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domingo, mayo 21, 2017

Crimentales en Pulso: De privilegiados y resentidos

Los invito a que pasen a Pulso y le den lectura a mis crimentales de esta semana: "De privilegiados y resentidos". La polémica está servida y necesitamos plantear y plantearnos (no plantarnos en) muchas cosas que damos por hechas.

Y los invito también a leer las notas que me publicaron también en Pulso sobre las jornadas académicas por el centenario de Juan Rulfo en la Universidad Nacional Autónoma de México:

"Recuerda la UNAM obra y vida de Rulfo"

"El trabajo que realiza su fundación es permanente: Jiménez"

"Fue un extranjero en la literatura mexicana: "




jueves, marzo 25, 2010

MJ Othón en Los detectives salvajes

En busca de datos sobre Manuel José Othón encontré este fragmento de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, en el blog Algún día en alguna parte, y que transcribo por las recientes polémicas aquí y en otros lares sobre géneros literarios y humanos (literatura femenina, regional, potosina, juvenil, gay, etc.) y su grado de validez. Las clasificaciones son finalmente arbitrarias, válidas para organizar o con propósitos de análisis, pero cada quien que haga uso de los adjetivos como vea a su objeto de estudio o a los demás (o quiera autodenominarse, que lo hay y es muy válido aunque en ocasiones sea risible). El tema se presta para muchas horas de tejer y destejer, que ya estoy tejiendo, saben que me encanta y por mientras los dejo con algunos personajes de Bolaño:

Desperté en casa de Catalina O’Hara. Mientras desayunaba, muy temprano (María no estaba, el resto de la casa dormía), con Catalina y su hijito Davy, a quien tenía que llevar a la guardería, recordé que la noche anterior, cuando ya sólo quedábamos unos pocos, Ernesto San Epifanio dijo que existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales, la poesía, en cambio, era absolutamente homosexual, los cuentos, deduzco, eran bisexuales, aunque esto no lo dijo.
Dentro del inmenso océano de la poesía distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran las de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas.
—En nuestra lengua, claro está —aclaró—; en el mundo ancho y ajeno el paradigma sigue siendo Verlaine el Generoso.
Una loca, según San Epifanio, estaba más cerca del manicomio florido y de las alucinaciones en carne viva mientras que los maricones y los maricas vagaban sincopadamente de la Ética a la Estética y viceversa. Cernuda, el querido Cernuda, era un ninfo y en ocasiones de gran amargura un poeta maricón, mientras que Guillén, Aleixandre y Alberti podían ser considerados mariquita, bujarrón y marica, respectivamente. Los poetas tipo Carlos Pellicer eran, por regla general, bujarrones, mientras que poetas como Tablada, Novo, Renato Leduc eran mariquitas. De hecho la poesía mexicana carecía de poetas maricones, aunque algún optimista pudiera pensar que allí estaba López Velarde o Efraín Huerta. Maricas, en cambio, abundaban, desde el matón (aunque por un segundo yo escuché mafioso) Díaz Mirón hasta el conspicuo Homero Aridjis. Debíamos remontarnos a Amado Nervo (silbidos) para hallar a un poeta de verdad, es decir a un poeta maricón, y no a un fileno como el ahora famoso y reivindicado potosino Manuel José Othón, un pesado donde los haya. Y hablando de pesados: mariposa era Manuel Acuña y ninfo de los bosques de Grecia José Joaquín Pesado, perennes padrotes de cierta lírica mexicana.