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lunes, septiembre 25, 2023
lunes, septiembre 18, 2023
miércoles, abril 15, 2020
Héctor Ceballos Garibay (1958-2020)
«En estas tierras purépechas aún existe una noble y antiquísima tradición que resulta pertinente recodar este día. Aludo a las célebres canacuas. A fin de honrar a los distinguidos visitantes, un grupo de guarecitas cantaban pirecuas y danzaban en torno a los invitados, ofreciéndoles flores y frutos de la región; se trataba no sólo de un juego coqueto y generoso que revelaba el gusto por ofrendar lo propio, sino también de una actitud alegre con la cual los anfitriones intentaban tributar amistad y respeto a los recién llegados. A manera de bienvenida, recurriendo a una canacua sui generis —tejida sólo con palabras—, me gustaría compartir con ustedes, distinguidos bardos del mundo, una brevísima reflexión sobre el carácter axial y perenne de la poesía.
»Quizá pueda considerarse a la poesía como el sumum del arte, por su capacidad peculiar de condensar en unas cuantas imágenes y juegos sonoros el saber hondo y palpitante de la experiencia vital humana. Y aunque se escriba en la soledad, al publicarse el poema adquiere una existencia colectiva, una presencia múltiple y compartible por todos, gracias a que conjunta en su ser la síntesis más depurada de pasiones y pensamientos con la elocuencia del lenguaje, la sabiduría acumulada de los hombres y mujeres con la cadencia musical de las palabras. Así pues, la poesía, en tanto que parte consustancial de la vida cotidiana de las sociedades, manifiesta una multiplicidad de funciones, a cual más de esenciales y perentorias. Por ejemplo: hacer más bella a existencia, otorgarle nombre y sentido a las cosas, construir edificios verbales autónomos y valiosos por sí mismos, sublimar los fantasmas que atosigan nuestro ser interior, combatir las asechanzas que supone enfrentarse a lo desconocido, arrostrar el desafío que conlleva el enigmático azar, pulsar con templanza la fatalidad de la muerte, y, hoy más que nunca, fomentar la conciencia lúcida y ejercer la razón crítica de cara a las injusticias de todo tipo que asolan por doquier a las sociedades tecnoburocráticas contemporáneas.»
- - - - - - -
Fragmento de Palabras de bienvenida para los Poetas del Mundo Latino, en el Parque Nacional de Uruapan. 28 de octubre del 2007, Sés Jarhani, Uruapan, Mich.
lunes, marzo 09, 2015
jueves, noviembre 20, 2014
Corrido de Don Cenobio Moreno Bucio
El tercero de cuatro corridos a don Cenobio Moreno Bucio "fue escrito por el poeta, compositor y escultor Venancio Roque Escobedo, dado a conocer en la ceremonia del depósito de sus restos en el monumento erigido en honor del héroe, el 20 de noviembre de 1967; fue interpretado por el famoso dueto Las Michoacanas".
Aquí vamos a cantar
con gusto del mero bueno,
para más estimular
a Don Cenobio Moreno.
Cenobio Moreno Bucio,
Parácuaro no te olvida,
aunque la muerte se opuso
a que gozaras tu vida
A Don Francisco I. Madero
mucho, mucho le apreció,
porque siempre fue sincero
y a los traidores odió.
En Quinceo lo mataron
con grado de Coronel,
también las balas cegaron
otras vidas junto a él.
Dijo Cenobio Moreno
cuando estaba agonizando:
"Bonifacio también es bueno
para que los siga guiando".
Bonifacio al contestar,
ya con el rifle en la mano:
"muy caro les va a costar
lo que hicieron con mi hermano".
La muerte lo sorprendió
el mil novecientos trece,
su vida se exterminó
pero su nombre florece.
Aquí se acaba el corrido
de un hombre justo y sereno,
paracuarense muy querido
fue Don Cenobio Moreno.
con gusto del mero bueno,
para más estimular
a Don Cenobio Moreno.
Cenobio Moreno Bucio,
Parácuaro no te olvida,
aunque la muerte se opuso
a que gozaras tu vida
A Don Francisco I. Madero
mucho, mucho le apreció,
porque siempre fue sincero
y a los traidores odió.
En Quinceo lo mataron
con grado de Coronel,
también las balas cegaron
otras vidas junto a él.
Dijo Cenobio Moreno
cuando estaba agonizando:
"Bonifacio también es bueno
para que los siga guiando".
Bonifacio al contestar,
ya con el rifle en la mano:
"muy caro les va a costar
lo que hicieron con mi hermano".
La muerte lo sorprendió
el mil novecientos trece,
su vida se exterminó
pero su nombre florece.
Aquí se acaba el corrido
de un hombre justo y sereno,
paracuarense muy querido
fue Don Cenobio Moreno.
martes, noviembre 25, 2008
Le Clezio y Mechoacán
Como cuasirruanense (dícese de los casi nacidos en La Ruana, Mich.) me emociona tener noticias o lecturas de esos rumbos de Tierra Caliente y puntos circunvecinos (creo que lo he dicho ya, pero es un lugar con mucha calidez y sabor a trópico y mujeres hermosas y harta cerveza). Ya que está de moda va aquí un fragmento de La conquista divina de Michoacán (reeditado por el FCE para aprovechar dicha moda), de JMG Le Clezio, Premio Nobel de Literatura 2008.
Este autor estuvo como profesor invitado en nuestro país, en El Colegio de Michoacán, hace ya varios años, y se enamoró de La Relación de Michoacán, libro "digno de ser comparado con La Iliada, el Poema de Gilgamesh o la Geste d´Arthur". No sé si sea amor a la tierra o a la imagen del buen salvaje, pero aquí va algo de lo que hace sentir cercano al escritor:
"El caracter sagrado de este librito es el que nos inquieta y nos emociona. El saber que nos transmite es un saber que precede a toda escritura. Es un relato legendario llevado de generación en generación por escritores petamuti, solemne e impregnado de belleza oratoria, como la enseñanza de los colegios religiosos y militares de México-Tenochtitlan que sirvieron a Bernardino de Sahagún para escribir su Historia General de las Cosas de la Nueva España. Pero se piensa también en las epopeyas todavía vivas hoy en día entre los pueblos que ignoran la escritura, tule de San Blas, inuit de Groenlandia, dogones del Africa ecuatorial y tiwi de Oceanía.
"Es la escritura lo que hace de la Relación [...] lo que está ante nuestros ojos: un testamento. Pero este testamento, por sus cualidades literarias, iguala los más grandes textos de la literatura universal, la Iliada y la Odisea, la Chanson de Roland o la Kojiki".
lunes, junio 11, 2007
Apatzingán, Mich., calor, corridos y vida cotidiana

Apatzingán, Michoacán, 26 de mayo de 2007. Al producirse el ataque a las torres gemelas de Nueva York, el 11-s, circuló en Internet un chiste que hablaba de que el presidente municipal de Apatzingán, Michoacán, salió alarmado a la tribuna para negar el atentado, ante la amenaza de una invasión estadunidense. Cuando le informaron que a quien se acusaba era Afganistán, no "apazingán" respiró tranquilo.
Pero la invasión fue más tarde, de parte del gobierno federal.
Las calles de esta ciudad de Tierra Caliente —equivalente michoacano en calor infernal, en importancia geográfica y en belleza femenina a la Ciudad Valles potosina— lucen tranquilas, después de varias balaceras y de los “levantones” entre narcos, pero que incluyen a un primo del presidente municipal, que continúa desaparecido. Tras haber asumido el control de la población dos veces, las patrullas del Ejército, dicen en la plaza principal, se han resguardado, y durante todo el día sólo se oye una vez el helicóptero que se ha vuelto cotidiano. Las señoras pasan al mercado, las jóvenes lucen su ropa vaporosa y la plaza luce alegre entre las canciones de moda y los narcocorridos que se ofertan en los puestos ambulantes. Entre los comerciantes establecidos corre la voz de una nueva balacera en el muncipio de Aguililla. “Ahí sí está peligroso”, asegura Juan N., “ porque aquí no se quedan”.
No vayas, me decía mediomundo. Madre y compañera se quedaron nerviosas, pero les dije que yo de verdad quería regresar unos días al calor y a la calidez.
Fue en julio de 2006 que la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) detuvo a los 60 agentes de la policía municipal, para investigar sus posibles nexos con el narcotráfico, pero algunos ya andan en las calles, en rondines que comparten con agentes de la policía estatal.
Manuel, un tendero de los que circundan la plaza de la Constitución, dice que se siente tranquilo, porque los “levantones” y las balaceras casi siempre se dan entre los que de veras andan en la droga o su tráfico. Lo del 7 de mayo pasado, cuando se enfrentaron miembros del Ejército con un grupo de sujetos armados en una zona céntrica de la ciudad, “fue de chiripada, pero no pasa seguido”, comenta.
Como muchos apatzinguenses, toda su vida Gabriela ha conocido personas que “andan en malos pasos”, o mueren en algún enfrentamiento armado, e incluso dos primos lejanos han caído por las balas de los narcos. Pero antes no era tan seguido. Pero ellos no están aquí, reitera, “casi siempre bajan de la sierra en sus camionetas sin hacer mucho alboroto y se van como llegaron”. Los que le entran “aquí no son jefes, son transportistas”, añade. Hay colonias periféricas donde se supone que está la mayor distribución, pero Gabriela cuenta que allí no han llegado las fuerzas del orden.
Un vendedor de periódicos relata que hace unos días venía de regreso de Aguililla cuando pasaron las patrullas y camionetas de AFI y Ejército. Al día siguiente se enteró de que detuvieron a un señor al que le acababa de entregar el diario: “Mero así, vale, un rato después llegaron y encontraron en su casa a tres colombianos y a una muchacha que se había robado, jovencita pues, vale”.
El calor aprieta en todos sentidos. La presidencia municipal ha estado cerrada todo el día, apenas salió un oficial vestido de negro a comerse unas gorditas, y es hasta en la noche cuando se ilumina con unos efectos parecidos a los del centro histórico de San Luis Potosí. La catedral igual, parece un edificio europeo. Desde hace meses se han suspendido las novilladas pero las discos juveniles siguen llenas hasta altas horas de la noche, lo mismo que algunos de los centros culturales llamados taibols.
Una señora de edad avanzada se acerca al ver la cámara, entre nerviosa y enojada. La plática es alegre. Pide que los periodistas no ataquen tanto a Apatzingán. “Si ya saben dónde están (los capos) para qué tanto brinco, mijo”.
Huele a carnitas y a morisqueta (el platillo tradicional: arroz, frijoles, crema y salsa, equivalente los moros y cristianos o al gallo pinto de Costa Rica), pero también huele a sudor nuevo, aunque parece que va a llover.
En catedral, una chica festeja sus quince años, y se le ve alegre, disfrutando el día, aunque su padre está en un cereso cumpliendo su segunda condena. La vida sigue, y es más, se vive alegre en estos caminos de Michoacán.
Por cierto, ¿con quién te andarás paseando?
(Publicado en la revista Transición, número 14, junio de 2007)
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