Mostrando las entradas con la etiqueta Oliver Sacks. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Oliver Sacks. Mostrar todas las entradas

domingo, diciembre 17, 2017

Imaginares - Oliver Sacks

«La imaginación es cualitativamente distinta de la alucinación. Las visiones de los artistas y científicos, las fantasías y ensoñaciones que todos tenemos, se localizan en el espacio imaginativo de nuestra propia mente, en nuestro propio teatro privado. Normalmente no aparecen en el espacio externo, como los objetos que percibimos. Algo tiene que ocurrir en el cerebro/mente para que la imaginación sobrepase sus límites y sea sustituida por la alucinación...

»El tema del doble, el doppelgänger, un ser que es en parte uno mismo y en parte Otro, resulta irresistible para la mentalidad literaria, y generalmente se lo retrata como un presagio siniestro de muerte o calamidad. A veces, como en el relato "William Wilson" de Edgar Allan Poe, el doble es la proyección tangible e invisible de una conciencia culpable que se vuelve cada vez más intolerable hasta que, por fin, la víctima ataca a su doble con intenciones aviesas y se da cuenta de que se ha apuñalado a sí mismo. A veces el doble es invisible e intangible, como en el cuento de Guy de Maupassant, "Le Horla", pero sin embargo, este doble deja pruebas de su existencia (por ejemplo, se bebe el agua que el narrador coloca en su botella de la mesita de noche)...»

miércoles, septiembre 02, 2015

Umbrales

Photo: Steve Jurvetson/Flickr
Confieso que leo, que leo sobre todo lo que me recomiendan los libros que voy leyendo. Lectura rizomática, quizá. Enrique Vila-Matas mencionó a Rodrigo Fresán, Fresán a Sergio Pitol, Pitol a... no sé, no recuerdo, pero creo que me seguí con El loro de Flaubert, recomendado por mi maestro Luis Cortés Bargalló. Y El sistema periódico de Primo Levi.

Antes, hace ya tiempo, en otra lectura saltó el nombre de Oliver Sacks, o mejor dicho, saltó el título El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Neurología, casos de psiques distorsionadas, por exceso o carencia. Esto no es una pipa, no soy yo. Y empecé a buscarlo, y una vez encontrado Un antropólogo en Marte, lo seguí buscando como busco a autores que me hipnotizan: Nabokov, Calvino, Roth, Auster...

Usualmente, al leer me siento "peligrosamente bien", aunque confieso que en determinados libros he tenido microsueños, a veces de microsegundos, pero suficientes para a veces formar imágenes nítidas. No duran pero son intensos. Como los espacios entre palabras. Tuve algunos al leer Alucinaciones. Del exceso a la depresión, del salvajismo a la ausencia de sensaciones, de los fantasmas a la muerte, en los libros de Sacks se aborda el afuera y el adentro del paciente con una sensibilidad que abarca cuerpo y alma, ambos hemisferios y los lóbulos, que sabe que somos física y química, pero también traumas, miedos, golpes, familia.

Me preocupan los conceptos de "locura", "normalidad", "déficit", "excitación", "sueño".

El cerebro, ese palacio, alberga cientos de habitaciones, en las que muchos no se atreven a entrar; cubre carencias, remeda necesidades, previene, acelera o ralentiza. Crea locuras reales o aparentes para salvarse. ¿De qué?

He tenido sensaciones de alargarme, he visto figuras geométricas, oído voces que no proceden de ningún ser humano cercano. Esa sensación de ver el mundo desde dentro de este cuerpo, de sentir (padecer) un cuerpo se duplica a veces en los casos que con pluma romántica describe Sacks. Su lectura enseña muchas mentes, transforma otras. Confirma que el arte puede salvar a unas más.

En ocasiones quiero escribir mis memorias pero me salen olvidos.

"Cada uno de nosotros es una narración singular, que se construye, continua, inconscientemente, por, a través de y en nosotros... a través de nuestras percepciones, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras acciones; y, en el mismo grado, nuestro discurso, nuestras narraciones habladas".

La duda ante la salud propia o del mundo. Ese (maldito) Yo que se monstruifica, que se ajena ante el caer de una hoja, ante un anuncio o un olor, que sufre de demasiada memoria o de tan poco y de tan corto plazo, el asombro, son los personajes de Sacks, reconocibles por muchos, que confundimos el libro de Sacks con un sombrero. Quizá lo sea.

martes, septiembre 01, 2015

De Oliver Sacks, un neurólogo romántico con el don de lo fabuloso


«El yo esencial del paciente es muy importante en los campos superiores de la neurología, y en psicología; está implicada aquí esencialmente la personalidad del enfermo, y no pueden desmembrarse el estudio de la enfermedad y el de la identidad. Esos trastornos, y su descripción y estudio, constituyen, sin duda, una disciplina nueva, a la que podríamos llamar "neurología de la identidad", pues aborda los fundamentos nerviosos del yo, el viejo problema de mente y cerebro. Quizás haya de haber, inevitablemente, un abismo, un abismo categorial, entre lo físico y lo psíquico; pero los estudios y los relatos, al pertenecer inseparablemente a ambos (y son éstos los que me fascinan en especial, y los que presento aquí, en realidad), sirven precisamente para salvar ese abismo, para llevarnos hasta la intersección misma de mecanismo y vida, a la relación entre los procesos fisiológicos y la biografía.

»La tradición de relatos clínicos ricos en contenido humano conoció un gran auge en el siglo diecinueve y luego decayó, con la aparición de  una ciencia neurológica impersonal. [A.R.] Luria decía: "La capacidad de describir, que tanto abundaba entre los grandes neurólogos y psiquiatras del siglo diecinueve, ha desaparecido casi totalmente... Hay que revivirla". Él mismo intenta revivir la tradición perdida en sus últimas obras, en La mente de un mnemotécnico y en El hombre con un mundo destrozado. Por tanto los historiales clínicos de este libro se entroncan en una tradición antigua: la tradición decimonónica de que habla Luria; la tradición del primer historiador médico, Hipócrates; y esa tradición universal y prehistórica por la que los pacientes han explicado siempre su historia a los médicos.

»Las fábulas clásicas tienen figuras arquetípicas: héroes, víctimas, mártires, guerreros. Los pacientes nerviosos son todas estas cosas... y en los extraños relatos que se cuentan aquí son también algo más. ¿En qué categoría emplazaríamos, en esos términos míticos o metafóricos, al "marinero perdido", o a los otros extraños personajes de este libro? Podemos decir que son viajeros que viajan por tierras inconcebibles... tierras de las que si no fuese por ellos no tendríamos idea ni concepción alguna. Precisamente porque me parece que sus vidas y periplos tienen el don de lo fabuloso es por lo que he utilizado la imagen de Las mil y una noches como epígrafe, y por lo que me he visto forzado a hablar de relatos y fábulas además de casos. En esos territorios anhelan unirse el científico y el romántico (a Luria le gustaba hablar de "ciencia romántica")...

» "En un caso como éste", me escribía Luria, "no hay recetas. Haga lo que su ingenio y su corazón le sugieran. Hay pocas esperanzas, puede que ninguna, de que se produzca una recuperación de la memoria. Pero un hombre no es sólo memoria. Tiene también sentimiento, voluntad, sensibilidad, yo moral... son cosas de las que la neuropsicología no puede hablar. Y es ahí, más allá del campo de una psicología impersonal, donde puede usted hallar medios de conmoverlo y de cambiarlo. Y las circunstancias de su trabajo le facilitan eso especialmente, pues trabaja usted en una Residencia, que es como un pequeño mundo, completamente distinto de las clínicas e instituciones donde trabajo yo. Es poco lo que puede usted hacer neuropsicológicamente, nada quizás; pero en el campo del Individuo, quizás pueda usted hacer mucho".»

lunes, agosto 31, 2015

Alucinaciones

Como un antropólogo en Marte, Freddy Krueger confundió a Darth Vader con un sombrero. Yo soy tu padre, dijo en la estrella de la muerte, lo repitió en la isla de los ciegos al color. Del sueño a la pesadilla, de la realidad a la fantasía: Oliver Sacks, Wes Craven, geniales, a su manera cambiaron nuestra percepción. Hoy han despertado.