Los enterradores de Ghana, los negros del ataud, el Coffin Dance, los dancing pallbearers... se les llama de muchas formas pero casi todo mundo los conoce y sabe lo que su aparición significa.
El reportaje original de la BBC sobre la idea del ghanés Benjamin Aidoo para ganarse la vida con una rítmica despedida a los difuntos tiene ya varios años, pues data de 2017.
En 2020, con la música adecuada (Astronomia de Tony Igy y Vicetone) ha hecho que la imagen de estos bailarines sea quizá la más popular y temida durante la pandemia, festejada con memes y reproducida en video y en audio, reflejados. Sus caras suelen ser el preámbulo de un ritmo que todos conocemos, asociamos la imagen a la música y viceversa.
Hoy, viralizados, son el rostro colectivo de esta sensación de peligro que deseamos sea menos solemne, de esta necesidad de honrar a quienes nos han dejado.
Hay mucho por escribir acerca de ellos y de estos momentos de los que son símbolo.
Algo más de este tema en Memes: humor y defensa, texto que escribí para el proyecto San Luis Potosí, segundos al alba: instantes para una memoria compartida (Colsan / Coespo).
Estas son algunas de las entrevistas y notas que alimentaron mi columna de hoy, "Egoismo y sobrevivencia", en Pulso como cada domingo. Y algunas más que me eché esta semana. Como siempre, todo lo entramado en la columna queda a discusión y posible ampliación aquí o en donde se pueda tener una charla civilizada, algo que también parece estar en cuarentena.
Apenas el miércoles se reportó que Óscar Chávez había ingresado al hospital «con síntomas de Covid-19», y la tarde este jueves se supo, por medio de la Secretaria de Cultura federal, que el cantante y actor que marcó a varias generaciones de latinoamericanos había muerto.
Demasiada tristeza. Además de la propia muerte, una consecuencia terrible del nuevo coronavirus es no poder acompañar a nuestros seres queridos en la llamada capilla ardiente, en un homenaje como el que se merecen para despedirnos bien, como se estila en México. Óscar Chávez —como Amparo Dávila, como Gabriel Retes, como Luis Eduardo Aute— merecería un homenaje internacional, donde todos pudiéramos aplaudir, llorar, decir adiós con todos los sentidos.
Sus éxitos más conocidos son Por ti, Macondo, La Mariana, Mariguana y La niña de Guatemala, pero también hay que hablar de sus parodias, sus sátiras políticas. Deberíamos escucharlas a ver cómo le sientan a un país que busca y necesita cambios ante transformaciones y normalidades. Distanciado de muchos supuestos izquierdistas y desconfiado ante la «oposición», la crítica la ejerció a plenitud desde su trinchera personal, con eso que tantos parecen desconocer y que se llama congruencia. En su labor de investigador rescató numerosas canciones en los pueblos, la lírica tradicional, en las voces de los viejos. Román Castillo es un ejemplo. Transformó melodías y se hizo querer.
Aún conservo esos LP de mi padre cuyas canciones me aprendí de niño: Corrido del 75, El abuelo, El error, De quién podría hablar, Las elecciones, Seis años, La calaca flaca, Alta traición. Hasta después me enteré que tenía letras de Octavio Paz, José Martí o José Emilio Pacheco. No sabía que öscar Chávez era El Estilos ni había visto Los Caifanes (1967). Hasta después me enteré que La Casita era una parodia basada en la letra del poeta potosino Manuel José Othón.
En épocas de verdadera censura criticó mesical y humorísticamente a «Jolopo» y a toda la clase política. Hizo equipo con Rius, (que hizo los dibujos para varias portadas de sus discos) y como el caricaturista lograron el respecto del poder para librarla de venganzas y malos tratos; como Rius, Óscar Chávez se apartó del poder, que como el sol de cerca quema. Hizo equipo también con Chava Flores, con Amparo Ochoa, con Tehua, con los Morales. Bien dijo en una entrevista a Milenio que para componer no esperaba a que las musas lo agarraran a cachetadas ni le compondría una canción a AMLO ni a ningún otro presidente. Decía que era doloroso ver que los problemas y corruptelas que denunciaba en sus canciones desde la década de 1970 siguieran vigentes.
«Se vende mi pais por todas partes
se vende Antropología y Bellas Artes.
Se venden su historia y su destino,
se venden desde el principio su camino.
Yo no lo vendo, no, porque lo quiero...»
Ciclos de la vida. En 2009 fui al concierto de «Dos Tipos Descuidados» en el Festival Cervantino. No me podía perder la oportunidad de ver juntos a dos tipos de quienes más admiro, Óscar y Jaime López. Lo vi en varios conciertos, emocionado.
«No es necesario que salgas de casa. Quédate a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, quédate completamente solo y en silencio. El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar, no puede dejar de hacerlo, se prosternará extático a tus pies.» Franz Kafka
Además, se cancela la Procesión del Silencio y otros eventos de Semana Santa, se cierran los parques Tangamanga y Morales, hay adecuación de espacios y tiempos en algunos comercios, y ya casi en todas las instituciones educativas se han pospuesto las clases y algunas se darán a distancia.
Actualización: Por la noche de este miércoles se reconocen oficialmente siete infectados de Covid-19, los siete de importación. Seguimos en fase 1.
Era cuestión de días. Todo se ha pospuesto por quienes pueden o podemos. Algunas actividades se han cancelado, otras ya se verá. Muchos calendarios y agendas se han quedado en blanco. Posponer es, sí, un privilegio. No lo tienen personas en situación de calle, gente que trabaja por su cuenta, los hoy llamados «operarios», los antes llamados «cerillos» de supermercado, taqueros, vendedores, repartidores, choferes, trabajadores del servicio público, comerciantes formales e informales que dependen de lo que consigan cada día. En el símil bíblico, parece que se alargarán los días en el desierto para meditar o ser tentados. Parece que habrá pasión, mas no crucifixión. Hay que ver cómo se da y se aplica la alerta sanitaria en las colonias, en los pueblos.
De mi parte, tomo otro receso en mi laberinto de distancias plenas de ecos, no sin antes invitar a quien lea estas líneas a que lea Fuera de mí, eufemismos para ciertas locuras. Aquí al lado están los datos de El Diván Negro. También, en unos días, vienen algunos textos extra para Pulso.
Reitero la invitación a escribir sobre este y otros apocalipsis. Y a compartir esos textos.
Habitar la soledad, conocerse a uno mismo, es un arte. Cuestión de ego, de yo y ello, de karma. La paz mental no se logra de un día para otro, como todo amor es cuestión de tiempo y constancia. Si podemos, son horas de habitarnos cada uno, de comprendernos y perdonarnos, de recuperar a golpe de latidos las distancias físicas. Higiene también en nuestra mente, con el mismo cuidado con que debemos lavarnos las manos.
Si alguien sonríe o nos piensa no todo está perdido.
En mi laberinto no suelo hablar. Buenas vibras. Nos leemos pronto, espero.