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lunes, septiembre 07, 2020

Decálogo para escritores - Carlos Fuentes

1. Disciplina. Los libros no se escriben solos ni se cocinan en comité. Es un acto solitario y, a veces, aterrador. Es como entrar a un túnel sin saber si habrá salida.

2. Leer mucho, todo, vorazmente. La vida no te va a alcanzar para leer y releer todo lo que quisieras.

3. Relación entre tradición y creación. No hay nueva creación literaria que no se sostenga sobre la tradición, de la misma manera que no hay tradición que perviva sin la savia de la creación. El autor de ayer se convierte en autor de hoy, y el de hoy, en el de mañana. Es así porque el lector conoce algo que el autor desconoce: el futuro. El siguiente lector de Don Quijote será siempre el primer autor de Don Quijote.

4. La imaginación. “La loca de la casa”, abre con todas sus locuras toda las ventanas. Respeta a los vampiros que duermen en los sótanos. Levanta los techos de las casas. La imaginación vuela y sus alas son la mirada del escritor. Mira y sus ojos son la memoria, el presagio del lector. La imaginación es la unidad de nuestras sensaciones lideradas. Es el haz en que se reúne lo disperso (…) Imaginar es trascender o por lo menos darle sentido a la experiencia, es convertir la experiencia en destino y salvar al destino con suerte de la simple fatalidad.

5. La importancia de la realidad literaria. No se limita a reflejar la realidad objetiva. Añade algo que no estaba allí, enriquece y potencia la realidad primaria.

6. El tiempo en la literatura transforma la historia en poesía y ficción. La literatura ve a la historia y ésta se subordina fatalmente porque la historia es capaz de verse a sí misma sin un lenguaje.

7. Publicada, la obra literaria ya no te pertenece, se convierte en propiedad del lector. También en objeto de la critica y en un diálogo con la obra. La literatura es idéntica al instrumento de su crítica, que es su propio lenguaje; ni las artes plásticas, ni música, el cine, incluso el teatro sufren de esta incestuosa relación entre palabra creadora y palabra crítica.

8. No dejarse seducir por el éxito inmediato ni la ilusión de la inmortalidad. La mayoría de los best sellers de una temporada se pierden muy pronto en el olvido; el bad seller de hoy puede ser el long seller de mañana. Sé fiel a ti mismo y escucha la voz profundad tu vocación. Asume el riesgo tanto de lo clásico como de lo experimental.

9. Posición social del escritor. El escritor cumple con una función social siempre, manteniendo vivas en la escritura la imaginación y el lenguaje. Aunque no tenga opiniones políticas, el escritor, le plazca o no, contribuye a la vida de la ciudad con el vuelo de la imaginación y la raíz del lenguaje. No hay sociedad libre sin ella. No es fortuito que los regímenes totalitarios traten de silenciar a los escritores.

10. El décimo mandamiento está en tu imaginación y de todos los escritores “de su palabra y su libertad”.

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(Dicho durante una conferencia impartida en la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey, marzo de 2001.)

lunes, abril 21, 2014

Ferretis, Fuentes y Rulfo, censores

Estas son las coincidencias que me gustan, las de las lecturas que llevan a otras, que hilan, que sacan una sonrisa: anoche empecé a revisar La literatura quema, un texto que me publicó la Secretaría de Cultura de SLP en 2007 acerca del escritor rioverdense Jorge Ferretis, con miras a buscar publicarlo de nuevo, corregido y aumentado. 

No había caído en cuenta de que en unas horas sería su cumpleaños, y con más ganas seguí leyendo. Vi un video de la UASLP, releí la primera tesis que se hizo aquí (en la LLyLH-FCSyH-UASLP) sobre Ferretis (de la que fui sinodal) y encontré un par de textos que no conocía, que ya les platicaré. 

Todo el cumpleaños de Ferretis seguí buscando materiales, releyendo, y por casualidad me encontré hace un rato, ya empezado el lunes, este texto que recién acababa de publicar, unos minutos antes, Humberto Musacchio en Excelsior:


En el suplemento dominical de Reforma (13/IV/2014) apareció una entrevista de Guadalupe Loaeza con Elena Poniatowska en la que ésta dice: “Recuerdo que Carlos Fuentes y Juan Rulfo consiguieron chamba con un señor muy lindo que se llamaba Jorge Ferreti [en realidad Jorge Ferretis. Nota de HM], que estaba en Gobernación. En México se empezó a filmar cantidad de películas; a ellos les dieron la chamba de censores. Incluso, estaban muy contentos porque les dieron sillas con su nombre escrito atrás. No tenían que hacer absolutamente nada. Salvo cuando se atravesaba en el set un perro flaco, Fuentes se levantaba y decía: ‘Corte, este perro denigra a México’. Entonces se paraba toda la filmación y se volvía a grabar”. Guadalupe comenta: “Era la época de Ruiz Cortines”. Sí, responde Elena, “era la época de Ruiz Cortines. Se sacaba al pobre perro, que le iba peor que si hubiera salido en la película. Ésa fue una de las primeras chambas de Fuentes”.

Parece que la reedición de La literatura quema va por buen camino.

jueves, febrero 12, 2009

Tomado de "El Club de los Satíricos"

Entra el “Dandy Guerrillero” a la librería de la Alianza Francesa y buscando, buscando, halla una novela en francés, la paga y se la lleva. Junto a la cajera está el jefe de la librería, y se establece el siguiente breve, pero ilustrativo diálogo:

—Se me hace conocido ese señor.
—Es Carlos Fuentes.
—Se llevó un libro en francés.
—Sí, es su próxima novela.

lunes, noviembre 24, 2008

En la revista Proceso de esta semana (1673)

"Juan Rulfo nunca fue objeto de homenajes semejantes y sin embargo es un escritor de talla muy superior a Fuentes, para no hablar de personajes de otras especialidades [...] En los homenajes a Fuentes se omite a Paz y las verdaderas glorias de México que jamás fueron objeto de tal culto a la personalidad".

Guillermo Tovar

martes, noviembre 11, 2008

que ochenta años no es nada...

"Hay quienes escriben para ser queridos; hay quienes escriben para ser odiados; hay quienes escriben para ser gustados; hay quienes escriben para divertir; hay quienes escriben para convertir; y hay quienes escriben para advertir. Temido, amado, odiado, el escritor posee el secreto deseo de ser a la vez un estorbo para el mundo que es y un creador del mundo que puede ser."

Carlos Fuentes
(nota en El Financiero)

jueves, abril 17, 2008

tarde de lectura

"Todas las tardes de los sábados —como ésta— Juan Manuel caminaba con Jaime por los callejones y plazas de Guanajuato. "Paraiso cerrado para muchos": así sentía el joven Lorenzo su ciudad de Guanajuato, pequeño habitáculo del tamaño del hombre, ciudad a propósito para la conversación y el paseo lentos, mágica en sus laberintos de piedra y en sus cambiantes colores definidos por el paso del día y de la noche.

Tal era la academia del despertar inteligente de los dos amigos. Pues ¿cuál sino ésta es la primera y verdadera escuela del descubrimiento personal: los paseos largos y casi silenciosos con el amigo de la adolescencia, el primero que nos da trato de hombre, el primero que comparte con nosotros una lectura, una idea en germen, un nuevo proyecto de vida? Esto era lo que Juan Manuel y Jaime se daban, el uno al otro, en su semanal callejoneo.

Juan Manuel le había prestado a Jaime la novela de Stendhal el sábado pasado. Al muchacho rico le era más difícil comprar libros que al pobre, pues éste contaba con la mínima independencia de la cual aquél carecía en absoluto. Los Balcárcel, por lo demás, ejercían su estricta censura. Por esto, el joven debía meter de contrabando, sábado a sábado, el volumen que el amigo le prestaba. Era siempre un volumen anotado, subrayado, de la más pobre edición, pronto a desprenderse de sus protectoras camisas de cartulina.

—¿Lo has leído... mi libro? —preguntó Juan Manuel cuando Jaime salió a la plaza y le puso una mano sobre el hombro.

—Me lo confiscaron los tíos. Dicen que está prohibido.

Los dos tomaron el consabido camino del Callejón de los Cantaritos. Juan Manuel iba en silencio, con una expresión triste, pero Jaime —aunque sintió el impulso— no se atrevió a ofrecerle un nuevo ejemplar.

—Tus tíos, Ceballos... ¿comprenderán de una manera tan clara... lo que explica ese libro?

Llamarse por los apellidos era uno de los convenios tácitos de esta amistad juvenil. Los desplantes individuales —de pedantería, de reserva, de rebelión, de burla, de singularidad externa— que entre nosotros reciben el nombre genérico de la "edad de la punzada", no son sino maneras de afirmarse a los ojos de quienes no conceden personalidad al adolescente. Esta actitud, entre amigos, se traduce en un instintivo afán de respeto mutuo, que Jaime y Juan Manuel aplicaban, particularmente, de este modo. A Ceballos, al principio, se le hacía difícil darle la categoría correspondiente al compañero con el patronímico que no parecía tal. Sin embargo, Juan Manuel no decía "Lorenzo" como si se tratase de un nombre de santoral: quebraba la palabra en la segunda sílaba, la acentuaba, y después dejaba fluir la última como un suspiro.

"Lorenzo" Jaime aprendió a pronunciarla así, y el joven indígena se lo agradecía con un fugaz brillo de los ojos.

—¿Qué es lo que más te ha... impresionado... explícitamente?

—Sabes, Lorenzo... —Jaime dobló los brazos sobre el pecho y frunció el ceño. —Hay una parte donde dice que toda gran acci�n es extremista cuando un hombre grande la emprende y luego dice que sólo cuando se ha cumplido les parece grande a los mediocres.

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Carlos Fuentes, Las buenas conciencias.