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lunes, julio 05, 2010

líquido... licuándome

Debajo del agua Axel percibió otros colores. Esa semana, cuando el mundo se volvió más líquido, le llovió sobre mojado, no sólo por las precipitaciones pluviales, sino por las historias que le llenaron los sentidos rompiéndole el paraguas. De por sí ya se ahogaba en un vaso de agua.

La ciudad se anegó, lo cual es triste a pesar de lo bello de la palabra y lo bello de la lluvia. En sus calles era necesario sumergirse para llegar a la otra orilla, tan cercana como el horizonte. Muchos se volvieron tritones y sirenas, otros tuvieron que seguir siendo sardinas a pesar de que se pintaron de colores.

Axel sintió que se ahogaba pero sabía que en otro arrecife una ninfa necesitaba un líquido más rojo, y a sabiendas de que no podía llegar se hizo tantas cortadas en la piel que pudo respirar por las heridas.

Axel sigue en la lluvia, y esperando noticias sobre otros líquidos, esperando que el canto de las sirenas lo guíe a casa. No sabe que todo el tiempo ha estado en una pecera, pegado al vidrio.

miércoles, abril 15, 2009

Nunca Jamás

A lo lejos, para no dejarse oír, la criatura asoma su mirada que jamás cierra al sueño. Los ve pelear de nuevo, al pirata sin mano y al puberto de mallas verdes. Una escena casi costumbrista.

El cocodrilo no desea comerse a Peter Pan.

Es un platillo que le causa agruras, acaso porque además del tic-tac de Garfio, su palpitar, lleva en el vientre el retrato que envejece mientras el efebo vuela y se liga a las sirenas.

Su gusto es el resto del tiempo que ingirió hace tiempo, el faltante de una mano correosa, con sabor a mar. Aunque Campanita sería un buen ambigú.

jueves, julio 24, 2008

del sirenario torriano

"Un día se hastiaron las sirenas de los crepúsculos marinos y de la agonía de los erráticos nautas. Y se convirtieron en mujeres las terribles enemigas de los hombres".

* * * * * 

"[...] ¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí".

Julio Torri, De fusilamientos y otras narraciones

viernes, mayo 09, 2008

La ociocidad es la madre de la Odisea

(o apuntes tras leer un ensayo de Eduardo Subirats)

I

"A ver... ¿dónde dejé el número de las sirenas?"

II

—¡Puta madre! ¿Y para esto regresé? No me esperes, voy a la taberna a practicar el tiro al blanco.

III

Agencia Turística Gulliver, Odiseo y Sinbad SA de CV.
Garantizamos un viaje divertido o la devolución de su dinero.
(Haga testamento antes de embarcarse con nosotros.)

IV

Sinbad se fue por aburrimiento y regresó cada vez cargado de riquezas.
Gulliver regresó al manicomio, sin nada, y ya nunca montó a caballo.
Lo mío fue simplemente un largo viaje de trabajo, Penélope. ¿Qué hay de cenar?