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lunes, agosto 30, 2021
domingo, abril 12, 2020
Descenso a los infiernos
¿A qué hora resucitó Jesucristo? ¿Dónde estuvo mientras llegaba la hora? La tradición dice que bajó al inframundo. ¿Qué hizo ahí?
Tomás de Aquino dice que «bajó a cualquiera de los infiernos; pero no a todos por igual. Pues, al bajar al infierno de los condenados, su eficacia se tradujo en impugnarles por su incredulidad y por su malicia. En cambio, a los que estaban encerrados en el purgatorio les dio la esperanza de alcanzar la gloria. Y a los santos Patriarcas, que estaban encerrados en el infierno solamente por el pecado original, les infundió la luz de la gloria».
El descenso a lo que llamamos infierno —un mundo subterráneo y generalmente lleno de fuego, donde son castigadas las almas de quienes se portaron «mal» en vida— es un camino que casi todo héroe literario debe recorrer. Es una característica de la literatura épica y en sus productos posteriores, sean libros, series de televisión, historietas o películas, el infierno suele cambiar de nombre pero representa un enorme peligro para el protagonista.
Es el riesgo de perderse para siempre, el peligro de sucumbir a la tentación.
Así, el héroe más antiguo, Gilgamesh, bajó al inframundo a buscar una hierba con la que pudiera revivir a su amado Enkidu. Orfeo hizo lo propio para rescatar a Eurídice y con su lira encantó al Cancerbero, guardián de la entrada.
Odiseo bajó al Tártaro o Hades no para rescatar a alguien sino para buscar a Tiresias, quien en vida fue hombre y mujer, y adquirió el don de la profecía al quedarse ciego. Odiseo busca respuestas, pistas de cómo regresar a su hogar, a su vida antes de la guerra de Troya.
Orfeo no pudo llevar a cabo su cometido, pues no pudo cumplir la condición impuesta: no voltear a verla hasta que le diera totalmente la luz el sol. Ella se desvaneció y él ya no pudo regresar al Hades hasta que fue despedazado por las bacantes, muchos años después.
Todo por volver la mirada. Igual que en la Biblia la mujer de Lot, transformada en sal por voltear ver su ciudad en llamas.
Salir no siempre se puede, por eso Dante leyó en la puerta: «Perded toda esperanza». El descenso no suele ser el final de la épica, a veces ni siquiera el clímax. Es, apenas, una prueba.
Parece obligatorio descender al infierno para encontrar respuestas. También, que para salir no debemos voltear, solo podemos mirar hacia adelante.
Tomás de Aquino dice que «bajó a cualquiera de los infiernos; pero no a todos por igual. Pues, al bajar al infierno de los condenados, su eficacia se tradujo en impugnarles por su incredulidad y por su malicia. En cambio, a los que estaban encerrados en el purgatorio les dio la esperanza de alcanzar la gloria. Y a los santos Patriarcas, que estaban encerrados en el infierno solamente por el pecado original, les infundió la luz de la gloria».
El descenso a lo que llamamos infierno —un mundo subterráneo y generalmente lleno de fuego, donde son castigadas las almas de quienes se portaron «mal» en vida— es un camino que casi todo héroe literario debe recorrer. Es una característica de la literatura épica y en sus productos posteriores, sean libros, series de televisión, historietas o películas, el infierno suele cambiar de nombre pero representa un enorme peligro para el protagonista.
Es el riesgo de perderse para siempre, el peligro de sucumbir a la tentación.
Así, el héroe más antiguo, Gilgamesh, bajó al inframundo a buscar una hierba con la que pudiera revivir a su amado Enkidu. Orfeo hizo lo propio para rescatar a Eurídice y con su lira encantó al Cancerbero, guardián de la entrada.
Odiseo bajó al Tártaro o Hades no para rescatar a alguien sino para buscar a Tiresias, quien en vida fue hombre y mujer, y adquirió el don de la profecía al quedarse ciego. Odiseo busca respuestas, pistas de cómo regresar a su hogar, a su vida antes de la guerra de Troya.
Orfeo no pudo llevar a cabo su cometido, pues no pudo cumplir la condición impuesta: no voltear a verla hasta que le diera totalmente la luz el sol. Ella se desvaneció y él ya no pudo regresar al Hades hasta que fue despedazado por las bacantes, muchos años después.
Todo por volver la mirada. Igual que en la Biblia la mujer de Lot, transformada en sal por voltear ver su ciudad en llamas.
Salir no siempre se puede, por eso Dante leyó en la puerta: «Perded toda esperanza». El descenso no suele ser el final de la épica, a veces ni siquiera el clímax. Es, apenas, una prueba.
Parece obligatorio descender al infierno para encontrar respuestas. También, que para salir no debemos voltear, solo podemos mirar hacia adelante.
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jueves, noviembre 23, 2017
Abierta día y noche...
"Es fácil y sencillo bajar a las profundidades del Averno, pues la tenebrosa
puerta del sepulcro está abierta día y noche; sin embargo, el regreso hacia arriba, a
la clara atmósfera del cielo, pasa por un sendero duro y doloroso..."
Virgilio: Eneida, VI. 126-129
* * *
"Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor;
por mí se va hacia la raza condenada; la justicia animó a mi sublime arquitecto;
me hizo la divina potestad, la suprema sabiduria y el primer amor.
Antes que yo no hubo nada creado, a excepción de lo eterno, y yo duro eternamente.
¡Oh, vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza!..."
Dante: La Comedia, El infierno, Canto Tercero
* * *
Viene a cantar (si canta) a nuestra puerta,
a todas las puertas. Aquí se queda,
aquí planta su casa y paga su condena
porque nosotros somos el Infierno.
Eugenio Montejo: Orfeo
jueves, noviembre 19, 2015
Leer como un profesor - Thomas C. Foster
«Creo que actuamos así: al leer historias nos gusta lo extraño, pero también necesitamos lo familiar. Queremos que una novela nueva se distinga de todo cuanto hemos leído antes. Al mismo tiempo, precisamos que se parezca lo bastante a otras lecturas como para cobrar sentido. Si un texto consigue las dos cosas al mismo tiempo, extrañeza y familiaridad, se producen vibraciones, armonías que acompañan la melodía de la historia principal. Y dichas armonías provocan una sensación de amplitud, solidez, resonancia. Puede que esas armonías procedan de la Biblia, de Shakespeare, de Dante o de Milton, pero también de textos más humildes y familiares.
»Lean lo que les guste. En cualquier librería o biblioteca encontrarán novelas, poemas, obras de teatro, cuentos que cautiven su imaginación y su inteligencia. Lean la "gran literatura", por supuesto, pero lean también buenos textos. Muchas de las cosas que más me gusta leer las encontré por accidente revolviendo estantes. Y no esperen a que los escritores mueran para leerlos; a los vivos les vendrá bien el dinero. La lectura tiene que ser entretenida. Lo de obras literarias es solo un nombre. En realidad, es una forma de juego. Así que jueguen, queridos lectores, jueguen.
Y que les vaya bien...»
»Lean lo que les guste. En cualquier librería o biblioteca encontrarán novelas, poemas, obras de teatro, cuentos que cautiven su imaginación y su inteligencia. Lean la "gran literatura", por supuesto, pero lean también buenos textos. Muchas de las cosas que más me gusta leer las encontré por accidente revolviendo estantes. Y no esperen a que los escritores mueran para leerlos; a los vivos les vendrá bien el dinero. La lectura tiene que ser entretenida. Lo de obras literarias es solo un nombre. En realidad, es una forma de juego. Así que jueguen, queridos lectores, jueguen.
Y que les vaya bien...»
domingo, octubre 31, 2010
Aún la espero
Es triste, sí, un poco, pero al final no importa
si Beatríz no llega
pues casi todos los que quiero o admiro han estado (o están)
en el infierno...
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