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sábado, marzo 23, 2019

Happycracia

“No es suficiente con no estar mal o estar bien, hay que estar lo mejor posible, y por eso no sólo el que lo pasa mal necesita un experto, sino cualquiera para sacarse el máximo rendimiento, aprender nuevas técnicas de gestión de sí mismo y obtener nuevos consejos para conocerse mejor, ser más productivo y tener más éxito. La felicidad así es una meta en constante movimiento, nos hace correr detrás de forma obsesiva. Y tiene que ver siempre con una mirada hacia dentro, nos hace estar muy ensimismados, muy controlados por nosotros mismos, en constante vigilancia. Eso aumenta la ansiedad y la depresión. Nos proponen ser atletas de alto rendimiento de nuestras emociones. Vigorexia emocional. En vez de generar seres satisfechos y completos genera happycondriacos”.

miércoles, noviembre 09, 2016

viernes, noviembre 13, 2015

La lenta muerte de la universidad - Terry Eagleton

Fragmentos tomados de THE CHRONICLE REVIEW

«Así como los profesores se convierten en gerentes, los estudiantes se convierten en consumidores. Las universidades caen una sobre otra en una indigna pelea por asegurar sus honorarios. Una vez que dichos clientes están seguros dentro de sus puertas, se ejerce presión sobre sus profesores para que no fallen, y por lo tanto no se pongan en riesgo de perder sus honorarios. La idea general es que si el estudiante falla, es culpa del profesor, algo así como un hospital en el que cada muerte es un error humano tras la puerta del personal médico. Uno de los resultados de esta búsqueda caliente del bolso del estudiante es el crecimiento de los cursos "a medida", de lo que está actualmente de moda entre chicos de 20 años de edad. En mi propia disciplina de Inglés, eso significa vampiros más que victorianos, sexualidad en lugar de Shelley, fanzines en lugar de Foucault, el mundo contemporáneo en lugar de lo medieval. Por lo tanto, las fuerzas políticas y económicas profundas vienen a dar forma a los planes de estudios. Cualquier departamento de Inglés que centre sus energías en la literatura anglosajona o el siglo XVIII estaría cortando su propia garganta.

«Hambrientas de más honorarios, algunas universidades británicas están ahora permitiendo a los estudiantes con títulos universitarios mediocres acceder a estudios de postgrado, mientras que los estudiantes de ultramar (que por lo general se ven obligados a pagar hasta por la nariz) pueden comenzar un doctorado en inglés con un dominio incierto del idioma. De haber tenido a la escritura creativa por tanto tiempo despreciada como un asunto americana vulgar, ahora los departamentos de inglés ahora están desesperados por contratar a algún novelista menor, o poeta en su defecto, con el fin de atraer a las hordas salvajes de potenciales Pynchons, y arrancarles su dinero con pleno conocimiento, cínico, de que las posibilidades de conseguirles que su primera novela o libro de poesía sea editada en Londres son probablemente menos que las posibilidades de despertar para descubrir que los han convertido en un escarabajo gigante.

«La educación debe de hecho ser sensible a las necesidades de la sociedad. Pero esto no es lo mismo que verse a sí misma como una estación de servicio para el neocapitalismo. De hecho, se deberían abordar las necesidades de la sociedad mucho más eficazmente para desafiar este modelo totalmente alienado de aprendizaje. Las universidades medievales sirvieron a la sociedad en general magníficamente, pero lo hicieron por los pastores que producen, abogados, teólogos y funcionarios administrativos que ayudaron a sostener a la Iglesia y el Estado, y no por fruncir el ceño ante cualquier forma de actividad intelectual...»

domingo, septiembre 07, 2014

Quejas - Elías Canetti

Lo más estúpido son las quejas. Siempre hay alguien por quien sentimos rencor. Siempre hay uno u otro que se nos acerca demasiado. Siempre éste o aquél ha sido injusto con nosotros. ¿Por qué todo esto? ¿Qué significado tiene y por qué no estamos dispuestos a aceptarlo? Esta mezquina absurdidad nos ronda en la cabeza, mezquina porque nos concierne sólo a nosotros mismos, de hecho a la parte más ínfima de nuestra propia persona, la frontera siempre artificial. Con estas quejas se va llenando la vida como si fueran palabras cargadas de sabiduría. Proliferan como sabandijas, se multiplican más rápidamente que los piojos. Con ellas nos quedamos dormidos y con ellas nos despertamos; la "vida práctica" de los hombres no está hecha de otra cosa.
(1947)

martes, septiembre 18, 2012

Cínico de la actualidad: caso límite del melancólico (Peter Sloterdijk)

«Psicológicamente se puede comprender al cínico de la actualidad como un caso límite del melancólico, un melancólico que mantiene bajo control sus síntomas depresivos y, hasta cierto punto, sigue siendo laboralmente capaz. Pues, en efecto, en el caso del moderno cinisimo la capacidad de trabajo de sus portadores es un punto esencial, a pesar de todo y después de todo. Hace ya, muchísimo tiempo que al cinismo difuso le pertenecen los puestos claves de la sociedad, en las juntas directivas, en los parlamentos, en los consejos de administración, en la dirección de las empresas, en los lectorados, consultorios, facultades, cancillerías y redacciones. Una cierta amargura elegante matiza su actuación. Pues los cínicos no son tontos y más de una vez se dan cuenta, total y absolutamente, de la nada a la que todo conduce. Su aparato anímico se ha hecho, entre tanto, lo suficientemente elástico como para incorporar la duda permanente a su propio mecanismo como factor de supervivencia. Saben lo que hacen, pero lo hacen porque las presiones de las cosas y el instinto de autoconservación, a corto plazo, hablan el mismo lenguaje y les dicen que así tiene que ser. De lo contrario, otros lo harían en su lugar y, quizá, peor. De esta manera, el nuevo cinismo integrado tiene de sí mismo, y con harta frecuencia, el comprensible sentimiento de ser víctima y, al mismo tiempo, sacrificador. Bajo esa dura fachada que hábilmente participa en el juego, porta una gran cantidad de infelicidad y necesidad lacrimógena fácilmente vulnerable. Hay en ello algo de pena por una “inocencia perdida”, de sentimiento por un saber mejor contra el que se dirige toda actuación y todo trabajo.»