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miércoles, septiembre 09, 2026
Periodismo narrativo - Leila Guerriero
Porque el periodismo narrativo es muchas cosas, pero no es un certamen de elipsis cada vez más raras, ni una forma de suplir la carencia de datos con adornos, ni una excusa para hacerse el listo o para hablar de sí.
El periodismo narrativo es un oficio modesto, hecho por seres lo suficientemente humildes como para saber que nunca podrán entender el mundo, lo suficientemente tozudos como para insistir en sus intentos, y lo suficientemente soberbios como para creer que esos intentos les interesarán a todos.
Podríamos decir, entonces, que el periodismo narrativo es una mirada, una forma de contar y una manera de abordar las historias. Pero, claro, no es un martini: nadie podría decir que sumar dos partes de un buen qué, agregarle una pizca de un gran cómo, y rematar con un autor y una aceituna darán, como resultado, una buena pieza de periodismo narrativo.
Fragmentos de ¿Qué es el periodismo narrativo?, en Anfibia. Adeanto del libro Zona de obras, de Anagrama.
lunes, septiembre 12, 2022
Javier Marías (1951-2022)
Hace tiempo leí Corazón tan blanco, Negra espalda del tiempo y Todas las almas, algunos de sus artículos y varias de sus entrevistas. Habrá que releerlo a la distancia de la muerte y la polémica, o por ello mismo.
De Javier Marías es uno de los dos epígrafes de La bruja guachichil:

"El empeño de relatar cabal y verídicamente la existencia de alguien es vano y quimérico, o como mínimo exige grandes dosis de credulidad por parte del biógrafo o relator. Creer que nadie miente nunca es el grado máximo, absolutamente patológico, de la credulidad. Porque sólo disponemos de ficciones, subjetividades e inexactitudes".
"Visto con la óptica de hoy, todo es terrible. Estamos hablando de ridiculeces equiparables a decir que no puedo comer este plato porque no estoy seguro de cómo trata a su familia el cocinero. El propio Quevedo mató a un individuo en la plaza de las Descalzas de Madrid en una reyerta. Es que fue un asesino, mató a un semejante. ¿Esto qué tiene que ver con los versos de Quevedo o con El Buscón?"

"El empeño de relatar cabal y verídicamente la existencia de alguien es vano y quimérico, o como mínimo exige grandes dosis de credulidad por parte del biógrafo o relator. Creer que nadie miente nunca es el grado máximo, absolutamente patológico, de la credulidad. Porque sólo disponemos de ficciones, subjetividades e inexactitudes".
Tomado de El País: Solo ficciones, subjetividades e inexactitudes
Entrevista (mayo 2022) en El País
martes, marzo 08, 2022
miércoles, enero 05, 2022
Eco, 90 años
«Un bosque es, para usar una metáfora de Borges […] un jardín cuyas sendas se bifurcan. Incluso cuando en un bosque no hay sendas abiertas, todos podemos trazar nuestro propio recorrido decidiendo ir a la izquierda o a la derecha de un cierto árbol y proceder de este modo, haciendo una elección ante cada árbol que encontremos. En un texto narrativo, el lector se ve obligado a efectuar una elección en todo momento. Es más, esta obligación de elegir se manifiesta en cualquier enunciado, cuando menos en cada ocurrencia de un verbo transitivo. Mientras el hablante va a terminar la frase, nosotros, aunque sea
inconscientemente, hacemos una apuesta, anticipamos su elección, o nos preguntamos angustiados qué elección hará (al menos en casos de enunciados dramáticos como «anoche en el cementerio vi...»).
miércoles, mayo 19, 2021
La magia de narrar, según JL Borges
«El problema central de la novelística es la causalidad. Una de las variedades del género, la morosa novela de caracteres, finge o dispone una concatenación de motivos que se proponen no diferir de los del mundo real. Su caso, sin embargo, no es el común. En la novela tumultuosa y en marcha, esa motivación es improcedente, y lo mismo en el relato de breves páginas y en la infinita novela espectacular que compone Hollywood con los plateados ídola de Joan Crawford y que las ciudades releen. Un orden muy diverso los rige, lúcido y ancestral. La primitiva claridad de la magia...
»He distinguido dos procesos causales: el natural, que es el resultado incesante de incontrolables e infinitas operaciones; el mágico, donde profetizan los pormenores, lúcido y limitado. En la novela, pienso que la única posible honradez está con el segundo. Quede el primero para la simulación psicológica.»
El arte narrativo y la magia (1932)
miércoles, abril 21, 2021
sábado, octubre 17, 2020
lunes, agosto 17, 2020
Narrativas de creación y destrución
«Cuando terminemos por escurrirnos sobre la tierra
como un relámpago de muertos
entonces, tal vez, nos llegue a todos el remedio...»
La fórmula secreta (Rubén Gámez, 1965)
Ya no la recordaba, y había que verla restaurada, resistente al paso de los años, en el Día del Cine Mexicano. Además de La fórmula secreta (con texto de Juan Rulfo en la voz de Jaime Sabines), este fin de semana vi algunos episodios de Rick y Morty y de The Midnight Gospel, ambos también sobre cómo narramos la vida y muerte. En especial bordan esta falsa dicotomía los episodios del tren de historias del capítulo 6 (el primero de la segunda parte de la cuarta temporada) de Rick y Morty y el episodio 2 de la primera temporada de The Midnight Gospel: Eros y Tanatos en la escritura.
Mucho que discutir. Por lo pronto vamos compartiendo brillos.
viernes, septiembre 20, 2019
270 argumentos - José de la Colina
«Jacques Sternberg, en el prólogo a sus Cuentos helados, dice que cualquiera escribe una novela de 270 páginas porque una novela esencialmente es solo un argumento más 27 días de escribir diez cuartillas diarias, y en cambio es más difícil y meritorio escribir cuentos cortos porque 270 cuentos implican 270 argumentos, y éstos no acaecen uno por día, rara vez se da uno por semana, y quizá ni siquiera uno por año. Sternberg exagera, pero no delira. Sucede que casi nunca pesca uno el argumento de un cuento, por más que se esfuerce en ello de día en día; y en cambio es el argumento de un cuento el que lo pesca a uno, si lo pesca, e independientemente de que uno quiera o no ser pescado. En la naturaleza del cuento está el ser caprichoso, imprevisible e impuntual. Art happens (El arte sucede), decía Whistler, refiriéndose, según Borges, al misterioso por qué, la inexplicabilidad de la obra de arte, pero quizá también a su condición impuntual e intempestiva, rara vez obediente al artista. Lo mismo ocurre con el arte de Sherezada...»
El cuento sucede, en Milenio:
jueves, octubre 12, 2017
Mil noches y una noche
«Doniazada dijo entonces á Schahrazada: «¡Hermana, por Alah sobre ti! cuéntanos una historia que nos haga pasar la noche.» Y Schahrazada contestó: "De buena gana, y como un debido homenaje, si es que me lo permite este rey tan generoso, dotado de tan buenas maneras". El rey, al oir estas palabras, como no tuviese ningún sueño, se prestó de buen grado a escuchar la narración de Schahrazada.
Y Schahrazada, aquella primera noche, empezó su relato con la historia que sigue:
Y Schahrazada, aquella primera noche, empezó su relato con la historia que sigue:
jueves, noviembre 17, 2016
Acerca de la novela negra en México - Sergio González Rodríguez
«De tres obras canónicas en la narrativa detectivesca en México, una es una adaptación de la novela inglesa de detectives (Ensayo de un crimen, de Rodolfo Usigli), otra es paródica (El complot mongol, de Rafael Bernal) y la tercera es tragicómica (Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia). El mayor escritor contemporánea de novela negra en México, prestigiado en España, Francia e Italia, es Paco Ignacio Taibo II, cuyas obras son paródicas con un sesgo crítico de izquierda.
»Las nuevas generaciones de escritores mexicanos han prolongado aquella influencia sin ofrecer casi nada nuevo, excepto la recontextualización de los moldes heredados. El grado de desgaste creativo salta de inmediato en la lectura, a pesar de que algunos autores tratan de resonar, a veces en forma involuntaria, otras corrientes de la cultura popular mexicana ya digeridas como las películas de luchadores enmascarados o de criminales fronterizos, los comics de analfabetismo funcional, los pasquines de sexo, sangre, sudor y lágrimas. O bien, reiteran las novelas o cintas de carretera de origen estadounidense, etcétera.
»En la respuesta de los nuevos escritores, en especial, los nacidos en los años setentas del siglo anterior que atienden temas criminales o de violencia, se aprecia tanta incredulidad ante la realidad, incluso tal efecto traumático de impacto inconsciente, que su respuesta ha sido la reiteración de una carcajada histérica, el humor fallido, la parodia burda, los gestos compulsivos y pintorescos (esto último, apreciado fuera de México). Resulta claro que la realidad los ha rebasado y su imposibilidad creativa se ve disminuida a pesar de sus empeños. Es muy triste, pero hay que concluir este apunte: la literatura se niega a ellos una y otra vez.
»Las nuevas generaciones de escritores mexicanos han prolongado aquella influencia sin ofrecer casi nada nuevo, excepto la recontextualización de los moldes heredados. El grado de desgaste creativo salta de inmediato en la lectura, a pesar de que algunos autores tratan de resonar, a veces en forma involuntaria, otras corrientes de la cultura popular mexicana ya digeridas como las películas de luchadores enmascarados o de criminales fronterizos, los comics de analfabetismo funcional, los pasquines de sexo, sangre, sudor y lágrimas. O bien, reiteran las novelas o cintas de carretera de origen estadounidense, etcétera.
»En la respuesta de los nuevos escritores, en especial, los nacidos en los años setentas del siglo anterior que atienden temas criminales o de violencia, se aprecia tanta incredulidad ante la realidad, incluso tal efecto traumático de impacto inconsciente, que su respuesta ha sido la reiteración de una carcajada histérica, el humor fallido, la parodia burda, los gestos compulsivos y pintorescos (esto último, apreciado fuera de México). Resulta claro que la realidad los ha rebasado y su imposibilidad creativa se ve disminuida a pesar de sus empeños. Es muy triste, pero hay que concluir este apunte: la literatura se niega a ellos una y otra vez.
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"Narrativas del desgaste", en Frontera D.
sábado, septiembre 03, 2016
Regina Swain (1967-2016)
De esas noticias que uno no se cree, que uno no quisiera creer. La muerte ronda por doquier, se siente muy cercana, y no da miedo por uno sino por los que nos rodean. El talento o la amistad interrumpidos. El vacío se ahonda.
La conocí en Guadalajara, en la mesa que coordinó el maestro Daniel Sada en el encuentro de escritores "Del siglo XX al tercer milenio". Dice de ella Mauricio Montiel Figueiras, coordinador de Literatura del INBA: "Conocí y traté a Regina cuando fuimos jóvenes creadores del FONCA. Todos fuimos jóvenes alguna vez. No olvidaré su sonrisa luminosa". Igual, era de mi generación, fuimos jóvenes creadores antes del milenio.
Los siguientes datos fueron tomados de la página de Conaculta:
Nació en Monterrey, Nuevo León, el 9 de abril de 1967. Narradora. Estudió comunicación en la Universidad Iberoamericana, campus Noroeste. Ha sido funcionaria del Instituto de Cultura de Baja California. Colaboradora de Comala, Cultura Norte, Communicare, El Nacional, Esquina Baja, y Vida Bajacaliforniana. Becaria del FONCA, en poesía, 1993, y del FOECA-Baja California, 1994. Premio Nacional de Cuento Gilberto Owen 1992 por La señorita Superman y otras danzas. Premio Estatal de Radionovela CAEN-INBA 1997 por ¿Dónde quedó el locutor? Premio Estatal de Ensayo Baja California 1998 por Ensayos de juguete.
sábado, marzo 12, 2016
El fin del narrador omnisciente - Seymour Menton
Además de acabar con la cronología lineal, el novelista del siglo veinte también acaba con el narrador omnisciente. La realidad se hace relativa y hay que verla desde distintos ángulos. Ningún individuo es capaz de conocer la realidad. En La vorágine, un narrador engendra a otro en una especie de reflejo de los círculos concéntricos del infierno por donde va bajando Arturo Cova. Los narradores en El otoño del patriarca se vuelven a veces totalmente anónimos y van cambiándose constantemente para crear la impresión de que es imposible conocer la realidad, o sea que no hay una sola realidad absoluta.
Desde Unamuno y Pirandello, la literatura del siglo veinte ha revelado una tendencia de explorar el proceso creativo dentro de la misma obra creada. Respecto a la novela hispanoamericana, Rayuela de Julio Cortázar se reconoce como el prototipo. No obstante, tanto como esa tendencia se remonta al Quijote y a Tristram Shandy en el plano de la literatura universal, en la novela colombiana los antecedentes de ese aspecto de Cien años de soledad pueden encontrarse en La vorágine. Como se ha visto en los capítulos individuales, hay distintos modos de incorporar esa técnica en la novela. Lo que sí suelen tener en común es la conciencia de la relación entre la obra que se está creando y las obras maestras de la literatura universal, y en los ejemplos más recientes, de la literatura hispanoamericana.
Desde Unamuno y Pirandello, la literatura del siglo veinte ha revelado una tendencia de explorar el proceso creativo dentro de la misma obra creada. Respecto a la novela hispanoamericana, Rayuela de Julio Cortázar se reconoce como el prototipo. No obstante, tanto como esa tendencia se remonta al Quijote y a Tristram Shandy en el plano de la literatura universal, en la novela colombiana los antecedentes de ese aspecto de Cien años de soledad pueden encontrarse en La vorágine. Como se ha visto en los capítulos individuales, hay distintos modos de incorporar esa técnica en la novela. Lo que sí suelen tener en común es la conciencia de la relación entre la obra que se está creando y las obras maestras de la literatura universal, y en los ejemplos más recientes, de la literatura hispanoamericana.
Seymour Menton, "Manual imperfecto del novelista".
jueves, noviembre 19, 2015
Leer como un profesor - Thomas C. Foster
«Creo que actuamos así: al leer historias nos gusta lo extraño, pero también necesitamos lo familiar. Queremos que una novela nueva se distinga de todo cuanto hemos leído antes. Al mismo tiempo, precisamos que se parezca lo bastante a otras lecturas como para cobrar sentido. Si un texto consigue las dos cosas al mismo tiempo, extrañeza y familiaridad, se producen vibraciones, armonías que acompañan la melodía de la historia principal. Y dichas armonías provocan una sensación de amplitud, solidez, resonancia. Puede que esas armonías procedan de la Biblia, de Shakespeare, de Dante o de Milton, pero también de textos más humildes y familiares.
»Lean lo que les guste. En cualquier librería o biblioteca encontrarán novelas, poemas, obras de teatro, cuentos que cautiven su imaginación y su inteligencia. Lean la "gran literatura", por supuesto, pero lean también buenos textos. Muchas de las cosas que más me gusta leer las encontré por accidente revolviendo estantes. Y no esperen a que los escritores mueran para leerlos; a los vivos les vendrá bien el dinero. La lectura tiene que ser entretenida. Lo de obras literarias es solo un nombre. En realidad, es una forma de juego. Así que jueguen, queridos lectores, jueguen.
Y que les vaya bien...»
»Lean lo que les guste. En cualquier librería o biblioteca encontrarán novelas, poemas, obras de teatro, cuentos que cautiven su imaginación y su inteligencia. Lean la "gran literatura", por supuesto, pero lean también buenos textos. Muchas de las cosas que más me gusta leer las encontré por accidente revolviendo estantes. Y no esperen a que los escritores mueran para leerlos; a los vivos les vendrá bien el dinero. La lectura tiene que ser entretenida. Lo de obras literarias es solo un nombre. En realidad, es una forma de juego. Así que jueguen, queridos lectores, jueguen.
Y que les vaya bien...»
sábado, septiembre 19, 2015
Indistinguibles
¿Demasiada realidad? Se vale sobar. Se vale soñar. Benditos sueños, como el que acabo de tener. Pero como no puedo soñar todo el día, escribo: Son dos territorios míos, míos. Acaso los únicos, aunque a veces los comparto: mucho se olvida, otro tanto no lo hago público.
Comparto un fragmento del texto de E.L. Doctorow "La infancia de un escritor", publicado en Nexos:
He vivido apegado a una idea desde que la escuché de uno de mis profesores de Kenyon College en los años cincuenta: que hubo un tiempo en que no era posible distinguir entre la realidad y la ficción, entre la percepción religiosa y el discurso científico, entre la comunicación utilitaria y la poesía, en que todas estas funciones del lenguaje, que ahora distinguimos según la situación en que nos encontramos, eran indivisibles. Así ocurría con las obras de Homero. Así ocurría con el Génesis. Aprendí que esa era la teoría Holofrástica del lenguaje, y la imagen que se nos proporcionó fue la de una estrella y dos puntos: en uno de ellos estamos nosotros, hoy; el centro corresponde a la época en que esa estrella lingüística hizo implosión. No sé a quién se le ocurrió esta idea, si todavía circula en los seminarios o si ha pasado de moda o se ha modificado para ser compatible con los estudios culturales construccionistas. Pero verificable o no, me satisface porque explica por qué aun cuando vivimos en una época orientada por la ciencia, aun cuando nos apegamos a los valores del empirismo, y exigimos que nuestras proposiciones sean comprobadas y que nuestros argumentos legales se basen en evidencias demostrables, nuestras mentes modernas aún están estructuradas para contar historias. Los datos pueden cambiar, evolucionar, lo hacen todo el tiempo, pero las historias se abren paso hasta el inmutable núcleo de las cosas. De manera natural, la gente piensa en términos de conflicto y resolución, y en términos de un personaje que arrostra los acontecimientos, pero nunca está del todo segura del resultado de los acontecimientos, y por ende queda en suspenso… y todo nace de una confianza en la narrativa que debe pertenecer a nosotros y a nuestro cerebro tan ciertamente como nuestra predisposición a aceptar las reglas de la gramática.
domingo, julio 05, 2015
Avidez por los relatos - Paul Auster
"La narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos".
miércoles, octubre 15, 2014
El licenciado Vidriera (fragmento) - Miguel de Cervantes Saavedra
(Completo en Cervantes Virtual)
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Seis meses estuvo en la cama Tomás, en los cuales se secó y se puso, como suele decirse, en los huesos, y mostraba tener turbados todos los sentidos. Y, aunque le hicieron los remedios posibles, sólo le sanaron la enfermedad del cuerpo, pero no de lo del entendimiento, porque quedó sano, y loco de la más estraña locura que entre las locuras hasta entonces se había visto. Imaginóse el desdichado que era todo hecho de vidrio, y con esta imaginación, cuando alguno se llegaba a él, daba terribles voces pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acercasen, porque le quebrarían; que real y verdaderamente él no era como los otros hombres: que todo era de vidrio de pies a cabeza.Para sacarle desta estraña imaginación, muchos, sin atender a sus voces y rogativas, arremetieron a él y le abrazaron, diciéndole que advirtiese y mirase cómo no se quebraba. Pero lo que se granjeaba en esto era que el pobre se echaba en el suelo dando mil gritos, y luego le tomaba un desmayo del cual no volvía en sí en cuatro horas; y cuando volvía, era renovando las plegarias y rogativas de que otra vez no le llegasen. Decía que le hablasen desde lejos y le preguntasen lo que quisiesen, porque a todo les respondería con más entendimiento, por ser hombre de vidrio y no de carne: que el vidrio, por ser de materia sutil y delicada, obraba por ella el alma con más promptitud y eficacia que no por la del cuerpo, pesada y terrestre.
Quisieron algunos experimentar si era verdad lo que decía; y así, le preguntaron muchas y difíciles cosas, a las cuales respondió espontáneamente con grandísima agudeza de ingenio: cosa que causó admiración a los más letrados de la Universidad y a los profesores de la medicina y filosofía, viendo que en un sujeto donde se contenía tan extraordinaria locura como era el pensar que fuese de vidrio, se encerrase tan grande entendimiento que respondiese a toda pregunta con propiedad y agudeza.
Pidió Tomás le diesen alguna funda donde pusiese aquel vaso quebradizo de su cuerpo, porque al vestirse algún vestido estrecho no se quebrase; y así, le dieron una ropa parda y una camisa muy ancha, que él se vistió con mucho tiento y se ciñó con una cuerda de algodón. No quiso calzarse zapatos en ninguna manera, y el orden que tuvo para que le diesen de comer, sin que a él llegasen, fue poner en la punta de una vara una vasera de orinal, en la cual le ponían alguna cosa de fruta de las que la sazón del tiempo ofrecía. Carne ni pescado, no lo quería; no bebía sino en fuente o en río, y esto con las manos; cuando andaba por las calles iba por la mitad dellas, mirando a los tejados, temeroso no le cayese alguna teja encima y le quebrase. Los veranos dormía en el campo al cielo abierto, y los inviernos se metía en algún mesón, y en el pajar se enterraba hasta la garganta, diciendo que aquélla era la más propia y más segura cama que podían tener los hombres de vidrio. Cuando tronaba, temblaba como un azogado, y se salía al campo y no entraba en poblado hasta haber pasado la tempestad.
Tuviéronle encerrado sus amigos mucho tiempo; pero, viendo que su desgracia pasaba adelante, determinaron de condecender con lo que él les pedía, que era le dejasen andar libre; y así, le dejaron, y él salió por la ciudad, causando admiración y lástima a todos los que le conocían.
Cercáronle luego los muchachos; pero él con la vara los detenía, y les rogaba le hablasen apartados, porque no se quebrase; que, por ser hombre de vidrio, era muy tierno y quebradizo. Los muchachos, que son la más traviesa generación del mundo, a despecho de sus ruegos y voces, le comenzaron a tirar trapos, y aun piedras, por ver si era de vidrio, como él decía. Pero él daba tantas voces y hacía tales estremos, que movía a los hombres a que riñesen y castigasen a los muchachos porque no le tirasen.
Mas un día que le fatigaron mucho se volvió a ellos, diciendo:
¿Qué me queréis, muchachos, porfiados como moscas, sucios como chinches, atrevidos como pulgas? ¿Soy yo, por ventura, el monte Testacho de Roma, para que me tiréis tantos tiestos y tejas?
Por oírle reñir y responder a todos, le seguían siempre muchos, y los muchachos tomaron y tuvieron por mejor partido antes oílle que tiralle.
Pasando, pues, una vez por la ropería de Salamanca, le dijo una ropera:
En mi ánima, señor Licenciado, que me pesa de su desgracia; pero, ¿qué haré, que no puedo llorar?
Él se volvió a ella, y muy mesurado le dijo:
Filiae Hierusalem, plorate super vos et super filios vestros.
Entendió el marido de la ropera la malicia del dicho y díjole:
Hermano licenciado Vidriera (que así decía él que se llamaba), más tenéis de bellaco que de loco.
No se me da un ardite respondió él, como no tenga nada de necio.
Pasando un día por la casa llana y venta común, vio que estaban a la puerta della muchas de sus moradoras, y dijo que eran bagajes del ejército de Satanás que estaban alojados en el mesón del infierno.
Preguntóle uno que qué consejo o consuelo daría a un amigo suyo que estaba muy triste porque su mujer se le había ido con otro.
A lo cual respondió:
Dile que dé gracias a Dios por haber permitido le llevasen de casa a su enemigo.
Luego, ¿no irá a buscarla? dijo el otro.
¡Ni por pienso! replicó Vidriera; porque sería el hallarla hallar un perpetuo y verdadero testigo de su deshonra.
Ya que eso sea así dijo el mismo, ¿qué haré yo para tener paz con mi mujer?
Respondióle:
Dale lo que hubiere menester; déjala que mande a todos los de su casa, pero no sufras que ella te mande a ti.
Díjole un muchacho:
Señor licenciado Vidriera, yo me quiero desgarrar de mi padre porque me azota muchas veces.
Y respondióle:
Advierte, niño, que los azotes que los padres dan a los hijos honran, y los del verdugo afrentan.
Estando a la puerta de una iglesia, vio que entraba en ella un labrador de los que siempre blasonan de cristianos viejos, y detrás dél venía uno que no estaba en tan buena opinión como el primero; y el Licenciado dio grandes voces al labrador, diciendo:
Esperad, Domingo, a que pase el Sábado.
De los maestros de escuela decía que eran dichosos, pues trataban siempre con ángeles; y que fueran dichosísimos si los angelitos no fueran mocosos.
Otro le preguntó que qué le parecía de las alcahuetas. Respondió que no lo eran las apartadas, sino las vecinas.
sábado, octubre 29, 2011
de moridos y dolientes
Como desde hace dos años, los esperamos estos días en el blog Muerte y arte en San Luis Potosí (y, obvio, más allá), donde publicaremos poemas, cuentos, relatos, fotos y noticias sobre difuntos frescos y otras ansias.
Después de haber hecho el amor toda la noche nos bañamos. Después, aún desnudos, mientras yo me afeitaba ella se paró a mi lado frente al espejo y se dejó caer el cabello sobre el rostro. "¿A poco no parezco la niña de El aro?", dijo. Y desapareció.
* * * * *
espejo
Después de haber hecho el amor toda la noche nos bañamos. Después, aún desnudos, mientras yo me afeitaba ella se paró a mi lado frente al espejo y se dejó caer el cabello sobre el rostro. "¿A poco no parezco la niña de El aro?", dijo. Y desapareció.
(AxRq)
jueves, septiembre 08, 2011
No hay tal lugar. O sí. A veces...
Cristina Rivera Garza en El Colegio de San Luis. Charlará con Ignacio Betancourt en otra actividad del Festival de Letras. Ahí nos vemos.
miércoles, junio 01, 2011
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