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sábado, abril 02, 2011

Autoridad, que dé resultados o se largue; narcos, ya párenle: Sicilia

(Cortesía de La Jornada Morelos)

  • Estamos ante una “emergencia nacional”; la clase política debe dejar sus estupideces
  • Ya basta, dice al gobierno; no queremos chivos expiatorios, queremos justicia, exclama

Jaime Luis Brito y Jorge Sifuentes Cañas


Cuernavaca. El escritor Javier Sicilia advirtió que si las autoridades no dan resultados de la investigación del asesinato de su hijo y otras seis personas para el próximo miércoles, “la ciudadanía organizará un movimiento que llegará hasta donde sea, hasta que se larguen”, porque es claro que la estrategia contra la inseguridad ha fracasado hasta ahora.

Visiblemente abatido, recién llegado prácticamente de Filipinas, el también periodista demandó a los narcotraficantes, “en nombre propio y de todas las familias que han perdido un hijo”, recuperar su “códigos de honor”, porque deben entender que “la ciudadanía es intocable, no puede matar a nuestros hijos, no pueden matar a nuestras mujeres, la ciudadanía es intocable”, señaló. “Hay que exigirles a esos hijos de la chingada que ya le paren”, exclamó.

En conferencia de prensa, realizada en los arcos de la puerta principal del Palacio de Gobierno, lugar donde se instaló una ofrenda en honor de las víctimas de la violencia, Sicilia sostuvo que a partir de ahora, “todos nuestros jóvenes se llaman Juan Francisco (su hijo), Julio, Luis, Gabo (las otras víctimas), porque todos los jóvenes son nuestros hijos. Debemos hacer algo, todos, para que ningún muchacho más sea asesinado”.

El problema es que los jóvenes, dijo, son doblemente victimizados. Lo son al ser asesinados por narcotraficantes o criminales; y luego lo son por las autoridades que los estigmatizan y los acusan de ser parte de la delincuencia organizada. Nos encontramos, señaló, frente a una “emergencia nacional”, pues “nuestros mejores jóvenes, aquellos que tienen acceso a las oportunidades son asesinados; mientras los jóvenes que no tienen oportunidades son reclutados como carne de cañón por el narcotráfico”.

Además, exigió a los políticos, que “no son una clase política, son ciudadanos a nuestro servicio”, dejar de lado sus constantes pugnas, y promover la unidad y discusión de los verdaderos problemas que atraviesa el país. “Estamos en una emergencia nacional y ellos peleando por estupideces”, arremetió Javier Sicilia, quien estuvo arropado por activistas, intelectuales, promotores culturales, ecologistas, jóvenes estudiantes, entre otros.

Con voz firme, sin cortapisas, levantó la voz: “ya basta”, dijo a las autoridades y las emplazó a presentar resultados, no chivos expiatorios. En el encuentro con la prensa, el escritor dejó en claro que es necesario “evitar las especulaciones” y llamó a la ciudadanía a “unirse para exigir que se haga justicia; si no nos unimos ahora, no vamos a poder forzar a nuestras autoridades a que cumplan lo que tienen que cumplir, que es hacer justicia”.

En ese mismo sentido, exigió a la Procuraduría General de la República no presentar chivos expiatorios; “queremos a los culpables y no queremos que estén libres nuevamente. Y decirles a las autoridades que cada hijo, cada muchacho que caiga y que vuelva caer es hijo nuestro; cada muchacho que haya sido corrompido por el crimen organizado es también nuestro muchacho. Somos responsables de eso y tenemos que exigirles a las autoridades que no queremos ni un muchacho más destruido, ni un muchacho más caído bajo la corrupción y la violencia; no queremos un muchacho más corrompido por el narcotráfico o por el crimen organizado, porque ellos, los muchachos, son el futuro de este país y de este estado”.

Ahí, frente a las puertas del Palacio de Gobierno, Javier Sicilia fue claro y directo en su posición: “Si las autoridades no están dispuestas a protegernos y a protegernos en todas las dimensiones, es mejor que se larguen. Si ellos no son capaces, en esta nación habemos muchos ciudadanos que podemos dar la cara por este país y ser la voz de la ciudadanía. Por eso exigimos que esto se esclarezca lo más pronto posible, que la seguridad se establezca y que nuestros muchachos no caigan más en las garras del crimen ni a causa de las garras del crimen”.

De igual manera, se pronunció en contra de la doble criminalización de los jóvenes, como se ha visto, -dijo-, en otros lugares como Ciudad Juárez. “Hay veces que los muchachos son asesinados y después los acusan de complicidad con el crimen organizado; son doblemente estigmatizados. No debemos permitir tampoco eso, no podemos tener este tipo de especulaciones; muchos de los jóvenes que están cayendo son inocentes, les debemos su reivindicación, su dignidad. Mi hijo Juan Francisco, Julio, Luis, Gabo son muchachos que deben ser reivindicados”.

A los jóvenes, -recalcó Sicilia-, hay que rescatarlos y darles oportunidades “no caer en esta imbecilidad como el gobernador de Chihuahua, que a los ninis hay que meterlos al Ejército; eso es estúpido, hay que darles oportunidades, hay que darles dignidad, este pueblo necesita dignidad”.

Tras la intervención de Javier Sicilia, la comunidad cultural y diversas organizaciones sociales convocaron a la ciudadanía el próximo miércoles, para participar en una gran marcha a favor de la paz y para exigir resultados a las autoridades.

Se anunciaron una serie de actividades para este fin de semana. Por ejemplo, mañana domingo, por la tarde se realizará una ceremonia ecuménica; pero la gran acción será el miércoles en que se ha convocado a una marcha nacional para exigir justicia y paz. Se llevará a cabo a partir de las 17 horas, de la Paloma de la Paz al zócalo.

(En San Luis Potosí este sábado una marcha se hermanará con Sicilia y la comunidad de Cuernavaca, saliendo a las 5 de la tarde, del Jardín de Tequis.)

lunes, junio 11, 2007

Apatzingán, Mich., calor, corridos y vida cotidiana


Apatzingán, Michoacán, 26 de mayo de 2007. Al producirse el ataque a las torres gemelas de Nueva York, el 11-s, circuló en Internet un chiste que hablaba de que el presidente municipal de Apatzingán, Michoacán, salió alarmado a la tribuna para negar el atentado, ante la amenaza de una invasión estadunidense. Cuando le informaron que a quien se acusaba era Afganistán, no "apazingán" respiró tranquilo.

Pero la invasión fue más tarde, de parte del gobierno federal.

Las calles de esta ciudad de Tierra Caliente —equivalente michoacano en calor infernal, en importancia geográfica y en belleza femenina a la Ciudad Valles potosina— lucen tranquilas, después de varias balaceras y de los “levantones” entre narcos, pero que incluyen a un primo del presidente municipal, que continúa desaparecido. Tras haber asumido el control de la población dos veces, las patrullas del Ejército, dicen en la plaza principal, se han resguardado, y durante todo el día sólo se oye una vez el helicóptero que se ha vuelto cotidiano. Las señoras pasan al mercado, las jóvenes lucen su ropa vaporosa y la plaza luce alegre entre las canciones de moda y los narcocorridos que se ofertan en los puestos ambulantes. Entre los comerciantes establecidos corre la voz de una nueva balacera en el muncipio de Aguililla. “Ahí sí está peligroso”, asegura Juan N., “ porque aquí no se quedan”.

No vayas, me decía mediomundo. Madre y compañera se quedaron nerviosas, pero les dije que yo de verdad quería regresar unos días al calor y a la calidez.

Fue en julio de 2006 que la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) detuvo a los 60 agentes de la policía municipal, para investigar sus posibles nexos con el narcotráfico, pero algunos ya andan en las calles, en rondines que comparten con agentes de la policía estatal.

Manuel, un tendero de los que circundan la plaza de la Constitución, dice que se siente tranquilo, porque los “levantones” y las balaceras casi siempre se dan entre los que de veras andan en la droga o su tráfico. Lo del 7 de mayo pasado, cuando se enfrentaron miembros del Ejército con un grupo de sujetos armados en una zona céntrica de la ciudad, “fue de chiripada, pero no pasa seguido”, comenta.

Como muchos apatzinguenses, toda su vida Gabriela ha conocido personas que “andan en malos pasos”, o mueren en algún enfrentamiento armado, e incluso dos primos lejanos han caído por las balas de los narcos. Pero antes no era tan seguido. Pero ellos no están aquí, reitera, “casi siempre bajan de la sierra en sus camionetas sin hacer mucho alboroto y se van como llegaron”. Los que le entran “aquí no son jefes, son transportistas”, añade. Hay colonias periféricas donde se supone que está la mayor distribución, pero Gabriela cuenta que allí no han llegado las fuerzas del orden.

Un vendedor de periódicos relata que hace unos días venía de regreso de Aguililla cuando pasaron las patrullas y camionetas de AFI y Ejército. Al día siguiente se enteró de que detuvieron a un señor al que le acababa de entregar el diario: “Mero así, vale, un rato después llegaron y encontraron en su casa a tres colombianos y a una muchacha que se había robado, jovencita pues, vale”.

El calor aprieta en todos sentidos. La presidencia municipal ha estado cerrada todo el día, apenas salió un oficial vestido de negro a comerse unas gorditas, y es hasta en la noche cuando se ilumina con unos efectos parecidos a los del centro histórico de San Luis Potosí. La catedral igual, parece un edificio europeo. Desde hace meses se han suspendido las novilladas pero las discos juveniles siguen llenas hasta altas horas de la noche, lo mismo que algunos de los centros culturales llamados taibols.

Una señora de edad avanzada se acerca al ver la cámara, entre nerviosa y enojada. La plática es alegre. Pide que los periodistas no ataquen tanto a Apatzingán. “Si ya saben dónde están (los capos) para qué tanto brinco, mijo”.

Huele a carnitas y a morisqueta (el platillo tradicional: arroz, frijoles, crema y salsa, equivalente los moros y cristianos o al gallo pinto de Costa Rica), pero también huele a sudor nuevo, aunque parece que va a llover.

En catedral, una chica festeja sus quince años, y se le ve alegre, disfrutando el día, aunque su padre está en un cereso cumpliendo su segunda condena. La vida sigue, y es más, se vive alegre en estos caminos de Michoacán.

Por cierto, ¿con quién te andarás paseando?

(Publicado en la revista Transición, número 14, junio de 2007)