, escribo y espero a Nadie.

* * * * *

Terminar de leer un libro o ver una película con la intención de restaurar el orden del universo. Y despertar.

* * * * *

Quisiera que todos conozcan tantos mundos y tantas vidas como yo, por eso tengo el atrevimiento de pararme frente a un grupo a promover que lean, que jueguen con el lenguaje. A veces creo que no hay caso, pero cuando en la multitud al menos un par de ojos brilla de emoción, sé que hay esperanza.

* * * * * 

A mis casi 45 minutos de vuelo es hora. Hora de ver si queda suficiente combustible o disfrutar la caída libre.

* * * * *  

El paracetamol es ya indispensable para soportar mis dolencias. Debería repartirlo a todos con quienes me cruzo cada día, a ver si así me soportan.

* * * * * 

Hipócrita lector, mi semejante, mi notauro.

* * * * *

¿Debería culpar a alguien de mi depresión? ¿Compartirla? Casi me da ternura: es sólo mía, y ha crecido tanto en los últimos tiempos.

* * * * *

¿Perder el tiempo? ¿Qué es eso? Nunca lo he perdido, acaso lo he olvidado.

* * * * *

El paraíso y el infierno de no poder desconectarse. De mí. El Internet qué.

* * * * *

Quise ser tan cuerdo que me volví recuerdo.

* * * * *

Pienso constantemente en la frase final. Por lo menos esa espero sea leída como la pensé.

* * * * *

El escritor quería desaparecer de sus cuentos y empezó a escribir en tercera persona. Le hubiera gustado hablar desde una cuarta.

* * * * *

Después de tratar de quitarse el ego quedó solo el go. Al go es algo. Y ahí va.

* * * * *

¿Cómo puede alguien sentir afecto por un ser tan antipático? No lo sé, pero lo agradezco sinceramente.

* * * * *

A veces no hay lenguaje que exprese tanto. Una mirada, una reverencia o un abrazo, son lo indicado.

*****

Hasta la luna parece desaparecer, pero ahí está. De eso se trata todo.

miércoles, septiembre 02, 2015

Umbrales

Photo: Steve Jurvetson/Flickr
Confieso que leo, que leo sobre todo lo que me recomiendan los libros que voy leyendo. Lectura rizomática, quizá. Enrique Vila-Matas mencionó a Rodrigo Fresán, Fresán a Sergio Pitol, Pitol a... no sé, no recuerdo, pero creo que me seguí con El loro de Flaubert, recomendado por mi maestro Luis Cortés Bargalló. Y El sistema periódico de Primo Levi.

Antes, hace ya tiempo, en otra lectura saltó el nombre de Oliver Sacks, o mejor dicho, saltó el título El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Neurología, casos de psiques distorsionadas, por exceso o carencia. Esto no es una pipa, no soy yo. Y empecé a buscarlo, y una vez encontrado Un antropólogo en Marte, lo seguí buscando como busco a autores que me hipnotizan: Nabokov, Calvino, Roth, Auster...

Usualmente, al leer me siento "peligrosamente bien", aunque confieso que en determinados libros he tenido microsueños, a veces de microsegundos, pero suficientes para a veces formar imágenes nítidas. No duran pero son intensos. Como los espacios entre palabras. Tuve algunos al leer Alucinaciones. Del exceso a la depresión, del salvajismo a la ausencia de sensaciones, de los fantasmas a la muerte, en los libros de Sacks se aborda el afuera y el adentro del paciente con una sensibilidad que abarca cuerpo y alma, ambos hemisferios y los lóbulos, que sabe que somos física y química, pero también traumas, miedos, golpes, familia.

Me preocupan los conceptos de "locura", "normalidad", "déficit", "excitación", "sueño".

El cerebro, ese palacio, alberga cientos de habitaciones, en las que muchos no se atreven a entrar; cubre carencias, remeda necesidades, previene, acelera o ralentiza. Crea locuras reales o aparentes para salvarse. ¿De qué?

He tenido sensaciones de alargarme, he visto figuras geométricas, oído voces que no proceden de ningún ser humano cercano. Esa sensación de ver el mundo desde dentro de este cuerpo, de sentir (padecer) un cuerpo se duplica a veces en los casos que con pluma romántica describe Sacks. Su lectura enseña muchas mentes, transforma otras. Confirma que el arte puede salvar a unas más.

En ocasiones quiero escribir mis memorias pero me salen olvidos.

"Cada uno de nosotros es una narración singular, que se construye, continua, inconscientemente, por, a través de y en nosotros... a través de nuestras percepciones, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras acciones; y, en el mismo grado, nuestro discurso, nuestras narraciones habladas".

La duda ante la salud propia o del mundo. Ese (maldito) Yo que se monstruifica, que se ajena ante el caer de una hoja, ante un anuncio o un olor, que sufre de demasiada memoria o de tan poco y de tan corto plazo, el asombro, son los personajes de Sacks, reconocibles por muchos, que confundimos el libro de Sacks con un sombrero. Quizá lo sea.