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martes, mayo 08, 2018

Escrito en la arena - Hermann Hesse

Que lo hermoso y lo encantador
sea tan sólo aliento y tormenta,
que lo delicioso, lo maravilloso
y lo propicio no duren:
que las nubes, flores, pompas de jabón,
que los fuegos artificiales y las risas de los niños,
la mirada de una mujer en el espejo
y tantas cosas tan maravillosas
desaparezcan, apenas descubiertas,
que duren no más que un instante:
¡ah, eso lo sabemos con tristeza!
Lo duradero e inmóvil
no nos parece tan valioso:
piedras preciosas de fuego gélido,
pesada barra de oro reluciente;
las mismísimas estrellas,
que permanecen alejadas y extrañas, no nos resultan
semejantes a nosotros, seres transitorios:
no llegan a lo más profundo del alma.
Es como si lo hermoso y lo amable tendiera a la destrucción,
cerca siempre de la muerte,
y que lo más valioso, las notas musicales
que desde el nacimiento
corren y se extinguen,
son nada más que ligero aliento, torrentes, huida.
Y dolorosamente derribados por un leve soplo,
no permanecen más que el tiempo
que dura un latido;
sonido tras sonido, casi apenas entonados,
manan y se esfuman.

Y así se entrega a lo fugaz
lealmente nuestro corazón,
a la vida, a lo que surge de continuo,
y no a lo que, rígido, dura.
Muy pronto lo que permanece nos fatiga,
joyas, rocas y el cielo estrellado,
a nosotros, errantes del eterno cambio,
almas y pompas de jabón,
al tiempo unidos, y fugaces,
a quienes el rocío de una hoja rosa,
a quienes el cortejo de unas aves,
la muerte de las nubes,
el brillo de la nieve, el arco iris,
la mariposa voladora;
nosotros, a quienes el roce sonido
de una risa fugaz
nos parece una fiesta
o nos causa dolor.
Amamos cuanto nos es semejante, y entendemos
lo que el viento escribe sobre la arena.

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jueves, marzo 09, 2017

Parejas literarias

Vera y Vladimir Nabokov
Hace tiempo compartí aquí algunos fragmentos de un texto de Noemí López Trujillo sobre las esposas ("chachas") de los escritores del boom latinoamericano. Inútiles— a veces laboral, a veces sentimentalmente—, algo idos, obsesionados con su obra, parasitarios en general, los escritores machistas no fueron sólo los del boom. Por miedo, a veces enfermedad, prejuicios, incapacidad, soberbia o de plano egolatría, muchos resultan fuera del papel horrorosos insectos. Véanse si no las cartas de Franz Kafka o de James Joyce. O esa otra historia que terminó en manicomio, la de Auguste Rodin y Camille Claudel.

Laura Freixas comenta en "Grandes autores, vistos por sus compañeras" que una característica que tienen en común Hermann Hesse, Ernest Hemingway, Francis Scott Fitzgerald, Juan Ramón Jiménez, Dylan Thomas o José Donoso es que "suelen tener al lado a una mujer que dedica su vida a servirle y apoyarle". Freixas apunta como caso célebre y positivo a la pareja de Beauvoir y Sartre pero
"Si miramos al pasado, sin embargo, lo que encontramos en la mayoría de casos son escritores hombres casados con mujeres cuya vida consiste en facilitarle a él la suya (nunca al revés: no existen musos). Y a juzgar por los testimonios que nos quedan —los de Caitlin Thomas, Sofía Tolstói, Pilar Donoso o las varias mujeres de Hermann Hesse—, el de esposa de escritor da la impresión de ser el oficio más triste del mundo..."
"Casadas con el trabajo sucio de los escritores" es un texto de Lorena G. Maldonado que abre con un poema de Esther Morillas:
"No me habla en toda la mañana, / pero no está enfadado: / mi novio es escritor, / y cuando lee o escribe o no hace nada / es que está trabajando. / Trabaja todo el día: los escritores son gente contumaz / llena de pensamientos. / Acuérdate de mí, le digo, / cuando lo dejo solo. / Yo sé que piensa en mí sin darse cuenta".
Y es que, abunda, las mujeres de escritores (supongo que de muchos artistas, con y sin comillas), fueron para ellos mecanógrafas, correctoras, promotoras, abogadas, enfermeras, nanas (de ellos y de sus hijos), choferes, administradoras, madres y muchas veces su sostén económico mientras ellos se dedicaban a crear. Se repiten aquí los casos de Juan Ramón Jiménez y Hermann Hesse, y se añaden los de Vera Nabokov, Sophia Behrs (Tolstoi) y Anna Snítkina (Dostoievski).
"Quizá una de las esposas más célebres sea la brillante Zenobia Camprubí, pareja de Juan Ramón Jiménez, que vivió con el talento medio a enterrar porque todas sus energías se centraron en subrayar la obra del poeta. "La vida es vana", escribía ella. "Un poco de amor, / un poco de odio, / y luego, buenos días...". Camprubí resistió a las neurosis depresivas y al carácter enfermizo y gris de Jiménez con toneladas de alegría innata. Él era un hombre que había aprendido ya de niño a hacerse el débil para recibir continuamente mimos y cuidados. Trabajaba en una habitación acolchada. No soportaba ningún agente externo. Le chirriaba hasta la risa de su amor, y eso que la carcajada limpia de Camprubí fue lo que lo prendó de ella. Esta es la vida después del The End: el poeta era un rarito. Exigía silencio y dedicación."
En el discurso, en el léxico, muchas cosas han cambiado. Las historias de musas y dedicatorias ya son arcaicas, como las de princesas de cuentos de hadas. Del amor (por favor) no hablemos por ahora. Hay muchos trabajadores de la palabra que se quedan solteros, y al menos así no le cargan su alterada psique a nadie, mientras otros se hacen crecer mutuamente, como personas y como pareja. En vivo y a distancia (redes sociales) conozco varios casos de parejas de escritores exitosos, que se apoyan con todo, que comparten risas, lecturas y trabajo (intelectual y del hogar). No menciono a algunos para no fallarle a otros, pero me congratulo. Todo es cuestión de imaginarlo, de apoyarse, de intentarlo.

martes, junio 21, 2016

Fin de temporada

Este martes (hoy) es la última sesión del primer taller de Iniciación a la Escritura que tuve el honor de coordinar en el Centro de las Artes (Ceart) de San Luis Potosí. Agradezco a Aldo y a Samuel la oportunidad, así como a quienes asistieron con sus textos, interesantes y con muchas posibilidades, para compartir lecturas, tallerear, platicar y debatir muy a gusto. A partir de mañana nada concreto, ni en lo personal ni en lo profesional, pero hay muchos proyectos, y ya estaremos comunicándolos por aquí. Lo seguro: leer y escribir, y en septiembre un nuevo taller en el Ceart. He dejado algunas publicaciones programadas  en blog, y hay textos que se publicarán en otros medios. Por lo pronto comparto algo de ciertas lecturas recientes.

"No busques trabajo: escribe".
José Saramago

"17 de los 20 poetas que forman “la nueva poesía mexicana” son o viven en exclusivamente dos ciudades del país: Guadalajara y la Ciudad de México, como los antologadores. Más de la mitad de los seleccionados, doce, tuvieron como tutores a López Mills y/o Esquinca en el programa Jóvenes Creadores de poesía del FONCA (más de una cuarta parte fueron, de hecho, becarios en la promoción 2008 cuando ambos fueron sus tutores)".
María Rivera

"Colegas escritorxs: no necesitan publicar en revistas del gobierno o mafias. Hagan un blog y los lectores llegarán".
Heriberto Yépez

Dice Hermann Hesse:
"Todos los padres y educadores han hecho la experiencia de creer que le daban a un niño o a un adolescente un excelente libro y escogido en el momento adecuado y luego veían que había sido un error. Cada cual, joven o viejo, tiene que encontrar su propio camino hacia el mundo de los libros, aunque el consejo y la amable tutela de los amigos puede ayudar mucho. Algunos se sienten pronto a gusto entre los escritores y otros necesitan largos años hasta comprender lo dulce y maravilloso que es leer. Se puede comenzar con Homero y acabar con Dostoievski o al revés, se puede ir creciendo con los poetas y pasar al final con los filósofos o al revés; hay cien caminos. Pero sólo existe una ley y un camino para cultivarse y crecer intelectualmente con los libros, y es el respeto a lo que se está leyendo, la paciencia de querer comprender, la humildad de tolerar, escuchar".
A veces no sé distinguir entre realidad y ficción, no sé si lamentarlo, pero lo reconozco. Como Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956), quien en entrevista para Jot Down reconoce que estuvo a punto de ser esquizofrénico por su afición a la literatura:
"Sí, así era. Eso le pasaba a muchos adolescentes entonces y espero que siga sucediendo hoy en día. No tiene que ver solo con la literatura, puede suceder con cualquier pasión muy intensa. A mí me gusta la gente que enloquece por una pasión, ya sea por los juegos de ordenador, por una relación amorosa o por la literatura".
Desaparezco un rato. Hasta pronto.