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lunes, enero 31, 2022

Talleres para iniciar el año

1) Curso-taller de novela, como parte del programa 2022 de Letras y Voces de Tabasco, AC, y la Escuela de Escritores José Gorostiza, los sábados de 6 a 8 pm, a distancia, en la comodidad de su hogar. Inscripciones abiertas. Informes en las redes de los organizadores.

2) Taller de Creación literaria enfocado a la estructuración del libro de poesía y cuento, con sede en la Casa del Poeta Ramón López Velarde (Vallejo 300, Centro, SLP) de la Secretaría de Cultura de SLP. Inicio: 7 o 14 de febrero, los lunes, 20 sesiones, de 5 a 7 pm. Inscripciones abiertas.

3) Taller de Crónica y otros géneros de no ficción, con los Guardianes de la Sierra de San Miguelito/FAO, los domingos 20 y 27 de febrero, y 6, 13 y 20 de marzo, cinco sesiones, de 12 a 2 pm: tres en la oficina de los Guardianes, José María Flores 305, barrio de San Sebastián, una en Cerro de San Pedro y otra en nuestra Sierra de San Miguelito. Inscripciones abiertas.

4) Taller literario del Centro de las Artes, que empieza el próximo 5 de febrero, los sábados de 11 am a 2 pm. Inscripciones cerradas. 

En todos los talleres, buen ambiente (humano y para respirar): cupo limitado y lugares ventilados.

martes, abril 04, 2017

Sergio González Rodríguez (1950-2017)

Sergio González Rodríguez falleció este lunes a los 67 años. Fue narrador, periodista, ensayista, rockero, editor y profesor. Su libro Huesos en el desierto es esencial para entender la violencia que hoy se vive en México contra las mujeres, contra por los pobres y por la droga. Víctima él mismo de secuestro, investigó siempre y dio testimonio de esos resultados en otros libros como Campo de guerra y El hombre sin  cabeza. 

"Los lectores que el libro pierde cada día pueden ser recuperados si se les obliga a pensar más o mejor desde las propias novelas", dijo a El País a propósito de su novela El artista adolescente que confundía al mundo con un cómic. 

Los invito a leer los textos de Sergio en su blog de la revista digital Frontera D. De ahí el siguiente fragmento:
«Ante la dificultad de restablecer el Estado de derecho y rebasar el imperio de crimen que vive México, el gobierno tiende a darle salida político-policial a los casos de fuerte resonancia nacional e internacional. Y, como sucedió con los 43 estudiantes desaparecidos dos años atrás en Iguala, inventan un "caso" para "resolver" los crímenes sin ahondar en las investigaciones y le llaman "verdad histórica". En México es casi inexistente la cultura de la investigación policial-judicial por una causa simple: la mayor parte de las detenciones de presuntos responsables que llegan a ser prcesados se dan en flagrancia. El culpable es el que determina la autoridad en su momento. Enseguida, viene la participación del poder judicial que, en nombre del formalismo normativo, da entrada y vaidez a expedientes cuestionables. Lo demás lo consuma el aparato de propaganda gubernamental que, ante la opinión pública, busca legitimar lo realizado por la autoridad. Por último, cae el olvido poco a poco. Así se normaliza la barbarie en México. Un modelo de exportación.»

domingo, enero 23, 2011

En la carretera 57

Una amiga me envió este mensaje por correo hace un rato. Uno de tantos casos, uno que se logra compartir. En las últimas horas ha habido enfrentamientos en varias partes de San Luis aunque no en todos los medios se publiquen ni el gobierno tome cartas en el asunto.

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A todos mis amigos:

El día de ayer, viernes 21 de enero, mi amiga querida, Rafaela, y yo, sobrevivimos a la terrible balacera o, mejor dicho, balaceras, que se llevaron a cabo por la mañana. Para ser exactos, la que nos tocó, a fuego cruzado, fue a partir de las 10:40 a.m., media hora después de que salimos de San Luis por la carretera 57, rumbo a Valles, donde tomaríamos otro camión a Tanquián, para asistir al Festival de Huapango.


Íbamos muy contentas, platicando, cuando de pronto vimos pasar un camión repleto de soldados. Minutos después se oyó un ruido extraño, como un martillo de repetición. Le pregunté a Rafa qué sonido era ése, cuando se volvió a oir y el autobús se orilló y frenó repentinamente. El chofer, don Martín, gritó que nos echáramos al suelo, que era una balacera. Todos lo hicimos.

Rafa dijo que había visto una camioneta blanca rebasándonos. En esa primera parte, las ráfagas se escuchaban a nuestro lado, es decir del lado izquierdo del camión. Dejaron de sonar por un minuto y nos empezamos a levantar (nosotras íbamos en la parte trasera del camión), cuando reinició el tiroteo, esta vez mucho más intenso; se escuchaban las ráfagas de metralla y otros balazos, más fuertes y con un minisegundo entre uno y otro, pero ahora por el lado derecho del camión, en la parte trasera, en donde yo me había colocado.

Todo esto duró 50 minutos, tiempo que se eternizó, bajo los asientos, con el pecho en el piso. Muchas ideas e imágenes pasaron por mi mente: mis hijos, mi vida, mi madre... Una sensación de no estar allí, aunque supiera que sí lo estaba; como un limbo. De pronto, sentí la necesidad imperiosa de hablar con mis hijos, ante lo inminente de que una bala me tocara. Me arrastré y tomé el celular y allí bajo el asiento los llamé a los tres y les dije con fuerza que los amaba, presintiendo que sería la última vez que lo hiciera.

Luego de casi una hora, paró. Seguimos tirados en el suelo mucho tiempo más, no puedo precisar cuánto. Cuando nos empezamos a enderezar, miré por la ventana de atrás y a escasos cinco metros del autobús estaban varios vehículos de la Federal, muchos policías y muchos soldados; también muchas armas y varias camionetas de seguridad. Un policía estaba tirado frente a mí, con la cara baleada y retorciéndose.

Uno de los pasajeros que se había levantado imprudentemente alcanzó a ver que una camioneta blanca, de los sicarios, que era la que se había protegido justo en la esquina del camión, y desde allí había cruzado el fuego con los buenos; se quiso subir por un pequeño cerro que quedaba justo al lado del camión y por una pequeña vereda que estaba a escasos metros del borde de la carretera observó también que un sujeto salió de la camioneta y corrió hacia arriba de la pendiente, donde cayó acribillado por los soldados. La camioneta blanca no pudo seguir y fue destrozada por la policía y el ejército. Murieron los ocupantes. Junto al camión, en el piso, había muchos casquillos enormes, luego supe que de cuerno de chivo.

Estuvimos todavía parados alrededor de dos horas. Cuando bajé del camión, ví que a 20 metros del mismo, por el frente, había patrullas baleadas, al igual que una camioneta dorado verdosa totalmente acribillada. Muertos en el piso y heridos, al igual que en la parte trasera. Observé que a unos 25 metros en el cerrito estaba un hombre con una camisa roja, tendido, custodiado por unos soldados, aunque ya sólo era su cadáver. Llegaron dos helicópteros y se llevaron al policía con la cara baleada y a otros, que supongo iban también malheridos. El caos era total y se habían hecho larguísimas filas, de uno y otro lado de la carretera y a cada lado de la misma un soldado cada diez metros, con las caras cubiertas y armas largas apuntando.

El chofer y yo caminamos al lado del camión y sin entender cómo, nos dimos cuenta que no había pegado ninguna bala en él. Ninguno de los pasajeros resultamos heridos. Habíamos estado enmedio de todo ese horror y estábamos vivos. Fue entonces cuando todo el cuerpo empezó a dolerme y tuve espasmos de sollozos y la sensación de la más absoluta vulnerabilidad y abandono. Todo esto ocurrió en un lugar que se llama San Lorenzo, un pequeño y muy pobre caserío.

Algunos vehículos, incluyendo camionetas y trailers de doble cabina trataron de bajarse por la cuneta y dar la vuelta para enfilar hacia San Luis. Por la noche supe que uno de esos trailers volcó y provocó un muy serio accidente, donde hubo muertos.

Cuando por fin pudimos avanzar y nos fuimos por el camino de Cerritos hacia Rioverde, ya habíamos tomado mi amiga y yo la decisión de regresarnos a San Luis, cosa que hicimos. El autobus que abordamos de regreso era muy angosto, iba lleno y yo temblaba porque no nos íbamos a poder tirar al piso, ya que la estrechez de los asientos y pasillos no lo permitiría.

Cuando vi a mis hijas y a mi yerno en la Central me volvió el alma al cuerpo; Rafa, quien había estado aparentemente serena, se echó a llorar.

Esto es mi San Luis, mi México y la vida cotidiana que estamos viviendo, y que sí, nos toca a todos y llega cuando menos lo pensamos; dándonos perfecta cuenta de que en cualquier momento, y ahora sí, con plena conciencia, seremos un daño colateral más.

Dicen que no debemos tener miedo, que todos debemos comprometernos en contra de los "malosos"; y de pasadita, que debemos "tener cuidado". ¿Cómo cuidarnos, o cuidar a los que amamos, si lo mismo vamos sentados en un autobus, que caminando por alguna calle, o sentados en un café, o dentro de nuestra propia casa, y así, de pronto, como nos pasó a nosotras, llega una lluvia de balas, o nos arrastran, o "levantan", o nos cae una bala perdida, o nos explota una bomba, o nos entierran un cuchillo? Sean sicarios o delincuentes comunes, o maleantes disfrazados de policías, o...., o...., o..... Corrupción, impunidad, maldad extrema.

Los quiero. Gracias por dejarme compartir mi supervivencia.
 
Ana Neumann

sábado, agosto 21, 2010

Una cualquiera...

El calzoncito de encajes cae y las luces se apagan por un momento, con unos pocos aplausos por aquí y por allá. Pocos son los que en realidad prestan atención al espectáculo que da la chica llena de tatuajes, y se va despojando de su ropa. Está demasiado lejos, y más cerca (en algunos casos muchísimo más, sobre las piernas) hay una mujer que los oye y les sonríe.

Un poco table, un poco bar, el lugar se va ocupando a partir de las ocho. San Luis Potosí de noche toma otro color, sobre todo en lugares que como éste ofrece un sabroso anonimato a repartidores, vendedores, uno que otro profesor y algún bohemio. Las damas llegan en grupitos, dos, tres, algunas solas. Las caras de colegialas delatan a algunas, y otras apenas llegando se sueltan el cabello literalmente. Dejaron a sus hijos con los abuelos, porque casi nunca están los papás, y vienen a trabajar, entre amigas y enemigas, que de todo hay entre las mesas. De entre veinte y cuarenta años, unas con la lonja asomándose entre la blusa y el pantalón, otras con minifalda, saludan al cantinero, a los meseros que alburean a los clientes. Varias pasan al baño a tarnsformarse con maquillaje en algo que en su casa ignoran.

Los fines de semana hay dos shows, con bailarinas que trabajaron casi todas en el recordado Bakará. Una de ellas, ya con varias cervezas encima (de las chiquitas, que cumplen su cometido pero se cobran al doble por ser para ellas) le da un beso a él y le pide monedas. Se levanta y va saludando a los parroquianos con una sonrisa.

En la rockola, ella busca canciones, animada con las monedas de diez pesos que él le dio. Con alegría, lo invita a bailar enmedio de las mesas. Él lo piensa, pero los parroquianos andan igual o peor que él, y les da igual. Ella le pasa los brazos al cuello y él la abraza de las nalgas. Ella repite la letra que les convida un cantante grupero.
 
Y aunque te duela
sólo eres para él

una cualquiera
que remplaza en la cama
a la mujer
que está en su corazón
tú tienes que saber
que fue sólo placer...

Se sientan y ella va al baño mientras pide al mesero otras dos iguales. La canción vuelve a oírse, tarareada por las mujeres que se esfuerzan por sonreír, y brindan con sus cervezas pequeñas, mientras cuentan sus fichas (les dan treinta pesos cada una). Otra vez, pide una, y el coro reinicia.

Un cualquiera escribe en su mesa. Mira a las muchachas y la cerveza le sabe amarga. Hasta que ella se acerca y lo besa.

-¿Qué escribes, amor?
-Nada.

jueves, abril 19, 2007

Crónica de una noche potosina entresemana

Por Alexandro Roque

Lalo vino de Querétaro a presentar su libro, ante los eternos parroquianos de los Martes Literarios de la Casa López Velarde. Y con el recuerdo de aquellos encuentros de escritores donde convivimos y conbebimos nos echamos los mezcales que en lugar de vino de horror ofreció el poeta Mario Alonso como anfitrión al término de los rollos.

—Bueno, pues, ¿ahora a dónde vamos a seguirla? —preguntó el invitado de honor.

—Vamos a tu hotel —sugirió sin visos de albur otro de los asistentes— ahí tienes tu cena pagada, los demás cada quien paga lo suyo y de allí a ver a dónde jalamos.

Y ya ahí, en la avenida Carranza, dimos cuenta de unos tacos y ensaladas, y recordamos el encuentro de jóvenes creadores en Guadalajara, donde desde que llegamos hasta que nos fuimos fue una bacanal en todos los sentidos. Allí en Guadalajara conocimos al arcangel Grabiel, un chavo al que casi arrestan por entrar en estado inconveniente al baño de mujeres. Allí también una poeta leonense pidió a un conocido escritor su autógrafo a todo lo ancho de la pierna (y después anduvo enseñando su presea en todas las habitaciones). De aquellas jóvenes promesas muchos quedamos en puras promesas...

Y quisimos enseñarle a Lalo algo de la vida nocturna de nuestro Sanluisito, esa que existe incluso sin iluminación primermundista (premiada en un concurso oriental de convocatoria escasa), y se nos ocurrió, para no ir muy lejos, llevarlo a un centro cultural allá por el bario de Tlaxcala.

Desde que llegamos, el animador nos advirtió:

—Nomás que hoy no hay muchas chavas, ¿eh? Es que es martes, ustedes saben, entresemana, pero si se dan una vuelta mañana van a ver que ambiente... Eso sí, no hay cover y las chelas están al dos por uno.

Apenas pudimos platicar entre la guapachosa música, de a dos canciones por “bellísimaaa y sensuaaal” chava. Una para mostrar su habilidad en el baile (¿?) y en el tubo y otra para “su sensuaal desnudo”, como exclamaba el animador, el único deveras animado entre las mesas semivacías. A la media hora ya todas las chavas le habían dado vuelta a la pista, y nuestra plática estaba en su apogeo.

—Uta, hay que comprarle un diccionario de sinónimos al animador —comentó Lalo.

—Pues cómo ven si vamos a ver si encontramos un bar abierto.

—Pues vamos.

La noche apenas empezaba, y seguramente encontraríamos algo ad hoc para un invitado tan de lujo, aunque viniera de la tierra de La Yegua.

Ahí empezó un largo peregrinar por las cantinas del centro. Todos los lugares de reunión habitual de reporteros, políticos, abogados y otros seres nocturnos (no) nos recibían con las puertas cerrdas o en el mejor de los casos con un cancerbero entonando un “ya vamos a cerrar, joven”.

—Ya ves, si hubieras venido mañana hubieras visto qué ambiente —reíamos por no llorar.

El centro histórico de la ciudad lucía muerto. Unas cuantas parejitas pardas (de todo tipo) se dedicaban a hacerse arrumacos. Otros nos veían más peligrosos que ellos y nos sacaban la vuelta. El único impasible era el señor de las palomas, que hasta pareció burlarse de nuestra petición de posada en plan etílico.

La única solución parecía huir a Chole, donde los centros culturales y de esparcimiento son como Vicente fernández: mientras la gente siga aplaudiendo, y tomando...

Al fin, encontramos una puerta abierta, justo frente a la Plaza de Armas. Arriba se oía música a un volúmen aceptable. El mesero nos barrió con la mirada, un poco torva, y preguntó:

—Ustedes no son de aquí, ¿verdad?

—No —dijimos al unísono.

—Somos de Querétaro.

—Ah, pues pásenle, ahorita aunque sea les traigo unas cahuamas bien frías.

Y la plática siguió hasta que las cahuamas quedaron en peligro de extinción.

El mesero se acercó:

—La neta es que nomás los atendí porque son de Querétaro, porque yo viví mucho tiempo allá y me trataron muy bien, la gente es a todo dar. ¡Qué comparación con los pinches potosinos, que son bien gachos! Puros malos tratos, se creen mucho todos...

Tras un breve silencio y otro trago a la cahuama (miradas divertidas) le dimos cuerda al mesero (“sí, son regachos”, “son unos mochos”) y nos pasamos otra media hora con nuevas cahuamas cortesía de la casa y sintiéndonos queretanos para no sentir lo duro ni lo tupido del ataque.

La despedida en la madrugada. El regreso de Lalo a Querétaro a chambiar y nosotros a dejar de ser queretanos.

—Pinche Lalo, a ver cuándo me invitas a tu tierra, pero me llevas a un lugar donde haya meseros potosinos.

—Si, pero que no sea en martes. Si no, mañana... l

(Transición, núm. 12, abril de 2007)

jueves, enero 04, 2007

Sabina (aunque sea de lejecitos) en la FIL


Alexandro Roque

—¡Quítate, pinche gordo!
—Quítenme si pueden, méndigos!

La Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara es algo imposible de describir a cabalidad. Es un laberinto lleno de minotauros, repleto de códigos secretos, pero también es la basílica a la que año con año, en los últimos días de noviembre y los primeros de diciembre, acuden miles de peregrinos en busca del libro prometido o el autógrafo de moda.

En sus pasillos y en sus salones lo mismo hay una lectura de José Saramago que la presentación del nuevo bodrio de Gaby Vargas y Jordi Rosado. Por allá va el Monsi y más acá Pablo Boullosa entrevista a alguien para su programa. Villoro, JEP, Chespirito o Carlitros Martínez Rentería. Los chavos se agolpan en el salón Juan Rulfo para el homenaje al Negro Fontanarrosa, con su Boogie y su Inodoro (Pereyra). Cientos de metros con libros para todos los gustos. Ancianos y niñas de falda tableada, niños, mujeres, lo que quiera. No por nada se presume que es la mejor y más grande de todo el continente.

Cuenta la leyenda entre editores que a muchos de los asistentes les prestan dinero para comprar, libros, aunque se los recogen a la salida.

Este 2006 el invitado de honor de la FIL fue Andalucía, y como cada año, el invitado se encarga de proponer variedad artística para cada noche de FIL. Este año el platillo fuerte, el viernes primero de diciembre, fue la actuación del mítico Joaquín Sabina.

—A ver, atínale mamacita… total, no me muevo— fanfarroneó el gordo, el único parado entre cientos de personas sentadas.
Dicho y hecho, no sólo la mamacita de tanga de hilo dental sino varias personas le aventaron papeles, vasos de refresco y lo que encontraron a la mano.

El pinche gordo sonrió y le echó un trago a la caguama que entresacó de la mochila.

Pero antes los espectáculos de la FIL eran en la Explanada (así, con mayúsculas) de la Expo Guadalajara, un sitio amplio, abierto, donde muchos oyeron por primera vez a Carlos Vives cuando se desembarazó de su imagen de galán telenovelero y se hizo impulsor del vallenato. Y a muchos otros. Pero desde hace algunos años empezaron a cercar la explanada y este año apenas cinco mil pudieron ver más de cerca al cantautor español que ha influido y embelezado a miles.

La “cola” se hizo desde antes de las nueve de la mañana. Un letrero lo decía bien: “Aquí empieza la fila para ver a Sabina”. Para las seis de la tarde (el espectáculo empezaría a las nueve) la fila ya daba vuelta a la ex explanada, y se empezaron a levantar dos pantallas gigantes al lado de la Expo.

Alrededor de la pantalla personas de todas las edades llegaron a sentarse. El cemento no es un buen asiento y por lo mismo muchos se remolineaban como en tlaconete en sal, o de pronto alguna pierna chocaba con una espalda. “Ocupen todos su localidad y presten todos atención, a punto está de levantarse el telón”.

Hasta que llegó el gordo con sus cuates.

Ave de paso, Sabina salió al escenario con un traje gris de los veintes, bombín y bastón incluidos. “Yo no sabía que Guadalajara era capital de Andalucía”, dijo, y añadió más adelante: “creíamos que estallaba la revolución (con el toma y daca político) y lo único que han hecho es detener a la pobre Paquita la del Barrio".

“Contigo”, “Pie de guerra”, “Pájaros de Portugal”, “Calle melancolía”, “Ruido”, y muchas más.

Afuera, la gente se dio cuenta de que mucha imagen y poco sonido. Las pantallas gigantes dejaban ver un poco borrosa la imagen del español, pero el sonido era sólo el que venía de detrás de las paredes. Algunos los menos “fans”, se retiraron. La mayoría permaneció sentada en la cama de piedra a pesar del gordo que seguía tapando la vista de muchos y echando líquido tranquilamente. Muchos otros estaban colgados de la reja alzando la cámara para tomar una foto. El silencio ayudó a corear de lejos y a aplaudir al ritmo marcado por el artista.

“Por el boulevard de los sueños rotos” quedaron los que no pudieron verlo más de cerca, pero consolados por la risa de quien llora como llora Chabela…

—A ver, un aplauso para que me siente— pidió el gordo con las manos en alto.
Mientras algunos aplaudían, una voz al fondo gritó: “Ya, siéntate”.
—Pues ora no me siento.
Y la silbatina continuó.

Después de varias canciones el gordo se sentó, mostrando la rayita en su pantalón guango, para desgracia de varias concurrentes. Adentro, Sabina seguía con sus guiños a Andalucía y a la rebelión zapatista. Y al ritmo mariachesco, como debe, se despidió Sabina, y nos dieron las diez y las once y hubiéramos querido seguir hasta la una, las dos o las tres.

Regreso a la realidad. Y es que sólo con música se podían olvidar por unas horas las pastillas para no soñar que nos ofrecieron la mañana de ese día en la capital del país.

(Publicado en Transición n. 9, enero de 2007)

miércoles, diciembre 13, 2006

Aquel curso en la tierra del alacrán...

Su novela es antinovela, la voz de los sin voz, es el...
Regreso a la esencia de la novela, es José Revueltas

Alexandro Roque

Un clima parecido al de San Luis Potosí, unas calles más transitables y el inevitable monumento a Doroteo Arango nos recibieron en Durango, la tierra del alacrán. El motivo de la vista fue conocer a José Revueltas Sánchez en el curso nacional “José Revueltas: tragedia y revolución de la literatura mexicana”, a cargo del literato y crítico Evodio Escalante Betancourt. Al final, como bien apuntó Ofelia, personaje shakespeariano, no lo conocimos, pero si aprendimos a buscarlo más, en estos tiempos de aparente triunfo del neoliberalismo y de elecciones de nueve opciones que se vuelven dos. José Revueltas este año cumpliría ochenta y su obra sigue siendo teniendo vigencia.

La llegada fue penosa, sin saber a dónde ir ni donde acabar. Una llamada telefónica confirmó que al hotel Roma y hacia allá nos dirigimos, con 10 kilos de ropa y otros tanto de nerviosismo, tres libros de Revueltas y la imaginación abierta. La noche fue normal y por la mañana no hicimos más que seguir a tres personas con su distintivo del Homenaje nacional a los hermanos Revueltas, organizado por autoridades federales y del estado de Durango y llegamos a la pirámide de 100 escalones que es la Biblioteca Central del Estado, en la misma avenida que el hotel, la 20 de noviembre. Allí era pues donde ya se impacientaban cerca de 25 personas y el maestro Escalante, entornando sus ojos a través de los anteojos redondos.

Al principio parecíamos monos, como dijera José, y los nombres surgieron hasta en la tarde, con las plásticas ante el café y el trayecto al hotel. Eran 15 duranguenses o durangueños y 10 fuereños, de Nuevo León, de Chiapas, de Tlaxcala, de Campeche y de Guanajuato. Evodio Escalante, maestro en letras iberoamericanas por UNAM e investigador de tiempo completo en la UAM Iztapalapa, comenzo su disertación en honor y reconocimiento a su coterráneo hablando de su reconocimiento como cuentista y como novelista, pero aún no como ensayista o hasta filósofo “por cierta insularidad en la cultura”. Se comentó de lo difícil de “agarrar” que este personaje resulta, por su asociación con la bohemia y el alcoholismo, por sus 20 y tantos tomos que su obra completa alcanza y la que se quedaron en el tintero... En la cárcel como segunda placenta, José se extasió y extasió con Los muros de agua, El apando, El tiempo y el número y una que se hubiera llamado El quebranto.

Se habló de que Rulfo en su "Pedro Páramo" le debe mucho a “El luto humano” de Revueltas tanto en atmósferas como en personajes. Pero por eso Revueltas es inasible en todos sus aspectos, porque supo fusionar en su obra la vitalidad, los miedos de alguien preso, la lucha dialéctica de los opositores conscientes del sistema político mexicano y la poesía de alguien que no quiere escribir como se habla, que no quiere escribir simple: “La simplicidad no es otra virtud que la del simple, la del simplón, la del pendejo”. Evodio dijo que la fuerza de José es el peso del pesimismo dentro del realismo de amplio aspectro, que supo ver a la revolución mexicana como ya era desde los años treinta: un ente muerto que solo se dedica a asustar a las almas débiles.

A la hora del café y el cigarro vamos conociendo gente: Gerardo Campillo, Petronilo Amaya, Oscar Jiménez... Y el ambiente se torna más cálido en medio del cansado aire acondicionado que envuelve a los participantes. La generación de Revueltas era la “Taller poético”, junto con Octavio Paz, Efraín Huerta, José Alvarado, Rafael Solana, Neftalí Beltrán y Quintero Alvarez.
Tal vez de este encuentro pueda salir otra generación de creadores y bohemios, porque luego luego se piden trabajos, se habla de ir a conocer Durango de noche y se propone “tallerear” los trabajos de los que hayan traído. Y casi todos trajeron.

Queremos sumergimos en algunas de las experiencias límite que narra Revueltas con esa mano densa que a tantos cansa y a otros resulta francamente cautivadora: asesinato, parricidio, prostitución y muerte. Para comodidad del viajes adoptamos solo las de la prostitución y la contemplación: al final del primer día Ofelia y yo nos dirigimos a ver la inefable La ilusión viaja en tranvía, de Luis Buñuel, en un solitario y derruido cine (el ex Guadiana), parte también del homenaje, mientras otros van a bailar a un buen cabaret, con unas muchachas de las que saben que el amor es pasajero, a las que cantó Revueltas con tonos amorosos (palabra grabada para siempre como perteneciente a su generación) en Dormir en tierra, en El apando, en Los errores, en... y a final de cuentas el amor no es tan pasajero.

La idea tallerista reviró sobre cada uno de los participantes y se dispararon las teorías “campechanas”: que si hubiera o no, que si se habla de autogénesis, que si se le pasa la mano a José en el tratamiento de cosas reales, que si le debe o se debe al cine, que si hay dos historias en un cuento o que si la lectura bíblica de la obra de este hombre nacido en 1914 es vital. Se concordó en que la novela de José llega a ser antinovela: la voz de los sin voz, el regreso a las etapas prehistóricas y mitológicas para regresar a la esencia profundamente coyuntural de la novela, que en él estaba unida a su ensayística, a su cuentística y su filosofía. Hasta sus cartas estaban llenas de la esencia revolucionaria, que no cerrada, del hombre-mito.

Se trató, no se logró, de hacer menos literatura y hacer más caso a la obra literaria a estudiar, de dejar que hablara la palabra. Fue en muchos casos, afortunadamente no en todos, el pretexto para echar un rollo, y sin embargo sí se logró poner el lenguaje al servicio de una, de dos, de mil obras. Escalante, tras otro cafecito y la convención de un nuevo horario (de 10 de la mañana a una de la tarde con todo y “coffe break” y de 5 a 7 de la tarde) señaló que las aportaciones mas individualizadas de José están en El luto humano y en Los errores, donde enjuicia los juicios de Moscú. Se resaltó la creación de atmósferas, que como la hay en la Biblioteca Central del estado son mágicas, curiosas y de suyo pesimistas, revertidas con cierto humor negro e ironía. Personaje de excepción, testigo privilegiado, José demuestra, para aquellos interesados en el marxismo y los que lo quieran conocer, la buena ley de los contrastes y que los críticos e intérpretes literarios “de ayer, de hoy y de siempre” nunca podrán llegar a decir la última palabra sobre algún tema. Final del segundo día.

Cena en el hostal mientras nos burlamos de Marimar y su perro que habla. Sueños dificiles y agitados, pero a fin de cuentas reparadores , porque en los intermedios del curso hay que conocer la ciudad, la catedral y las huelgas de los sindicatos en el centro de la capital del alacrán. Y ya compramos algunos recuerditos de entre llaveros y los mismos alacranes. Pero en fin, son ocho horas que no cuentan, cuando menos para el mundo, aunque la agencia eco siga informando.

Tercer día, listos para la huida: Se dan los toques finales a algunas pinceladas sobre José Revueltas, con la invitación a leerlo y releerlo con gozo, porque hay muchas vetas y muchas tentaciones para lectores de cualquier edad (terquedad) y cualquier gusto. Lo revolucionario no pasa, el cuero es el que se arruga. El comunismo desapareció per las utopías siempre estarán presentes.

Ofelia Pérez, una bella diecisieteañera (así parecía) de Monterrey resumió bien la relecturas que hemos de hacer: la bíblica y la de la ironía, que muchos se empeñan en tapar con la tragedia.

No hay más tragedia que la del que no quiere ver, del que no quiere vivir como vivió Revueltas. Que no descanse en paz. Nunca.

El Heraldo de San Luis, 22 de junio de 1994 
(pero aún viven los recuerdos, pues saben nadar los muy ingratos)

lunes, noviembre 20, 2006

Nuestra Belleza Gay 2006 (2a parte)



IV

Aunque fue anunciado con bombo y platillo, el titular del Centro Estatal de Información sobre el Sida, Dr. Cuauhtemoc Marín Aguilar, no subió al escenario. Sí lo hizo la representante de la Secretaría de Turismo, Elvia Luna, para entregar el premio al mejor traje de diseñador, que modeló Yadira Quintero.

La nota solemne de la noche fue el homenaje que se rindió a dos activistas gays, Vicente Betancourt y Juan Roberto Mondragón, que fallecieron en marzo y en abril de este año, respectivamente. El primero fundó el primer antro gay potosino, El Barón Rojo y el segundo fue pionero en la organización de concursos de belleza para la comunidad gay, allá por 1989. Los organizadores del certamen (Jorge Hernández y Raymundo Medina , de etiqueta, entregaron de rodillas a las familias de los homenajeados un ramo de flores y una placa conmemorativa, mientras la imagen de una paloma se proyectaba en la pantalla.


V

Según la encuestadora Mitofsky sólo 11 por ciento de los mexicanos considera “normal” tener relaciones con personas del mismo sexo. El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) reporta que según una encuesta el 66 por ciento de los mexicanos no compartiría techo con un homosexual, y que hay, según cifras oficiales, tres crímenes mensuales por homofobia, aunque podrían ser ocho por los que no se reportan como tales.

Cuentan que hasta que pasó el certamen y llegaron las reseñas periodísticas muchos dueños de negocios donde se colocaron carteles que lo anunciaban, se dieron cuenta de que no era un concurso propiamente femenino. Y pocos días después cerró el bar B-Lounge, ubicado en La Lonja.

En marzo de 2005 Marcelo de los Santos, gobernador panista de San Luis Potosí, se opuso a una campaña radiofónica contra la homofobia, elaborada por la Secretaría de Salud. Sus palabras fueron retomadas a nivel nacional: “A nadie le gustaría en su familia que una hija, hijo o una hermana llegara con alguien del mismo sexo como pareja (...) Tener una pareja del mismo sexo va contra la naturaleza (sobre todo) para quienes nos hemos manejado dentro de ciertos valores; y no porque quienes tienen esas preferencias no tengan valores, sí los tienen y de ellos soy muy respetuoso (...) No estoy acusando a nadie ni recriminando, lo que dije es que no estoy de acuerdo con esa campaña”.


VI

Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres, aunque los asistentes, entonados con bebidas espirituosas, no la pasaban mal. Las porras y los gritos de apoyo no amainaron. Un reportero puntilloso comentó por lo bajo que ojalá la representante de Turismo tomara nota para que organicen mejor los concursos de Nuestra Belleza, y tal vez sin gastar tanto.

Después de muchos prolegómenos, quedaron en el escenario cinco finalistas, tres para recibir un sitio y dos que quedarían fuera. Alejandra San Román, Kenya de la Riva, Yadira Quintero, Juliana Pastor y Dayana Tinajero.

Reina, suplente y segundo lugar, con premios que van de los viajes a sitios soleados a un ajuar y a la mebresía para el Sheik. El gran premio, una corona altísima, elaborada en el municipio de Charcas, y la satisfacción de representar al estado en el certamen nacional. Esperaban el fallo agarraditas de la mano, con los nervios y el sudor amenazando arruinarles el maquillaje, pero sin dejar de mostrar una gran sonrisa de dientes deslumbrantes.


VII

“La belleza no es una necesidad”, es un éxtasis”, dijo uno de los presentadores. La pantalla ayudaba a ver las expresiones de los participantes. Una de las cámaras, montada en una grua, mostraba tomas en picada, paneos, planeaba arriesgadamente sobre los asistentes y se posaba en las concursantes.
“La comunidad gay quiere dejar se serlo”, añadió el presentador, “la comunidad gay quiere integrarse a la sociedad potosina en condiciones de igualdad, sin distingos de raza, credo o preferencia sexual”.


VIII

Todas son ganadoras, remarcaron los micrófonos. La señorita Fotogenia, elegida por profesionales de la lente, fue Alejandra San Román. La señorita Light, Kenya de la Riva. Srita Elegancia, Dayana Tinajero.

Y a las tres de la mañana se supo que el segundo lugar sería para Dayana Tinajero, la suplencia para Yuliana Pastor y la corona y la corona y el cetro para Kenya de la Riva, quien sin lágrimas como en los concursos femeninos, pero sí con todo el salero, realizó su primera pasarela, lista para representar a nuestro estado en el certamen nacional, que se realizará en la ciudad de México. Al día siguiente la nota fue que era policía, lo cual en realidad en la noche poco importaba a los asistentes.


El público se retiró a soñar, a conversar, a tratar de prolongar ese mundo que a veces se topa con una realidad muy potosina.

martes, noviembre 07, 2006

Nuestra Belleza Gay 2006 (1a parte)

Apuesta por una sociedad
potosina más incluyente


I
¿Qué es la realidad? La realidad está allá afuera, decían en una serie de televisión. Para algunos, la realidad estaba adentro, en el salón donde pudieron mostrarse como son, como quieren ser. El País de las Maravillas, la Matrix, Foxilandia, todos los otros países de fantasía quedaron atrás y para varios centenares de potosinos la noche sabatina fue sólo para Nuestra Belleza Gay San Luis Potosí 2006.

Para Confesiones de una máscara, Yukio Mishima eligió como epígrafe un texto de Dostoievski: “¡La belleza es cosa terrible y espantosa! Es terrible debido a que jamás podremos comprenderla, ya que Dios sólo interrogantes nos plantea. En el seno de la belleza, las dos riberas se juntan y todas las contradicciones coinciden. […] Lo más horroroso es que la belleza no sólo es aterradora, sino también misteriosa. Dios y el diablo luchan en ella, y su campo de batalla es el corazón del hombre. Pero el corazón del hombre sólo de su dolor quiere hablar. Escuchad, que os contaré lo que dice...”


II
Sábado 21 de octubre. Diez de la noche. Atrás quedan las calabazas transformadas en carros y se abren las puertas. Es la primera vez que este evento toma tintes de fiesta abierta a todos los que quieren. En el recibidor del centro de convenciones del hotel Ma. Dolores, al lado de la “alfombra roja” llena de fotógrafos, se exhibían los vestidos que soñaría la más vanidosa quinceañera, pelucas de todos los tonos y texturas, maquillajes, zapatos y folletería de lugares de recreo. Besito en ambas mejillas. Una larga fila de edecarnes. Se obsequiaban condones de varios tipos de parte del Centro Estatal de Información sobre el Sida, la mítica disco Sheik, las recientes Greko y B Lounge, o la asociación Acción Cívica por el Respeto a la Diversidad (Acredi). Un cartel aseguraba: “San Luis Potosí es tuyo. Vívelo seguro”.

¿Nombres? Para qué. ¿Sexo? Indistinto. Señas particulares: todas. Además de las porras (mamá, papá, el hermano con la novia, la chorcha de amigos) de cada una de las doce participantes, armadas con banderines o globos, muchos asistentes sacaron del closet sus mejores galas y para algunos fue difícil reconocerse fuera de la oficina.


III
Tres meses de preparación para quienes se sabe son meseros, estilistas, diseñadores, estudiantes y policías de hasta 23 años. Gallo-gallina. Punta-tacón. Caminar en la pasarela no es de enchílame otra. “Los injertos y los postizos son caros pero creo que los valgo”. El ritual de la belleza envuelto en chaquiras y lentejuelas, en pedrería, en las fantasías más sugerentes de los diseñadores locales, inspirados en estilizados tamales, monedas, flora, fauna y distintivos varipintos de las regiones del estado. ¡Alas para qué las quiero si se puede volar con la imaginación!

Primera etapa, traje de baño. La mirada de cazadora, los pasos felinos. Mirar a la cámara queriendo seducirla. Segunda etapa, traje regional estilizado de hasta 30 kilos. Tercera etapa, traje de noche, colores verde, rojo, blanco, negro, fucsia. En la variedad, los ballets Xichiquetzal y Provincial del Instituto Potosino de Bellas Artes, el grupo de baile Chicos Latinos y el cantante Sonny, que entregó una flor, con las frases que no por ser lugar común se le niegan a las participantes: “todas son bellísimas” y “todas son ganadoras”.

Personajes de todos los círculos sociales de un San Luis en transición se muestran con más o menos recato. Artistas, periodistas, profesionistas de todo tipo. ¿Hay políticos gays? Parecería que el único gay potosino conocido públicamente es el bailarín José Rivera. Todo es según el cristal y no el de Victor Trujillo

La sonrisa de algunos es de “no esperaba verte por aquí”, y las damiselas transexuales lucen orgullosas sus caros implantes. Veo a Paty Navidad, a Penélope Cruz, a Yei Lou, transmutadas en los cuerpos de sus admiradores.

(La versión completa en la revista Transición núm. 7)

(continuará...)

viernes, septiembre 08, 2006

Europa: Mi encuentro con Javert (segunda parte)



La espera que desespera. Pasaron dos horas y perdimos el avión, aunque los oficiales nos aseguraron que nos ayudarían a conseguir otro. Lo malo es que con las amenazas de bomba Air France no soltó las maletas y se quedaron con las ganas de echarle el guante a nuestros calzones.

—Tienen que esperar —dijo Javert.

Y yo con las ganas de fumar, después de un largo viaje. Me dieron permiso en una parte del sucio corredor que estaba lejos de la alarma de fuego. El cigarro fue inspeccionado de lejos por el inspector y otro guardia se quedó conmigo, por si acaso me escapaba como Edmundo Dantés.

Me aventé como cinco de un jalón...

Pero no eran suficientes. Estaba nervioso, aunque digan que el que nada debe nada teme. Del otro lado del vidrio pasaban muchas personas, pero para ellos era un espejo limpio. Javert seguía empecinado en que yo tenía que traer algo (ilegal) en la maleta. Lo bueno o lo malo es que Air France nomás no soltaba las maletas por las amenazas del día anterior en Inglaterra.

¿Qué tal si echaban algo a la maleta para justificarse? Quien conozca a la policía mexicana sabrá que no es descabellada la idea.

Después de tres horas, como a las cinco de la tarde, hora París, nos soltaron un "usted disculpe" y nos acompañaron a cambiar nuestro boleto. Javert aún me volteaba a ver, como para estar seguro de que no me estaría burlando de él. Nos dejaron en la sala de espera y nos avisaron que al avión a Madrid salía a las siete con diez minutos. compramos una baguét, un refresco y un café por 9.50 euros y esperamos amodorrados. Me acompañó en la palm el buen Jean Valjean, preso en ese rato por haber robado una hogaza de pan.

Viaje sin contratiempos. Comprobamos por qué mucha gente odia la comida de los aviones. Llegamos a madrid y fuimos a recoger las maletas. media hora y nada. Por fin, las bandas se echaron a andar y la mayoría de las personas recogieron las suyas y se fueron. Las nuestras nada. Eran las 11 de la noche cuando la encargada de quejas nos informó que seguramente las petacas estarían en París y que llegarían al día siguiente.

Error: los datos del hotel estaban en el equipaje. Pos mañana le hablamos, señorita, para decirle en qué hotel vamos a estar.

La forma de hablar gritada de algunos personajes del aeropuerto Barajas nos hizo saber que no sería fácil encontrar información. Por fin se nos ocurrió revisar en Internet y encontramos el nombre de nuestro destino: Hotel Rafael Atocha. Gracias a Air France, a Javert y a sus ayudantes perdimos el traslado incluido en el tour y tuvimos que pagar 28 euros para llegar al hotel. Yo me bajo en Atocha, canturreamos, cansados.

Las luces de Madrid son tan bellas...

He sido un paria en París,
México me atormenta, Buenos Aires me mata,
pero siempre hay un tren que desemboca en Madrid,
pero siempre hay un niño que envejece en Madrid,
pero siempre hay un coche que derrapa en Madrid,
pero siempre hay un fuego que se enciende en Madrid,
pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid,
pero siempre hay un sueño que despierta en Madrid,
pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid.

Y así, arribamos por fin a la madre patria. Y olé.

martes, agosto 22, 2006

Europa: Mi encuentro con Javert (primera parte)


¿Verdad que no estoy tan feo? Lo moreno y lo malencarado me cae que no son mi culpa, son herencia de mi abuela paterna, una mujer de cabellera china (un afro de buen tamaño) y de labios gruesos que no era negra nomás por su color alechado. Lo de mi cabello largo sí lo podría arreglar pero ya me acostumbré. Que si parezco árabe, hindú, azteca o chichimeca suelen decirlo quienes me conocen. Pero nomás por mi color y mi facha fue que conocí a Javert en estas vacaciones. Hubiera preferido conocer a Closeau pero cestlaví...

No es que quiera presumir que fui a Madrid y a París. Bueno, sí, un poco —ni modo que diga que no teniendo un blog, que para eso son—, pero más bién se trata de contar algo, anécdotas y todo de este viaje de pisaycorre, en plan japonés, digamos.

En fin, que el jueves que salimos de viaje Luz y yo (autobús de cinco horas al Defectuoso desde el Piojosí) de lo último que nos enteramos en las noticias fue de la amenaza de bomba en Inglaterra. ¡Bolas, don Cuco! A ver cómo nos va. Si hubiéramos llegado unas horas antes al aeropuerto Benito Juárez también nos hubiéramos encontrado con las huestes del voto por voto que por la mañana se manifestaron. El taxista que nos llevó de la central del norte al aeropuerto nos taladró los oídos todo el trayecto con sus quejas contra los quejosos.

Viaje sin problemas. Primera vez de cruzar el charco y de comprobar que las comidas en le avión no suelen ser demasiado consistentes. Películas: La era del hielo 2 y RV (Bién por Sonnenfeld, a pesar de Robin Williams). En el Aeropuerto Charles de Gaulle se suponía haríamos un transbordo a Madrid de no más de una hora. Ah, pero en la aduana ya nos esperaba un clon del inspector Javert, con su uniforme y su mirada penetrante, la ceja y los labios fruncidos. Dejó pasar a una mujer con su hijo (vestido de Winnie Puh) que iba a encontrarse con su marido, y me detuvo a mí. El error fue haber llamado a Luz, que ya había dejado atrás a les cancerberos en constante estado de alerta.

Las preguntas exageradas y el celo de este hombre, que como el Javert de Victor Hugo hubiera sido capaz de hacerse despedir por una falta, me hicieron desesperar. Para traducir, mandó traer a un oficial que sí hablaba español:

—Va a tener que acompañarnos para hacerle una prueba de orina. Y vamos a revisar sus maletas delante de usted.

Mediante su olfato de sabueso, seguro de sí, Javert ya me había encontrado culpable.

—¿Por qué? Nomás porque soy moreno? Es racismo, ¿¡verdad!?

Nada respondieron. Cuando nos guiaron por una puerta de cristal disimulada entre muros espejados Luz temió lo peor, acostumbrada a las noticias sobre los pasadizos secretos con los que cuenta cualquier policía del mundo. Tras el espejo, cual Alicias, estos nada bonachones conejos nos llevaron por pasillos grises, sucios, oscuros. Los que teníamos prisa éramos nosotros. Nos tomamos de la mano. Beso. No te preocupes, le decía sin creérmelo, pero tratando de sonreír.

Javert y sus secuaces nos condujeron a Luz (ya muerta de miedo) y a mí (medio muerto) hasta una oscura oficina donde se besaban un par de oficiales (hombre y mujer). Se les vio lo apenado a los guías y a los sorprendidos in fraganti.

—Orine aquí —pidió Javert en su papel de Moisés usando la voz de su asistente Aarón. Después de un viaje de 11 horas y pésimas comidas en el avión de Air France llené el vaso y casi le pido otro al inspector. Tras introducir en el líquido amarillo los reactivos, Javert se mostró consternado. Negativo. Sacre bleu. De lo poco que capté de la conversación en francés escuché que Javert le decía al otro que no era posible, que debía llevar algo, al menos en las maletas.

—Si trae algo, declárelo de una vez, antes de que traigan sus maletas, porque la justicia francesa es muy dura, y si admite desde ahorita le pueden dar una reducción —tradujo el Aarón.

—No traigo nada, me cai.

—¿A qué se dedica?

—Soy editor y escritor.

—¿Sus libros se pueden conseguir en Francia?

—No, muy apenas se consiguen en México.

—Ah. ¿Me podría enseñar alguno ahorita que traigan sus maletas?

La dedicatoria hubiera sido: "Para los oficiales que me vieron cara de narco..."