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miércoles, febrero 03, 2021

Literatura / futuro

«La literatura no tiene que ser edificante -insiste Freijo Corbeira-, ni mucho menos, ni la escritura es una herramienta sanadora. Es más, si algo me inquieta o me perturba mucho no puedo escribir. Solo cuando eso se ha serenado o está digerido, a partir de ahí, se puede escribir. Ya decía la poeta Marina Tsvietáieva algo así como: ‘‘No puedo hablar de la noche porque todavía es la noche’’. Hace falta estar fuera».
Aurora Freijo Corbeira

«Nuestra noción del tiempo hace posible la existencia de la literatura, tal y como la concebimos hoy en día. Una de las preocupaciones principales de la literatura moderna tiene que ver con la fugacidad del tiempo y con la impermanencia y la palabra se convierte para muchos en un bastión que defiende ciertos recuerdos, aislándolos de la temporalidad.
«Sin duda pienso que toda experiencia tiene el potencial de volverse estética. La escritura, si bien no redime las experiencias difíciles, es, al fin y al cabo, una expresión de vitalidad. En este sentido, escribir, aunque sea escribir sobre la muerte, es una forma de reafirmar la vida».

«“Tengo tal desconfianza en el futuro, que sólo hago planes para el pasado”. Esta frase de Flaiano ―un escritor cuyas bromas deben tomarse muy en serio― contiene una verdad sobre la que vale la pena detenernos. En efecto, el futuro, como la crisis, es hoy uno de los principales y más eficaces instrumentos de poder. Ya sea que se le visualice como un espantapájaros que se agita amenazante (empobrecimiento y catástrofes ecológicas), o como un brillante porvenir (como el desagradable progresismo), en cada caso se trata de difundir la idea de que debemos orientar nuestras acciones y pensamientos únicamente hacia el futuro».



jueves, noviembre 19, 2020

Filosofía del tiempo - José Antonio Marina


Leo La selva del lenguaje, introducción a un diccionario de los sentimientos de José Antonio Marina y es un maravilloso viaje: filosofía, lingüística y literatura. Con motivo del día internacional de la filosofía les comparto estos párrafos de la web de José Antonio Marina:

«Cada uno de nosotros tiene por misión descubrir un aspecto de la realidad que otro no puede ver. Y me parece que la mejor ofrenda que podemos hacer a los demás es intentar que nuestra visión sea lo más verdadera, hermosa y buena posible. Siempre me ha admirado el talento y la brillantez con que personas aparentemente vulgares han resuelto los complejisimos problemas del vivir. Suelo pedir en muchas ocasiones a mis lectores que me cuenten su actitud ante algún asunto concreto, porque me parece que de esa creatividad humilde puedo aprender más que leyendo mamotretos filosóficos. La ciencia, a la que he dedicado tantas horas, se mueve entre conceptos abstractos. Por eso a los científicos nos conviene bajar a la variedad inagotable de lo real, valorar lo imprevisible y sorprende de la individualidad. Descender, para decirlo brevemente, de las matemáticas a la poesía.

»Cada uno de nosotros tenemos un doble deber: aclarar y tejer. Hemos de iluminar nuestra realidad interior y la realidad que nos rodea. Las tinieblas nunca son buenas. Neruda, en un bellísimo poema dedicado a la claridad, escribe: “Debo / cumplir mi obligación / de luz: ir y venir por las calles, / las casas y los hombres/ destruyendo/ la oscuridad/ Hasta que todo sea día, / hasta que todo sea claridad/ y alegría en la tierra”.


»El segundo deber deriva de nuestra profesión de tejedores. El mundo surge de nuestras relaciones. Es un gigantesco tapiz, en el que participamos todos, para completar un bello dibujo, o para emborronarlo. Los seres humanos valemos lo que valen los lazos que anudamos, los intercambios que somos capaces de establecer. No somos islas ni bolas de billar ni barcos que se cruzan en la niebla y hacen sonar sus sirenas. Estamos todos comprometidos en una gigantesca conversación y, como les he dicho muchas veces, las conversaciones producen efectos emergentes o degradantes. Nos elevan o nos hunden. A todos nos interesa participar en un brillante conversación, que nos ayude a desplegar nuestros mejores talentos, de la que recibamos ánimos y alegría, y debemos empeñarnos en conseguirla.

»Lo que les decía, el futuro se presenta ajetreado e interesante.»

miércoles, julio 22, 2020

Oscuridad(es)

«La pregunta no es dónde, sino cuándo.»
Dark



«Lo importante y lo insignificante no siguen las mismas reglas. No podemos cambiar las cosas a gran escala, pero sí las pequeñas. Cambiemos un grano de arena para cambiar al mundo entero.»


«Confiamos en que el tiempo se mueve en forma lineal. Que avanza siempre y de modo constante hacia el infinito. Pero la distinción entre pasado, presente y futuro no es más que una ilusión. El ayer, el hoy y el mañana no son consecutivos. Están conectados en un círculo sin principio ni final. Todo está conectado.»


coincidencia de lectura:
según Jeremy Campbell en El hombre gramatical.

lunes, octubre 23, 2017

Irremediablemente fijo - Mario Benedetti

“Cuando uno tiene que estar irremediablemente fijo, es impresionante la movilidad mental que es posible adquirir. Se puede ampliar el presente tanto como se quiera, o lanzarse vertiginosamente hacia el futuro, o dar marcha atrás que es lo más peligroso porque ahí están los recuerdos, todos los recuerdos, los buenos, los regulares y los execrables. Ahí está el amor, o sea estás vos, y las grandes lealtades y también las grandes traiciones. Ahí está lo que uno pudo hacer y no hizo, y también lo que pudo no hacer y sí hizo. La encrucijada en la que el camino elegido fue el erróneo. Y ahí empieza la película, es decir, cómo habría sido la historia si se hubiera tomado el otro rumbo, aquel que entonces se descartó. Generalmente, después de varios rollos uno suspende la proyección y piensa que el camino elegido no fue tan equivocado y que acaso, en igual encrucijada, hoy la elección sería la misma. Con variantes, claro. Con menos ingenuidad, por supuesto. Con más alertas, por las dudas. Pero eso sí manteniendo el rumbo primordial...”

Primavera con una esquina rota

miércoles, junio 06, 2012

no se salga del sendero...

¿Cómo cambiar el pasado? ¿Cómo rehacer nuestra vida? ¿Hay futuro? Anoche veía fotografías, o mejor dicho veía miradas. Y me puse a escribir con furia, con una energía que hace mucho no sentía, a pesar de la migraña y los pensamientos. Una fotografía, la imagen congelada en el tiempo, como apunté en el post anterior, puede tener la calidez como para hacernos el día, para alborotar las mariposas que solemos traer en el estómago algunas personas. Las palabras igual.

Después de poner el post, ya recostado, se me ocurrió pensar a cuántos grados arden qué cosas, y el peligro de que haya quien decida lo que quemamos y lo que tenemos derecho a tener. Sobre cómo nos quemamos, o nos queman. Y me dormí casi al amanecer.

Este miércoles murió Ray Bradbury y se anunció el premio Príncipe de Asturias a Philip Roth, escritores ambos que me han acompañado en momentos clave de mi vida. Debido a sus obsesiones y a pesar de ellas, ambos se reinventan en cada texto, vuelven sobre sí, dejan el sendero que les habían marcado. Advierten, critican. Nos hablan de la desazón (en uno y en los demás) de salirse del sendero, de parar en la estación equivocada. "Uno debe inventarse a sí mismo todos los días y no sentarse a ver cómo el mundo pasa allí adelante, sin que uno participe", dijo Bradbury, autor de Crónicas marcianas, Remedio para melancólicos y la genial Fahrenheit 451, referencia a la temperatura a la que arde el papel, y que da pie a una sociedad distópica donde los libros son prohibidos y quemados. "No intento describir el futuro. Intento prevenirlo", comentaba.

En vacaciones de semana santa (entre muchos otros libros) saqué de la biblioteca Remedio para melancólicos, y con él pasé varias horas. "El amor es la respuesta a todo. Es la única razón para hacerlo todo. Si no escribes historias que amas, nunca funcionará. Si no escribes historias que otras personas aman, nunca funcionará".

Llegar a marte, llegar a amarte, legar la muerte. Transformarnos en pesadillas o en algo extraterrestre. Además del amor, que apunta Bradbury, está el dolor, recurrente en los personajes de Roth. Y aunque el dolor no tenga significado el escritor trata de dárselo en sus personajes, aunque él mismo sea un personaje, no siempre el protagonista. Y entre amor y dolor, escribir.

Dice Bradbury (el zen de la escritura):

«No escribir, para muchos de nosotros, es morir.

Debemos tomar las armas cada uno y todos los días, quizás sabiendo que la batalla no podrá ser ganada enteramente, pero pelear nosotros debemos, así sea sólo un gentil combate. El más pequeño esfuerzo por ganar significa, al final de cada día, una suerte de victoria. Recuerda al pianista quien dijo que si no practicaba cada día él sabría, si no practicaba por dos días, los críticos sabrían, y después de tres días, la audiencia lo sabría.

Una variación de esto es verdad para los escritores. No es que tu estilo, cualquiera que sea, se derretirá fuera de forma en esos pocos días.

Pero lo que podría pasar es que el mundo te alcance y trate de enfermarte. Si no escribes todos los días, los venenos se acumularán y comenzarás a morir, o actuar como loco o ambos.

Debes quedarte intoxicado en escritura de manera que la realidad no te destruya.»

Muchos optan por no involucrarse con tal de no sufrir, no discutir, no pelearse. introspección peligrosa la de muchos, y lo más preocupante, de jóvenes. Me quedo en mi burbuja rosita, piensan. Zuckerman, personaje de Roth, escritor también, se asume como personaje del teatro del ridículo. Yo me asumo como personaje secundario que acompaña a su personaje principal. Acaso un cronista de alguien que sabe ver la realidad. Yo no. Otra verdad es que un personaje puede marcar toda la obra así salga en un solo pasaje... Lo malo es cuando todas las lecturas coinciden en que soy el antagonista.

"Escribir falsa biografía y falsa historia, tramar una existencia semiimaginaria a partir del drama real de mi vida es mi vida...", escribió Philip Roth (citado aquí), y sus novelas y artículos son así, una cruza de realidades y vidas. Hay vidas obvias que pecan de linealidad, o que tienen mucha imaginación pero la tuercen en su perjuicio. Cuando hay una chispa no se puede uno quedar callado ni dejar el pasado tal cual. Para eso es cada día. Para eso están las imágenes y las letras.

miércoles, abril 18, 2007

La poesía es un arma cargada de futuro - Gabriel Celaya

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.