«Sólo eso: llueve y estoy mirando la lluvia. Qué simplicidad. Nunca creí que el mundo y yo llegáramos a este punto de acuerdo. La lluvia cae no porque me necesite, y yo la miro no porque necesite de ella. Pero nosotras estamos tan juntas como el agua de lluvia está ligada a la lluvia. Y no estoy agradeciendo nada. Si, después de nacer, no hubiera tomado involuntaria y forzadamente el camino que tomé, yo habría sido siempre lo que realmente estoy siendo: una campesina que está en un campo donde llueve. Sin siquiera dar las gracias a Dios o a la naturaleza. La lluvia tampoco da las gracias. No hay nada que agradecer por haberse transformado en otra. Soy una mujer, soy una persona, soy una atención, soy un cuerpo mirando por la ventana. Del mismo modo, la lluvia no está agradecida por no ser una piedra. Ella es la lluvia. Tal vez sea eso lo que se podría llamar estar vivo. No es más que esto, sólo esto: vivo. Y sólo vivo de una alegría mansa».
"Tanta mansedumbre"
Traducción: Cristina Peri Rossi
Tomado de #calledelorco
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domingo, octubre 12, 2025
martes, julio 01, 2025
Tierra mojada - Ramón López Velarde

Tierra mojada de las tardes líquidas
en que la lluvia cuchichea
y en que se reblandecen las señoritas, bajo
el redoble del agua en la azotea...
Tierra mojada de las tardes olfativas
en que un afán misántropo remonta las lascivas
soledades del éter, y en ellas se desposa
con la ulterior paloma de Noé;
mientras se obstina el tableteo
del rayo, por la nube cenagosa...
Tarde mojada, de hábitos labriegos,
en la cual reconozco estar hecho un barro,
porque en sus llantos veraniegos,
bajo el auspicio de la media luz,
el alma se licúa sobre los clavos
de su cruz...
Tardes en que el teléfono pregunta
por consabidas náyade arteras,
que salen del baño al amor
a volcar en el lecho las fatuas cabelleras
y a balbucir, con alevosía y con ventaja,
húmedos y anhelantes monosílabos,
según que la llovizna acosa las vidrieras.
Tardes como una alcoba submarina
con su lecho y su tina;
tardes en que envejece una doncella
ante el brasero exhausto de su casa,
esperando a un galán que le lleve una brasa;
tardes en que descienden
los ángeles a arar surcos derechos
en edificantes barbechos;
tardes en que el chubasco
me induce a enardecer a cada una
de las doncellas frígidas con la brasa oportuna;
tardes en que, oxidada
la voluntad, me siento
acólito del alcanfor,
un poco pez espada
y un poco San Isidro Labrador....
viernes, julio 26, 2024
jueves, julio 25, 2024
domingo, mayo 07, 2023
LXXVII - César Vallejo
Graniza tanto como para que yo recuerde
y acreciente las perlas
que he recogido del hocico mismo
de cada tempestad.
No se vaya a secar esta lluvia.
A menos que me fuese dado
caer ahora para ella, o que me enterrasen
mojado en el agua
que surtiera de todos los fuegos.
¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia?
temo me quede con algún flanco seco;
temo que ella se vaya, sin haberme probado
en las sequías de increíbles cuerdas vocales,
por las que,
para dar armonía,
hay siempre que subir ¡nunca bajar!
¿no subimos acaso para abajo?
canta, lluvia, en la costa aún sin mar!
y acreciente las perlas
que he recogido del hocico mismo
de cada tempestad.
No se vaya a secar esta lluvia.
A menos que me fuese dado
caer ahora para ella, o que me enterrasen
mojado en el agua
que surtiera de todos los fuegos.
¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia?
temo me quede con algún flanco seco;
temo que ella se vaya, sin haberme probado
en las sequías de increíbles cuerdas vocales,
por las que,
para dar armonía,
hay siempre que subir ¡nunca bajar!
¿no subimos acaso para abajo?
canta, lluvia, en la costa aún sin mar!
martes, noviembre 15, 2022
Gotas - Ida Vitale
¿Se hieren y se funden?
Acaban de dejar de ser la lluvia.
Traviesas en recreo,
gatitos de un reino transparente,
corren libres por vidrios y barandas,
umbrales de su limbo,
se siguen, se persiguen,
quizá van, de soledad a bodas,
a fundirse y amarse.
Trasueñan otra muerte.
viernes, junio 04, 2021
Charcos
En mi ciudad muchos charcos sobreviven varias horas después de la lluvia, así de dispareja está.
Quizá es la ineptitud de las autoridades, que no han hcho bien las cosas: muchas calles siguen pareciendo caminos para caballos.
Quizá sus adoquines guardan la memoria de La Corriente, del Río Tlaxcala o los Charcos de Santa Ana. Mi ciudad es narcisa y se enamora de su reflejo. Se duplica.
lunes, julio 27, 2020
Días de lluvia
Llueve sobre mojado y hay que llevar paraguas para no valer sombrilla.
Obvio, además del cubrebocas.
domingo, junio 24, 2018
Llueve - Elisa Carlos
Esta lluvia chorreando sobre el parabrisas esmerila el cristal. A ti te gustaba oírla, pero siempre desde adentro, desde algún lugar muelle, cálido. Te miraba en silencio, la escuchabas a través de la ventana. Y la expresión de tus ojos tan ausente encajaba en mi cuerpo ese deseo intenso de acariciar tu piel, de decirte: mírame, aquí estoy, siempre lo he estado y te quiero. La carretera está muy mojada. No sé cuánto tiempo he manejado el auto, dos horas tal vez y aún tengo sobre la piel las huellas calientes de tus manos. Hoy se cumplieron las fantasías. Qué importa que haya sido en un hotel de paso, tan de prisa, tan clandestino; fuiste mío por única vez. El camino es largo y esta noche parece un túnel oscuro. Y aquella tarde hace veinte años otra vez aquí, de nuevo tu risa. Deseaba verte reír para siempre y me tomaste la mano, tan amigo, tan casi hermano. Jamás supiste cuántas noches me revolví en la cama codiciando tu calor, tus ojos, tus labios. La luz de los faros es un espacio amarillo, cerrado como tú. Jamás conoceré tus pensamientos. Te habías encerrado dentro de ti para siempre, desde niño. Tus ojos ausentes fueron ventanas vacías. Tengo poca gasolina, debí pararme en la última gasolinera, no sé qué me pasó… o tal vez sí; fue por ti, por tus besos, por mis labios sobre tus ojos, por mis manos en tu rostro, por tu ausencia. ¿A qué distancia estará la próxima gasolinera? El día de tu vida está conmigo o estoy ahí. Era linda tu novia. No podía dejar de contemplarla; su mirada clara, transparente te seguía, y ella era yo. La abrazabas y mi cuerpo sentía tu cuerpo pegado al vestido blanco, te besaba y mis labios te bebían, y te ibas con ella, conmigo, y no te vi los ojos; no quise.
—Llene le tanque, por favor.
Te encontré cinco años después; vivías en Mérida y no tenías hijos. Sonreíste, y todo fue igual. No pregunté por tu esposa, no me importaba. Con ella o sin ella, eras imposible. Hablamos. Tú padre había muerto; me lo contaste indiferente y sin embargo vi ahí detrás de tus ojos, por única vez, una chispa que me asustó. Lo recordé, áspero, soberbio y aparté la mirada.
Siento el aroma del mar, estoy cerca. Dentro de unas horas se cumplirán veinticuatro horas de nuestro encuentro. Estuve a punto de pasar a tu lado sin conocerte. ¿Cómo fue posible que siete años te hicieran eso? Se te hundieron los ojos y los huesos marcaron tu cuerpo desde adentro, como tú con la lluvia, desde adentro. El rumor del auto sobre el asfalto mojado enturbia el recuerdo, o ¿no es eso? Quizá sea el dolor de haberte visto tan ebrio. ¿De cuántos días era tu barba? No quise saber nada. Ahí estaba y sólo eso importaba. Te obligué a seguirme al hotel, pagué la cena y te compré una botella. En el cuarto, más tarde, me pagaste el licor con tu cuerpo. Te tuve por única vez. Era enorme tu apatía, pero la suplí con fantasías. En la oscuridad de aquel hotel de paso te convertí en el que fuiste; llené tus mejillas, desaparecí tus huesos puntiagudos e imaginé tu boca fresca, con tus dientes blancos completos. Y me tragué la vida en esas horas. Cuando desperté miré lo que quedaba de ti a la luz del día.
Ya amaina la lluvia, pero tú no lo sabrás. Así como no supiste nunca cuánto te quise y qué grande y piadoso fue el sacrificio. Ahora no existes fuera de mi corazón. Cuidaré de ti. No tendrás esa barba de días, tus dientes estarán completos y no probarás jamás el alcohol. En éste momento alguien estará entrando en el cuarto, mirará tu cuerpo, tus ojos abiertos. No quise cerrarlos, daba igual, tenían la misma expresión de siempre.
—Llene le tanque, por favor.
Te encontré cinco años después; vivías en Mérida y no tenías hijos. Sonreíste, y todo fue igual. No pregunté por tu esposa, no me importaba. Con ella o sin ella, eras imposible. Hablamos. Tú padre había muerto; me lo contaste indiferente y sin embargo vi ahí detrás de tus ojos, por única vez, una chispa que me asustó. Lo recordé, áspero, soberbio y aparté la mirada.
Siento el aroma del mar, estoy cerca. Dentro de unas horas se cumplirán veinticuatro horas de nuestro encuentro. Estuve a punto de pasar a tu lado sin conocerte. ¿Cómo fue posible que siete años te hicieran eso? Se te hundieron los ojos y los huesos marcaron tu cuerpo desde adentro, como tú con la lluvia, desde adentro. El rumor del auto sobre el asfalto mojado enturbia el recuerdo, o ¿no es eso? Quizá sea el dolor de haberte visto tan ebrio. ¿De cuántos días era tu barba? No quise saber nada. Ahí estaba y sólo eso importaba. Te obligué a seguirme al hotel, pagué la cena y te compré una botella. En el cuarto, más tarde, me pagaste el licor con tu cuerpo. Te tuve por única vez. Era enorme tu apatía, pero la suplí con fantasías. En la oscuridad de aquel hotel de paso te convertí en el que fuiste; llené tus mejillas, desaparecí tus huesos puntiagudos e imaginé tu boca fresca, con tus dientes blancos completos. Y me tragué la vida en esas horas. Cuando desperté miré lo que quedaba de ti a la luz del día.
Ya amaina la lluvia, pero tú no lo sabrás. Así como no supiste nunca cuánto te quise y qué grande y piadoso fue el sacrificio. Ahora no existes fuera de mi corazón. Cuidaré de ti. No tendrás esa barba de días, tus dientes estarán completos y no probarás jamás el alcohol. En éste momento alguien estará entrando en el cuarto, mirará tu cuerpo, tus ojos abiertos. No quise cerrarlos, daba igual, tenían la misma expresión de siempre.
viernes, diciembre 29, 2017
Escritura - Enrique Jaramillo Levi
Afuera llueve
Tu mano escribe a mi lado un poema
Veo caer la lluvia
Los trazos emiten un sentido
En los charcos de la calle flotan palabras
Una lenta humedad de signos nos ciñe al respirar
Estoy empapado de ti cuando te leo
Somos ya una misma esencia
atrapada entre agua y escritura.
Tu mano escribe a mi lado un poema
Veo caer la lluvia
Los trazos emiten un sentido
En los charcos de la calle flotan palabras
Una lenta humedad de signos nos ciñe al respirar
Estoy empapado de ti cuando te leo
Somos ya una misma esencia
atrapada entre agua y escritura.
sábado, mayo 13, 2017
miércoles, junio 01, 2016
Cae la lluvia sobre junio - Homero Aridjis
Cae la lluvia sobre junio
El espíritu de la mujer que ama
corre en tu cuerpo se desnuda en las calles
La vida en los rincones
sostiene el equilibrio del mundo
con un algo de Dios que asciende de las ruinas
Los hijos del hombre hacen su universo
sobre un barco de papel que se destroza
pero la alegría no está precisamente allí
sino en la proyección de otro universo
Nada debe detenerse
volverá septiembre y después abril
y los amigos que no acudieron esta primavera
estarán con nosotros en un invierno previsible
Amo este tiempo
donde los perros son sagrados
y los insectos titubean en los vidrios
Te amo a ti por efímera por susceptible al frío
La ciudad se ilumina para nuevas proezas
El espíritu de la mujer que ama
corre en tu cuerpo se desnuda en las calles
La vida en los rincones
sostiene el equilibrio del mundo
con un algo de Dios que asciende de las ruinas
Los hijos del hombre hacen su universo
sobre un barco de papel que se destroza
pero la alegría no está precisamente allí
sino en la proyección de otro universo
Nada debe detenerse
volverá septiembre y después abril
y los amigos que no acudieron esta primavera
estarán con nosotros en un invierno previsible
Amo este tiempo
donde los perros son sagrados
y los insectos titubean en los vidrios
Te amo a ti por efímera por susceptible al frío
La ciudad se ilumina para nuevas proezas
sábado, octubre 24, 2015
Huracán
Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!
¡No podía ser!
Escuchadme, Señor, de Madrid a Moscú
he viajado en vano, me persiguen los lobos
del Santo Oficio, llevo un huracán de lenguas
detrás de mi persona, de lenguas venenosas.
pero puertas adentro es un fracaso
este mar que me invento no me moja
no tiene aroma el árbol que levanto
y mi huracán suplente ni siquiera
sirve para barrer mis odios secos.
llamo a mí a los tornados y a los huracanes
las tempestades los tifones los ciclones
los maremotos
los temblores de tierra
llamo a mí al humo de los volcanes y al de los cigarrillos
a los círculos de humo de los puros de lujo
llamo a mí a los amores y los enamorados
llamo a mí a los vivientes y a los muertos
llamo a mí a los sepultureros llamo a los asesinos
llamo a los verdugos llamo a los pilotos los albañiles los arquitectos
a los asesinos llamo a la carne
llamo a la que amo
llamo a la que amo
llamo a la que amo
La esperanza es el quicio de una puerta
de la casa que fue desarraigada
de sus cimientos por los huracanes:
quicio-resquicio por donde entro y salgo
cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio),
del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo),
del todo (me hace daño) al nada (me lastima).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo
en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!
¡No podía ser!
Gustavo Adolfo Becquer
Escuchadme, Señor, de Madrid a Moscú
he viajado en vano, me persiguen los lobos
del Santo Oficio, llevo un huracán de lenguas
detrás de mi persona, de lenguas venenosas.
Antonio Colinas
pero puertas adentro es un fracaso
este mar que me invento no me moja
no tiene aroma el árbol que levanto
y mi huracán suplente ni siquiera
sirve para barrer mis odios secos.
Mario Benedetti
llamo a mí a los tornados y a los huracanes
las tempestades los tifones los ciclones
los maremotos
los temblores de tierra
llamo a mí al humo de los volcanes y al de los cigarrillos
a los círculos de humo de los puros de lujo
llamo a mí a los amores y los enamorados
llamo a mí a los vivientes y a los muertos
llamo a mí a los sepultureros llamo a los asesinos
llamo a los verdugos llamo a los pilotos los albañiles los arquitectos
a los asesinos llamo a la carne
llamo a la que amo
llamo a la que amo
llamo a la que amo
Robert Desnos
La esperanza es el quicio de una puerta
de la casa que fue desarraigada
de sus cimientos por los huracanes:
quicio-resquicio por donde entro y salgo
cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio),
del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo),
del todo (me hace daño) al nada (me lastima).
Ángel González
en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros
Dámaso Alonso
miércoles, mayo 13, 2015
gotitas
Alexandro Roque
*
Quise escribir sobre la lluvia
pero escribí debajo de ella.
*
Quise escribir sobre la lluvia
pero escribí debajo de ella.
*
Llámenme Ismael,
decía la voz desde el vientre del pez.
decía la voz desde el vientre del pez.
*
La lluvia ya me tiene bien escamado.
*
Calles de mi pueblo tras la lluvia:
espejos inmensos para la multitud de narcisos.
*
Y yo que me la lluvia al río
creyendo que era sirena...
creyendo que era sirena...
*
Es como leer y no mojarse.
*
Y cuando despertó,
seguían cayendo las lágrimas del replicante.
*
Piratas que navegan los siete barrios.
*
Gota a gota la lluvia escribe un texto invisible:
la calle es una maquina de escribir.
*
Algunos ven el vaso medio vacío, otros medio lleno:
igual hacen una tormenta en él en lugar de salir a mojarse.
seguían cayendo las lágrimas del replicante.
*
Piratas que navegan los siete barrios.
*
Gota a gota la lluvia escribe un texto invisible:
la calle es una maquina de escribir.
*
Algunos ven el vaso medio vacío, otros medio lleno:
igual hacen una tormenta en él en lugar de salir a mojarse.
domingo, noviembre 17, 2013
lunes, junio 10, 2013
Primera lluvia - Gerardo Deniz
No, no se trataba de una posibilidad que estuviera
en la agenda,
además todo era stainless steel;
calambre o pasacalle, eso no consta; sí
tu aroma en la tarde truculenta y cómo aspirabas
(con aplicación, constancia, puntualidad;
hasta hubo que comprarte uno de esos libros llenos de
epidídimos, de coitos en sección longitudinal, de
digresiones aburridísimas sobre la esterilidad)
definitivamente (quién leerá eso)
a sentir lo que el vigía en su barril durante lances
oceánicos análogos
y yo Linceo,
pluscuamperfecto Linceo de la miopía discerniendo
los poros,
los ochos y solenoides de los vellos
cuando detrás de la persiana empezaron a saltar
chapulines testarudos contra el vidrio
y atrapando al vuelo la oportunidad pedagógica y
estética te dije en el pómulo que atendieras que en
aquello valía fijarse valía mucho fijarse
y que (manifiestamente) no se olvida.
en la agenda,
además todo era stainless steel;
calambre o pasacalle, eso no consta; sí
tu aroma en la tarde truculenta y cómo aspirabas
(con aplicación, constancia, puntualidad;
hasta hubo que comprarte uno de esos libros llenos de
epidídimos, de coitos en sección longitudinal, de
digresiones aburridísimas sobre la esterilidad)
definitivamente (quién leerá eso)
a sentir lo que el vigía en su barril durante lances
oceánicos análogos
y yo Linceo,
pluscuamperfecto Linceo de la miopía discerniendo
los poros,
los ochos y solenoides de los vellos
cuando detrás de la persiana empezaron a saltar
chapulines testarudos contra el vidrio
y atrapando al vuelo la oportunidad pedagógica y
estética te dije en el pómulo que atendieras que en
aquello valía fijarse valía mucho fijarse
y que (manifiestamente) no se olvida.
- - - - - - -
Por acá el pdf en Material de Lectura, de la UNAM
miércoles, junio 20, 2012
temporal (2)
Como Tláloc, me canso de llover sobre mojado, de escribir salado, de sentir sed con el agua hasta el cuello en este vaso de agua. A fin de cuentos el reloj no era a prueba de agua salada.
Castigado por los dioses, te elevo una y otra vez y cuando estás arriba, escrita, nada; hay que empezar de nuevo. Ni como desertar. Palabras condenadas a derretirse, que empujo cuesta arriba, sin utilidad.
No quiero hacer olas, pero me vi en tus ojos y me sonreíste y me quedé poetificado, vuelvo a empezar sin querer, porque te quiero. Ya sin truenos, sirena, sigo lloviendo; seguiré tarareando tu canto atado al mástil: es hora de buscar otro mar. Empieza el viaje.
martes, junio 19, 2012
temporal (1)
Como quien ve llover y no se moja así veo pasar el tiempo, que es oro y se atora en la clepsidra. No me digan que ha pasado tanto tiempo, que ha pesado y sí que no me lo creo (tampoco le creo al espejo ni a los dientes que rechinan o a las cuatro cajetillas de cigarros que me fumo al día), pero aún brilla. Como todos y más me he equivocado, y no sé definir lo que siento pero aquí está, entre silencios y palabras que no puedo borrar. En todo caso es extrañar, creer y crear, saber que en el tiempo que falte sólo se puede hablar de y con una persona. Que todas las demás letras sobran. Y sentir a veces que uno también sobra, que es mejor ser esa lluvia leve que casi no moja y que se olvida con facilidad.
sábado, junio 16, 2012
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