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viernes, abril 21, 2017

Ferretis y Rulfo


Nota al pie en Luvina: geografía de los desesperanza, encuentro con la desilusión, 
de Genaro Eduardo Zenteno Bórquez



"Juan Rulfo en el cine", por Roberto García Bonilla en Milenio


domingo, septiembre 11, 2016

Crimentales patrióticos

Nacos, chairos, nerds, fresas, pachucos, cholos y chundos... todos vamos al grito. Y a propósito del nacionalismo va la columna
Crimentales 
de esta semana en 
Pulso Diario de San Luis:

Como siempre, hay sugerencias de lectura; esta vez son México profundo. Una civilización negada, de Guillermo Bonfil Batalla, y El sur quema, de Jorge Ferretis. Los invito a llegarle y a comentar. Y si tienen tiempo los invito a leer "La Independencia: (otro) momento clave en nuestra historia cultural"en el blog Con-Ciencia de El Universal (2011).

lunes, abril 21, 2014

Ferretis, Fuentes y Rulfo, censores

Estas son las coincidencias que me gustan, las de las lecturas que llevan a otras, que hilan, que sacan una sonrisa: anoche empecé a revisar La literatura quema, un texto que me publicó la Secretaría de Cultura de SLP en 2007 acerca del escritor rioverdense Jorge Ferretis, con miras a buscar publicarlo de nuevo, corregido y aumentado. 

No había caído en cuenta de que en unas horas sería su cumpleaños, y con más ganas seguí leyendo. Vi un video de la UASLP, releí la primera tesis que se hizo aquí (en la LLyLH-FCSyH-UASLP) sobre Ferretis (de la que fui sinodal) y encontré un par de textos que no conocía, que ya les platicaré. 

Todo el cumpleaños de Ferretis seguí buscando materiales, releyendo, y por casualidad me encontré hace un rato, ya empezado el lunes, este texto que recién acababa de publicar, unos minutos antes, Humberto Musacchio en Excelsior:


En el suplemento dominical de Reforma (13/IV/2014) apareció una entrevista de Guadalupe Loaeza con Elena Poniatowska en la que ésta dice: “Recuerdo que Carlos Fuentes y Juan Rulfo consiguieron chamba con un señor muy lindo que se llamaba Jorge Ferreti [en realidad Jorge Ferretis. Nota de HM], que estaba en Gobernación. En México se empezó a filmar cantidad de películas; a ellos les dieron la chamba de censores. Incluso, estaban muy contentos porque les dieron sillas con su nombre escrito atrás. No tenían que hacer absolutamente nada. Salvo cuando se atravesaba en el set un perro flaco, Fuentes se levantaba y decía: ‘Corte, este perro denigra a México’. Entonces se paraba toda la filmación y se volvía a grabar”. Guadalupe comenta: “Era la época de Ruiz Cortines”. Sí, responde Elena, “era la época de Ruiz Cortines. Se sacaba al pobre perro, que le iba peor que si hubiera salido en la película. Ésa fue una de las primeras chambas de Fuentes”.

Parece que la reedición de La literatura quema va por buen camino.

domingo, abril 20, 2014

"A casi todos les insuflé desencanto..." - Jorge Ferretis

"Sé que divagando se corre el peligro de restar fuerza a las narraciones. Sé también que corro el riesgo de parecer etnólogo entre los novelistas, y novelista entre los etnógrafos. Y a pesar de ello, permito deliberadamente que el etnólogo y el novelista que llevo en mi interior se disputen mi pluma, y la usen.

"¿La novela tiene que ser escuetamente argumental? ¿Lo pide así nuestro borroso tipo de cultura? Yo no quiero entenderlo y como en mi novela Tierra caliente, persisto en mi propósito de injertar novelas con páginas de ensayo.

"México tiene problemas paradójicos. Aparte del de su analfabetismo, tiene otro más raro, que aunque no lo hayan descubierto los políticos confeccionadores de programas oficiales, no por ello deja de gravitar sobre el país. Es un problema que consiste en enseñar a leer a los que saben leer...

"No aspiro a ser un argumentista neto. Más pláceme orillar a mis personajes a la meditación […] A casi todos les insuflé desencanto, de aquel que nos apretaba el corazón como un puño a millares de quienes, hacia 1932, veíamos cómo los hombres del poder manoseaban a la Revolución y la prostituían. Mis personajes me perdonen." 

(Jorge Ferretis: "Actitud", prólogo a El sur quema, 1937)

sábado, abril 28, 2012

Bandera en frío (fragmento) - Jorge Ferretis, a 50 años


Pasaron unos días. La partida de revolucionarios se asentaba en la población. Una tarde, en una de las bancas de madera en que son tan pródigas las plazas de los pueblos, estaba sentado, solo, el coronel. Llamaron de pronto su atención los colorines con que de lejos venía ataviada una mujer.

Seguíanla algunos rapaces, semivestidos con lienzos igualmente detonantes.

Se acercaban, y él, de improviso, se sintió aterrado por una sospecha. Cuando el abigarrado grupo se aproximó más, aquel ingeniero pudo reconocer a la vieja patriota a quien obsequiara el pabellón. Con el rostro caliente, se levantó de la banca.

—¡Oye vieja!… —y se le atragantó un calificativo soez.

La mujer, a pesar de tal actitud de enojo, se aproximó al miliciano con su andar menudito, mientras los chiquitines, allá, muy juntos, se apegaban a la pared.

—¡Óyeme! ¿Qué hiciste con la bandera?

—Pos calzones, jefecito. Pronto venirán los fríos.

Estupefacto, el coronel iba a injuriarla, pero reflexionó: después de todo, para un “encuerado” analfabeto, una bandera es simplemente manta, muy envidiable para confeccionar siquiera taparrabos.

—Vete, vieja. Tienes razón: van a llegar los fríos.

Ella se le fue retirando con extrañeza. Quizás lo creería borracho.

Mudo de estupefacción, él no podía dejar de contemplada, con aquella flamante blusa verde, relumbrosa, y unas enaguas de raso agresivamente coloradas. La vio reunirse con sus hijillos, ataviados con iguales colorines. Uno de ellos llevaba un calzón blanco. Y el coronel tuvo un nuevo impulso de estallar, al ver cómo le había quedado el águila estampada en el trasero, con la serpiente tijereteada entre las piernas.

Con gesto alterado, el jefe se alejó hacia el cuartel, para buscar a su asistente. Y le ordenó alcanzar al grupo, quitar los calzones al chico, y dar a la mujer unas monedas con que comprar otros pedazos de manta.

Y a grandes zancadas, con las manos hundidas en los bolsillos del pantalón, aquel ingeniero, con la cabeza baja, se alejó pensando:

—Primero, calzones; después banderas.


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Éste y otros cuentos de Ferretis están disponibles en El cuento desde México.

domingo, septiembre 16, 2007

Esa patria tan mentada...

Fragmento de “Esa Patria tan mentada” (capítulo II de Cuando bajan los cuervos, en El sur quema), de Jorge Ferretis.

* * *

Y aquel Juan, anda que anda, caminando, se tornaba caviloso. Era una interrogación en marcha. La misma inconcebible interrogación: "Pero güeno, digo yo, ¿pero quén es esa patria tan mentada?"

Y a poco andar, tras de ingerir otro trago de vino, pensó: "¡Tengo que conocerla!"

Y se hizo el milagro del alcohol.

* * *

Alguien estaba allí, entre la tarde. Aunque había tanta bruma, que lo mismo pudiera no estar nadie.

—Siéntate, Juan.

—Ta bien, siñora Patria.

(Y también se detuvo, estudiando botánica, el jumento.)

Juan se fue a sentar sobre una piedra, a la orilla del camino. Nada veía, y a pesar del frío él sólo tenía la sensación de estar lleno de una bruma caliente. Y ya sentado, repitió:

—Ta bien, siñora Patria.

—No me llames así, que soy tan pobre como tú mismo, aunque más desdichada.

Pero el indio se rascó la cabeza. Era su inconfundible signo de incredulidad: ¡Tantos señores gastando su dinero en festejarla! ¡Y tantos sacrificios como le ofrecían a voz en cuello, entre banderas y repiques! ¡Tenia que ser una señora muy querida! ¡Y muy pudiente!

—Pobre Juan, que no sabes lo que piensas. Todos esos señores despilfarran en holgorios, mas no son sus dineros, siempre son los del prójimo. Cohetes, papelillos, es lo que se volvieron algunos de los centavos que a ti te quitan por vender tu leña. Como es tan humano holgar, festejan. ¿Un motivo? ¿Cuál hay mejor que yo, que no protesto? Pero me tienen, Juan, como dijeras tú, casi "tullida". En la hora oficial muchos honores, sí, con muchos cantos; pero después me venden, Juan (y mientras llega comprador, me alquilan). Ojalá todos tus centavos se volviesen papelillos de colores: otros se hacen gangrena en manos que sobornan, prestidigitación, mujeres caras, discursos, y promesas, y muchas cosas más que tú no sabes entender. Y sangre, mucha sangre y muchas balas.

sábado, abril 28, 2007

Jorge Ferretis, a 45 años de su muerte


Hoy, 28 de abril, se cumplen 45 años de la muerte de Jorge Ferretis, un escritor poco conocido en su tierra, pero que debería conocerse más por su obra de valor internacional. Nadie es profeta en su tiera, dice el dicho que más bien es lugar común, pero nuestro lugar común también lo es la patria. La matria, que diría don Luis González.

Ferretis Hernández nació el 20 de abril de 1902, hace 105 años, en Rioverde, San Luis Potosí, en el corazón de la Zona Media. Y es uno de los autores más destacados de la Novela de la Revolución, junto con Mariano Azuela (Los de abajo), Martín Luis Guzmán (La sombra del Caudillo), José Vasconcelos (El Ulises criollo), José Rubén Romero (Desbandada), Francisco L. Urquizo (Tropa vieja), José Mancisidor (La asonada), Nellie Campobello (Cartucho), Gregorio López y Fuentes (Campamento), Rafael F. Muñoz (Se llevaron el cañón para Bachimba), Mauricio Magdaleno (El resplandor), Miguel N. Lira (La escondida) y Francisco Rojas González (La negra Angustias).

En su Antología del cuento hispanoamericano Menton lo menciona como “periodista y político mexicano afiliado al socialismo”, y si no declaramente socialista, Ferretis compartió con los autores de la Novela de la Revolución ese dejo de tristeza por luchas desiguales, por el ansia de cambio y los personajes trágicos emanados de la nada social —a veces elevados a líderes y devueltos al anónimato por diversas circunstancias—, “alucinado a veces por el fastuoso espectáculo tropical, o contristado ante la parda miseria de nuestra altiplanicie”.

Su primera novela fue Tierra caliente. Los que sólo saben pensar (1935), seguida por El sur quema. Tres novelas de México (1937), Cuando engorda el Quijote (1937) y San Automóvil (1938). Es autor de varios libros de cuentos, tales como: Hombres en tempestad (1941), El coronel que asesinó a un palomo y otros cuentos más (1952) y El Alcalde Lagos.

En 1967 Mauricio Magdaleno prologó el libro de Ferretis Libertad obligatoria, obra póstuma que reúne 11 cuentos inéditos.

Si bien Menton lo acusa de que su arte de "novelar sufre mucho debido a la apasionada propaganda política”, Ferretis suele establecer un narrador omnisciente, que desde la tercera persona deja transcurrir la acción, aunque le gana la pasión del momento histórico que le tocó vivir, por lo que en numerosas ocasiones da paso a digresiones para disertar o apuntalar alguna idea, para dar su punto de vista sobre lo que acontece a esos quijotes mexicanos que se vieron envueltos en la revolución. “¿Pero para que sirven los libros que escriben unos hombres que rugen? ¿Para aprender a rugir?”, se pregunta.

En la relación (de amor-odio) de Ferretis con el cine destaca en primer lugar la película El señor alcalde, la primera dirigida por Gilberto Martínez Solares (luego director de las mejores cintas de Tin Tán), en 1938, basada en el cuento “El Alcalde Lagos”, de Ferretis. El guión fue trabajado por el propio Martínez Solares con el apoyo del también director Emilio Indio Fernández. La cinta contó con las actuaciones de Andrea Palma, Antonio Bravo, Matilde Palóu, Joaquín Pardavé y Domingo Soler. En ella “Nelly (Palma) y Mimí (Palóu), dos atractivas jóvenes con antecedentes penales llegan a un pueblo en busca de unas tranquilas vacaciones. El alcalde del lugar, hombre bonachón y corpulento (Soler), sucumbe ante los encantos de Nelly, y el farmacéutico del lugar (Pardavé) se enamora de Mimí”.

En “Fondo”, prólogo a Tierra caliente. Los que sólo saben pensar, Ferretis hace una revisión a vuelo de pájaro de la situación social e intelectual de principios del siglo XX. “Los improperios no abollan”, dijo, “de otra suerte, de Diego Rivera quedarían sólo recuerdos. (A fines del siglo pasado, en todo el mundo se tocó “Sobre las olas”. Pero en Viena se la atribuyó un músico austriaco; y en Francia, en España y en casi todos los países, desconocieron a Juventino Rosas para arrogarse su vals, al través de arreglos, imitaciones y plagios íntegros".

Entre 1937 y 1941 fue oficial mayor de la Cámara de Diputados de México. Fue diputado en la Cámara de Diputados de San Luis Potosí de 1952 a1957. Desde 1955 y hasta su muerte fue director de Cinematografía de la Secretaría de Gobernación, donde se le acusó de censor.

Como becario del Centro Mexicano de Escritores, Rulfo estuvo bajo la tutoría de Ferretis. Y por cierto Rulfo reconocía como los tres mejores cuentistas a Rafael F. Muñoz (Se llevaron el cañón para Bachimba), Martín Luis Guzmán (La sombra del caudillo) y al mismísimo Jorge Ferretis.

Si no fantasmales, Ferretis hace surgir de la imaginación o del alcohol a personajes que sin ser reales interactúan con los protagonistas, como en El sur quema, en donde un niño nonato, la Patria o el fuego departen y hablan con los protagonistas en ambientes reales, campiranos.

En otro caso, Ponciano Cruz, un personaje “cuerdo y simple” pide préstamos a su imaginación y mientras su mujer estaba embarazada salía a caminar hacia el monte. Aunque parecía hablar solo “sentía entre su mano la manecita confiada de su hijo que le iba a nacer”, y con él dialogaba:

—Papacito, ¿cómo son los reyes?
El cojo callaba durante unos momentos, y después respondía:
—Son unos hombres tan soberbios que se creen propietarios de todos los demás hombres. Y nunca pueden vivir en paz.
—¿Por qué?
—Porque ser el dueño de una nación requiere un horrible trabajo, y muchas desconfianzas, y muchas penas.
—Papá, yo quisiera ser rey.
—¿Te gustaría sufrir mucho?
—No, porque los reyes pueden hacer lo que quieren. Y si no quieren, no sufren.
Ponciano Cruz enmudecía durante un largo trecho, porque no sabía cómo replicar para que su hijo comprendiese.

En otro fragmento el fuego se niega a trabajar, y se escapa en cuanto puede del lugar donde lo tienen los leñadores, que lo llaman “con el golpear de dos pedernales que echaban chispas”.

—¡Necios! ¿Cuándo dejarán de molestarme?
—Nosotros te amamos —le dijo, cordial, uno de los leñadores.
—Sí, mientras me necesitan. Y no obstante, aman más al sol, que es inútil y holgazán.
—¡No, el padre Sol es sagrado!
—¡Calla, imbécil! Es mucho más débil que yo: a él lo soportan las gentes horas enteras sobre las espaldas desnudas y sudorosas. A mí, en cambio, nadie se atrevería a tomarme entre sus manos. Y aunque se sirven de mí más que de él, no cesan de alabarlo.
—¡Calla tú, loco! —respondió otro de los leñadores…. Aunque te enfurezcas, aquí pasarás esta noche atado a esa fogata, para que nos cuides de las fieras que tienen miedo de ti.

Ferretis murió en un accidente carretero el 28 de abril de 1962, y El Sol de San Luis da cuenta de que venía a visitar a su madre, doña Elodia, y que traía sendas cartas del ex presidente Adolfo Ruiz Cortines y del presidente Adolfo López Mateos, felicitándolo por su cumpleaños.

Es memorable que el auto era conducido por el hijo de Jorge Ferretis, Alejandro, quien años más tarde fue el inspirador y protagonista de la poética y polémica película Japón, de Carlos Reygadas. Alejandro fue asesinado la víspera de la entrega del Ariel al que había sido nominado, en un sangriento crimen que aún no ha sido resuelto. Irónicamente el premio le fue otorgado a Rafael Inclán.