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lunes, abril 21, 2014

Ferretis, Fuentes y Rulfo, censores

Estas son las coincidencias que me gustan, las de las lecturas que llevan a otras, que hilan, que sacan una sonrisa: anoche empecé a revisar La literatura quema, un texto que me publicó la Secretaría de Cultura de SLP en 2007 acerca del escritor rioverdense Jorge Ferretis, con miras a buscar publicarlo de nuevo, corregido y aumentado. 

No había caído en cuenta de que en unas horas sería su cumpleaños, y con más ganas seguí leyendo. Vi un video de la UASLP, releí la primera tesis que se hizo aquí (en la LLyLH-FCSyH-UASLP) sobre Ferretis (de la que fui sinodal) y encontré un par de textos que no conocía, que ya les platicaré. 

Todo el cumpleaños de Ferretis seguí buscando materiales, releyendo, y por casualidad me encontré hace un rato, ya empezado el lunes, este texto que recién acababa de publicar, unos minutos antes, Humberto Musacchio en Excelsior:


En el suplemento dominical de Reforma (13/IV/2014) apareció una entrevista de Guadalupe Loaeza con Elena Poniatowska en la que ésta dice: “Recuerdo que Carlos Fuentes y Juan Rulfo consiguieron chamba con un señor muy lindo que se llamaba Jorge Ferreti [en realidad Jorge Ferretis. Nota de HM], que estaba en Gobernación. En México se empezó a filmar cantidad de películas; a ellos les dieron la chamba de censores. Incluso, estaban muy contentos porque les dieron sillas con su nombre escrito atrás. No tenían que hacer absolutamente nada. Salvo cuando se atravesaba en el set un perro flaco, Fuentes se levantaba y decía: ‘Corte, este perro denigra a México’. Entonces se paraba toda la filmación y se volvía a grabar”. Guadalupe comenta: “Era la época de Ruiz Cortines”. Sí, responde Elena, “era la época de Ruiz Cortines. Se sacaba al pobre perro, que le iba peor que si hubiera salido en la película. Ésa fue una de las primeras chambas de Fuentes”.

Parece que la reedición de La literatura quema va por buen camino.

jueves, mayo 08, 2008

Replicante en la web

"Aunque el retrato que Luis Enrique Ramírez hacía de ella presentaba ciertas coincidencias con la versión novelada de Enrique Serna en El miedo a los animales respecto a su doble personalidad y su intransigencia, no sólo no me convencían del todo ninguno de los dos (Serna, para escribir ese libro, al igual que Enrigue, había aprendido mucho de Crimen sin faltas de ortografía y nunca le reconoció ni un certificado de maternidad, aunque fuera adoptiva o de madre desobligada y abandonadora, por ejemplo), sino que no me importaba.

"Pero el escritor y divulgador científico Luis González de Alba no es Luis Enrique Ramírez. Cuando fue corrido del periódico La Jornada tras demostrar que Poniatowska se había plagiado aspectos de su libro Los días y los años, era difícil no creerle. La legitimidad de su demanda fue avalada por la todavía más sospechosa cadena de doctorados honoris causa que empezaron a reproducirse solos para Elena Poniatowska en cuanta universidad se dejara, y la aparición de otro “entrevistador” con un libro de su vida (Me lo dijo Elena Poniatowska, de Esteban Ascencio, Ediciones del Milenio, 1997), tan inevitablemente interpretado como un intento por limpiar su empañada imagen. (El tiro salió por la culata después: por ese libro, cuando Jesusa Rodríguez se autoproclamó fiscal moral de los cantautores Serrat y Sabina por cenar con Calderón, se supo que tanto Elenísima como Jesusa cenaban con Salinas de Gortari: la propia Poniatowska relata la [es]cena.)"

Malú Huacuja del Toro, Replicante