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jueves, diciembre 04, 2025

Perduración - José Emilio Pacheco

Tomado de la página de FB: José Emilio Pacheco, textos a la deriva

—En el ámbito editorial es común escuchar que cuando a un autor le publican sus obras completas ya lo enterraron, ¿enterrarán a José Emilio Pacheco el día que veamos sus obras completas?

—No, espero que no. Espero que nunca lo hagan. Yo no tengo ninguna esperanza de perduración. Creo que el día que me muera nadie volverá a leerme. Pero si alguien quisiera hacerlo, yo le diría que en vez de añadir suprimiera; es decir, ¿hay que incluir un inédito de un poema que hice en Torreón? No, no, no, por eso creo que estos libros sobre la felicidad —que tanto están de moda este año— lo único que fomentan es la frustración. La felicidad es una cosa que se presenta pocas veces en tu vida, no puede ser un estado permanente, igual es la inspiración. El buen texto se da pocas veces en tu vida y está rodeado de borradores y fracasos.

miércoles, septiembre 16, 2015

Hacia "La suave Patria" - JEP (fragmentos)

"¡Viva Cristo Rey! La Revolución ha fracasado". En México el poeta civil del 2001 se llama León Felipe y escribió hace más de cincuenta años. La Revolución murió sin que nadie la llorara en una elegía. Tampoco hubo una épica para celebrarla. Sus mayores novelas —Los de abajo, El águila y la serpiente, La sombra del caudillo— critican la violencia ciega y las corrupciones de los nuevos poderes. Dos de sus grandes escritores, Martín Luis Guzmán y Alfonso Reyes, fueron hijos de militares porfirianos caídos en lucha contra el maderismo. Así, no quedó más remedio que inventarse un poema patriótico declamable en las escuelas. Pero "La suave Patria" no es nada de eso. Su misterio no se ha agotado y aún invita a toda clase de interpretaciones.

También sorprende que hayamos decidido celebrar no un número redondo sino los ochenta años de su aparición en la revista El Maestro, dirigida por José Gorostiza y patrocinada por José Vasconcelos, rector de la Universidad Nacional a punto de convertirse en ministro de Educación. El Maestro repartía cientos de miles de ejemplares gratuitos en Hispanoamérica. Uno cayó en manos del joven Borges. Se aprendió de memoria "La suave Patria" y no la olvidó nunca.

El ser memorizable es una de las cualidades que hacen memorable "La suave Patria". Es fama que al morir López Velarde Vasconcelos fue al castillo de Chapultepec para conseguir que el gobierno pagara las exequias. Álvaro Obregón, uno de los rarísimos presidentes mexicanos aficionados a la poesía y discreto versificador él mismo, amaba a Vargas Vila y a Julio Flórez pero ignoraba quién era el muerto. Vasconcelos le leyó "La suave Patria". En su siguiente acuerdo ministerial Obregón la recitó como si la hubiera estudiado mucho tiempo.

En 1921 Obregón se aprestaba a celebrar el centenario de la consumación de la Independencia y a inaugurar el sistema que duró hasta el 2000. Como Iturbide un siglo atrás, su genio táctico y estratégico había vencido a los ejércitos campesinos. Consciente de que un golpe militar y no un movimiento popular lo había llevado al poder, inventó que todas las rebeliones anteriores desembocaban en una sola a la que llamó Revolución Mexicana.

Solemnizar ambas cosas requería de cuando menos un poema épico. No había nadie que lo escribiera. Para López Velarde el intento era la única posibilidad de reconciliarse con los vencedores. ¿Cómo hacerlo si su honradez le impedía elogiar al general que jamás perdió una batalla y congraciarse con los asesinos de su jefe que mantenían preso a su amigo y protector Aguirre Berlanga?

Optó por un poema íntimo que en vez de cantar al nuevo México obregonista se despedía del México destruido por la Revolución. No fue, como algunos quisieron, un segundo Himno Nacional. Sin embargo, su encanto y su misterio están lejos de haberse agotado en estos ochenta años:

Trueno del temporal: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas,
oigo lo que se fue, lo que aún toco
y la hora actual con su vientre de coco
y oigo en el brinco de tu ida y venida,
oh trueno, la ruleta de mi vida.

Tomado de Letras Libres: "López Velarde hacia 'La suave Patria' " (JEP, 2001)

lunes, agosto 29, 2011

Este país...

El nombre de México ya no figura en nuestro vocabulario. Lo sustituye en las conversaciones una expresión de furia, despecho y desprecio: "Este país". "Ya no se puede vivir en este país", "A este país ya se lo llevó la chingada", "Este país es el más corrupto del mundo", "Qué gente la que gobierna a este país", "No aguanto un minuto más a este país".

En un ejercicio de sociología instantánea se puede fijar en 1982 la fecha de nacimiento de la expresión "este país"... Del mismo modo, "este país" nos absuelve: los corruptos son los otros, los ineficientes son los otros, los culpables del hundimiento son los otros.

José Emilio Pacheco, "Inventario", Proceso, 2011 22 de junio de 1987.

martes, octubre 02, 2007

Lectura de los "Cantares mexicanos" - José Emilio Pacheco

El llanto se extiende
gotean las lágrimas
allí en Tlatelolco.
(Porque ese día hicieron
una de las mayores crueldades
que sobre los desventurados mexicanos
se han hecho en esta tierra).

Cuando todos se hubieron reunido,
los hombres en armas de guerra,
los hombres que hacen estruendo,
ataviados de hierro
fueron a cerrar las salidas,
las entradas, los pasos.
(Sus perros van por delante,
los van procediendo.)
Entonces se oyó el estruendo,
entonces se alzaron los gritos.
Muchos maridos buscaban a sus mujeres.
Unos llevaban en brazos a sus hijos pequeños.
Con perfidia fueron muertos,
sin saberlo murieron.

y el olor de la sangre mojaba el aire
y el olor de la sangre mojaba el aire.

y los padres y madres alzaban el llanto.
Fueron llorados,
se hizo la lamentación de los muertos.
Los mexicanos estaban muy temerosos:
miedo y vergüenza los dominaban.
y todo eso pasó con nosotros.
Con esta lamentosa y triste suerte
nos vimos angustiados.
En la montaña de los alaridos,
en los jardines de la greda
se ofrecen sacrificios
ante la montaña de las águilas
donde se tiende la niebla de los escudos.

Ah yo nací en la guerra florida,
yo soy mexicano.
Sufro, mi corazón se llena de pena.
Veo la desolación que se cierne sobre. el templo
cuando todos los escudos se abrasan en llamas.

En los caminos yacen dardos rotos.
Las casas están destechadas.
Enrojecidos tienen sus muros,
Gusanos pululan por calles y plazas.
Golpeamos los muros de adobe
y es nuestra herencia
una red de agujeros.
Esto es lo que ha hecho el Dador de la Vida
allí en Tlatelolco.