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lunes, febrero 06, 2017

Crimentales en Pulso: Carta Magna, Constitución, Contrato


La columna de este domingo en Pulso, dándole click aquí.

(Y los invitamos a adquirir una playera y un morral de Corazón Todito, marca potosina en busca de socios, clientes y amigos.) (Quedan pocos.)

domingo, febrero 05, 2017

La ley como el amor - W. H. Auden

La Ley, dicen los jardineros, es el sol,
la Ley es aquello
que todos los jardineros obedecen
mañana, ayer, hoy.

La Leyes la sabiduría de los viejos,
rezongan lánguidos los abuelos impotentes;
los nietos sacan una lengua atiplada,
la Ley es la razón de la juventud.

La Ley, dice el sacerdote con mirada piadosa,
explicándose ante una congregación impía,
la Leyes las palabras en mi piadoso libro,
la Ley es mi púlpito y mi campanario.
La Ley, dice el juez con su mirada de menosprecio,
hablando con claridad y suma dureza,
la Ley es como ya os dije,
la Ley es como, supongo, sabéis es
la Ley, pero dejadme que os lo explique otra vez,
la Ley es La Ley.

Sin embargo, los eruditos cumplidores de la ley escriben:
la Ley no acierta ni se equivoca,
la Ley no es más que crímenes
castigados por lugares y épocas,
la Ley es la ropa que llevan los hombres
en cualquier momento, en cualquier lugar,
la ley es Buenos Días y Buenas Noches.

Otros dicen, la Ley es nuestro Destino;
otros dicen, la Ley es nuestro Estado;
otros dicen, otros dicen
la Ley ya no existe,
la Ley ha desaparecido.

Y siempre la muchedumbre furiosa y vociferante,
muy furiosa y muy vociferante,
la Ley somos nosotros,
y siempre el débil idiota débilmente Yo.

Si nosotros, cariño, sabemos que no sabemos más
que ellos sobre la Ley,
si yo no sé más que tú
qué deberíamos y no deberíamos hacer
salvo que todos aceptamos
de buen grado o por fuerza
que la Ley es
y que todos lo sabemos,
si por tanto pensando que es absurdo
identificar la Ley con otra palabra,
a diferencia de tantos hombres
no puedo decir que la Ley es otra vez,
no más que ellos podemos sofocar
el deseo universal de descubrir
o zafarnos de nuestra propia situación
hacia una condición indiferente.

Aunque al menos puedo limitar
tu vanidad y la mía
a expresar tímidamente
una tímida similitud,
alardearemos de todos modos:
como el amor, digo yo.

Como el amor que no sabemos dónde o por qué,
como el amor que no podemos imponer ni abandonar,
como el amor que a menudo lloramos,
como el amor que rara vez conservamos.

Septiembre de 1939

viernes, febrero 05, 2016

Leyes

Pensión de más de 30 mil mensuales por 3 años de trabajo en el magisterio...
CNDH emite recomendación a la Marina por caso de tortura y violencia sexual.
El operativo funcionó...
Comentamos como propio lo que piden los anunciantes.
El salario mínimo viola la Constitución al no alcanzar para la canasta básica.

[Con los titulares de cada día en México se arma un cadáver (nada) exquisito]
[¿Constitución? ¿A quién o a qué constituye ese libro 
al cual las autoridades 
son las primeras en desdeñar?]

...

Las leyes son para que las cumplan
los pobres.
Las leyes son hechas por los ricos
para poner un poco de orden a la explotación.
Los pobres son los únicos cumplidores de leyes
de la historia.
Cuando los pobres hagan las leyes
ya no habrá ricos.
Roque Dalton

domingo, febrero 05, 2012

La ley como el amor - W. H. Auden

La Ley, dicen los jardineros, es el sol,
la Ley es aquello
que todos los jardineros obedecen
mañana, ayer, hoy.

La Leyes la sabiduría de los viejos,
rezongan lánguidos los abuelos impotentes;
los nietos sacan una lengua atiplada,
la Ley es la razón de la juventud.

La Ley, dice el sacerdote con mirada piadosa,
explicándose ante una congregación impía,
la Leyes las palabras en mi piadoso libro,
la Ley es mi púlpito y mi campanario.
La Ley, dice el juez con su mirada de menosprecio,
hablando con claridad y suma dureza,
la Ley es como ya os dije,
la Ley es como, supongo, sabéis es
la Ley, pero dejadme que os lo explique otra vez,
la Ley es La Ley.

Sin embargo, los eruditos cumplidores de la ley escriben:
la Ley no acierta ni se equivoca,
la Ley no es más que crímenes
castigados por lugares y épocas,
la Ley es la ropa que llevan los hombres
en cualquier momento, en cualquier lugar,
la ley es Buenos Días y Buenas Noches.

Otros dicen, la Ley es nuestro Destino;
otros dicen, la Leyes nuestro Estado;
otros dicen, otros dicen
la Ley ya no existe,
la Ley ha desaparecido.

Y siempre la muchedumbre furiosa y vociferante,
muy furiosa y muy vociferante,
la Ley somos nosotros,
y siempre el débil idiota débilmente Yo.

Si nosotros, cariño, sabemos que no sabemos más
que ellos sobre la Ley,
si yo no sé más que tú
qué deberíamos y no deberíamos hacer
salvo que todos aceptamos
de buen grado o por fuerza
que la Ley es
y que todos lo sabemos,
si por tanto pensando que es absurdo
identificar la Ley con otra palabra,
a diferencia de tantos hombres
no puedo decir que la Ley es otra vez,
no más que ellos podemos sofocar
el deseo universal de descubrir
o zafarnos de nuestra propia situación
hacia una condición indiferente.

Aunque al menos puedo limitar
tu vanidad y la mía
a expresar tímidamente
una tímida similitud,
alardearemos de todos modos:
como el amor, digo yo.

Como el amor que no sabemos dónde o por qué,
como el amor que no podemos imponer ni abandonar,
como el amor que a menudo lloramos,
como el amor que rara vez conservamos.

lunes, junio 11, 2007

Apatzingán, Mich., calor, corridos y vida cotidiana


Apatzingán, Michoacán, 26 de mayo de 2007. Al producirse el ataque a las torres gemelas de Nueva York, el 11-s, circuló en Internet un chiste que hablaba de que el presidente municipal de Apatzingán, Michoacán, salió alarmado a la tribuna para negar el atentado, ante la amenaza de una invasión estadunidense. Cuando le informaron que a quien se acusaba era Afganistán, no "apazingán" respiró tranquilo.

Pero la invasión fue más tarde, de parte del gobierno federal.

Las calles de esta ciudad de Tierra Caliente —equivalente michoacano en calor infernal, en importancia geográfica y en belleza femenina a la Ciudad Valles potosina— lucen tranquilas, después de varias balaceras y de los “levantones” entre narcos, pero que incluyen a un primo del presidente municipal, que continúa desaparecido. Tras haber asumido el control de la población dos veces, las patrullas del Ejército, dicen en la plaza principal, se han resguardado, y durante todo el día sólo se oye una vez el helicóptero que se ha vuelto cotidiano. Las señoras pasan al mercado, las jóvenes lucen su ropa vaporosa y la plaza luce alegre entre las canciones de moda y los narcocorridos que se ofertan en los puestos ambulantes. Entre los comerciantes establecidos corre la voz de una nueva balacera en el muncipio de Aguililla. “Ahí sí está peligroso”, asegura Juan N., “ porque aquí no se quedan”.

No vayas, me decía mediomundo. Madre y compañera se quedaron nerviosas, pero les dije que yo de verdad quería regresar unos días al calor y a la calidez.

Fue en julio de 2006 que la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) detuvo a los 60 agentes de la policía municipal, para investigar sus posibles nexos con el narcotráfico, pero algunos ya andan en las calles, en rondines que comparten con agentes de la policía estatal.

Manuel, un tendero de los que circundan la plaza de la Constitución, dice que se siente tranquilo, porque los “levantones” y las balaceras casi siempre se dan entre los que de veras andan en la droga o su tráfico. Lo del 7 de mayo pasado, cuando se enfrentaron miembros del Ejército con un grupo de sujetos armados en una zona céntrica de la ciudad, “fue de chiripada, pero no pasa seguido”, comenta.

Como muchos apatzinguenses, toda su vida Gabriela ha conocido personas que “andan en malos pasos”, o mueren en algún enfrentamiento armado, e incluso dos primos lejanos han caído por las balas de los narcos. Pero antes no era tan seguido. Pero ellos no están aquí, reitera, “casi siempre bajan de la sierra en sus camionetas sin hacer mucho alboroto y se van como llegaron”. Los que le entran “aquí no son jefes, son transportistas”, añade. Hay colonias periféricas donde se supone que está la mayor distribución, pero Gabriela cuenta que allí no han llegado las fuerzas del orden.

Un vendedor de periódicos relata que hace unos días venía de regreso de Aguililla cuando pasaron las patrullas y camionetas de AFI y Ejército. Al día siguiente se enteró de que detuvieron a un señor al que le acababa de entregar el diario: “Mero así, vale, un rato después llegaron y encontraron en su casa a tres colombianos y a una muchacha que se había robado, jovencita pues, vale”.

El calor aprieta en todos sentidos. La presidencia municipal ha estado cerrada todo el día, apenas salió un oficial vestido de negro a comerse unas gorditas, y es hasta en la noche cuando se ilumina con unos efectos parecidos a los del centro histórico de San Luis Potosí. La catedral igual, parece un edificio europeo. Desde hace meses se han suspendido las novilladas pero las discos juveniles siguen llenas hasta altas horas de la noche, lo mismo que algunos de los centros culturales llamados taibols.

Una señora de edad avanzada se acerca al ver la cámara, entre nerviosa y enojada. La plática es alegre. Pide que los periodistas no ataquen tanto a Apatzingán. “Si ya saben dónde están (los capos) para qué tanto brinco, mijo”.

Huele a carnitas y a morisqueta (el platillo tradicional: arroz, frijoles, crema y salsa, equivalente los moros y cristianos o al gallo pinto de Costa Rica), pero también huele a sudor nuevo, aunque parece que va a llover.

En catedral, una chica festeja sus quince años, y se le ve alegre, disfrutando el día, aunque su padre está en un cereso cumpliendo su segunda condena. La vida sigue, y es más, se vive alegre en estos caminos de Michoacán.

Por cierto, ¿con quién te andarás paseando?

(Publicado en la revista Transición, número 14, junio de 2007)