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sábado, enero 15, 2022

Refuerzo

 Viernes 14 de enero, Universidad Politécnica. Por mí y por quienes están y han estado conmigo.

Coincidir.




jueves, diciembre 24, 2020

Las cosas que no son útiles y las que hacen falta (2 de 2) - Miriam Gabriela Reyes Zermeño

El control

La palabra control deriva en muchos significados. ¿Controlamos la situación?. ¿Controlaremos la vida? Control de natalidad. Control de mortalidad. Tomografía de control: los pulmones de Ed previamente sanos ahora son ocupados por el virus. Para que me entiendas: el virus hace que el pulmón lesionado se vea blanco, lo que originalmente debería ser obscuro ahora es blanco-grisáceo. El control radiográfico mostró su pulmón comprometido en más del 80%. ¡El control no existe!  


Lo peor

Llegaron noticias, le aplicaron los nuevos medicamentos. Ya no importan si son experimentales o no, ya no importa si Estados Unidos dijo que servían o no. Cuando estás en el final cualquier opción es válida. Conectado al ventilador y pronado. Para que me entiendas: está de panza. Ha logrado subir la saturación a 75%, es suficiente con que no se deteriore. Quizá eso baste hoy para sobrevivir. 

Alejandra prometió dar noticias y ya pasaron otras 24 hrs. 


La Navidad

Faltan 16 días para Navidad, hace dos meses los memes versaban en torno a no echar a perder la llegada de la Navidad, estábamos listos preparándonos en un mundo imaginario donde podíamos controlar la infección. Ya solo falta un poco más de dos semanas y no lo logramos. Ed no es solo, tiene una esposa. Ella me contactó, le hablaron de mí, lo único que puedo hacer es mirarlo a la distancia. Así de grave ya no es posible trasladarlo, la única opción es dejarlo donde está. La mejor manera de tomar a la guerra por sorpresa, es combatirla donde se pise parejo, moverte puede eliminarte. Se quedó en la misma terapia intensiva donde inicio su final. 


Las necesidades 

Faltan 16 días para Navidad y apenas reparé en que él tiene hijos. Apurados por hacer llegar la información que detrás de él estamos varios, aquí sus cuates para responder por las necesidades que se deban de cubrir. El dinero se puede cubrir. Pero nadie pensó en ellos. Ni siquiera los conocemos. Sabemos nada. Sé nada de su mujer, familia, padres. Ignoramos cómo era su vida. 

Ale apareció con noticias, lo sacaron de paro en dos ocasiones, subieron las aminas para que su corazón siga latiendo. Tic tac, tic tac, así me suena los oídos. Solo somos espectadores.

—Tic tac, tic tac. Mami, así suena el corazón de papi.

Eso me contó su esposa. Empapadas en lágrimas, se me crispa el pecho. 

—Tic tac, tic tac —dice su hija y pregunta:

—¿Mami, si papi se va, ¿crees que por fin conozca a Santa en persona?

Hoy pude conseguir información bioquímica. Esas cifras que aprendí a traducir para los pacientes a palabras como "mejor", "igual" o "peor". Los valores son estables, ni mejor ni peor. Sigue pronado, sigue saturando en vuelos bajos. Sigue coqueteando con el fin. 

Cuántas cosas que ya no son útiles nos están ocupando. Y otras más que ni nos hacen falta nos están llenando. Su sonrisa, los años, las preguntas, la pandemia, el tiempo, la mierda, los expertos, el vestido nuevo, la impotencia, el verano, la vergüenza, los médicos, la fiesta, el control, lo peor, la Navidad, las necesidades. 

La sonrisa nos llenó los años y nos juntaron las preguntas. La pandemia hizo mierda el tiempo. Los expertos vestidos de la Peste Negra borraron el verano. La vergüenza no existe en el profano. 

—Tic tac tic tac. ¡¡¡Stop¡¡¡ Mami, ¿así se escuchará cuando pare el corazón de papi? 


21 de Diciembre de 2020

—¿Qué haces, bebé?— le dijo ella a su hija 

La niña había acomodado a su osito en una camita hecha con su cobija preferida, por almohada un suéter hecho bola. El osito tenía una manguera en la boca (la manguera de la estación de bomberos) y unos cordones amarrados al brazo derecho. Sin duda era papi en el hospital. En el costado derecho había seis pilas sacadas de sus juguetes. 

—Nenita, ¿para qué son las pilas? —preguntó ella. 

—Para que se cure papi. Necesita más pilas y su corazón seguirá haciendo tic tac tic tac. 

Ella, la adulta, se sentía recorrida por una especie de temblor, alegría, tristeza mientras escuchaba las respuestas de su hija. 

La niña se acercó y le apretó con sus manitas las mejillas, reflejando su sonrisa en sus pupilas. Se abrazaron fuerte, como abrazando la esperanza.

Ella se levantó apresurada, tomó el desatornillador y sacó más pilas de otros aparatos eléctricos  y se las dio a la niña para colocarlas al lado del osito. Felices le cantaron a su paciente. Se quedaron dormidas en el piso después de esta agotadora jornada. 

La vibración del celular la despertó. Miró su reloj: eran las 11 de la mañana. Un mensaje en el chat de reporte médico del hospital. Mirar el chat le produce taquicardia. Leyó: 

“Buenos días, señora.  Este es el informe médico.  Hace 72 horas le retiramos el ventilador a su esposo, está respirando de forma independiente, es decir, le quitamos el tubo que le ayudaba a respirar. Ya no lo necesita". 

Las lagrimas rodaban en sus mejillas. Una melodía silente mecía la esperanza, le abrazaba el corazón. Recordó las pilas, el osito, el amor de su hija, el poder de todos aquellos que a distancia están en esta historia. 

La ciencia hizo lo suyo, los médicos hicieron lo suyo y, como es diciembre, diremos también que la Navidad hizo lo suyo. 

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Nota: con afecto para todos los que estamos inmersos en esta pesadilla que no termina, cada quien de su lado. 


Las cosas que no son útiles y las que hacen falta (1 de 2) - Miriam Gabriela Reyes Zermeño

Basado en una historia actual.

Su sonrisa

Llegó sonriendo a la escuela, todos estábamos enfundados en sendos suéteres, abrigos o chamarras. Nos arremolinábamos esperando que abrieran el aula. La sonrisa de Ed se adelantaba a su voz, frente a nosotros mostró sus dientes blancos y encuadrados haciendo juego con su corte de pelo tipo militar color negro destino, tórax robusto y camisa obscura de manga corta. Él fresco y relajado, nosotros titiritando y frotando las manos tratando de conservar el calor. La radio registraba un grado centígrado en el Distrito Federal.

Lalo había pasado sus vacaciones en Nueva York, donde la temperatura en invierno se mide en grados bajo cero. Llegar al aeropuerto de la Ciudad de México era una brisa cálida, así que cuando nos vio temblando soltó una risa burlona pero simpática. Así era él.  Han pasado más de 20 años y este recuerdo salió a flote con la noticia de que "algo" le sucedió.


Los años

Los años se vuelven útiles para quienes los trabajan, inútiles para quienes los olvidan. Los años pasan de largo y no reparan en los que se sube o se baja en las horas o en los días que lo ocupan. El tiempo es el mayor constructo imaginado por el ser humano e intangible como el amor. Todos creemos en él, estamos pendientes de él como si fuera una verdad y cuando llega la hora del final lo deconstruimos como una mentira. ¿Por qué regresamos al pasado cuando el presente se tambalea?


La pregunta 

 ¿Saben algo de Ed?

Así comenzó el jueves, una pregunta publicada en el grupo de Facebook. Nadie escribía en ese viejo chat desde hace nueve años.

Tenía más de una semana que no consultaba las redes sociales, alejada de las cuentas personales. 

Investigar la respuesta fue fácil, su familiar posteó el motivo en un texto largo, doloroso y con mucho enojo: Ed se había contagiado de Covid en el hospital. 

El reclamo es generalizado: unos tratan de curar y otros se contagian de forma exponencial.


La pandemia

Han pasado 10 meses que este virus saltó del murciélago al  humano. Los motivos que causaron la pandemia fluctúan entre noticias de tráfico de especies exóticas en el mercado negro de Wuhan hasta las teorías conspiracionistas de la producción intencionada de un virus genéticamente modificado para controlar el crecimiento de la humanidad.


El tiempo

Todo se cuenta en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años.  La vida se nos va en contra. Cuánto oxigeno se difunde en el organismo, cuántas unidades desciende la oxigenación, cuántos suspiros y cuántas inspiraciones han aumentado cada vez que tragas bocanadas de aire que se fugan en el deseo de no morir. 

Contamos cuántas veces cuesta más trabajo respirar, cuántas veces deseamos no ser intubados. Lo negamos un sinfín de veces: esto no nos está pasando a nosotros. Contamos el número de esperanzas alojadas en nuestros conteos, los minutos que nos quedan para ser dormidos, antes que aparezca el médico vestido de azul, con careta y sin rostro, una voz más que precede el viaje de la vida o la muerte. Contamos cuántos días dormiremos antes de no despertar. Todos se duermen en el sueño del anestesiólogo que te lleva a una relación indefinida con un ventilador mecánico. 

La mierda 

Pero no alcanzan las inspiraciones profundas para compensar un pulmón hecho mierda, donde el oxígeno no encuentra donde descansar y hacer lo que sabe hacer: mantenernos vivos. El pulmón de Ed esta hecho mierda, se consume, lo consume el virus. 

Los expertos

Los inexpertos que entramos a guardias Covid nos volvimos los expertos para los que no han entrado, en los momentos que no hay más personal que nosotros. Los inexpertos que han mirado al virus de lejos y nosotros los que hemos mirado al virus de frente, aprendiendo por necesidad, porque la ciencia es la ciencia y en los artículos esta, porque hoy la tecnología nos acerca y nos pueden coordinar vía remota. Si no hacemos esto, quién entonces apoyara a los verdaderos expertos. Un buen bloque de personal se fue por vulnerabilidad.


El vestido nuevo

Nos cuidamos de usar un equipo de protección personal emulando a los médicos de La Peste. Ahora portamos una pijama quirúrgica, un overol blanco que cubre hasta la cabeza, botas quirúrgicas, triple guante quirúrgico (yo llevo los míos de nitrilo para mayor protección), cubrebocas N95 y en mi hospital encima del N95 colocamos uno plisado, googles herméticos y la cereza del uniforme es la careta. Esta vestimenta no nos permitirá orinar o defecar en las próximas 12 horas y nos hará sudar hasta que la cabeza nos quiera reventar, en este nuevo vestuario la palabra cansancio no existe.  Así es el vestido nuevo de la Peste del año 2020. 

La impotencia

Es imposible conseguir información de Ed. Soy médico, pero no puedo solicitar informes sin ser el familiar, así que posteo ayuda en mis redes sociales para buscar un contacto, alguien que nos dé luz, que nos permita controlar la zozobra de saber si morirá o no. Hoy se contactó una anestesióloga, prometió darme informes más tarde. Ya pasaron 72 horas y no sabemos nada. 


El verano

Casi a punto de terminar el verano, mi grupo cada día enloquecía más. La exigencia voraz de la competencia nos llevó a grados extremos, a puntos fluctuantes, a acciones hostiles. Éramos el segundo grupo en la escuela con altos estándares de competencia, éramos uno y éramos todos, éramos islas y éramos desierto. Ahí todos conocimos a Ed, era 1993. A unos el tiempo les regaló años de semanales cofradías, a otros nos alejo de él. 

Y como la regla es la regla, la desgracia nos reúne. Así que no tengo ninguna historia entre 1998 y noviembre de 2020, la historia empezó el jueves. 

La vergüenza

Nos acercamos con los recuerdos, unos buenos y otros malos, pero en el infortunio nos aguantamos la vergüenza y preguntamos, superamos las rencillas del pasado, ofrecemos lo único que nos queda: una oración por él. Porque cuando hemos topado entre todos que ser médicos no basta, de este lado de la historia somos igual a todos, no tenemos noticias de nuestro enfermo, se acercara el fin de semana y la ausencia de información será la posibilidad más probable. 


Médicos

Somos médicos, pero no somos sus médicos. Esta vez solo somos amigos, somos pasado y nos convertimos en presente. Nos acercamos a rezar porque ante esta nueva peste no existe algoritmo eficiente, no existe tratamiento vital, apostamos a la cura emergente sin certeza de que funcionará. He mirado sus cifras:  ferritina y Dímero D queriendo alcanzar el cielo, interleucina 6 … deseo se quede sigilosa, nerviosa y pensante, no quiero que se eleve porque  si sucede la esperanza solo será una buena intención. Abro los ojos, miro la pantalla y veo los valores que superan los 20 mil, se me descompone el sentimiento porque he visto las mismas cifras en los que se mueren. A veces quisiera ignorar y solo ver en esos números un valor apremiante por ser mucho, pero sin saber que significa. 

La fiesta

Era 1995, habíamos quedados los del grupo vernos en casa de una amiga, de las poquísimas veces que nos reunimos. El objetivo era divertirnos y no estudiar, cosa que no sabíamos hacer juntos. Ed llegó escandaloso, contando que lo había detenido la policía por pasarse un alto porque iba a más de 150 km/hora. El motivo:  ya venía tarde a la fiesta. Pasó cerca de 40 minutos explicándole al policía los motivos y las razones por las que un estudiante de medicina se puede pasar un alto a gran velocidad y después, cortés, detenerse a pagar su multa. Fue hábil, logró que el policía le pidiera disculpas y lo dejara ir. 

Cierro los ojos e invariablemente veo su sonrisa pachona. 

domingo, diciembre 20, 2020

De quesos y fantasmas

 Esta semana en mi columna Crimentales hablamos sobre los fantasmas de los tiempos verbales: tenemos pasado, presente y futuro, como los fantasmas de Carlos Dickens. Deberíamos usarlos más, jugar con los tiempos así como el tiempo juega con nosotros. Jugaremos en el bosque... Hablamos del modelo del queso suizo aplicado a la pandemia. Queso y vino, como debe ser. Salud.



sábado, agosto 15, 2020

Las pelotitas

Una empleada las separaba por colores a diario, para limpiarlas una por una. Los túneles se llenaban de aventuras, se armaban guerritas y los toboganes y resbaladillas siempre tenían clientela, pues una hora en la alberca de pelotitas de la plaza comercial era diversión garantizada para los niños y una hora de descanso para los papás, que podían ir de compras o quedarse afuera cuidando los zapatos de sus crías y echándoles porras a cada monería.

Hoy están llenándose de polvo.

Igual le sucedió a otras dos albercas de pelotitas. Un local con toboganes y un par de carritos para montar también cerró.

Hoy dejó el local el del ciber a una cuadra de mi casa, donde de vez en cuando iba a imprimir, o a mandar correos cuando falla el internet.

miércoles, julio 08, 2020

Escritor en cuarentena, entrevista en Pulso

Hoy Pulso publica la entrevista que me hizo Alejandro Ramírez Gallegos, gran amigo y colega, a quien agradezco la generosidad del espacio para hablar de la pandemia, de lecturas, escrituras, la novela en proceso de edición y de mi libro de cuentos Fuera de mí, eufemismos para ciertas locuras.  Pronto habrá presentaciones y charlas, de las que estaremos informando aquí y en los espacios habituales.


miércoles, junio 17, 2020

Memes de aquí y de allá: ¡Bofo!


Los invito  leer "Memes: humor como defensa psicosocial" en el micrositio sobre Covid-19 en la web del proyecto San Luis potosí, segundos al alba; instantes para una memoria compartida, de El Colegio de San Luis.

Bofo: exclamación (usualmente seguida de la palabra güey o wey) que en San Luis Potosí equivale a "¡no es cierto!" o "¡no te creo!"





viernes, junio 12, 2020

Los enterradores de Ghana

Los enterradores de Ghana, los negros del ataud, el Coffin Dance, los dancing pallbearers... se les llama de muchas formas pero casi todo mundo los conoce y sabe lo que su aparición significa.

El reportaje original de la BBC sobre la idea del ghanés Benjamin Aidoo para ganarse la vida con una rítmica despedida  a los difuntos tiene ya varios años, pues data de 2017.

En 2020, con la música adecuada (Astronomia de Tony Igy y Vicetone) ha hecho que la imagen de estos bailarines sea quizá la más popular y temida durante la pandemia, festejada con memes y reproducida en video y en audio, reflejados. Sus caras suelen ser el preámbulo de un ritmo que todos conocemos, asociamos la imagen a la música y viceversa.



Hoy, viralizados, son el rostro colectivo de esta sensación de peligro que deseamos sea menos solemne, de esta necesidad de honrar a quienes nos han dejado.

Hay mucho por escribir acerca de ellos y de estos momentos de los que son símbolo.



Algo más de este tema en Memes: humor y defensa, texto que escribí para el proyecto San Luis Potosí, segundos al alba: instantes para una memoria compartida (Colsan / Coespo).

miércoles, marzo 25, 2020

Covid-19


Novedades sobre el avance local, nacional y mundial del Covid-19

«No es necesario que salgas de casa. 
Quédate a tu mesa y escucha. 
Ni siquiera escuches, espera solamente. 
Ni siquiera esperes, quédate completamente solo y en silencio. 
El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar, 
no puede dejar de hacerlo, se prosternará extático a tus pies.»
Franz Kafka

sábado, marzo 21, 2020

Otro día Fuera de mí





Estaba en un retiro espiritual y no me había enterado del caos...

Ya no soy lo-que-era.

Este día se presentaría en la Feria Nacional del Libro de la UASLP
mi libro de cuentos Fuera de mí, eufemismos para ciertas locuras
(El Diván Negro, 2020),
pero el virus coronado lo pospuso.
Lo pospuso, sí, no lo cancela, 
y yo ¡pos puesto!

Pronto nos veremos.
¿En tu pabellón o en el mío?

Gracias a la Siempre Autónoma, 
a los organizadores de la feria, a los editores y a las comentaristas.
Gracias a quienes han adquirido el libro, y sobre todo a quienes ya lo han leído.

La venta de libros sigue 
en el Patio del Edificio Central de la UASLP
hasta el domingo. Ojalá, con cuidado y sana distancia,
vayan a visitar (y si se puede comprar algo, mi libro, por ejemplo) 
a los editores 
y libreros 
del Titanic.




martes, marzo 17, 2020

Cuarentena

Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
Jaime Sabines



Era cuestión de días. Todo se ha pospuesto por quienes pueden o podemos. Algunas actividades se han cancelado, otras ya se verá. Muchos calendarios y agendas se han quedado en blanco. Posponer es, sí, un privilegio. No lo tienen personas en situación de calle, gente que trabaja por su cuenta, los hoy llamados «operarios», los antes llamados «cerillos» de supermercado, taqueros, vendedores, repartidores, choferes, trabajadores del servicio público, comerciantes formales e informales que dependen de lo que consigan cada día. En el símil bíblico, parece que se alargarán los días en el desierto para meditar o ser tentados. Parece que habrá pasión, mas no crucifixión. Hay que ver cómo se da y se aplica la alerta sanitaria en las colonias, en los pueblos. 

De mi parte, tomo otro receso en mi laberinto de distancias plenas de ecos, no sin antes invitar a quien lea estas líneas a que lea Fuera de mí, eufemismos para ciertas locuras. Aquí al lado están los datos de El Diván Negro. También, en unos días, vienen algunos textos extra para Pulso.

Reitero la invitación a escribir sobre este y otros apocalipsis. Y a compartir esos textos.

Habitar la soledad, conocerse a uno mismo, es un arte. Cuestión de ego, de yo y ello, de karma. La paz mental no se logra de un día para otro, como todo amor es cuestión de tiempo y constancia. Si podemos, son horas de habitarnos cada uno, de comprendernos y perdonarnos, de recuperar a golpe de latidos las distancias físicas. Higiene también en nuestra mente, con el mismo cuidado con que debemos lavarnos las manos. 

Si alguien sonríe o nos piensa no todo está perdido. 

En mi laberinto no suelo hablar. Buenas vibras. Nos leemos pronto, espero.