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viernes, octubre 06, 2017

Umbral hacia otra vida - Claudia Piñeiro

"Son los cincuenta los que marcan la verdadera bisagra. Cuando uno cumple treinta o cuarenta cree que está pasando por un umbral hacia otra vida. Es un error de juventud. Son números redondos y eso impacta, pero nada más, a esa edad aún queda bastante rollo por delante. Cuando uno cumple cincuenta se ríe de aquel que fue y de las preocupaciones que hoy sabe no merecían tanta dedicación. Se ríe un rato, no más, porque enseguida concluye que ahora sí, que éste, el de los cincuenta, es el verdadero umbral. Es entonces cuando aparecen señales evidentes de que algo, de verdad, cambió. O de que algo tiene que cambiar. O de que nada, nunca, cambiará. Elige tu propia aventura, si es que puedes".

jueves, marzo 02, 2017

Lectores allí donde están ahora - Arturo Pérez Reverte

«Si fuese un novelista joven, con treinta o cuarenta años, procuraría reciclarme a lo que viene. Y estaría muy preocupado. Estaría inquieto por si mi trabajo interesaría a alguien en el futuro. Menuda angustia, pensar si los dos años de trabajo necesarios para una novela o una peli iba a compensármelos económicamente alguien. De una parte, un mundo virtual atractivo y fácil, que va a secuestrar a los que ahora son lectores y espectadores. De otro, sobre los últimos restos del naufragio cultural convencional, piratería salvaje so pretexto de que la cultura debe ser gratis. O sea, que un cineasta, músico o escritor debe trabajar dos o más años de su vida para que otros lo disfruten gratis. Y él, acogerse a las subvenciones oficiales, supongo. O a la beneficencia. O a la prostitución propia. Trabajar, en fin, por amor al arte y a la Humanidad solidaria y generosa. Creo que eso no lo hemos resuelto todavía. Grave confusión: cultura libre de fácil acceso y cultura gratis. Menos mal que a mí ya no me pillan en eso. Soy algo mayor. Me escapo por los pelos. Prostitución incluida. Muy mal se tendría que dar para que esto de las novelas y los lectores que uno tiene no aguante algunos años más. Por eso digo que, si fuera joven, buscaría otros registros. Métodos más eficaces que permitan trabajar y vivir del trabajo. Trabajar para empresas de videojuegos, por ejemplo. Amor virtual, aventura virtual. Ir a buscar lectores allí donde están ahora. Dentro de pocos años, lo que no pase por esta pantalla que tengo enfrente no existirá. Supongo que porque ya no mereceremos que exista. Que ésa es otra...»

«¿Usted no se haría millonario honradamente si pudiera?… Pues a eso aspira cualquier escritor. Quien lo niegue, miente. En realidad, a eso aspira cualquiera. Aunque algunos le quiten lo de “honradamente”. Cuando oiga a un novelista decir que quiere que lo lean pocos y selectos, o es un embustero o es un imbécil. O ambas cosas a la vez...»

En Zenda

lunes, diciembre 26, 2016

Sensualidad verbal - Jaime Gil de Biedma

«Lo que no hay duda es de que a partir de 1967 yo escribo muchísimo menos. En la primavera de ese año yo escribo un poema que para mi gusto es el mejor que he escrito en mi vida, que es: "No volveré a ser joven", y después vienen tres años en que no escribo absolutamente nada, solo en dos viajes en avión, estando un poco borracho, hago dos estrofas de "Artes de ser maduro"; ese poema lo termino con bastante trabajo el año 1970. Desde 1970 hasta ahora…, al principio y finales de 1970 escribí muchísimos menos pero algo escribí. Luego se produjo otro parón y me parece que los últimos poemas están escritos en el año 1981 o 1982, pero ya es algo esporádico; y no es que haya decidido no escribir poemas, es que el conocimiento de mí mismo me hace pensar que lo más probable es que no los escriba.

»Para ser poeta —y la carencia de eso es algo que para mí es muy notable en todos los poetas que escriben a partir de los cuarenta y tantos, cincuenta años, los poetas mayores, los poetas viejos—, es necesaria una sensualidad verbal, un dejarse llevar por las palabras que de joven quizá es excesivo, te dejas llevar demasiado, pero de mayor es demasiado exiguo. Las palabras tienen que fascinarte, tienes que tener una sensualidad verbal que te empuje.

P. ¿Se parece al amor?

»Sí, se parece mucho a tener esa sensualidad verbal. Lo que ahora yo me considero incapaz de hacer —en los poemas de Moralidades hay mucha sensualidad verbal, pero son poemas escritos absolutamente en la forma que describe Edgar Alan Poe en The philosophic compositions—3 son poemas planeados con cartabón y escuadra, planeados hasta en el número de versos y los movimientos que deberían tener. Ahora, a partir de cierta edad es difícil aliar esa sensualidad —que es sobre todo instintiva— con una visión fría y mental de lo que quieres hacer. Generalmente, lo que me pasa ahora es que se me ocurren versos, pero no se me ocurren ideas de poemas, o que se me ocurren idas de poemas que me dejan absolutamente frío.

"Jaime Gil de Biedma". Una conversación con Carme Riera y Miguel Munárriz. Barcelona, 1987, publicada en Zenda.

sábado, septiembre 24, 2016

Fotosíntesis del lenguaje - Agustín Fernández Mallo

"El escritor no es que no esté obligado a seguir las normas de la lengua en la escribe, sino que casi diría que está obligado a violentarlas; es esa violencia sobre el lenguaje lo que hace mutar la literatura y la convierte en algo con peso específico y diferente a, por decir algo, la Wikipedia. La literatura no es un instrumento educativo, ni una expresión de la norma en uso, tampoco es un libro de texto que camuflado de ficción es repartido en los colegios, sino todo lo contrario, un pulmón, una fotosíntesis del lenguaje, una torsión y moldeado de los materiales disponibles. Eso sí, incluso para la torsión de las normas hay “criterios de uso” que conducen a diferentes calidades.

Fragmento de "Fotosíntesis del lenguaje", en Zenda.

martes, mayo 03, 2016

Emulación, puerilidad y anomalías - Javier Marías

«Hay un elemento que hoy en día quizás se está olvidando, el de la emulación. Es uno de los motivos semiolvidados. No es exactamente la imitación, no es la copia. Ser un émulo de alguien implica un elemento de admiración. Si uno recibe tan grandísimo placer de unas lecturas determinadas, es normal, es lógico y no menoscaba a la persona, el aspirar a parecerse a eso. Hoy en día la gente copia, sin mucho elemento de admiración. Yo reivindicaría la emulación, no solamente para escribir, para tantísimas cosas en la vida. Se conserva en algunos campos. Hay futbolistas que dicen “yo admiraba muchísimo a Cruyff, y mi sueño era llegar a ser como él”, pero en la literatura se ha perdido.

»El escritor renuncia parcialmente a la acción. Hay un cierto elemento de quedarse en casa jugando con algo inexistente, con algo ficticio. Uno está inventando cosas que no han sucedido, o está transformando cosas que han sucedido y ficcionalizándolas, imaginándolas. Además de haberlas vivido, las reimagina, y entonces es cuando aparece la literatura. Aquí estoy con papel y mis personajes y mis historias inventadas. Hay algo un poco pueril en el fondo.

»En un artículo de hace muchos años dije que escribir supone la asunción de una anomalía. Escribir, en el fondo, tiene algo de anómalo, de extraño. Eso lo reflejé a través de mi única narradora, en “Los enamoramientos”, una mujer que trabaja en una editorial, y como está acostumbrada a ver escritores y a ver lo pesados, imbéciles y fatuos que somos, no nos tiene mucho respeto. No acaba de entender a esta gente que, sin que nadie se lo diga, se pone delante de una máquina y se pasa horas a solas imaginando cosas que no han ocurrido o cambiándolas...»

Fragmentos de la entrevista publicada en Zenda, la nueva web literaria de Pérez-Reverte, Javier Marías, Almudena Grandes y otros escritores.