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lunes, junio 02, 2025
Distracciones - Octavio Paz
“Es indudable que hoy se lee más que antes. ¿Se lee mejor? Lo dudo. La distracción es nuestro estado habitual. No la distracción del que se aleja del mundo para internarse en el secreto y movedizo país de su fantasía, sino la de aquel que está siempre fuera de sí, perdido en la mediocre e insensata agitación cotidiana. Mil cosas solicitan a la vez nuestra atención y ninguna de ellas logra retenernos; así la vida se nos vuelve arena entre los dedos y las horas humo en el cerebro.“
domingo, marzo 21, 2021
lunes, marzo 08, 2021
Acerca de Delta de sol (fragmento) - Lucía María
Las mujeres hemos estado compitiendo por la adquisición del poder en todos los ámbitos sociales; primero, a manera de supervivencia; segundo, porque tenemos la misma capacidad; tercero, porque el poder seduce. Sin embargo, nuestra sensibilidad y nuestra intuición no nos permiten entregarnos tan fácilmente a la ambición y a la adicción que genera el poder. Por eso lloramos, por eso desistimos, por eso —finalmente— buscamos a ese hombre o esa mujer (pero que se enfrenta a los hombres como igual), para que sean ellos los que luchen en dicha carnicería social, mientras el reto se vuelve apoyar a ese hombre o a esa mujer, hacer equipo, y combatir juntos a la inconsciente confusión y al dolor. Las mujeres lloramos hasta volvernos piedras, piedras hechas de lágrimas, frágiles, piedras de sal. Trabajamos hasta convertirnos en piedras, con el sudor de nuestro cuerpo, hasta alcanzar la inmovilidad, hasta exprimir toda la potencia de nuestro ser, vamos convirtiendo, también, nuestros cuerpos en piedras de sal. Piedras que una vez que vuelven a estar en contacto con el agua, con el amor, se disuelven y se entregan al flujo constante de la vida.
domingo, octubre 14, 2018
La vida sencilla - Octavio Paz
Llamar al pan el pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes —papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento—
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos, y del polvo.
ENVÍO
Tal sobre el muro rotas uñas graban
un nombre, una esperanza, una blasfemia,
sobre el papel, sobre la arena, escribo
estas palabras mal encadenadas.
Entre sus secas sílabas acaso
un día te detengas: pisa el polvo,
esparce la ceniza, sé ligera
como la luz ligera y sin memoria
que brilla en cada hoja, en cada piedra,
dora la tumba y dora la colina
y nada la detiene ni apresura.
jueves, abril 20, 2017
Libertad - Octavio Paz
«La paradoja de la servidumbre reposa sobre otro misterio: la transformación del objeto erótico en persona lo convierte inmediatamente en sujeto libre de albedrío. El objeto que deseo se vuelve sujeto que me desea o que me rechaza. La cesión de la soberanía personal y la aceptación voluntaria de la servidumbre entrañan un verdadero cambio de naturaleza: por el puente del mutuo deseo el objeto se transforma en sujeto deseante y el sujeto en objeto deseado. Se representa al amor en forma de un nudo; hay que añadir que ese nudo está hecho de dos libertades enlazadas...»
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La llama doble. Amor y erotismo
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La llama doble. Amor y erotismo
sábado, noviembre 28, 2015
martes, marzo 31, 2015
El lenguaje - Octavio Paz
«Poema: oreja que escucha a una boca que dice lo que no dijo la exclamación. El grito de pena o júbilo señala al objeto que nos hiere o alegra; lo señala pero lo encubre: dice ahí está, no dice qué o quién es. La realidad indicada por la exclamación permanece innombrada: está ahí, ni ausente ni presente, a punto de aparecer o desvanecerse para siempre. Es una inminencia ¿de qué? El desarrollo no es una pregunta ni una respuesta: es una convocación. El poema —boca que habla y oreja que oye— será la revelación de aquello que la exclamación señala sin nombrar. Digo revelación y no explicación. Si el desarrollo es una explicación, la realidad no será revelada sino elucidada y el lenguaje sufrirá una mutilación: habremos dejado de ver y oír para sólo entender.
»Un extremo contrario es el uso del lenguaje con fines de intercambio inmediato. Entonces las palabras dejan de tener significados precisos y pierden muchos de sus valores plásticos, sonoros y emotivos. El interlocutor no desaparece; al contrario, se afirma con exceso. La que se adelgaza y atenúa es la palabra, que se convierte en mera moneda de cambio. Todos sus valores se extinguen o decrecen, a expensas del valor de relación.
»En el caso de la exclamación, la palabra es grito lanzado al vacío: se prescinde del interlocutor. Cuando la palabra es instrumento del pensamiento abstracto, el significado lo devora todo: oyente y placer verbal. Vehículo de intercambio, se degrada. En los tres casos se reduce y especializa. Y la causa de esta común mutilación es que el lenguaje se nos vuelve útil, instrumento, cosa. Cada vez que nos servimos de las palabras, las mutilamos. Mas el poeta no se sirve de las palabras. Es su servidor. Al servirlas, las devuelve a su plena naturaleza, les hace recobrar su ser. Gracias a la poesía el lenguaje reconquista su estado original. En primer término, sus valores plásticos y sonoros, generalmente desdeñados por el pensamiento; en seguida, los afectivos; y, al fin, los significativos. Purificar el lenguaje, tarea del poeta, significa devolverle su naturaleza original. Y aquí tocamos uno de los temas centrales de esta reflexión. La palabra, en sí misma, es una pluralidad de sentidos. Si por obra de la poesía la palabra recobra su naturaleza original -es decir, su posibilidad de significar dos o más cosas al mismo tiempo-, el poema parece negar la esencia misma del lenguaje: la significación o sentido. La poesía sería una empresa fútil y, al mismo tiempo, monstruosa: ¡despoja al hombre de su bien más precioso, el lenguaje, y le da en cambio un sonoro balbuceo ininteligible! ¿Qué sentido tienen, si alguno tienen, las palabras y frases del poema?»
En Enfocarte.
»Un extremo contrario es el uso del lenguaje con fines de intercambio inmediato. Entonces las palabras dejan de tener significados precisos y pierden muchos de sus valores plásticos, sonoros y emotivos. El interlocutor no desaparece; al contrario, se afirma con exceso. La que se adelgaza y atenúa es la palabra, que se convierte en mera moneda de cambio. Todos sus valores se extinguen o decrecen, a expensas del valor de relación.
»En el caso de la exclamación, la palabra es grito lanzado al vacío: se prescinde del interlocutor. Cuando la palabra es instrumento del pensamiento abstracto, el significado lo devora todo: oyente y placer verbal. Vehículo de intercambio, se degrada. En los tres casos se reduce y especializa. Y la causa de esta común mutilación es que el lenguaje se nos vuelve útil, instrumento, cosa. Cada vez que nos servimos de las palabras, las mutilamos. Mas el poeta no se sirve de las palabras. Es su servidor. Al servirlas, las devuelve a su plena naturaleza, les hace recobrar su ser. Gracias a la poesía el lenguaje reconquista su estado original. En primer término, sus valores plásticos y sonoros, generalmente desdeñados por el pensamiento; en seguida, los afectivos; y, al fin, los significativos. Purificar el lenguaje, tarea del poeta, significa devolverle su naturaleza original. Y aquí tocamos uno de los temas centrales de esta reflexión. La palabra, en sí misma, es una pluralidad de sentidos. Si por obra de la poesía la palabra recobra su naturaleza original -es decir, su posibilidad de significar dos o más cosas al mismo tiempo-, el poema parece negar la esencia misma del lenguaje: la significación o sentido. La poesía sería una empresa fútil y, al mismo tiempo, monstruosa: ¡despoja al hombre de su bien más precioso, el lenguaje, y le da en cambio un sonoro balbuceo ininteligible! ¿Qué sentido tienen, si alguno tienen, las palabras y frases del poema?»
En Enfocarte.
miércoles, octubre 22, 2014
Escribo... — Octavio Paz
Los trabajos del poeta, VII:
Escribo sobre la mesa crepuscular, apoyando fuerte la pluma sobre su pecho casi vivo, que gime y recuerda al bosque natal. La tinta negra abre sus grandes alas. La lámpara estalla y cubre mis palabras una capa de cristales rotos. Un fragmento afilado de luz me corta la mano derecha. Continúo escribiendo con ese muñón que mana sombra. La noche entra en el cuarto, el muro de enfrente adelanta su jeta de piedra, grandes témpanos de aire se interponen entre la pluma y el papel. Ah, un simple monosílabo bastaría para hacer saltar al mundo. Pero esta noche no hay sitio para una sola palabra más.
Escribo sobre la mesa crepuscular, apoyando fuerte la pluma sobre su pecho casi vivo, que gime y recuerda al bosque natal. La tinta negra abre sus grandes alas. La lámpara estalla y cubre mis palabras una capa de cristales rotos. Un fragmento afilado de luz me corta la mano derecha. Continúo escribiendo con ese muñón que mana sombra. La noche entra en el cuarto, el muro de enfrente adelanta su jeta de piedra, grandes témpanos de aire se interponen entre la pluma y el papel. Ah, un simple monosílabo bastaría para hacer saltar al mundo. Pero esta noche no hay sitio para una sola palabra más.
lunes, junio 30, 2014
Pensar... (aforismos)
"Cerebro: Caja fuerte en la que guardamos, con auténtica avaricia, nuestras más valiosas estupideces".
Agustín Monsreal
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"Nada hay tan vacío como un cerebro lleno de sí mismo".
Ignacio Manuel Altamirano
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Ignacio Manuel Altamirano
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"El valor de un pensamiento se mide por su capacidad destructora, autodestructora".
Octavio Paz
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"Los pensamientos se fugan. De pronto empieza a aparecer uno y antes de tomar forma se desvanece. Irrecuperablemente. ¿No le sucedía esto a Pascal?"
Federico Campbell
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Octavio Paz
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"Los pensamientos se fugan. De pronto empieza a aparecer uno y antes de tomar forma se desvanece. Irrecuperablemente. ¿No le sucedía esto a Pascal?"
Federico Campbell
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"El pensamiento es un mal para el amor; sin embargo, es quien lo sostiene".
Demetrio Vázquez Apolinar
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Demetrio Vázquez Apolinar
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"El filósofo de nuestros tiempos no debe escribir para constituir un sistema de pensamiento, sino para ser refutado sin misericordia".
Juan Antonio Rosado
Juan Antonio Rosado
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lunes, marzo 31, 2014
domingo, marzo 30, 2014
Octavio Paz en San Luis Potosí
Tomado de Octavio Paz por él mismo (1954-1964):
"Por esos días [1955], justamente cuando mis amigos preparaban el primer número de la Revista Mexicana de Literatura, fui invitado a dar unas conferencias en San Luis Potosí [a uno de los Cursos de Invierno de la Academia Potosina de Ciencias y Artes*] y en Monterrey. Hice el viaje y me impresionó no solamente el vasto desierto sino también la pobreza de la gente del campo. Ese paisaje desolado me produjo tristeza y desesperación. Era la otra cara de la prosperidad de que estaban tan orgullosos los grupos dirigentes del país. A mi regreso escribí "El cántaro roto", comenzando en el tren, que fue publicado en el primer número de la Revista Mexicana de Literatura. Se provocó un pequeño escándalo porque la prensa conservadora me acusó de haber escrito un poema comunista. Hubo muchas y encendidas polémicas. "El cántaro roto", desde un punto de vista poético, literario, acusa no sólo mi tránsito por el surrealismo sino también por la poesía náhuatl.
- - - - - - -
* Ramón Alcorta: “De 1950 a 1955 se impartieron los cursos de invierno organizados por la Academia Potosina de Ciencias y Artes y la Universidad de San Luis, que permitieron vincular a esta universidad con la Universidad Nacional Autónoma de México. Las materias tratadas iban desde las fisicomatemáticas hasta las ciencias jurídicas, filosofía, historia, literatura, artes y ciencias sociales. Entre los maestros que participaron se encontraban Antonio Alatorre, Mariano Azuela, Nabor Carrillo Flores, Antonio Castro Leal, José Gaos, Edmundo O'Gorman, Eduardo García Maynez, Manuel Herrera y Lasso, Joaquín Meade, Efrén del Pozo, Jesús Silva Herzog, Jorge Adalberto Vázquez, Arturo Arnaiz y Freg, Carlos Bosch García, Francisco de la Maza, Henrique González Casanova, Emilio Luis Riera, Octavio Paz, Santiago Ramírez y otros. Algunos de los conferencistas también dieron sus cursos en
Matehuala y Rioverde”.
"Por esos días [1955], justamente cuando mis amigos preparaban el primer número de la Revista Mexicana de Literatura, fui invitado a dar unas conferencias en San Luis Potosí [a uno de los Cursos de Invierno de la Academia Potosina de Ciencias y Artes*] y en Monterrey. Hice el viaje y me impresionó no solamente el vasto desierto sino también la pobreza de la gente del campo. Ese paisaje desolado me produjo tristeza y desesperación. Era la otra cara de la prosperidad de que estaban tan orgullosos los grupos dirigentes del país. A mi regreso escribí "El cántaro roto", comenzando en el tren, que fue publicado en el primer número de la Revista Mexicana de Literatura. Se provocó un pequeño escándalo porque la prensa conservadora me acusó de haber escrito un poema comunista. Hubo muchas y encendidas polémicas. "El cántaro roto", desde un punto de vista poético, literario, acusa no sólo mi tránsito por el surrealismo sino también por la poesía náhuatl.
La mirada interior se despliega y un mundo de vértigo y llama
nace bajo la frente del que sueña:
soles azules, verdes remolinos, picos de luz que abren astros
como granadas.
[...]
plumas, súbito florecer de las antorchas, velas, alas,
invasión de lo blanco,
pájaros de las islas cantando bajo la frente del que sueña
[...]
Pero a mi lado no había nadie.
Sólo el llano: cactus, huizaches, piedras enormes que estallan
bajo el sol.
No cantaba el grillo,
había un vago olor a cal y semillas quemadas,
las calles del poblado eran arroyos secos
y el aire se habría roto en mil pedazos si alguien hubiese
gritado: ¿quién vive?
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* Ramón Alcorta: “De 1950 a 1955 se impartieron los cursos de invierno organizados por la Academia Potosina de Ciencias y Artes y la Universidad de San Luis, que permitieron vincular a esta universidad con la Universidad Nacional Autónoma de México. Las materias tratadas iban desde las fisicomatemáticas hasta las ciencias jurídicas, filosofía, historia, literatura, artes y ciencias sociales. Entre los maestros que participaron se encontraban Antonio Alatorre, Mariano Azuela, Nabor Carrillo Flores, Antonio Castro Leal, José Gaos, Edmundo O'Gorman, Eduardo García Maynez, Manuel Herrera y Lasso, Joaquín Meade, Efrén del Pozo, Jesús Silva Herzog, Jorge Adalberto Vázquez, Arturo Arnaiz y Freg, Carlos Bosch García, Francisco de la Maza, Henrique González Casanova, Emilio Luis Riera, Octavio Paz, Santiago Ramírez y otros. Algunos de los conferencistas también dieron sus cursos en
Matehuala y Rioverde”.
sábado, marzo 22, 2014
Las palabras - Octavio Paz
Dales la vuelta,
cógelas del rabo (chillen, putas),
azótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
písalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.
cógelas del rabo (chillen, putas),
azótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
písalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.
sábado, septiembre 28, 2013
jueves, marzo 25, 2010
MJ Othón en Los detectives salvajes
En busca de datos sobre Manuel José Othón encontré este fragmento de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, en el blog Algún día en alguna parte, y que transcribo por las recientes polémicas aquí y en otros lares sobre géneros literarios y humanos (literatura femenina, regional, potosina, juvenil, gay, etc.) y su grado de validez. Las clasificaciones son finalmente arbitrarias, válidas para organizar o con propósitos de análisis, pero cada quien que haga uso de los adjetivos como vea a su objeto de estudio o a los demás (o quiera autodenominarse, que lo hay y es muy válido aunque en ocasiones sea risible). El tema se presta para muchas horas de tejer y destejer, que ya estoy tejiendo, saben que me encanta y por mientras los dejo con algunos personajes de Bolaño:
Desperté en casa de Catalina O’Hara. Mientras desayunaba, muy temprano (María no estaba, el resto de la casa dormía), con Catalina y su hijito Davy, a quien tenía que llevar a la guardería, recordé que la noche anterior, cuando ya sólo quedábamos unos pocos, Ernesto San Epifanio dijo que existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales, la poesía, en cambio, era absolutamente homosexual, los cuentos, deduzco, eran bisexuales, aunque esto no lo dijo.
Dentro del inmenso océano de la poesía distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran las de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas.
—En nuestra lengua, claro está —aclaró—; en el mundo ancho y ajeno el paradigma sigue siendo Verlaine el Generoso.
Una loca, según San Epifanio, estaba más cerca del manicomio florido y de las alucinaciones en carne viva mientras que los maricones y los maricas vagaban sincopadamente de la Ética a la Estética y viceversa. Cernuda, el querido Cernuda, era un ninfo y en ocasiones de gran amargura un poeta maricón, mientras que Guillén, Aleixandre y Alberti podían ser considerados mariquita, bujarrón y marica, respectivamente. Los poetas tipo Carlos Pellicer eran, por regla general, bujarrones, mientras que poetas como Tablada, Novo, Renato Leduc eran mariquitas. De hecho la poesía mexicana carecía de poetas maricones, aunque algún optimista pudiera pensar que allí estaba López Velarde o Efraín Huerta. Maricas, en cambio, abundaban, desde el matón (aunque por un segundo yo escuché mafioso) Díaz Mirón hasta el conspicuo Homero Aridjis. Debíamos remontarnos a Amado Nervo (silbidos) para hallar a un poeta de verdad, es decir a un poeta maricón, y no a un fileno como el ahora famoso y reivindicado potosino Manuel José Othón, un pesado donde los haya. Y hablando de pesados: mariposa era Manuel Acuña y ninfo de los bosques de Grecia José Joaquín Pesado, perennes padrotes de cierta lírica mexicana.
domingo, febrero 14, 2010
El amor, según Octavio Paz
"El amor no vence a la muerte: es una apuesta contra el tiempo y sus accidentes. Por el amor vislumbramos en esta vida a la otra vida. No a la vida eterna sino, como he tratado de decirlo en algunos poemas, a la vivacidad pura [...] El tiempo del amor no es grande ni chico: es la percepción instantanea de todos los tiempos en uno solo, de todas las vidas en un instante. No nos libra de la muerte pero nos hace verla a la cara. [...] Somos el teatro del abrazo de los opuestos y su disolución, resueltos en una sola nota que no es de afirmación ni de negación sino de aceptación. ¿Qué ve la pareja, en el espacio de un parpadeo? La identidad de la aparición y la desaparición, la verdad del cuerpo y del no-cuerpo, la visión de la presencia que se disuelve en un esplendor: vivacidad pura, latido del tiempo".
La llama doble. Amor y erotismo
martes, octubre 13, 2009
Octavio Paz sobre el Libro del emigrante, de Manuel Calvillo
"Historia de una apuesta no aquí ni ahora sino en una vertiginosa sucesión de lugares y tiempos. Historia con muchos cuerpos y un solo personaje deshabitado. Los hombres y el nombre. Poema de la dispersión y la unidad, búsqueda de la identidad. Lenguaje en movimiento".
Octavio Paz, Poesía en movimiento, 1966.
Octavio Paz, Poesía en movimiento, 1966.
sábado, octubre 03, 2009
2 de octubre
No es que se me haya olvidado, pero hay otras luchas que sufrir, que dar en estas tierras donde todos somos sospechosos comunes. Hay muchos temas que parece se nos olvidan, como esa masacre ordenada desde el gobierno hace más de 40 años. Hoy no hay tanta sangre, o se fragmenta más: nueve ejecutados por aquí, un entambado por allá, dos descabezados, y así... pero la nueva batalla la está ganando el gobierno aunque no lo parezca, juran, como aquella que tampoco ganaron.
La historia la escriben los vencedores, dicen, y la literatura los vencidos. Al menos en mi caso es el desquite ante las realidades que se escapan, son o se vuelven inaccesibles o no son lo que he creído percibir. El de afuera se siente más viejo y jodido que nunca. Aquí en la red ni necesito nombre, no hay obligación de sonreír y las afinidades vendrán sin obligación. Afuera dicen: yo no te pido que estés bien, nomás no me lo cuentes. Aquí hay una distancia que no se recorre tan fácilmente, hay cruces que el de afuera no se permitiría. Aquí llega el que quiere, el que quiere comenta, el que no quiere desespera. El de afuera se siente desanimado pero no es el único: conversaciones y lecturas, blogs y noticias dan cuenta de que todo anda patas arriba.
Tal vez sí, como me recomiendan en Qvod ago, debería irme a rodar por los caminos, con un 1/8 de gasolina en este día para no recordar los aumentos, el desempleo, la inversión de fondos para el retiro en empresas ladronas, y todas las historias trágicas que se le están ocurriendo a la pluma del funcionario de cuyo nombre no quiero acordarme. Que si Mercedes Sosa se muere o mil más mueren, que si le dieron la sede olímpica a los brasileiros... Escapar, total, allá los otros y sus problemas. Podría pensar dándome palmaditas que ya terminé una nueva novelita y hay que buscarle editor (y a otros textos que siguen el disco duro), o regodearme en las gratas opiniones que sobre mi capítulo tuvieron los comentaristas y el coordinador de ¡Yo soy de San Luis Potosí!... con un pie en Estados Unidos en la presentación del libro en El Colegio de San Luis. Gracias de nuevo, por cierto.
Pero aparecen nuevos fantasmas, más recovecos en el ya caótico laberinto, en la zona de desastres que es la cabecera del blog. El subibaja emocional parece tener motor.
Recomendación de Hache, leo en Milenio un ensayo de Enrique Serna, de quien admiro sus novelas, algunos cuentos y no mucho sus ensayos y artículos periodísticos:
A partir de los años 60, Paz empezó a abismarse en la filosofía del lenguaje y su poesía, despojada de cuerpo y materia, sufrió un proceso de licuefacción que él mismo definió en la penúltima estrofa de Pasado en claro. “Alcé con las palabras y sus sombras, una torre ambulante de reflejos, torre que anda, construcción de viento”. Declaraciones del mismo corte, con variantes mínimas, pueden hallarse por docenas en sus ensayos y poemas posteriores. Tal vez por eso el último Paz es tan fácil de parodiar: su retórica evanescente llegó a ser una prestigiosa rutina que los poetastros eruditos se apropiaron con facilidad, no sólo en México, sino en toda Latinoamérica, donde Paz tuvo y tiene decenas de imitadores. Entre ellos sobresale por su inane flacidez el brasileño Haroldo de Campos, fundador del concretismo y de la masturbación en seco. Charlatán encarcelado en el verbo, Campos pergeñó el siguiente galimatías: “Lo que importa no es el viaje sino el comienzo por eso me meto a escribir mil páginas a escribir milyunapáginas para acabar con la escritura para finiciar con la escritura por eso entrelazo escribir sobre escribir es el futuro del escribir esclavo y páginas se ensimisman mismas se ensimisman donde el fin es el comienzo...”.
¡Oh, delicias de Onán! Sin querer, en medio de su logorrea, Campos dijo una gran verdad: escribir sobre escribir es el futuro del escribir esclavo. En efecto, no hay peor esclavitud que vivir atado a las palabras, cuando no se tiene nada que decir con ellas. Pero a despecho de Campos y otros innovadores apolillados, la verdadera revolución del lenguaje poético a cien años de Mallarmé sería salvar a la escritura del autismo grandilocuente y quebrar el espejo donde se mira extasiada. Tal vez entonces el medium volverá a decirnos algo.
Onanismo, desquite, aquí seguimos. Creo que aún hay cosas que decir, sin espejitos.
Les dejo esta homenaje de Salle al comic de Jis y Trino, Santos contra la Tetona Mendoza
La historia la escriben los vencedores, dicen, y la literatura los vencidos. Al menos en mi caso es el desquite ante las realidades que se escapan, son o se vuelven inaccesibles o no son lo que he creído percibir. El de afuera se siente más viejo y jodido que nunca. Aquí en la red ni necesito nombre, no hay obligación de sonreír y las afinidades vendrán sin obligación. Afuera dicen: yo no te pido que estés bien, nomás no me lo cuentes. Aquí hay una distancia que no se recorre tan fácilmente, hay cruces que el de afuera no se permitiría. Aquí llega el que quiere, el que quiere comenta, el que no quiere desespera. El de afuera se siente desanimado pero no es el único: conversaciones y lecturas, blogs y noticias dan cuenta de que todo anda patas arriba.
Tal vez sí, como me recomiendan en Qvod ago, debería irme a rodar por los caminos, con un 1/8 de gasolina en este día para no recordar los aumentos, el desempleo, la inversión de fondos para el retiro en empresas ladronas, y todas las historias trágicas que se le están ocurriendo a la pluma del funcionario de cuyo nombre no quiero acordarme. Que si Mercedes Sosa se muere o mil más mueren, que si le dieron la sede olímpica a los brasileiros... Escapar, total, allá los otros y sus problemas. Podría pensar dándome palmaditas que ya terminé una nueva novelita y hay que buscarle editor (y a otros textos que siguen el disco duro), o regodearme en las gratas opiniones que sobre mi capítulo tuvieron los comentaristas y el coordinador de ¡Yo soy de San Luis Potosí!... con un pie en Estados Unidos en la presentación del libro en El Colegio de San Luis. Gracias de nuevo, por cierto.
Pero aparecen nuevos fantasmas, más recovecos en el ya caótico laberinto, en la zona de desastres que es la cabecera del blog. El subibaja emocional parece tener motor.
Recomendación de Hache, leo en Milenio un ensayo de Enrique Serna, de quien admiro sus novelas, algunos cuentos y no mucho sus ensayos y artículos periodísticos:
A partir de los años 60, Paz empezó a abismarse en la filosofía del lenguaje y su poesía, despojada de cuerpo y materia, sufrió un proceso de licuefacción que él mismo definió en la penúltima estrofa de Pasado en claro. “Alcé con las palabras y sus sombras, una torre ambulante de reflejos, torre que anda, construcción de viento”. Declaraciones del mismo corte, con variantes mínimas, pueden hallarse por docenas en sus ensayos y poemas posteriores. Tal vez por eso el último Paz es tan fácil de parodiar: su retórica evanescente llegó a ser una prestigiosa rutina que los poetastros eruditos se apropiaron con facilidad, no sólo en México, sino en toda Latinoamérica, donde Paz tuvo y tiene decenas de imitadores. Entre ellos sobresale por su inane flacidez el brasileño Haroldo de Campos, fundador del concretismo y de la masturbación en seco. Charlatán encarcelado en el verbo, Campos pergeñó el siguiente galimatías: “Lo que importa no es el viaje sino el comienzo por eso me meto a escribir mil páginas a escribir milyunapáginas para acabar con la escritura para finiciar con la escritura por eso entrelazo escribir sobre escribir es el futuro del escribir esclavo y páginas se ensimisman mismas se ensimisman donde el fin es el comienzo...”.
¡Oh, delicias de Onán! Sin querer, en medio de su logorrea, Campos dijo una gran verdad: escribir sobre escribir es el futuro del escribir esclavo. En efecto, no hay peor esclavitud que vivir atado a las palabras, cuando no se tiene nada que decir con ellas. Pero a despecho de Campos y otros innovadores apolillados, la verdadera revolución del lenguaje poético a cien años de Mallarmé sería salvar a la escritura del autismo grandilocuente y quebrar el espejo donde se mira extasiada. Tal vez entonces el medium volverá a decirnos algo.
Onanismo, desquite, aquí seguimos. Creo que aún hay cosas que decir, sin espejitos.
Les dejo esta homenaje de Salle al comic de Jis y Trino, Santos contra la Tetona Mendoza
miércoles, junio 10, 2009
Del blog de Israel Carranza
"Recientemente se ha vuelto a poner en circulación La llama doble: uno de los libros con que Paz fue dando sus últimos pasos en este mundo. Y su tema, el amor y el erotismo, es seguro que a nadie podrá dejar indiferente. «¿No era un poco ridículo, al final de mis días, escribir un libro sobre el amor?», se preguntó el poeta en el texto donde recibe a sus lectores, en la entrada de esa empresa conmovedora y bellísima. «¿O era un adiós, un testamento?». Se resolvió, al fin, tras admitir que dicho tema lo había ocupado desde la adolescencia: «El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida». Quien se acerque a la luz de esa llama jamás la podrá olvidar".
(sí, los que no le han llegado, lléguenle a La llama doble, de la que retomaremos algunos fragmentos más adelante, o más arriba... por lo pronto, un bocado: "La relación entre erotismo y poesía es tal que puede decirse, sin afectación, que el primero es una poética corporal y que la segunda, es una erótica verbal. […] La imagen poética es abrazo de realidades opuestas y la rima es cópula de sonidos; la poesía erotiza al lenguaje y al mundo porque ella misma, en su modo de operación, es ya erotismo. Y del mismo modo: el erotismo es una metáfora de la sexualidad animal...")
(sí, los que no le han llegado, lléguenle a La llama doble, de la que retomaremos algunos fragmentos más adelante, o más arriba... por lo pronto, un bocado: "La relación entre erotismo y poesía es tal que puede decirse, sin afectación, que el primero es una poética corporal y que la segunda, es una erótica verbal. […] La imagen poética es abrazo de realidades opuestas y la rima es cópula de sonidos; la poesía erotiza al lenguaje y al mundo porque ella misma, en su modo de operación, es ya erotismo. Y del mismo modo: el erotismo es una metáfora de la sexualidad animal...")
viernes, agosto 29, 2008
De Roberto Juarroz
"Si uno no se detiene es imposible penetrar en el poema, detenimiento del universo. En uno de mis libros cito una anécdota que me gusta mucho: se trata de un koan, es decir una historia Zen, de Basho. Un día este monje budista, dirigiéndose a sus discípulos, de pronto les dice: "He estado hablando del Zen durante toda mi vida, y aún no sé en qué consiste". Entonces, uno de sus escuchas le pregunta: "Pero, maestro, ¿cómo puedes hablar de aquello que no entiendes?" Y Basho responde: "¿Es que también tengo que explicarte eso?"
"Además de maestro Zen, Basho era un poeta: algunos de los más hermosos haikús que se han escrito proceden de su pluma (Octavio Paz ha traducido uno de los escritos de Basho, Senderos de Oku). Vivía el Zen durante cada una de sus jornadas, la poesía era indivisible de su cotidianidad. Así, no necesitaba entender nada: vivir es mucho más que entender.
"Alguna vez publiqué un poema que causó enorme revuelo. Apareció ni más ni menos que en La Nación, uno de los diarios más leídos en la Argentina. La linea final de ese poema dice:
"Fue un escándalo. ¿Cómo va a entrarle eso en la cabeza a los profesores, los filósofos, los pensadores, esos hombres entre comillas? En la lectura de la poesía hay que descubrirlo todo, y para eso hay que detenerse. Ver de nuevo lo que es la lectura consuetudinaria, tradicional. Los poetas dicen las cosas más penetrantes, por eso aquí nos hemos referido tan frecuentemente a ellos. Pedro Salinas, en un muy grato libro llamado Defensa de la lectura (a veces también conocido como El defensor) llega a una idea que viene muy al caso: no funciona ninguno de los métodos modernos de lectura, "rápida", "en diagonal", "en síntesis". (Con ello el poeta español se acerca a un libro francés muy leído en su tiempo: El arte de leer.) Al individuo citadino que lee todo a la ligera, al que mezcla la lectura con las imágenes y el ruido de la televisión, al que no se detiene nunca, Pedro Salinas lo llama "leedor". Es menester, dice, convertirlo en lector. Y aún más, porque ese proceso no termina ahí: luego de ello hay que transformar al lector en actor. Esto equivale al momento en que se reproduce en el lector el proceso del creador; hace poco lo he llamado recreación: eso que sucede en quien lee debe ser como si fuera él mismo quien realiza la obra. Este matiz es esencial.
"Todos lo hemos experimentado: cuando hay algo que realmente nos fascina a fondo, olvidamos quién lo hizo y es como si uno mismo lo realizara. Una lectura que va inventando la línea siguiente, y que después de terminar el poema sigue inventando líneas".
(en Jornal de Poesía)
"Además de maestro Zen, Basho era un poeta: algunos de los más hermosos haikús que se han escrito proceden de su pluma (Octavio Paz ha traducido uno de los escritos de Basho, Senderos de Oku). Vivía el Zen durante cada una de sus jornadas, la poesía era indivisible de su cotidianidad. Así, no necesitaba entender nada: vivir es mucho más que entender.
"Alguna vez publiqué un poema que causó enorme revuelo. Apareció ni más ni menos que en La Nación, uno de los diarios más leídos en la Argentina. La linea final de ese poema dice:
Ser no es comprender.
"Fue un escándalo. ¿Cómo va a entrarle eso en la cabeza a los profesores, los filósofos, los pensadores, esos hombres entre comillas? En la lectura de la poesía hay que descubrirlo todo, y para eso hay que detenerse. Ver de nuevo lo que es la lectura consuetudinaria, tradicional. Los poetas dicen las cosas más penetrantes, por eso aquí nos hemos referido tan frecuentemente a ellos. Pedro Salinas, en un muy grato libro llamado Defensa de la lectura (a veces también conocido como El defensor) llega a una idea que viene muy al caso: no funciona ninguno de los métodos modernos de lectura, "rápida", "en diagonal", "en síntesis". (Con ello el poeta español se acerca a un libro francés muy leído en su tiempo: El arte de leer.) Al individuo citadino que lee todo a la ligera, al que mezcla la lectura con las imágenes y el ruido de la televisión, al que no se detiene nunca, Pedro Salinas lo llama "leedor". Es menester, dice, convertirlo en lector. Y aún más, porque ese proceso no termina ahí: luego de ello hay que transformar al lector en actor. Esto equivale al momento en que se reproduce en el lector el proceso del creador; hace poco lo he llamado recreación: eso que sucede en quien lee debe ser como si fuera él mismo quien realiza la obra. Este matiz es esencial.
"Todos lo hemos experimentado: cuando hay algo que realmente nos fascina a fondo, olvidamos quién lo hizo y es como si uno mismo lo realizara. Una lectura que va inventando la línea siguiente, y que después de terminar el poema sigue inventando líneas".
(en Jornal de Poesía)
viernes, enero 18, 2008
Lenguaje - W.S. Merwin
"Hay ciertas palabras que hoy son de nuestro conocimiento que no usaremos nunca más, y que nunca olvidaremos. Las necesitamos. Como la parte de atras de una pintura. Como el tuétano y el color de nuestras venas. Para estar seguros, las alumbramos con la linterna de nuestro sueño y allí están, temblando ya por el día del juicio. Serán enterradas con nosotros y resucitarán como todos los demás".
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W.S. Merwin, Después de los alfabetos. Antología poética, 1952-1993,
Prólogo: Octavio Paz, W.S. Merwin, Alberto Blanco, traducción y selección: Alberto Blanco, Pura López Colomé, Hotel Ambos Mundos/Fideicomiso para la Cultura México-USA, México, 1996.
(Gracias a mi maestro Luis Cortés Bargalló por este maravilloso obsequio)
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W.S. Merwin, Después de los alfabetos. Antología poética, 1952-1993,
Prólogo: Octavio Paz, W.S. Merwin, Alberto Blanco, traducción y selección: Alberto Blanco, Pura López Colomé, Hotel Ambos Mundos/Fideicomiso para la Cultura México-USA, México, 1996.
(Gracias a mi maestro Luis Cortés Bargalló por este maravilloso obsequio)
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