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lunes, marzo 10, 2025

Mujer - Amalia Osornio


Salgo corriendo a tomar el transporte

busco apresurada un asiento

intento entre tumbos pintarme los labios

con el dorso de la mano termino borrando mi fracasado intento

Me quedé mirando distraídamente

a través de la ventanilla

Una hermosa mujer con zapatillas muy altas

caminaba por la acera del lado opuesto

El conductor asoma su sucio y sudoroso rostro

bajo su enmarañada cabellera

lanza un pronunciado y agudo silbido

mientras exclama

¡Ésta si es una verdadera hembra!

Qué poco sabía de la incomodidad

de soportar las zapatillas durante toda su jornada

lo que no sabe es que esa mujer

antes de vestirse para salir a trabajar

primero se ha vestido de fortaleza

porque ese es su verdadero uniforme

Tampoco saben lo bien que disimula

con maquillaje su cansancio

y que revive sus ojos con tonos luminosos

para esconder sus largas noches de insomnio

que recibirá elogios posiblemente

más por su belleza que por su trabajo

mas nadie conocerá la tristeza que encierra su corazón

Por la tarde llegará a su casa

las sandalias esperan a la entrada

intentando suavizar las huellas que las zapatillas han dejado

y se hace la transmutación

lejos de lujosas oficinas con sus pisos abrillantados

Con la cara limpia comienza la otra parte de su día

detrás del lavadero friega la ropa

cuidando sus uñas para que no se le rompan

mientras sobre la estufa el guisado espera

y así día a día

Esa mujer que recibe elogios y la llaman coqueta

porque tiene cara bonita y buena presencia

no saben que en ella se esconde

la mujer que lucha, la mujer que ama

la mujer valiente que cada día se viste de fortaleza

la mujer que no se deja doblegar

cuando sopla el viento de la adversidad.

domingo, marzo 09, 2025

Acróstico - Eva Govea

Das cariño y amor.
Inigualable tú eres,
Amiga, hermana, madre, empleada, ejecutiva…

Incansable y luchadora,
Nunca te rindes,
Tenaz ante la vida.
Ejemplo de superación,
Resiliente ante la adversidad,
Nada logra detenerte.
Alegras a quienes te rodean
Con compromiso y devoción,
Incomparable es tu dedicación.
Obstáculos con valor superas,
Nuevos ideales persigues por la equidad.
Abrazas tus éxitos profesionales,
Los límites no existen para ti.

Día tras día
Enfrentas retos y desafíos.

La belleza interior
Acompaña tu pasión.

Mujer admirable,
Universal, sabia, guerrera…
Joya invaluable,
Empoderada, valiente, emprendedora.
Rompes barreras para la libertad.

sábado, marzo 09, 2024

Mariposas monarcas - Olimpia Badillo Iracheta


Qué harán con tanto olor a lluvia entre las piernas
con tanta humedad en celo, dispuesta al viento
a la mordedura de los árboles recién cortados
horadados en la mirada santa
de una mano que mendiga sus muslos.

Duelen las adormideras de sus lechos
y no hay arrullos
Se les cansan los senos de tanto mirar arriba
buscando troncos en el cielo
que les enderecen el alba,
que caminen con ellas,
erectos
cosquillándoles el borde de las alas,
oliéndoles la savia virgen de su triángulo,
el verdor del tiempo que llevan parpadeando
en el deseo
con la misma pregunta.

Cómo se les carga el ansia en el bulto
de la oruga
cuánta falta les hace el esqueleto
se abren y se cierran de abajo arriba
abrazándose solas
llenando la corteza con el cristal que les brota
despacio para mojar la pared
donde sostienen su quehacer resbaladizo
y multiplican los alto
y los bajos de la única música
que no daña el movimiento

Cometas de espaldas amarillas que sólo se abrazan
se besan
se ahogan
apoyan su piel en invierno
recargan su noche encima de todas
copulan dormidas vírgenes anuarias que no llenan de amar
que se untan una con la otra
desnudan su viaje
gotean la abertura de otra miel que yace despierta
en la hoz de sus ansias viajeras

El encierro les grita,
las mancha
les deja ruidos color manzana en los ojos
les abre de oriente a poniente las puertas
y otra vez se acercan se buscan se huelen,
se abrigan los pies la cabeza
los brazos el pubis el tiempo
se ungen los sexos se suben se bajan
(se aprietan)
la prisa de siete segundo las hace ligeras
lunares nocturnos en papel de china
pintados de hierba.

Cómo no se infartan junto a las estrellas
cómo Dios les ruega que pierdan el tiempo
asidas al verbo de esa sed sin pena ni freno
cómo no regresan secas por donde vinieron
cómo no les ajustan ni éste ni otro invierno
cómo no les espanta la cárcel que vuela sobre sus cabezas
ni los alfileres que las atraviesan
o los vidrios del escaparate
donde mueve el polvo sus alas de fiesta
cómo no les cansa ese amor en cada ala
cómo esa felicidad no les perturba el ruido
que sueltan:
pajas peregrinas
hermanas cada año
cortesanas de viento
meretrices
monarcas.

viernes, marzo 08, 2024

Reflexiones desde la botica ♠ Amari Santibel ♠

Dicen que el día de la mujer no se celebra, se conmemora ¿pero acaso no es digno de celebración el camino andado? Y es que, a lo largo de la historia, desde las mismas Lilith y Eva el papel de la mujer se asoció con algo negativo, cual veneno su participación fue imperceptible, pocas veces sospechado, pero siempre activo.

Existe una pequeña planta que genera una toxina, la 137 trimetilxantina, a modo de defensa ante los ataques. Esta toxina es capaz de provocar insomnio, taquicardia y hasta alucinaciones, lo cual puede parecer oscuro y peligroso. Podríamos llamarlo veneno, sin embargo es también un remedio altamente empleado. ¿Quién no la ha probado en una taza de café?

Recordemos a aquellas mujeres de picudos sombreros agitar una espesa mezcla delante de un caldero. De inmediato forma una imagen negativa en nuestra mente, fijada por películas o cuentos. Esas mujeres sufrieron persecución al ser asociadas con espíritus oscuros, fueron tachadas de ser veneno y hasta hace poco se les reconoció que, viviendo en una época de duras condiciones, donde hasta beber agua era peligroso, estas mujeres habían encontrado la solución para cuidar de su familia con la elaboración de la cerveza.

Este, me parece, es un logro digno de celebrar. Ver el remedio de nuestra historia y darnos cuenta que hoy estamos mejor que ayer, nos da esperanza para pensar que mañana será aún mejor. Repetido a lo largo de la historia, generación en generación. mi abuela, mi madre, yo y eventualmente mis hijas y las hijas de mis hijas. Hemos ganado la libertad de mostrarnos como somos, y darle visibilidad a ese otro lado que había quedado en penumbras.

Sin olvidar que, si bien es algo que no debió ser y es una guerra que nunca debió existir, también tenemos que tomar la responsabilidad de no replicar los errores del pasado, que la víctima no se vuelva verdugo. No es una lucha entre individuos, sino contra las acciones decididas a solo ver una cara de la moneda, de solo ver el veneno y no el remedio.

¡Feliz día de la mujer!

Reflexión sobre la obra “Casa de muñecas”, de Henrik Ibsen - Paola Georgina



Lo reconozco. La primera vez que me preguntaron qué significaba para mí ser mujer respondí: es horrible. No me juzguen. Había tenido mi primer periodo, sentía que me estaba desangrando y tenía dolor en todo el cuerpo. Para variar, intentaba aprender cómo demonios se ponían las toallas sanitarias, cómo seguir jugando con los niños durante mis días y cómo controlar esos cambios de ánimo tan drásticos. Ahora pienso diferente. No voy a decir que es hermoso ser mujer, pero sí diré que es complicado.

Me doy cuenta de que seguimos intentando romper los roles que la sociedad y nuestra familia nos han impuesto desde niñas, y lo difícil que es lograrlo. No me digas que nunca te quedaste con las ganas de responderle a tu abuela o a cualquier otra persona: ¿él no tiene piernas ni brazos para hacerlo?, o: ¿él está más ocupado que yo?, o: ¿por qué él sí y yo no?

No sabía qué podía decir acerca del 8 de marzo hasta que encontré una reseña que escribí sobre la obra de teatro Casa de muñecas, escrita en 1879 por Henrik Ibsen. Esta obra anima a las mujeres a valorarse como seres humanos fuertes y capaces, y a que dejen atrás la idea de que sólo sirven para ser el adorno o la “muñeca” de su esposo. No sólo tenemos la “sagrada” obligación de ver por nuestros maridos e hijos; ¡nosotras somos importantes también!, y es eso, durante el transcurso de la historia, lo que Nora y el lector aprenden. Cuando la protagonista se da cuenta del valor que tiene como mujer y deja de lado las ideas inculcadas por su padre, su esposo y las de la propia sociedad, toma su abrigo, sombrero y maleta, decidida a descubrir su propia verdad, capacidad e identidad que tiene como mujer.

Para mí eso es lo que significa ser mujer. Sí, nuestras vidas son complicadas, ¡nosotras lo somos!, pero tomemos abrigos, sombreros y maletas y ¡salgamos!, salgamos a conocer, a arriesgar, a caer y a veces, a ganar. No sólo lo hagamos hoy… ¡hagámoslo todos los días!, porque todos los días somos mujeres.

Amiga del mundo - Olimpia Badillo Iracheta

Soy Amiga del mundo, amante de la gente que le gusta leer, vestirse de sueño e imaginación y ser habitante de una tierra que construyamos para las nuevas generaciones.

Mi edad la cuento por bisiestos.

Mi lugar de nacimiento se ubica en la semilla que depositó mi padre cuando trabajaba en Tamazunchale y que mi madre hizo brotar cuando vivíamos en Ríoverde. Crecí en una familia íntegra con un padre compartido y una madre para nosotros solamente.

Me gusta decir que amo todo lo que el mundo ha conservado como obra suprema.

Escribo lo que la vida me ha regalado. Alguien me lo publica y soy feliz.

Día de la Mujer - Alejandro Preciado


Año de mil ochocientos cincuenta y siete, ocurrió
una huelga desatada en la ciudad de Nueva York.
Ocho de marzo sangriento, las mujeres reprimidas
lucharon valientemente y hasta entregaron sus vidas.

Pedían un salario digno y reducir las jornadas,
los patrones abusivos las mantenian explotadas.
Unas murieron por balas, la policía se encargó,
otras en aquel incendio que su empleador inició.

La lucha no terminó, es algo que está vigente,
las mujeres siguen firmes y cada vez más presentes.
Reclaman ante los hombres el cese de la violencia,
que respeten sus derechos, que ya no haya indiferencia.

La indispensable igualdad, algo importante y profundo,
todavía no es una ley en muchas partes del mundo.
El pensamiento machista opone gran resistencia,
hay cadenas por romper, cadenas de la conciencia.

No se ha logrado llegar a una justa condición,
hay muchos que se resisten y siguen con la opresión,
la explotación no termina, la violencia no ha acabado,
la sociedad es injusta y se ha deshumanizado.

Por eso ellas marchan fuertes, con arengas poderosas,
reclamando sus derechos y sintiéndose orgullosas
de ser de una casta nueva de mujeres combatientes,
dispuestas a confrontar, asombrosas y valientes.

martes, marzo 08, 2022

Vertiges du temps / Vértigos del tiempo - Amanda Bouchenoire

 


web de la autora:



La casa que se robó a la luna - Gabriela d'Arbel


Los ladrillos se desprenden de los cimientos. La casa avanza con lentitud, como un dinosaurio viejo. Cruza la calle, es un buque de dos pisos que se aleja. Por unos segundos pienso que se derrumbará, pero sigue moviéndose como si nada. Desbarata los patios, revienta los tendederos donde la ropa blanca intenta sostenerse. Su torre cuadrada se lleva los cables de luz. Parte en dos la calzada y captura a las palmeras. Se aleja de mí. Sólo entré una vez y el recuerdo también se va, viaja con ella, lo puedo ver en el balcón central, es una mancha llena de imágenes que con los minutos se van desvaneciendo.

No puedo creer que ya no esté en su lugar, duró tantos años quieta, muy quieta, haciéndose vieja, tan familiar para los vecinos. Víctima de abandonos, de maltratos, de restauraciones. Quiero seguirla, pero avanza rápido y se pierde en las espaldas de los edificios. Desciende la noche, a pesar de la negrura, ahora es más fácil verla. En su andar la luna se atora en la torre, una mujer de lentes intenta liberarla. La casa no deja de avanzar. Puedo verla porque lleva su propio, inmenso foco encendido, todo lo demás es oscuridad. Es codiciosa porque en ella navegan los fantasmas que se fueron refugiando, con el tiempo, sobre las macetas del patio, dentro del sótano, entre la ropa del closet, en el horno cálido de la cocina.

Ya no la veo, sólo a la luna que desistió de luchar por zafarse. Se resigna a perder su rumbo y sigue el mapa que va dejando la casa por toda la ciudad. Ahora yo formo parte del caos que dejó a su paso, mi mente está vacía, mis pensamientos se fueron con ella.

Dance Impro II - Sarahí Lay

8M: actividades institucionales en SLP

 




En ti hay una casa llena de tiempo para dar - Fabiola Amaro


En ti hay una casa llena de tiempo para dar
la primavera que templa los brazos de una madre,
una camada de sueños femeninos
para quitar piedras del camino y aligerar la sonrisa de otras.

En ti existe la fuerza de la última gota de sudor de Juana de Arco.
El proyecto de dar vida aun a costa de tu vida
en un acto de abundancia se comparte tu vientre generosamente.

Sabes distraer los días nublados.
Histérica, triste, indomable, rebelde, ¿y qué importa?

Más que hormonas, eres niña, anciana, hechicera de palabras.
Penélope esperando el milagro de un regreso generación tras generación
y le pones nombre de esperanza.

Vas a tu paso sin obedecer sermones
porque de nada sirven si son vanos
y los haces a un lado porque no son tuyos.

Sientes en las entrañas
el dolor de aquellas que dejaron su tierra
y van en busca de sus hijas perdidas.

Es tuyo el manantial de tu agua fértil.
Es nuestro el fuego, pero nunca las cenizas.
Diálogo eterno en la naturaleza de tu inagotable ser.

En el mismo lugar - Andrea Saldaña

La pagina en blanco, cruel espejo
solo refleja lo que has sido.
Y. Seféris



Sabíamos que no podía acabar de otra manera
aun cuando lograran trastocarse los recuerdos
o sacudir con ambas manos el resto de la tarde.

Sería como vencer la sobriedad de aquellos días
sin permitirse nunca algún descuido,
requeriría restablecer la escena,
incidir sobre la llama
y hurgar en el vacío hasta sus últimos resquicios.

Y es que el silencio
se nos iba metiendo hasta los huesos,
no aquel silencio que resuelve su blanca desnudez
con el follaje verde de las cosas,
sino el que inopinadamente
nos va cayendo encima
untándose a nosotros como una masa pegajosa
maloliente
clandestina
monótona en su afán de fiel custodio.

Ya para entonces
uno se iba quedando sitiado tras la ausencia
enredado en sus verbos y en sus noches
malabareando delirios lapidados
en el mismo lugar,
justo donde otros tantos
apenas iban comenzando.


Fuente: El erotismo y sus juegos, Andrea Saldaña Rivera.

¿Y si yo la encuentro? - Mónica Reynaga

—Mira, ahí va María otra vez.

—Sí. ¿Crees que algún día...?

—No, no sé, ya ni me hago la pregunta, dejémosla descansar.

Las mujeres siguieron su camino. María, una señora de edad avanzada, miraba al horizonte sin decir nada. A veces escuchaba las conversaciones que se hacían sobre ella, pero no se molestaba en voltear. Desde hace mucho tiempo había cosas que ya no valían la pena.

Sus manos se habían cansado de tanto tomar el frío y duro metal de la pala con la que escarbaba. No, cansadas no, simplemente ya no podía, era por ello que se limitaba a observar a las demás hacerlo.

El día que asesinaron a su hija quedó tan impregnado en su memoria que no había un solo día en que no pensara en ella.

“Si tan sólo le hubiera dicho”, “si tan solo hubiera estado”, “si tan solo…” Las frases pasaban por su cabeza una y otra vez. ¿Valía la pena recordarlo? Seguir con la herida abierta después de tanto tiempo. Sus cabellos se habían tornado más claros, su rostro mostraba el rastro de sus desvelos, de sus lágrimas y de su lucha.

Cavaba hasta que su piel ardía, pues el sol no dejaba de brillar ni una sola vez, aun en los días nublados. Sus manos sangraban de las ampollas producidas por el increíble esfuerzo que hacía todos los días de su vida, desde aquel día.

A Rosa la habían asesinado un día antes del cumpleaños de su madre. En el pueblo todos lo sabían, pues el asesino confesó. Aquel que le había jurado amor eterno fue el mismo que detalló la escena:

“¡Quería dejarme! ¡Está pendeja! ¿Ella a mi? ¡Yo que le hice el favor de fijarme en ella, pinche vieja histérica! Pero MI AMOR, es el mejor y ella nunca iba a encontrar a alguien mejor que yo. Cuando yo estire la pata nos vamos a reencontrar allá en cielo, si Dios va a entender por qué lo hice, ella también”.

A María no le importaba lo que él pensara, eso no era lo importante. Ella quería ver una vez más a Rosa, Rosita, su niña, su morenita.

“¿Pa qué quieres saber dónde está? ¡Vieja estúpida! ¿Qué te importa? Ella ya no está y ni la busque porque aunque YO me muera, ustedes nunca van a saber en dónde la dejé, quería irse y ese es su castigo. Ahora nadie la va a encontrar, estará sola hasta que se pudra. Cuando le rindamos cuentas al de más arriba, ahí nos arreglamos”.

Esas fueron las últimas palabras que María escuchó del hombre que le juró amor eterno a su hijita. Poco después, en el pueblo se corrió el rumor de que se se había vuelto loca después de escuchar que aquel hombre había sido liberado, bajo el argumento de que fue “víctima de sus pasiones”. El asesinato había sido olvidado por todos, nadie lo mencionaba y aquel hombre rehizo su vida meses después.

María no había olvidado, tampoco se había vuelto loca. En ese pueblo, donde se tiene poca memoria, las que no olvidan son como almas en pena que entre la cegadora tierra, casi blanca por el reflejo de la luz, buscan a quienes amaron con una pala como único instrumento.

El olor, si, el olor es una buena señal. Los cuerpos en descomposición, los cuerpos quemados, el rastro de sangre y la ropa abandonada indican que alguna vez hubo vida en donde ahora está enterrada una parte del corazón de aquellas mujeres que buscan a sus seres queridos. No hay tiempo para pensar lo que es justo o no, el tiempo solamente se refleja en sus rostros cansados y sus cuerpos agotados, de lo contrario no sabrían cuánto tiempo ha pasado desde que iniciaron la búsqueda.

“No me importa nada más, quiero encontrarla”, dijo alguna vez una voz en medio del desierto.

Nada cambió el día en el que la asesinaron. Las Buscadoras no pararon, el mundo tampoco, por más cruel que pueda pensarse, ella estaba segura de lo que hacía. Volver a abrazar a su hija era su único anhelo, así fuera el cráneo o un hueso.

Sabía que su cuerpo físico ya no existía y se dedicó a observar a las demás. Ya no podía tomar la pala y cavar, ya no podía oler y seguir a su instinto, pero podía señalar y guiar. A veces las ánimas de aquellos que se despiertan confundidos en medio de la cálida tierra son guiadas por una bondadosa anciana para que encuentren su descanso eterno.

—María, ¿alguna vez descansarás? —preguntó una de las mujeres que también fue enterrada en una de las fosas comunes. Esa mujer había sido secuestrada y mutilada; cuando la encontraron, su alma al fin pudo descansar, no sin antes haber sido llevada de la mano por María hacia el final del desierto.

—Sí, cuando encuentre a mi hija.

Y esa fue una de las pocas veces que habló después de morir.

—Algún día encontrarán a mi Rosita. Cuando eso pase tomaré su mano, nos iremos a casa y por fin podré decirle que todo está bien, que su madre está aquí con ella.

Ante el espejo - Andrea Saldaña Rivera:

I


Enseñas a vestir sin egoísmo
esa luz que se vierte,
que deslumbra,
inaudibles compases colmando la quietud
la mirada se pierde...
tras la puerta
el insomnio de los días
suspendidos en la nada,
la pupila, tranquila ante el espejo
redescubre tu rostro
de ceniza,
quizás cierta manera de saber
el eco, oculto en la memoria.

II

Cuando aquella mirada
envuelve
la piel endurecida,
monólogo impreciso que se alarga
se desploma tu risa
como un minuto que se ahoga
en el hueco del espejo.


III

Pasa el viento de otoño
creyéndote desnuda
dispersa en ese manto de hojarasca,
bajo tu piel
quedan tibios silencios,
antes eran rutina, somnolencia,
cruza ahora la tarde y se tiende en el gris opaco de las nubes
leve como un murmullo.
Tus manos
recogen esos rezos
cubriendo acaso en ellas
imaginariamente
un aroma de lluvia,
para mojar las glebas,
la espera y la semilla.

lunes, marzo 07, 2022

Revista Líder Empresarial: San Luis Potosí en femenino

 San Luis Potosí en femenino



Mujer - Beatriz Rodríguez

Como cada día, despiertas antes que suene la alarma. Abres la ventana para tantear el clima: soleado, será un problema elegir vestido. Camino al lavabo te topas con tu cuerpo en el espejo, un cuerpo que ha dejado de tener forma de mujer y es ahora carne rolliza. Extrañas esos días en los que debajo de tus pechos grandes y firmes seguía una estrecha cintura. En su lugar, ahora cuentas exactamente cinco rollos, odias esa imagen tanto como al espejo de cuerpo completo. Suspiras al saber que será difícil retomar aquellas horas de ejercicio. La edad, las emociones y la rutina se han convertido en una pesada carga. Del vientre firme, la cintura breve y las piernas tornedas nada queda. 

Con desgano, aún con esa imagen horrenda en tu mente, lavas tus dientes. Bajas esos escalones estropeados por el tiempo y colocas los granos de café en la olla. Lo sirves con un chorrito de leche y sorbo a sobro lo tomas dando pequeñas mordidas a una galleta diminuta. 

A tu pesar, ahora a la regadera, se acerca la hora de salir. Restriegas tu piel con esa tela rasposa untada de jabón, con la esperanza de que además de sacar el sudor y el mal olor, también se lleve el dolor, la tristeza y desilusión de tu cuerpo. Al salir te topas ahora con tus canas en el espejo del lavabo. De aquella cabellera rojiza, ondulada, abundante ahora sólo quedan cabellos blancos difíciles de peinar.

Arribas a ese lugar en el que durante ocho horas deberás sonreír y tratar a todas las personas con amabilidad y cortesía. Lo haces, por convicción, por vocación, por obligación, pero lo haces. 

Es hora de dejar esa tienda departamental, ese lugar que al pasar de los años sientes tan ajeno a ti, a tus posibilidades y a tus intereses. Piensas dos veces antes de ir a ese lugar tan adornado que provoca tomar un trago, pero lo haces. Pides una margarita, la degustas, pides la cuenta y el encargado de la barra te dice que ya está pagado el consumo. Al llegar a casa te das un buen baño con agua tibia, entras en las sabanas y te duermes esperando no despertar al siguiente día antes de que suene la alama.


Historias cada vez más comunes: Matilde (periodista) - María Garay López


En la sala de redacción del periódico El Oportuno, uno de los pocos diarios impresos que todavía se leen en la ciudad, Matilde escuchó una voz burlona a poca distancia de donde se encontraba. Era uno de sus compañeros, quien se despedía de ella en tono de mofa por el tiempo extra que ella dedicaba al trabajo.

La joven ya se había acostumbrado a ese trato, y también al poco reconocimiento a su empeño por parte de su jefe. No le importaba. Aunque invertía más horas que el resto del personal, se sentía feliz de hacer lo que le gustaba: periodismo de investigación. Y el caso que ahora la mantenía tan ocupada concentraba todo su interés: la recopilación de información biográfica de una “buscadora” (mujer que había pertenecido a un grupo de madres y esposas de desaparecidos, que buscaban indicios o restos humanos en fosas clandestinas).

Matilde sabía que con su investigación estaba corriendo riesgos; tantos, que ponía en peligro su integridad física. Aun así, era una idealista y pensaba que su historia serviría para llamar la atención de las autoridades —los grupos de “buscadoras” son casi completamente ignorados—, y podría redituarle a ella el premio de periodismo que tanto anhelaba.

Claro que tenía miedo: en las últimas semanas había recibido tres o cuatro llamadas de números desconocidos, y había notado que, de manera “ocasional”, se topaba con un sujeto en el elevador, con pinta de policía o guarura, por lo que prefería bajar las escaleras acompañada de otras personas. Pero con cada entrevista y sitio que visitaba, Matilde perfilaba mejor a su personaje, y estos logros reafirmaban su deseo de continuar hasta el fin.

Se sobresaltó cuando sonó su teléfono celular. Era su hijo, quien le dijo algo sobre la tarea de la escuela. Concentrada en el trabajo, no se había dado cuenta de la hora que era: cerca de las nueve de la noche.

Matilde guardó sus cosas, y envuelta en su abrigo salió del edificio de manera apresurada. Un viento helado le cruzó la cara en el trayecto a su vehículo. Le pareció ver dos figuras corpulentas en las sombras. Corrió y se introdujo a su automóvil temblando. En este momento, al recordar la carita de su hijo, ya no le pareció tan buena idea seguir con la investigación. Quién sabe mañana. Si el insomnio se lo permitía, solo por esta noche dormiría un rato.

Historias cada vez más comunes: Maura (callejón oscuro) - María Garay López



En medio del silencio, a Maura le parece abrumador el sonoro taconeo de sus zapatos sobre los adoquines del callejón oscuro y desierto. En la esquina, una lámpara apenas ilumina un escaso trecho de la calle. Camina con prisa. Son casi las doce de la noche y todavía faltan tres cuadras para llegar a su casa.

No entiende en qué momento se dejó convencer por Antonia de salir precisamente esta noche: fin de quincena y sin dinero suficiente para el taxi.

Se recrimina en silencio: sólo a ella se le ocurre hacer caso de su invitación. ¡Como si no la conociera! Diario coquetea en la oficina con todos los compañeros; sólo tiene dos cosas en la cabeza: fiesta y sexo. Y ¡claro!, se fue del bar acompañada del tipo ese, con quien estuvo platicando todo el rato.

Pero se ha sentido tan sola desde que Augusto la dejó que necesitaba salir y divertirse; no consideró que iba a tener que regresar sola a su casa, y a pie, para rematar, ¡con tanto sinvergüenza suelto por la calle!

A través de una ventana alcanza a escuchar el sonido de un conocido programa de televisión; sus hijos Estela y Ramiro estarían también viéndolo, junto con Teresa, la vecina que se ofreció a cuidarlos mientras ella estaba fuera.

Un poco más allá del farol mira unas sombras que cruzan la calle y se dirigen a ella. Se le eriza la piel. Camina más rápido. A pocos pasos de ella, distingue a un hombre y una mujer abrazados que pasan a su lado sin mirarla apenas. Suelta el aire contenido y apresura el paso.

Maura recuerda que de unos meses a la fecha han sucedido cosas horribles en el barrio: “levantaron” a Susy, hija de la señora Antonia, dueña de la tiendita. Hace semanas que la pobre no sabe nada de ella; lo bueno que a su hermana pequeña (por cierto, de la misma edad que su hija Estela), quien la acompañaba ese día, no se la llevaron. El caso de Rosario, su amiga, también viene a su mente: cómo tuvo que salir huyendo del trabajo porque faltó poco para que uno de los compañeros, presuntamente intoxicado, la violara. Y las dos jóvenes de la secundaria, robadas y golpeadas a la salida de clases por un escuincle narcomenudista. 

Maura se estremece. Hace frío y una ligera llovizna empieza a caer; sin embargo, siente correr el sudor por su cuello y espalda. Aprieta en su pecho la bolsa de mano. Quién sabe si para asegurar el poco dinero y credenciales que en él porta, o a manera de escudo protector.

Acelera el paso. Va casi corriendo cuando se percata que ha llegado a la puerta de su casa. Siente rodar por sus mejillas abundantes gotas de ¿lluvia?