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martes, julio 23, 2024

¿Para qué sirve la filosofía? - Gilles Deleuze

Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al estado ni a la iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene este uso: denunciar la bajeza del pensamiento bajo todas sus formas. ¿Existe alguna disciplina, fuera de la filosofía, que se proponga la crítica de todas las mistificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Hacer del pensamiento algo agresivo, activo y afirmativo. Hacer hombres libres, es decir, hombres que no confundan los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral o la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos prestigios. ¿Quién, a excepción de la filosofía, se interesa por todo esto?

(Nietzsche y la filosofía)

jueves, noviembre 19, 2020

Filosofía del tiempo - José Antonio Marina


Leo La selva del lenguaje, introducción a un diccionario de los sentimientos de José Antonio Marina y es un maravilloso viaje: filosofía, lingüística y literatura. Con motivo del día internacional de la filosofía les comparto estos párrafos de la web de José Antonio Marina:

«Cada uno de nosotros tiene por misión descubrir un aspecto de la realidad que otro no puede ver. Y me parece que la mejor ofrenda que podemos hacer a los demás es intentar que nuestra visión sea lo más verdadera, hermosa y buena posible. Siempre me ha admirado el talento y la brillantez con que personas aparentemente vulgares han resuelto los complejisimos problemas del vivir. Suelo pedir en muchas ocasiones a mis lectores que me cuenten su actitud ante algún asunto concreto, porque me parece que de esa creatividad humilde puedo aprender más que leyendo mamotretos filosóficos. La ciencia, a la que he dedicado tantas horas, se mueve entre conceptos abstractos. Por eso a los científicos nos conviene bajar a la variedad inagotable de lo real, valorar lo imprevisible y sorprende de la individualidad. Descender, para decirlo brevemente, de las matemáticas a la poesía.

»Cada uno de nosotros tenemos un doble deber: aclarar y tejer. Hemos de iluminar nuestra realidad interior y la realidad que nos rodea. Las tinieblas nunca son buenas. Neruda, en un bellísimo poema dedicado a la claridad, escribe: “Debo / cumplir mi obligación / de luz: ir y venir por las calles, / las casas y los hombres/ destruyendo/ la oscuridad/ Hasta que todo sea día, / hasta que todo sea claridad/ y alegría en la tierra”.


»El segundo deber deriva de nuestra profesión de tejedores. El mundo surge de nuestras relaciones. Es un gigantesco tapiz, en el que participamos todos, para completar un bello dibujo, o para emborronarlo. Los seres humanos valemos lo que valen los lazos que anudamos, los intercambios que somos capaces de establecer. No somos islas ni bolas de billar ni barcos que se cruzan en la niebla y hacen sonar sus sirenas. Estamos todos comprometidos en una gigantesca conversación y, como les he dicho muchas veces, las conversaciones producen efectos emergentes o degradantes. Nos elevan o nos hunden. A todos nos interesa participar en un brillante conversación, que nos ayude a desplegar nuestros mejores talentos, de la que recibamos ánimos y alegría, y debemos empeñarnos en conseguirla.

»Lo que les decía, el futuro se presenta ajetreado e interesante.»

jueves, junio 06, 2019

Michel Serres (1930-2019)

«Somos en los ruidos del mundo, no podemos cerrar la puerta a la recepción de ese clamor, y evolucionamos, envueltos en esa marejada incalculable. Somos calientes, ardemos de vida, y los focos de ese éxtasis temporario emiten el tumulto sin tregua de su incontable funcionamiento. En el comienzo está el ruido, el ruido no cesa. Es nuestra percepción del caos, nuestro modo de aprehender el desorden, nuestro vínculo con la distribución dispersa de las cosas...»

«Cuando acudo a un programa, mis vecinos me dicen: "te hemos visto en la tele". Y yo les pregunto: "¿qué dije?". "Ah, ni idea", responden. Lo cual demuestra que la tele no está hecha para difundir informaciones, sino para el entretenimiento y la publicidad. En la sociedad hay gente sabia, tranquila, que no vive en ese mundo vertiginoso de consumo e impulsos permanentes. Son ellos quienes construirán el porvenir...»

jueves, marzo 14, 2019

Fenómeno y noúmeno

Alessandro Sicioldr Bianchi

Las categorías no son aplicables fuera de la experiencia, más allá de lo dado en el espacio y en el tiempo. Ahora bien, la idea misma de algo que aparece implica, correlativamente, la idea de algo que no aparece, la idea de algo en sí.

El objeto –en tanto que aparece y es conocido- se denomina «fenómeno»; el correlato del objeto, considerado al margen de su relación con la sensibilidad, se llama «cosa en sí», o bien «noúmeno» (en la medida en que es algo solo inteligible).

La distinción entre fenómenos y noúmeno es fundamental en el sistema kantiano. Al tratar de esta cuestión, Kant distingue dos sentidos del concepto de noúmeno:

1) Negativamente, «noúmeno significa una cosa en la medida en que no puede ser reconocida por medio de la intuición sensible».

2) Positivamente, significa un «objeto que puede ser conocido por medio de la intuición no sensible», es decir, por medio de la intuición intelectual.

Ahora bien, como carecemos de intuición intelectual y solo tenemos intuición sensible, nuestro conocimiento se halla limitado a los fenómenos y, por consiguiente, el concepto de noúmeno queda como algo negativo, como límite de la experiencia, como límite de lo que puede ser conocido. No hay conocimiento de las cosas en sí, de los noúmenos. El acceso a las cosas en sí no se halla en la razón teórica, sino en la razón práctica, como veremos.

La distinción entre fenómenos y noúmeno permite comprender por qué Kant denomina a su doctrina «idealismo trascendental»: porque el espacio, el tiempo y las categorías son condiciones de posibilidad de los fenómenos de la experiencia y no propiedades o rasgos reales de las cosas en sí mismas.

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Navarro Cordón, Juan Manuel y Pardo, José Luis. Historia de la Filosofía, Madrid, Anaya, 2009, en Filosofia.net.

martes, abril 03, 2018

Clement Rosset (1939-2018)

«La aptitud de rechazar lo real por medio del lenguaje constituye una facultad a un tiempo enojosa, por la hipocresia que conlleva, conscientemente o no, y fascinante por su sorprendente y soberana eficacia. El hombre de las palabras es inexpugnable: siempre tiene una palabra para destruir lo real que se le presenta y otra para borrar lo real que emana de su propia persona. El hombre que vive al abrigo de las palabras no recibe ninguna información de lo real que no pase por la criba de un lenguaje que lo elimina, no emite ningún mensaje que no pase por esta criba, transformando entonces su propia realidad en algo distinto...»
(La escritura grandilocuente)

* * * * *

«Como la tontería, y como cualquier otro fenómeno intelectual, la locura no es estudiada sólo en el plano del intelecto, sino que es interpretada también a partir de la actividad inconsciente de la afectividad. Si el loco es incapaz de coherencia lógica, es porque no tiene el deseo ni sobre todo la fuerza para reintroducirse en la realidad cotidiana. La locura es una salida “económica” para la afectividad a la cual se le ahorra el espectáculo de la realidad. Tal como Freud, Schopenhauer fundamenta su análisis en una fuga de la afectividad fuera del principio de realidad: “La locura así surgida se vuelve el Leteo de sufrimientos insoportables; ha sido el último recurso de la naturaleza presa de angustia, es decir, de la voluntad”. Asimismo, si el loco olvida fácilmente y crea lagunas en lugar de determinados recuerdos importantes, es porque sus exigencias afectivas, que apuntaban a borrar el recuerdo, han prevalecido sobre las exigencias intelectuales: “El intelecto ha renunciado a su naturaleza, para la complacencia de la voluntad”. Como en Freud, el olvido es un fenómeno dinámico, motivado afectivamente, enteramente similar a la represión. Filtro de la memoria, censura, represión son consideradas pues por Schopenhauer ya como el origen principal de las neurosis. El hombre de mente sana es precisamente aquel que no necesita olvidar, y Schopenhauer arriba a esta fórmula rigurosamente freudiana: “la verdadera salud mental consiste en la perfección de la reminiscencia”...»
(Schopenhauer, filósofo del absurdo)

viernes, noviembre 10, 2017

Cerebro: "mediador, no causador..." - Marino Pérez Álvarez

«El cerebro humano actual es exactamente igual desde hace veinte, treinta o incluso cuarenta mil años, según algunos autores. Y sin embargo, actividades como el lenguaje, la escritura, la geometría o la ciencia han aparecido cronológicamente después; actividades cuya causa se atribuye en muchas ocasiones y de forma engañosa al cerebro. Todas estas actividades, incluyendo el lenguaje y la escritura, tienen una historia social y colectiva, no generada por un cerebro, sino por individuos, que tienen un cerebro, sí, pero que viven en una sociedad, en un contexto, que tienen sus circunstancias y unas posibilidades de vida. Y son esos contextos los que han permitido que el propio cerebro evolucione. El cerebro no crea estas actividades, sino que las media, las permite. El cerebro es un órgano mediador, no causador, de las actividades humanas. El cerebro forma parte de un andamiaje (como se dice en términos evolutivos y psicológicos) histórico y cultural gracias al cual media las actividades humanas, pero no las crea. Por eso hablo del “mito del cerebro creador”; porque el cerebro no crea, sino que media y permite la existencia de las actividades que se le atribuyen, pero estas actividades son históricas y sociales, colectivas, antes que generadas por ningún cerebro...

»Es absolutamente fundamental que los científicos sepan de filosofía. Todo científico, al margen de la opinión que tenga de la filosofía, aun pensando que la filosofía no es relevante para él o que ésta está superada por la ciencia, tiene una filosofía espontánea. Todo científico tiene unas concepciones espontáneas de la propia ciencia. De este modo, cuando dice que todo se reduce al cerebro o a la neuroquímica, está planteando un concepto filosófico y no propiamente científico. En ese sentido los científicos deberían tener una mayor conciencia y formación filosófica, para evitar seguir esa filosofía espontánea, a menudo ridícula e infantil, que no llega seguramente ni a la época de los presocráticos, que reducían todo al agua, al fuego, al aire… Muy a menudo los neurocientíficos actuales reducen todo a la química y en ese sentido están siendo presocráticos. Así que la formación filosófica de los científicos es fundamental, pues muchos de sus problemas son filosóficos y conceptuales y no meramente técnicos. Hay un gran error, yo lo escucho muy a menudo, que consiste en que las ciencias derivan de la filosofía, y que por tanto la filosofía perdió su sentido porque ha derivado en las distintas ciencias (la química, la física, la psicología, la sociología…). Eso no es cierto; las ciencias no derivan de la filosofía, sino que derivan de las prácticas históricas de los distintos campos de las ciencias, y la filosofía surge precisamente por las contradicciones y complejidades que generan las propias ciencias al entrar en contacto, en contradicción, unas con otras. De modo que la filosofía no está excusada por las ciencias, sino que las ciencias necesitan de la filosofía. La filosofía brota de las ciencias. Así que por concluir, sí, considero que los científicos debieran tener más conciencia y formación filosófica, para evitar quedar a disposición de esa filosofía espontánea sin saber si quiera que la tienen.»

Entrevista con Inés Abalo en Ventana al Cerebro.

viernes, octubre 27, 2017

Revista Esquizia, año 2, número 1, 2017

Presentación
J. Ramón Rodríguez

Intimidad, secreto y violencia
Daniel Gerber

Infancia fragmentada: Entre la bios y la psico política
Liora Stavchansky

C17H18F3NO
Samuel Hernández Huerta

Educación, ética y complejos-psi
Ian Parker

El lugar de Ernesto Laclau en la izquierda lacaniana
Carlos Gómez Camarena

Dos gestos del marxismo althusseriano ante el sujeto: Ruptura con la psicología y articulación con el psicoanálisis
David Pavón-Cuéllar

Retorno a Lacan
Alejandro Velázquez

¿Se puede superar el pasado? A propósito del “disciplinamiento de género” desde una perspectiva feminista descolonial y filosófica contemporánea
Fabiana Parra

El sujeto del feminismo en México
Consuelo Llanas Gámez & Cintia Martínez Velasco

Blancas, madres y heterosexuales: Los constructos femeninos hegemónicos en los Congresos de México y Paraguay
Sarah Patricia Cerna Villagra

La filosofía como técnica de sí: Los hypomnémata y las redes sociales
Roque Farrán
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jueves, julio 27, 2017

Ramón Xirau (1924-2017)

«La palabra es previa como el fundamento es previo a las fundaciones. Solamente porque estamos construidos, esencialmente, por la Palabra podemos construir, edificar, hablar, decir para acercarnos a la Palabra.
»Pero ya el término de "acercamiento" denota una lejanía. Somos palabra y estamos lejos de la palabra; somos palabra y tenemos que ir en busca de ella. ¿Cuál es el significado de esta lejanía?
»Puede y creo que debe significar que la palabra que nos funda es ilimitada, mientras que nosotros somos limitados; puede y creo que debe querer decir que somos contingentes y que en nuestra contingencia andamos en busca de visión y gracia...»

Palabra y silencio, Siglo XXI editores, 1968.

viernes, julio 14, 2017

Las cero horas

"No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías vienen a continuación. Se trata de juegos; primeramente hay que responder. Y si es cierto, como quiere Nietzsche, que un filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia de esta respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias perceptibles para el corazón, pero que deben profundizarse a fin de hacerlas claras para el espíritu..."

El mito de Sísifo, Albert Camus

martes, febrero 07, 2017

Tzvetan Todorov (1939-2017)

«El intelectual es ante todo el que no se limita a ser especialista en determinado ámbito, sino que interviene en la esfera pública, el que habla del mundo y se dirige al mundo. Es además alguien que no sirve incondicionalmente a determinado poder o determinada causa, sino que conserva su independencia y reivindica la libre búsqueda de la verdad y de los valores que estaría dispuesto a asumir personalmente. Se mantiene al margen de las autoridades en el terreno de las ideas, pero también de todas las filiaciones impuestas —étnicas, nacionales y religiosas—, ya que pueden impedir que su acción se oriente exclusivamente por los ideales de justicia y de verdad.

»El exiliado vive siempre fuera de lugar, a contracorriente, y está marginado, pero considera que esta insuficiencia es un privilegio. El desplazamiento que sufre puede a su vez tener un efecto desplazador sobre los que lo rodean y permitirles ver sus propias costumbres con una mirada nueva, descubrir una cultura allí donde creían obedecer a la naturaleza. Por lo demás, pasar de un país a otro, hoy en día una experiencia muy extendida, no es la única forma de desplazamiento. Como poseemos identidades múltiples, podemos experimentarlo cambiando de provincia, o de medio, o de profesión, o de sistema de valores. El exilio es simplemente la forma emblemática de todas estas "transculturaciones". Si podemos definir al intelectual como alguien que está dispuesto a interrogarse sobre las categorías de su propia existencia, entonces todo intelectual es de alguna manera un exiliado de las circunstancias en las que ha nacido...»


Vivir solos juntos

miércoles, enero 04, 2017

Algunos aforismos de Wittgenstein

Una vez dije, quizá con acierto: La cultura anterior se convertirá en un montón de basura y, finalmente, en un montón de cenizas, pero el espíritu planeará sobre las cenizas.

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Si alguien llegara a pensar que ha resuelto el problema de la vida y se sintiera como diciéndose a sí mismo que ahora todo es bastante sencillo, podría ver que se equivoca recordando que hubo un tiempo en el que esta "solución" no había sido descubierta; pero también debe haber sido posible vivir en aquel entonces y la solución que ahora se ha encontrado aparece como fortuita en relación a cómo las cosas eran en aquel tiempo. Pasa lo mismo en el estudio de la lógica. Si hubiera una solución a los problemas de la lógica (filosofía) sólo tendríamos que advertirnos a nosotros mismos de que hubo un tiempo en el que no habían sido descubiertas (e incluso en ese tiempo la gente debe haber sabido cómo vivir y pensar).

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Cada una de las oraciones que escribo está intentando abarcar la totalidad, esto es, la misma cosa una y otra vez; eso a pesar de que simplemente son puntos de vista de un objeto observado desde distintos ángulos.

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Podría decir: si el lugar al que quiero llegar sólo pudiera ser alcanzado mediante una escalera, desistiría en mi intento de acceder allí. El lugar al que he de llegar es uno en el que ya he de estar ahora. Todo lo que pueda conseguir subiendo por una escalera no me interesa.

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Cuando chocas contra los límites de tu propia honestidad sucede como si tus pensamientos entraran en un torbellino, un infinito regreso: Puedes decir lo que quieras, eso no te lleva más allá.

Si alguien está meramente avanzado a su tiempo, éste le atrapará algún día.

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En este mundo (el mío) no hay tragedia, ni se da la infinita variedad de circunstancias que dan lugar a la tragedia (como su resultado). Es como si todo fuera soluble en el éter del mundo, no hay superficies ásperas. Lo que esto significa es que la aspereza y el conflicto no se convierten en algo espléndido, sino en un defecto. El conflicto es disipado de una manera muy similar a la de la tensión de un muelle cuando deshaces su mecanismo (o lo disuelves en ácido nítrico). Esta disolución elimina todas las tensiones.
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El límite del lenguaje es mostrado por su imposibilidad de describir el hecho que corresponde a (es la traducción de) una oración, sin simplemente repetir la oración. (Esto tiene que ver con la solución kantiana de los problemas de la filosofía).

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Tomados de
http://boards1.melodysoft.com/arje/wittgenstein-aforismos-sobre-cultura-239.html

jueves, septiembre 15, 2016

Revista Esquizia, año 1, número 0, 2016


Esquizia. Revista de psicoanálisis, filosofía y ciencias sociales es un proyecto editorial que desde la ciudad de San Luis Potosí (México) busca crear nexos y dar apertura a otro tipo de lectura de los supuestos saberes que se instauran desde diversos lugares; así mismo, busca impulsar el diálogo entre autores de distintas nacionalidades y campos académicos. A partir del 1 de octubre de 2016 se podrá adquirir el número 0 de la revista en su versión impresa o versión digital, pero ha iniciado su camino por el diálogo al estar ya en preventa en ambas versiones.
Mayores informes con Samuel Hernández Huerta.

Este es el índice de contenido:

"La clínica del humor negro"
Cuitláhuac Moreno Romero

"Cuando Antígona conoció a Don Juan: lo trágico y lo musical en el pensamiento de Kierkegaard"
Alejandra Gudiño Aguilar

"Ontología de la mirada"
Álvaro Barrios Requena

"Una aproximación biopolítica a la Ciudad Genérica"
Roberto Sanz Bustillo

"El campo expandido de la coreopolítica. Hacia una recuperación del cuerpo"
Omar Francisco Armella Romero

"¿Qué es una operación antifilosófica? Cuatro ejemplos en la enseñanza de Lacan"
Amorhak Ornelas Vázquez & Carlos Gómez Camarena

"La sutura del nombre propio"
Antonio Chávez Toro

"J’ouis sens, la razón sexual en psicoanálisis"
Martín Krymkiewicz

"¿Escapar al psicoanálisis?"
Samuel Hernández Huerta

martes, julio 26, 2016

Terpsícore

Las musas eran (son) Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Talía, Urania y Terpsícore. Eran artes representacionales, propias de un tiempo y un espacio definidos: poesía (épica: Calíope; lírica: Erato; didáctica: Urania), teatro (tragedia: Melpomene; comedia: Talía) y música (Euterpe y Polimnia). Su fuerza, nos dice Jean-Luc Nancy en su libro Las musas, es “a la vez, de separación, aislamiento, intensificación y metamorfosis”.

Terpsícore es la musa de la danza y del canto coral. Es de las musas que no están quietas en los museos, válgase la expresión, o en los libros. En algunas versiones del mito griego incluso es la madre de las sirenas, esas que con la belleza de su canto embrujaban y hacían naufragar a quienes las oían, monstruos que quedaron en esa condición precisamente por haber osado competir con su voz contra las musas. Podríamos decir que Terpsícore da pie a la confrontación entre las artes, a la salvación y a la perdición, pero también a su hermanamiento.

El arte toca, mira, se hace oír, tiene un ritmo, elige. Al ser la danza poesía en su más amplia significación, un arte que apela a más de un sentido, y por su carácter efímero, resulta por lo menos difícil de entender que haya una sola musa —como mito— para esta actividad creadora, cuando para la literatura hay varias, aunque debemos reconocer que las llamadas artes plásticas no están regidas por alguna de ellas. La danza, como otras artes, es un fenómeno que surge de un espacio y un tiempo (el escenario, la representación que nos pone en comunión), y en su discurso polisensorial nos implica, nos transforma en la butaca y más allá. Nancy nos dice que “el arte-técnica mira, tiene miramientos con nuestra mirada, la mira y, de ese modo, hace acaecer en cuanto mirada”.

David Michael Levin es autor de uno de los pocos trabajos teóricos sobre la relación filosofía-danza. “Los filósofos y la danza” es un texto de 1973 y no hay muchas referencias o refutaciones recientes, en su caso —al menos no las he encontrado—, a su idea de que los filósofos no han aceptado la realidad sensual del cuerpo humano, el cual, consideran, “puede reducirse a, o ser generado por, o de alguna manera absorberse en, el funcionamiento de la mente”.

Levin considera que es el instrumento de la danza, el cuerpo humano, lo que ha causado que la filosofía de la danza haya avanzado menos que la de otras artes. “Los fundamentos religiosos y éticos de nuestra civilización occidental son primordialmente hostiles a las demandas vitales e intrínsecas del cuerpo humano”, y por ello “no creemos realmente en la sacralidad del cuerpo humano, tal como existe aquí y ahora en la tierra. O, dicho en términos más prácticos, no aceptamos del todo el cuerpo humano”.

Nancy complementa esta necesidad de lo sensual al equiparar el arte (las artes) con el sexo. El cuerpo en movimiento se nos presenta como instrumento de placer mutuo, con la pareja o el espectador, la posibilidad de ser de nuevo, ser nuevo: “la exactitud de un golpe, de una emoción, de una tensión, de un estremecimiento y de un salto a lo desconocido […] El amor consumado es aquel que no está saturado, saciado, sino que vuelve a ser deseo y eterno retorno del deseo. Deseo que goza al desear”.



martes, marzo 08, 2016

Hiparquia

Hiparquia y su cínico
Diógenes Laercio, citado en filosofía.org

«Hipárchîa. [96] 1. Tambien Hipárchîa, hermana de Metrócles, se dejó llevar de los discursos de Crates. Ambos eran naturales de Maronea. Agradabale tanto la vida y conversación de Crates, que ninguna ventaja de sus pretendientes, las riquezas, la nobleza, ni la hermosura la pudieron apartar de su proposito; pues Crates era todas estas cosas para ella. Aun amenazaba a sus padres que se quitaría la vida si no la casaban con él. Finalmente, como sus padres rogasen a Crates que la removiese de su resolución, hizo éste cuanto pudo; mas nada consiguió. Sacó por último todos sus muebles a su presencia, y la dijo: Mira, este es el esposo; y estos sus bienes: consulta contigo misma; pues no podrás ser mi compañera sin abrazar mi instituto. Eligiolo ella al punto; y tomando su vestido, andaba con Crates, usando públicamente del matrimonio, y concurriendo ambos a las cenas.

[97] 2. Hallóse pues en un convite que dio Lisimaco, en que también estaba Teodoro el apellidado Ateo, al cual propuso el argumento siguiente: Lo que pudo hacer Teodoro sin reprehensión de injusto, lo puede hacer Hipárchîa sin reprehensión de injusta: hiriendose Teodoro a sí mismo no obró injustamente: luego tampoco Hipárchîa obra injustamente hiriendo a Teodoro. A esto nada opuso Teodoro, contentandose con tirarla de la ropa: pero ella no se asustó ni turbó como mujer, sino que como Teodoro la dijese:

Eres la que dejaste
La tela y lanzadera?

Respondió: Yo soy, Teodoro: te parece por ventura, que he mirado poco por mí en dar a las ciencias el tiempo que había de gastar en la tela?{1} Estas y otras muchas cosas se refieren de esta Filósofa.{2}

{1} Parece alude esto a la respuesta que da a Cadmo su hija Agave en la tragedia de Eurípides intitulada Las Bacantes.

{2} Soy del sentir de Kühnio acerca de que estas dos Vidas de Metrocles e Hiparchia son parte de la de Crates, como el mismo contexto manifiesta. Menagio para separarlas hace varias correcciones en el texto absolutamente arbitrarias. En la Vida de Zenon Estoico también se incluyen la de Aristón, la de Herilo, y la de Dionisio.»

miércoles, abril 08, 2015

De la singularidad de vivir - Ignacio Castro Rey

«Las “humanidades” han de aprender a ser agresivas, mucho más duras que las ciencias. Tienen una relación con la noche que a la ciencia le asusta y, para salir de esa reserva india a la que se las condena, deben aprender a infiltrarse en el cuerpo social diurno, a dejar ahí sus cargas de profundidad. Si se refugian en la Universidad, aceptan su papel subsidiario.

»La Universidad, que es manifiestamente mejorable (aquí y en todas partes), es de todas formas una maldición si uno cree en ella. Es aconsejable reservar las creencias para otras cosas. Con todo, uno puede especializarse (técnica, profesionalmente) y negarse a una especialización integral, digamos, anímica. Es imprescindible resistir a este nuevo tipo de clonación integral que se nos promete, aquello que el bueno de Ortega llamaba la “barbarie del especialismo”. Es necesario mantenerse sin especializar frente a la vida y la muerte, frente a lo que de común, de único e intransferible tiene cada existencia. De otro modo nos convertimos en monstruos, para los otros y para nosotros mismos. Alguien especializado integralmente, ¿con qué órgano va a amar, cómo va a odiar? ¿Cómo va a tener amigos y enemigos, en qué va a creer y por qué va a luchar hasta el fin de sus fuerzas? Sin todo esto, que no se puede especializar, aunque la información nos diga otra cosa, no es concebible la humanidad, sea cual sea el “nivel de vida”.

»Asistimos a una inflación de la palabra “calidad” porque vivimos inmersos en el modelo global (un poco infantil, pero consolador) del tamaño, de la cantidad y lo numérico. Es así que nuestra cultura, ahogada por el puritanismo de la escala, enloquece con el mito de la cualidad real. En la vida cotidiana ha de ser cercada, acosada, maltratada. A cambio, el mercado juega con su ilusión privada, con su simulacro de elite. Lo grave es que éste es el destino de la misma vida humana, considerada en conjunto. Hablamos de “calidad de vida”, pero en el fondo todos sabemos que se trata de una vida sometida a la cantidad (dinero, bienes, consumo, longevidad), una cultura esclava de lo numérico.

»En este punto la hipocresía social ha dejado en pañales a las formas teatrales de antaño. Se nos llena la boca con la palabra “igualdad”, pero todos sabemos que ni siquiera una vida humana es igual a sí misma. El día que yo sea igual a yo (digamos, que mi existencia sea igual a mi identidad), se acabó, soy un zombi, estoy muerto. Como no confiamos en la singularidad de vivir, en la potencia de sus sombras, la igualación aritmética es la única manera que tenemos de soportar al otro. Pero entonces, reducido a un esquema general, ya no queda tal otro, ni siquiera en el interior de nosotros mismos. La soledad de un individuo que flota en el limbo de lo igual es el destino de una cultura, la nuestra, que ya no puede aceptar la diferencia real. Una prueba externa de ello es la ferocidad con que nos lanzamos sobre cualquier otro (sea persona o nación) que queda sin cobertura, al descubierto, en una singularidad sin canon y sin armas de ningún tipo para defenderse.

»Es posible que el problema no esté tanto en la “formación”, que siempre es un valor relativo y discutible, como en el coraje y la honestidad personales para afirmar y sostener algo distinto, que no necesite mendigar un lugar reconocible de antemano. Cualquiera puede ser crítico o artista, creo. La única condición es haber pasado una temporada en el infierno y haber vuelto de ahí con una forma, un poco perturbadora. Los seres humanos que persisten en nuestra memoria (sean van Gogh, Ribera, Chéjov, Rilke o Cage) han sido cualquiera, hombres “del subsuelo” según decía Deleuze, antes y después de ser alguien reconocido. Para ello es condición necesaria, aunque tal vez no suficiente, haber aguantado la tempestad abstracta del afuera, un tipo de mal que no es imputable a ningún verdugo conocido. Creo que el dilema es sencillo, como todo lo que importa. Para sobrevivir a una vida amenazada mortalmente por dentro, una mujer o un hombre han tenido que volver a nosotros con una obra que les rebasa absolutamente. Una obra que ha salido de sus manos, para la cual sólo han sido médiums. La crítica sólo puede estar a la altura de esa irrupción, que tiene algo de inhumano, volviendo a reproducir con palabras esa singularidad sin equivalencia. Parece que me estoy poniendo muy metafísico, pero intento hablar del colmo del delirio que llamamos sentido común.

»Estamos ante uno de los peores peligros. Un tipo de poder que se presenta como “fan de ti”, que quiere que disfrutes, que seas feliz y hagas tu vida. Si antes el modelo era el rompeolas autoritario, patriarcal y tosco (que enseguida levantaba resistencias) ahora el orden social es sonriente, materno y participativo. Como un poder uterino, un líquido amniótico que sólo quiere protegerte. ¿A qué precio? Con una sola condición: que aceptes que eres una víctima, débil y en perpetua crisis. De ninguna manera se va a tolerar que alguien sea verdaderamente libre, independiente de la hipocondría general. De ahí nuestro delirio con la “soledad”. De ahí también que Virilio insistiese en que nuestro modelo humano, en el fondo, implica parecerse lo más posible a un “inválido equipado”. Y aquí un simpático militar recordaría: ¡Y ustedes no han visto nada todavía!»