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lunes, mayo 16, 2022

Domingo

Domingo de día del maestro...
nada como compartir con alguien el gusto por la lectura.



Vi pasar la estación Isis y por si las dudas pedí un deseo. 
Eclipse total de luna. Miztli cualo. 
Por fin un fenómeno astronómico que no ocultan las nubes potosinas. 
Lo vi casi completo, platiqué con las tzitzimime y me sentí un poco extraño
pero todo bien este domingo.





 

viernes, mayo 08, 2020

Vesak


Si creer, ¿por qué no en la luna? La primera luna llena de mayo se llama Vesak, o luna de Buda, pues se supone que en esa misma luna nació Siddharta Gautama. Con la misma luna llena de mayo alcanzó la iluminación tras observar y hacer suyos los sufrimientos ante la vejez, la pobreza y la muerte, y con esa luna murió 80 años después.

«Todos los fenómenos condicionados son como un sueño, una ilusión, una burbuja, una sombra...»

Dicen los que saben que fue la última superluna de este año. Dicen los que creen que es buen momento de soltar amarras. Yo, que no sé, quiero creer. En fin, ilusión quizá pero fue una experiencia bella, me hizo sentir tranquilo y saqué a energizarse una de mis estatuillas de Buda. 

Leí el sutra que recomendaron desde la ONU para celebrar a Buda: «Puesto que todos los seres vivos son vulnerables a la enfermedad, yo también estoy enfermo».



viernes, abril 12, 2019

Vamos a la luna... - Nazim Hikmet

Vamos a la Luna
                       y más lejos todavía
a donde ni siquiera alcanzan los telescopios.
¿Pero cuándo la gente en nuestra Tierra,
                                                         dejará de pasar hambre
                        nadie tendrá miedo de nadie,
                        nadie mandará sobre nadie,
                        nadie maldecirá de nadie,
nadie robará a otro su esperanza?
Por esto soy comunista
                                                para responder a esta pregunta.

26 de agosto de 1959
De "Últimos poemas 1959-1960-1961"
Versión de Fernando García Burillo 
(Ediciones del oriente y del mediterráneo -Madrid 2000)

lunes, enero 21, 2019

El clis de sol - Manuel González Magón

No es cuento, es una historia que sale de mi pluma como ha ido brotando de los labios de ñor Cornelio Cacheda, que es un buen amigo de tantos como tengo por esos campos de Dios. Me la refirió hará cinco meses, y tanto me sorprendió la maravilla el no comunicarla para que los sabios y los observadores estudien el caso con el detenimiento que se merece.

Podría tal vez entrar en un análisis serio del asunto, pero me reservo para cuando haya oído las opiniones de mis lectores. Va, pues, monda y lironda, la consabida maravilla.

Ñor Cornelio vino a verme y trajo consigo un par de niñas de dos años y medio de edad, como nacidas de una sola “camada” como él dice, llamadas María de los Dolores y María del Pilar, ambas rubias como una espiga, blancas y rosadas como durazno maduro y lindas como si fueran “imágenes”, según la expresión de ñor Cornelio. Contrastaban la belleza infantil de las gemelas con la sincera incorrección de los rasgos fisionómicos de ñor Cornelio, feo si los hay, moreno subido y tosco hasta lo sucio de las uñas y lo rajado de los talones. Naturalmente se me ocurrió en el acto preguntarle por el progenitor feliz de aquel par de boquirrubias. El viejo se chilló de orgullo, retorció la jetaza de pejibaye rayado, se limpió las babas con el revés de la peluda mano y contestó:

—¡Pos yo soy el tata, más que sea feo el decilo! No se parecen a yo, pero es que la mama no es tan pior, y pal gran poder de mi Dios no hay nada imposible.

—Pero dígame, ñor Cornelio, ¿su mujer es rubia, o alguno de los abuelos era así como las chiquitas?

—No, señor; en toda la familia no ha habido ninguno gato ni canelo; todos hemos sido acholaos.

—Y entonces, ¿cómo se explica usted que las niñas hayan nacido con ese pelo y esos colores?

El viejo soltó una estrepitosa carcajada, se enjarró y me lanzó una mirada de soberano desdén.

—¿De qué se ríe, ñor Cornelio?

—¿Pos no había de rirme, don Magón, cuando veo que un probe inorante como yo, un campiruso pion, sabe más que un hombre como usté que todos dicen qu’es tan sabido, tan leído y que hasta hace leyes onde el Presidente con los menistros?

—A ver, explíqueme eso.

—Hora verá lo que jue.

Ñor Cornelio sacó de las alforjas un buen pedazo de sobado, dio un trozo a cada chiquilla, arrimó un taburete, en el que se dejó caer satisfecho de su próximo triunfo, se sonó estrepitosamente las narices, tapando cada una de las ventanas con el índice respectivo, restregó con la planta de la pataza derecha limpiando el piso, se enjugó con el revés de la chaqueta y principió su explicación en estos términos:

—Usté sabe que hora en marzo hizo tres años que hubo un clis de sol en que se oscureció el sol en todo el medio; bueno, pues, como unos veinte días antes Lina, mi mujer, salió habelitada de esas chiquillas. Dende ese entonces le cogió un desasosiego tan grande que aquello era cajeta: no había cómo atajala, se salía de la casa de día y de noche, siempre ispiando pal cielo; se iba al solar, a la quebrada, al charralillo del cerco, y siempre con aquel capricho y aquel mal que no había descanso ni más remedio que dejala a gusto. Ella había sido siempre muy antojada en todos los partos. Vea, cuando nació el mayor jue lo mesmo; con que una noche me dispertó tarde de la noche y m’hizo ir a buscarle cojoyos de cirgüelo macho. Pior era que juera a nacer la criatura con la boca abierta. Le truje los cojoyos; endespués otros antojos, pero nunca la llegué a ver tan desasosegada como con estas chiquitas. Pos hora verá, como l’iba diciendo, le cogió por ver pal cielo día y noche, y el día del clis de sol, qu’estaba yo en la montaña apiando un palo pa un eleje, es qu’estuvo ispiando el sol en el breñalillo del cerco dende buena mañana.

Pa no cansalo con el cuento, así siguió hasta que nacieron las muchachitas estas. No le niego que a yo se m’hizo cuesta arriba el velas tan canelas y tan gatas, pero dende entonces parece que hubieran traído la bendición de Dios. La mestra me las quiere y les cuece la ropa, el Político les da sus cincos, el Cura me las pide pa paralas con naguas de puros linoses y antejuelas en el altar pal Corpus y, pa los días de la Semana Santa, las sacan en la procesión arrimadas al Nazareno y al Santo Sepulcro; pa la Nochebuena las mudan con muy bonitos vestidos y las ponen en el portal junto a las Tres Divinas. Y todos los costos son de bolsa de los mantenedores, y siempre les dan su medio escudo, gu bien su papel de a peso gu otra buena regalía. ¡Bendito sea mi Dios que las jue a sacar pa su servicio de un tata tan feo como yo…! Lina hasta que está culeca con sus chiquillas, y dionde que aguanta que no se las alabancén. Ya ha tenido sus buenos pleitos con curtidas del vecindario por las malvadas gatas.
Interrumpí a ñor Cornelio temeroso de que el panegírico no tuviera fin, y lo hice volver al carril abandonado.

—Bien, ¿pero idiái?

—¿Idiái qué? ¿Pos no ve que jue por haber ispiao la mama el clis de sol por lo que son canelas? ¿Usté no sabía eso?

—No lo sabía, y me sorprende que usted lo hubiera adivinado sin tener ninguna instrucción.

—Pa qué engañalo, don Magón. Yo no juí el que adevinó el busiles. ¿Usté conoce a un mestro italiano que hizo la torre de la iglesia de la villa: un hombre gato, pelo colorao, muy blanco y muy macizo que come en casa dende hace cuatro años?

—No, ñor Cornelio.

—Pos él jue el que m’explicó la cosa del clis de sol.


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jueves, enero 12, 2017

lunes, octubre 17, 2016

Octubre


Espera, octubre
Gilberto Owen

Espera, octubre.
No hables, voz. Abril disuelve apenas
la piel de las estatuas en espuma,
aún canta en flor el árbol de las venas,
y ya tu augurio a ras del mar, tu bruma
que sobre el gozo cuelga sus cadenas,
y tu clima de menta, en que se esfuma
el pensamiento por su laberinto
y se ahonda el laberinto del instinto.


No quemes, cal. No raye las paredes
de aire de abril de mi festín tu aviso.
Si ya me sabes presa de tus redes,
si a mi soñar vivir nací sumiso,
vuelve al sueño real de que procedes,
déjame roca el humo infiel que piso,
deja a mi sed el fruto, el vino, el seno,
y a mi rencor su diente de veneno.


Espejo, no me mires todavía.
Abril nunca es abril en el desierto,
y me espía tu noche todo el día
para que al verte yo me mire muerto;
Narciso no murió de egolatría,
sí cuando le enseñé que eres incierto,
que eres igual al hombre que te mira
y que al mirarse en ti ya no se mira.


sábado, julio 21, 2012

La luna - Jules Renard

Me pedía la luna.

Fui a buscar un cubo de agua. 

—Ten —le dije—, cógela. No tienes más que agacharte. ¿No puedes cogerla?
Apáñatelas. No es asunto mío. Yo te he traído la luna.

miércoles, junio 06, 2012

insomnio

Extraños buitres negros describían sus círculos
en el cielo incendiado de tu agitada mente
bajo el sol obsesivo de un solo pensamiento.

No hay remedio: la marea está crecida. Y todo parece arder.
Demasiado calor, como para despellejar la noche.
Los sesos ya hirvieron. Sólo queda refugiarme en tus fotografías 
e imaginar congelarme ahí, 
en tu mirada congelada por la cámara.

Pero igual quema: me derrites.

domingo, junio 03, 2012

Letras en la lluvia

Luna hiena para bebernos la noche desde temprano.
Luna granizada, on the rocks:
Gota a gota. Sorbos largos para seguir(nos)
ahogando(nos) en nuestras copas.

Ya hacía falta.
Cómo cambia el clima con algunos sonidos:
una palabra o una gota (o muchas) en la tierra del jardín.

Granizo,* granos de esa inmensa granada blanca en tierra oscura.
Fuegos fatuos, condensación canicular:
en mi libreta las letras se borran
pero crean un dibujo que sólo tu y yo entendemos.

Enredados en la ventana quedan pequeños hielos.
No los veo. Lo sé:
en alguna parte no se han derretido:
diminutos, ahí están, esperando tu mirada.

Clima favorable: nos moja de nuevo.

Ya hacía falta para no secarnos.

sábado, marzo 10, 2012

Esto no es la la luna


Y éste no es un poema y éste que escribe no soy yo. Yo ya no escribo. Yo ya me fui. Disonancia cognitiva, que le dicen. Disonancia sentimental, acaso. Disilencio.

El agujero blanco que está en el papel tapiz negro arriba de mi acolchonada celda (la cordura era el papel tapiz que a veces ocultaba las paredes) quiere jugar conmigo un duelo de miradas. A ver quién absorbe a quién.

¿Qué sabes del amor si nunca has aullado a la luna en medio del granizo?
El granizo son lágrimas que no se resignan. Se resignifican, endurecidas. Pero hay lunas que luchan toda la noche y esas son las que brillan.

¡Lu-ni-ta...!

Si la luna no viene a ti, aulla.

Quizá sea una estupidez para muchos, pero va
la última luna en un volado.
Hasta pronto.

"La veo indescifrable y cotidiana/ y más allá de mi literatura..."

viernes, marzo 02, 2012

Más de 100 mil visitas


A veces por error, a veces por cumplir con tareas escolares y a veces porque sí, ha llegado gente. Desde mediados de 2009 (antes Blogger no tenía contador) en este blog ha habido un número de clicks que no conozco, una cantidad que me parece infinita, que no he visto ni veré plasmada en años, días, en dinero o en estrellas. Hace un año que preví llegar a esa cifra a mediados de 2012. Llegamos mucho antes. Creí que haría una fiesta, o publicaría algo inusual, jocoso, agradecidamente alegre. Se me fue la cifra y algo de mí pero gracias.

Hay días en que me siento cansado, sin ganas de nada, ajeno a todo. Me dan ganas de borrar el blog y todo rastro de mí. Irme. Pareciera que la identidad del crimentalista ya no tiene razón de ser porque no me interesan temas políticos, críticos u otros. Ya no hay mucho humor que digamos, no estoy para brumas. Pero he ganado en inspiración. Pero agarro la libreta y escribo algunas palabras, un par de artículos, nombres comunes, adjetivos y un nombre propio. Si es el último día, si hoy fuera la última noche, espero escribir una expresión acalambrante, aspera como lija o que se parezca a la toalla que ella usa al salir del baño. Un espejo o un universo en la punta de una A. A veces no sé quién está al otro lado de la pantalla. No sé si ella está, pero la supongo.

Escribo. No quiero ver a nadie pero escribo y lo que escribo quiero irme a leerlo a las plazas y a las escuelas, aquí y allá, porque no sé dónde hallarme. Antes de que la cabeza estalle o el corazón se pare. Porque sus miradas convierten en poesía todo lo que tocan. Porque tengo miedo pero quiero inventar un mundo. Porque mi cuerpo adolorido me es insuficiente. Porque todo ha sido dicho y no, y hay palabras que decir al oído. Porque soy raro incluso en este manicomio en el que me han dado asilo. Porque no quiero que esté conmigo sino tan sólo no estar sin ella. Por el otoño y la primavera, por la luna y la cerveza y las sonrisas. Porque existe.

sábado, diciembre 10, 2011

noche

Hay noches en que la luna hace salir a las hadas,
esas que viven en las calles cerradas
y que hechizan sin querer
(las hadas son un poco histéricas
pero son geniales)
a quien las oye.

Hoy la luna está hermosa, gigante, coronada,
y se anuncia el último eclipse.
Seguramente saldrá el hada
bailando y en pijama.
Desde mi celda la contemplo
(a la luna, no al hada, por desgracia).

Yo ya estaba eclipsado,
cabe aclarar.

(dicen que tembló en la ciudad de México.
Yo ya estaba temblando.)

Desde mi celda aullo. Aullaré toda la noche
(otra vez).

No soy lunático:
solamente es que he enlobecido por ella.

lunes, noviembre 07, 2011

Tomás Segovia (1927-2011)

Tomada de Milenio

“He dicho 20 mil veces que si uno se merece algo eso no es amor. El amor siempre es inmerecido, el amor es que le quieran a uno, no por lo que merece, sino por amor; entonces el amor nunca es merecido, hay que hacer méritos, pero no es por hacer méritos por lo que uno es amado, ese es el misterio del amor.”  


Y murió perdonado, y compartiendo, en Aguascalientes y en San Luis 
y en todo el mundo en el homenaje que le rindieron  
en el Encuentro de Poemas del Mundo Latino
   
* * * * * 
Modesto desahogo 
Tomás Segovia

Estoy más triste que un zapato ahogado
estoy más triste que el polvo bajo los petates
estoy más triste que el sudor de los enfermos
estoy triste como un niño de visita
como una puta desmaquillada
como el primer autobús al alba
como los calzoncillos de los notarios
triste triste triste de sonreír como un bobo desde los rincones
de ver tallar las cartas en redondo saltándome siempre a mí
de todo lo que se dicen y se dan y se mordisquean en mis narices
estoy harto de quedarme con el saludo en la boca
de salir bien dibujado entre la muchedumbre
para que me borre siempre el estropajo de su roce
de no estar nunca en foco para ningunos ojos
de tener tan desdentada la mirada
de navegar tras la línea del horizonte
con mis banderitas cómicamente izadas
no puedo más de no ser nunca nadie
de que no me dejen jamás probarme otra careta que la de ninguno
de no irrumpir de no alterar el oleaje
de no curvar jamás un tren de ondas
de no desviar a mis corrales la palabra suelta
de que nunca me caiga a mí la lotería de un vuelco visceral
De no poblar ni el más vago sueño ocioso
De saber que ningún mal pensamiento tendrá ya más mi rostro.
Estoy hasta aquí de la avaricia de los privilegiados
de que quieran para ellos solos toda la juventud
todos los influjos en las cosas del mundo
todo el favoritismo de la puta alegría
toda la iniciativa de renuevo y capricho
de que se apropien sin escrúpulos la plusvalía de calor y encuentros
todo el capital de risa y de coloquio
que repartido con justicia
alcanzaría de sobra para alimentarnos a todos
a todos los hambrientos de carne de comunión
y sedientos de vino de comunión
a todos los que están tristes
como faldones arrugados que les cuelgan a los otros
en fin estoy jibosamente desolado
de haber envejecido sin seguro de vida
sin seguro de nombre
sin cavar mi guarida en el espeso ahorro
de no haber cobrado el billete cuando la vida se asomaba a mirarme
de haber tirado siempre deudas al cesto sin mirarlas
y lo que quiero decir es que estoy a fin de cuentas
terriblemente triste de que no me hayáis perdonado. 



* * * * *
Sé que no sabes que recuerdo tanto...
Tomás Segovia

Sé que no sabes que recuerdo tanto
tu piel untuosa y pálida, amasada
con fiebre y luna, y tu boca abrasada,
blanda y jugosa y salada de llanto,

y tu implorante gesto de quebranto,
sobre tu frigidez crucificada
y agradecida y tierna aunque insaciada,
y mi esfuerzo patético entretanto,

y el amor con que entonces se volvía
tu largo cuerpo de impecable diosa
en su halo de luz y denso efluvio

y ofrecías sensual a mi porfía
la masa de las nalgas prodigiosa,
guiando mi mano hacia tu pubis rubio.



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Más de su poesía, tan erótica y tan mística, por acá, en amediavoz

martes, noviembre 01, 2011

Y la muerte perderá su dominio - Dylan Thomas

Y la muerte perderá su dominio.
Los muertos desnudos serán un solo muerto.
Con el hombre en el viento y la Luna de occidente;
cuando se descarnen los huesos y desaparezcan los huesos.
Donde hubo codos y pies aparecerán estrellas.
Y aunque se sumerjan en profundas aguas tendrán que resurgir.
Y aunque los amantes se extravíen perdurará el amor.
Y la muerte perderá su dominio.

Y la muerte perderá su dominio.
Bajo los remolinos del mar
aquellos que yazgan largamente no morirán en la tempestad
retorciéndose en el tormento, cuando cedan los tendones
atados a una rueda no podrán destrozarse;
entre sus manos la fe se romperá en dos
y el Unicornio del mal los atravesará.
Y hendidos por todas partes no se desmembrarán.
Y la muerte perderá su dominio.

Y la muerte perderá su dominio.
Nunca más las gaviotas gritarán en sus oídos
o se romperán las olas tumultuosamente en la ribera;
allí donde se abrió una flor nunca más otra flor
ofrecerá su cabeza a los golpes de la lluvia.
Y aún locas o muertas como clavos
atravesarán la margaritas con sus cabezas de señoras;
irrumpiendo sobre el Sol hasta que el Sol se desprenda.
Y la muerte perderá su dominio. 

viernes, octubre 14, 2011

solo queda la muerte en las palabras - Dylan Thomas

"Cada día me pongo más oscuro. Me da ahora dolor físico escribir un poema. Siento que todos los músculos se me contraen cuando trato de arrancar de las palabras arremolinadas alrededor de mis eternas ideas sobre la importancia de la muerte en vida, algunas palabras que expliquen cómo el estrellado sistema de los muertos es visto, ordenado como en la sepultura del cielo, a lo largo de la órbita de un pie o de una flor. Pero cuando llegan las palabras tan a fondo fuera de sus asociaciones vivas, solo queda la muerte en las palabras. Y podría dar alaridos, con real dolor físico, cuando se ve desnuda sobre el papel una línea mía y parece tan incomprensible como una adivinanza en sánscrito. [...] Soy un caprichoso usador de palabras, no un poeta. Ésa es la verdad. Y sin autocompasión".

martes, octubre 04, 2011

manías


Buffon sólo podía escribir vestido de etiqueta, con puños y chorreras de encaje y espada al cinto.

Alejandro Dumas, padre, escribía vestido con una especie de sotana roja, de amplias mangas, calzando sandalias. 

Pierre Loti, vestía trajes orientales mientras escribía en un despacho decorado a la turca. 

John Milton escribía envuelto en una vieja capa de lana.  

Chateubriand dictaba a su secretario paseándose con los pies descalzos por su habitación. 

Victor Hugo meditaba sus frases o sus versos en voz alta paseando por la habitación hasta que los veía completos, pasando entonces a escribir con toda rapidez. 

Jean-Jacques Rousseau prefería trabajar en pleno campo y, a ser posible, al sol y, si el ruido ambiente le molestaba, se taponaba los oídos con tapones de guata. 

Montaigne escribía encerrado en una torre abandonada. 

Schiller sólo podía escribir si tenía los pies metidos en un barreño con agua helada.

Lord Byron excitaba su inspiración mediante el aroma de las trufas, de las que procuraba llevar siempre algunas en sus bolsillos.

Flaubert era incapaz de escribir ni una sola línea sin antes haberse fumado una pipa. 

Honoré de Balzac se acostaba a las seis de la tarde. Lo despertaba una criada justo a medianoche e inmediatamente se vestía con ropas de monje (una túnica blanca de cachemira) para ponerse a escribir ininterrumpidamente de doce a dieciocho horas seguidas, siempre a mano su cafetera de porcelana.

* * * 
Yo aún no hallo el lugar (aunque creo que deber ser amplio), ni la música (¿movida?) o la ropa ideales (sí debe ser cómoda), varían las manías y los materiales, a mano o en libretas grandes o pequeñas, en la computadora o en tarjetas, a veces en la libreta de notas del teléfono celular. Si acaso ya está la hora: casi siempre después de la medianoche. La bebida también: café muy cargado, y muchos cigarros (es horripilante encontrarse con la cajetilla vacía a medianoche). Aún no hallo el aroma pero... 

martes, septiembre 27, 2011

La Mesa del Silencio

Aparte de las sabrosas charlas, a veces marinadas en bebidas etílicas, a veces en miradas, uno de los aspectos que me gusta de participar en encuentros de escritores es el intercambio de libros y revistas. En el pasado Festival de Letras de San Luis entre los libros que recibí está La Mesa del Silencio. Once poetas rumanos contemporáneos, selección y traducción de Omar Lara, en una muy buena edición de la colección Gláphyras de Círculo de Poesía.

(En cuanto termine de leer este libro (y otros), lo dejaré a disposición del respetable en la biblioteca de El Colegio de San Luis. Ah, si quieren saber qué es la Mesa del Silencio vayan acá.)

* * *

Emoción de otoño - Nichita Stanescu (1933-1983)

Ha llegado el otoño, cuida mi corazón,
con la sombra de un árbol o mejor con tu sombra.

Tengo temor a veces que ya no te veré,
que alas me crecerán agudas hacia el cielo,
que te vas a esconder en algún ojo extraño
y que se va a cerrar como hoja de ajenjo.

Me acerco entonces a las piedras, callo,
tomo las palabras, las ahogo en el mar.
Y le silbo a la luna, la nazco y la transformo
en un inmenso amor.

viernes, septiembre 16, 2011

Mi país, oh mi país - Efraín Huerta

Ardiente, amado, hambriento, desolado,
bello como la dura, la sagrada blasfemia;
país de oro y limosna, país y paraíso,
país-infierno, país de policías. 

Largo río de llanto, ancha mar dolorosa,
república de ángeles, patria perdida.
País mío, nuestro, de todos y de nadie.
Adoro tu miseria de templo demolido
y la montaña de silencio que te mata.

 Veo correr noches, morir los días, agonizar las tardes.
Morirse todo de terror y de angustia.
Porque ha vuelto a correr la sangre de los buenos
y las cárceles y las prisiones militares son para ellos.
Porque la sombra de los malignos es espesa y amarga
y hay miedo en los ojos y nadie habla
y nadie escribe y nadie quiere saber nada de nada,
porque el plomo de la mentira cae, hirviendo,
sobre el cuerpo del pueblo perseguido.

Porque hay engaño y miseria
y el territorio es un áspero edén de muerte cuartelaria.
Porque al granadero lo visten'
de azul de funeraria y lo arrojan
lleno de asco y alcohol
contra el maestro, el petrolero, el ferroviario,
y así mutilan la esperanza
y le cortan el corazón y la palabra al hombre―
­y la voz oficial, agria de hipocresía,
proclama que primero es el orden
y la sucia consigna la repiten
los micos de la Prensa,
los perros voz-de-su-amo de la televisión,
el asno en su curul,
el león y el rotario,
las secretarias y ujieres del Procurador
y el poeta callado en su muro de adobe,
mientras la dulce patria temblorosa
cae vencida en la calle y en la fabrica.

Este es el panorama:
Botas, culatas, bayonetas, gases ...
¡Viva la libertad!

Buenavista, Nonoalco, Pantaco, Veracruz…
todo el país amortajado, todo,
todo el país envilecido,
todo eso, hermanos míos,
¿no vale mil millones de dólares en préstamo?
¡Gracias, Becerro de oro! ¡Gracias, FBI!
¡Gracias, mil gracias, Dear Mister President!
Gracias, honorables banqueros, honestos industriales,
generosos monopolistas, dulces especuladores;
gracias, laboriosos latifundistas,
mil veces gracias, gloriosos vendepatrias,
gracias, gente de orden.
Demos gracias a todos
y rompamos
con un coro solemne de gracia y gratitud
el silencio espectral que todo lo mancilla.
¡Oh país mexicano, país mío y de nadie!
Pobre país de pobres. Pobre país de ricos.
¡Siempre más y más pobres!
¡Siempre menos, es cierto,
pero siempre más ricos!
Amoroso, anhelado, miserable, opulento,
país que no contesta, país de duelo.
Un niño que interroga parece un niño muerto.
Luego la madre pregunta por su hijo
y la respuesta es un mandato de aprehensión.
En los periódicos vemos bellas fotografías
de mujeres apaleadas y hombres nacidos en México
que sangran y su sangre
es la sangre de nuestra maldita conciencia
y de nuestra cobardía.
Y no hay respuesta nunca para nadie
porque todo se ha hundido en un dorado mar de
dólares
y la patria deja de serlo
y la gente sueña en conjuras y conspiraciones
y la verdad es un sepulcro.
La verdad la detentan los secuestradores,
la verdad es el fantasma podrido de MacCarthy
y la jauría de turbios, torpes y mariguanos inquisidores
de huaraches;
la verdad está en los asquerosos hocicos de los cazadores
de brujas.

¡La grande y pura verdad patria la poseen,
oh país, país mío, los esbirros,
los soldadones, los delatores y los espías!

No, no, no. La verdad no es la dulce espiga
sino el nauseabundo coctel de barras y de estrellas.
La verdad, entonces, es una democracia nazi
en la que todo sufre, suda y se avergüenza.
Porque mañana, hoy mismo,
el padre denunciará al hijo
y el hijo denunciará a su padre y a sus hermanos.
Porque pensar que algo no es cierto
o que un boletín del gobierno
puede ser falso
querrá decir que uno es comunista
y entonces vendrán las botas de la Gestapo criolla,
vendrán los gases, los insultos,
las vejaciones y las calumnias
y todos dejaremos de ser menos que polvo,
mucho menos que aire o que ceniza,
porque todos habremos descendido
al fondo de la nada,
muertos sin ataúd,
soñando el sueño inmenso
de una patria sin crímenes,
y arderemos, impíos y despiadados,
tal vez rodeados de banderas y laureles,
tal vez, lo más seguro,
bajo la negra niebla
de las más negras maldiciones…