Mayores informes: http://centrodelasartesslp.gob.mx/ceart/FormacionAcademica/Inscripciones/OfertaAcademica/index.cfm?doc=Oferta_Academica&Oferta=448
Mostrando las entradas con la etiqueta personajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta personajes. Mostrar todas las entradas
miércoles, agosto 31, 2022
lunes, junio 28, 2021
lunes, junio 05, 2017
La novela es cosa de viejos - José Luis Sampedro
«Hoy pienso que, verdaderamente, me he ido forjando como escritor a través del tiempo. Mi primera novela, "La estatua de Adolfo Espejo", la terminé a los 23 años, en 1940. Y se publicó medio siglo después; el año 1994, concretamente. Al revisarla para su publicación, descubrí en ella ideas que yo pensaba que pertenecían a otras novelas posteriores. Con esto quiero decir, simplemente, que la personalidad se forja en la adolescencia. A partir de los 25 años tienen que pasar cosas muy graves para que uno cambie... La primera novela que publiqué fue "Congreso en Estocolmo", en 1951. Tres años antes había publicado una obra de teatro: "La paloma de cartón". Mi último escrito en ver la luz, el año pasado, ha sido "El amante lesbiano". Así que desde aquella primera obra dedicada a Adolfo Espejo hasta esta última han pasado seis décadas. Un tiempo suficiente para madurar como persona y como escritor. Porque una cosa no puede ir separada de la otra: hay que vivir y madurar para escribir. Siempre he creído, ciertamente, que la novela es cosa de viejos.
»En todo caso, y desde la perspectiva de la literatura en general, hay historias que no se conciben fuera de un determinado ambiente. Hamlet, fuera del mundo hiperbóreo, no creo que tenga demasiado sentido. Imaginaos por un momento el personaje en Sicilia... ¿Creéis que puede encajar, allí? Yo no, desde luego. La verdad es que no nos damos cuenta, pero el entorno nos condiciona en una gran medida. Por este motivo lo tengo muy en cuenta a la hora de elaborar una novela. Y no se trata tan sólo de atender el escenario en el que enmarco la acción; también cuido el nombre de los personajes, y el título mismo de la novela. A veces, no he escrito el nombre del personaje hasta que he encontrado uno oportuno. Todos los nombres de persona tienen connotaciones; es algo innegable. Robustiana, por ejemplo, nunca podrá ser el nombre de la doncella de una novela romántica. Es una cuestión de afinidad hacia el contexto, de "credibilidad" literaria. Y no es, desde luego, algo fácil de tratar. En muchas ocasiones he cambiado los nombres de algunos de mis personajes bien avanzada la novela. Es aquello de no colocar una perla en un saco de arpillera... En síntesis, pienso que la clave de un libro es situarlo todo en su contexto...»
»En todo caso, y desde la perspectiva de la literatura en general, hay historias que no se conciben fuera de un determinado ambiente. Hamlet, fuera del mundo hiperbóreo, no creo que tenga demasiado sentido. Imaginaos por un momento el personaje en Sicilia... ¿Creéis que puede encajar, allí? Yo no, desde luego. La verdad es que no nos damos cuenta, pero el entorno nos condiciona en una gran medida. Por este motivo lo tengo muy en cuenta a la hora de elaborar una novela. Y no se trata tan sólo de atender el escenario en el que enmarco la acción; también cuido el nombre de los personajes, y el título mismo de la novela. A veces, no he escrito el nombre del personaje hasta que he encontrado uno oportuno. Todos los nombres de persona tienen connotaciones; es algo innegable. Robustiana, por ejemplo, nunca podrá ser el nombre de la doncella de una novela romántica. Es una cuestión de afinidad hacia el contexto, de "credibilidad" literaria. Y no es, desde luego, algo fácil de tratar. En muchas ocasiones he cambiado los nombres de algunos de mis personajes bien avanzada la novela. Es aquello de no colocar una perla en un saco de arpillera... En síntesis, pienso que la clave de un libro es situarlo todo en su contexto...»
Entrevista en Biblio 3W.
domingo, marzo 23, 2014
Máscaras - Santayana
«Sea alegre o triste el semblante que asumamos, al adoptarlo y acentuarlo definimos nuestro humor prevaleciente. De aquí en adelante, mientras continuemos bajo el hechizo de este autoconocimiento, no solo vivimos sino actuamos; componemos y representamos el personaje que hemos elegido, calzamos el coturno de la deliberación, defendemos e idealizamos nuestras pasiones, nos estimulamos elocuentemente a ser lo que somos, devotos o desdeñosos o descuidados o austeros; hablamos a solas (ante una audiencia imaginaria) y nos envolvemos graciosamente en el manto de nuestra parte inalienable. Así vestidos, solicitamos el aplauso y esperamos morir en medio de un silencio universal. Declaramos vivir de acuerdo con los elevados sentimientos que hemos manifestado, así como tratamos de creer en la religión que profesamos. Cuanto mayores las dificultades, mayor es nuestro celo. Por debajo de nuestros principios proclamados y de nuestra palabra empeñada debemos esconder asiduamente todas las desigualdades de nuestro humor y nuestra conducta, y esto sin hipocresía, ya que nuestro carácter elegido es más verdaderamente nuestro que el flujo de nuestros sueños involuntarios. El retrato que pintamos de este modo y exhibimos como nuestra verdadera persona puede estar hecho según el gran estilo, con columnas y cortinados y paisajes distantes y señalando con el dedo un globo terrestre o la filosófica calavera de Yorick; pero si este estilo es innato y nuestro arte vital, cuanto más transmute a su modelo, más profundo y verdadero será el arte. El busto severo de una escultura arcaica, que apenas humaniza el bloque de piedra, será más justa expresión de un espíritu que el aspecto embotado que tiene el hombre por la mañana o sus muecas casuales. Todo aquel que está seguro de su inteligencia, u orgulloso de su cargo, o ansioso por su deber, asume una máscara trágica. Se delega en ella y a ella transfiere casi toda su vanidad. Si bien está vivo y sometido, como todo lo existente, al flujo debilitante de su propia sustancia, ha cristalizado su espíritu en una idea, y más con orgullo que con dolor ha ofrendado su vida en el altar de las musas. El autoconocimiento, como cualquier arte o ciencia, vierte su materia a un nuevo medio, el medio de las ideas, en el cual pierde sus viejas dimensiones y su antiguo lugar. Nuestros hábitos animales son transmutados por la conciencia en lealtades y deberes, y nos volvemos "personas" o máscaras».
Georges Santayana, citado por Erving Goffman
miércoles, junio 27, 2012
Fantomas
Ladrón de guante y máscara blancos, Fantomas era uno de los personajes favoritos en mi infancia. Era un rito ir los domingos a La Merced o mercado Tangamanga a tomar un jugo de zanahoria y salir con algún ejemplar de La Familia Burrón, Fantomas, El Pantera o de superhéroes gringos.
Científico, anónimo, artista, deportista y actor, Fantomas trabajaba en equipo, robaba a los ricos y respetaba a las instituciones, luchaba contra villanos reales y se llevaba bien con los clochards... tenía agentes en todo el mundo y (a pesar del inspector Gerard) siempre lograba su objetivo gracias al apoyo de los signos del zodiaco, del profesor Semo y de Yago. Un personaje francés hecho en México.
Muchas aventuras empezaban en su biblioteca. No era el héroe típico de historietas, como demostró Julio Cortázar en Fantomas contra los vampiros multinacionales. Una utopía posible.
Gracias al blog Fantomas, la amenaza elegante, recién he leído "Las buenas conciencias. Un comic prohibido en México", muy de moda por la temporada electoral. Disfrútenlo, y ojalá nos acompañen en el colectivo Fantomas.
Científico, anónimo, artista, deportista y actor, Fantomas trabajaba en equipo, robaba a los ricos y respetaba a las instituciones, luchaba contra villanos reales y se llevaba bien con los clochards... tenía agentes en todo el mundo y (a pesar del inspector Gerard) siempre lograba su objetivo gracias al apoyo de los signos del zodiaco, del profesor Semo y de Yago. Un personaje francés hecho en México.
Muchas aventuras empezaban en su biblioteca. No era el héroe típico de historietas, como demostró Julio Cortázar en Fantomas contra los vampiros multinacionales. Una utopía posible.
Gracias al blog Fantomas, la amenaza elegante, recién he leído "Las buenas conciencias. Un comic prohibido en México", muy de moda por la temporada electoral. Disfrútenlo, y ojalá nos acompañen en el colectivo Fantomas.
lunes, mayo 28, 2012
crimentalista
Preguntar quién soy es una cuestión retórica.
Que ya no soy Crimentalista, dice el arca de la alianza Blogger porque lo dice el dios Google.
Que debo fusionar mis perfiles como si pudiera
(man)tener una sola personalidad.
Como si me conformara con una sola firma o hubiera elegido mi nombre
o ya no debiera llamarla princesa, u orquidea
o bella genio o diosa o conocimiento.
O escribiera de temas que no me llaman la atención,
o viajara en el tiempo.
Como si supiera cómo. Envidio a los que me han sacado de su vida,
fue tan fácil.
En el espejo sigue un tipo que no tiene nada que perder,
sólo a mi,
para ser feliz.
Lo pienso. Lo haría.
Lo siento.
(Como escribió una amiga, "nadie puede
pasar mucho tiempo
sin decir lo que siente").
Que ya no soy Crimentalista.
Ya no lo era, como escribí hace tiempo en un post.
Y lo borré.
Y luego lo dije.
Y hoy lo callo.
A veces.
Total.
Escribo.
¿Han pasado una temporada en una clínica contra el estrés?
(¿esa a la que algunos le llaman manicomio?)
Hoy salí, vendado y vedado. O alguien salió,
no importa quien pasó por el quicio,
desquiciado
desahuciado.
Ya no lo era.
Un día más,
mientras estalla de una vez por todas mi cabeza (pólvora de infiernitos)
en noches como la de anoche,
mientras pueda regresar de las lagunas mentales,
tan dolorosas, que hoy me atacan
(todo brilla, todo es desánimo afuera,
adentro aún hay latigazos de miradas, palabras),
mientras el cuerpo se echa a perder y deja de estorbar
y ya no firmo como lo que creí ser,
aquí sigo o seguimos.
Todos y nadie.
Escribo, escribimos.
Que ya no soy Crimentalista, dice el arca de la alianza Blogger porque lo dice el dios Google.
Que debo fusionar mis perfiles como si pudiera
(man)tener una sola personalidad.
Como si me conformara con una sola firma o hubiera elegido mi nombre
o ya no debiera llamarla princesa, u orquidea
o bella genio o diosa o conocimiento.
O escribiera de temas que no me llaman la atención,
o viajara en el tiempo.
Como si supiera cómo. Envidio a los que me han sacado de su vida,
fue tan fácil.
En el espejo sigue un tipo que no tiene nada que perder,
sólo a mi,
para ser feliz.
Lo pienso. Lo haría.
Lo siento.
(Como escribió una amiga, "nadie puede
pasar mucho tiempo
sin decir lo que siente").
Que ya no soy Crimentalista.
Ya no lo era, como escribí hace tiempo en un post.
Y lo borré.
Y luego lo dije.
Y hoy lo callo.
A veces.
Total.
Escribo.
¿Han pasado una temporada en una clínica contra el estrés?
(¿esa a la que algunos le llaman manicomio?)
Hoy salí, vendado y vedado. O alguien salió,
no importa quien pasó por el quicio,
desquiciado
desahuciado.
Ya no lo era.
Un día más,
mientras estalla de una vez por todas mi cabeza (pólvora de infiernitos)
en noches como la de anoche,
mientras pueda regresar de las lagunas mentales,
tan dolorosas, que hoy me atacan
(todo brilla, todo es desánimo afuera,
adentro aún hay latigazos de miradas, palabras),
mientras el cuerpo se echa a perder y deja de estorbar
y ya no firmo como lo que creí ser,
aquí sigo o seguimos.
Todos y nadie.
Escribo, escribimos.
jueves, noviembre 04, 2010
efecto sin causa
Me entusiamó esta cita de Tolstói, que puede ser aplicada a tantos autores y demasiados libros:
"El autor estaba hasta tal punto ocupado con los efectos, que ni siquiera se tomó la molestia de dar un carácter al personaje principal, y el mundo entero decretó que es un retrato genial de un hombre sin carácter. Nunca entendí tan claramente toda la magnitud de la incapacidad en los juicios de la multitud, y hasta qué punto puede engañarse a sí misma".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



