Mostrando las entradas con la etiqueta rousseau. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta rousseau. Mostrar todas las entradas

miércoles, septiembre 10, 2014

Sueño y escritura - Derrida


«La oposición del sueño a la vigilia, ¿no es también una representación de la metafísica? Y ¿qué debe ser el sueño, qué debe ser la escritura si, como ahora sabemos, se puede soñar escribiendo? ¿Y si la escena del sueño siempre es una escena de escritura? Al pie de una página del Emilio, después de habernos puesto una vez más en guardia contra los libros, la escritura, los signos ("¿ De qué sirve inscribir en su cabeza un catálogo de signos que nada representan para ellos?"), después de haber opuesto el "grabado" de esos signos artificiales a los "caracteres imborrables" del libro de la naturaleza, Rousseau añade una nota: "se nos hace pasar seriamente por filosofía a los sueños de algunas malas noches. Se me dirá que yo también sueño; convengo en ello: pero, cosa que los otros no se cuidan de hacer, yo hago pasar a mis sueños por sueños, y dejo que las personas despiertas averigüen si hay en ellos algo de útil".»





martes, octubre 04, 2011

manías


Buffon sólo podía escribir vestido de etiqueta, con puños y chorreras de encaje y espada al cinto.

Alejandro Dumas, padre, escribía vestido con una especie de sotana roja, de amplias mangas, calzando sandalias. 

Pierre Loti, vestía trajes orientales mientras escribía en un despacho decorado a la turca. 

John Milton escribía envuelto en una vieja capa de lana.  

Chateubriand dictaba a su secretario paseándose con los pies descalzos por su habitación. 

Victor Hugo meditaba sus frases o sus versos en voz alta paseando por la habitación hasta que los veía completos, pasando entonces a escribir con toda rapidez. 

Jean-Jacques Rousseau prefería trabajar en pleno campo y, a ser posible, al sol y, si el ruido ambiente le molestaba, se taponaba los oídos con tapones de guata. 

Montaigne escribía encerrado en una torre abandonada. 

Schiller sólo podía escribir si tenía los pies metidos en un barreño con agua helada.

Lord Byron excitaba su inspiración mediante el aroma de las trufas, de las que procuraba llevar siempre algunas en sus bolsillos.

Flaubert era incapaz de escribir ni una sola línea sin antes haberse fumado una pipa. 

Honoré de Balzac se acostaba a las seis de la tarde. Lo despertaba una criada justo a medianoche e inmediatamente se vestía con ropas de monje (una túnica blanca de cachemira) para ponerse a escribir ininterrumpidamente de doce a dieciocho horas seguidas, siempre a mano su cafetera de porcelana.

* * * 
Yo aún no hallo el lugar (aunque creo que deber ser amplio), ni la música (¿movida?) o la ropa ideales (sí debe ser cómoda), varían las manías y los materiales, a mano o en libretas grandes o pequeñas, en la computadora o en tarjetas, a veces en la libreta de notas del teléfono celular. Si acaso ya está la hora: casi siempre después de la medianoche. La bebida también: café muy cargado, y muchos cigarros (es horripilante encontrarse con la cajetilla vacía a medianoche). Aún no hallo el aroma pero... 

lunes, septiembre 18, 2006

OK: Rousseau 4

“Se establecieron también nuevas formalidades para recoger las tabletas, contar los votos y compararlos, etc., lo cual no impidió que la fidelidad de los encargados de tales funciones infundiese a menudo sospechas. Por último, para impedir la intriga y el tráfico de los votos, se dieron edictos cuya multitud demuestra su inutilidad”.

El Contrato Social, p. 65.

Rousseau 3

“Las elecciones por suerte tendrían pocos inconvenientes en una verdadera democracia, en la que, siendo todos iguales, tanto en costumbres y talentos, como en principios y fortuna, la selección sería casi indiferente. Pero ya he dicho que no existe una verdadera democracia”.

El Contrato Social, p. 59.

Rousseau 2

“Instituido el Estado, la residencia es señal implícita del consentimiento: habitar el territorio es someterse a la soberanía”.

Ahí viene una nota al pie:
“Esto debe entenderse siempre de un Estado libre, porque además de la familia, los bienes, la necesidad de asilo, la violencia, pueden retener a un habitante en un país a pesar suyo, y entonces su resistencia no supone su consentimiento al contrato o la violación de él”.

El Contrato Social, p. 57.

Rousseau 1

“No existe en el Estado ninguna ley fundamental que no pueda revocarse, incluso el mismo pacto social”.

El Contrato Social, p. 55.