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miércoles, octubre 04, 2023

"Repúlica cento vente"

Así dicen que decía yo, en la media legua de mis dos años, al referirme a mi primer casa, una que rentaban mis padres a un lado de la Penitenciaría, donde hoy tengo el honor de estar (ya no es Penitenciaría sino Centro de las Artes, no soy preso, soy profesor).  República 120, la que habitamos hasta poco después de que nació mi hermano Roberto y nos mudamos a Zamarripa, donde estaban las primeras casas del fraccionamiento Himno Nacional. Y desde entonces...





jueves, febrero 18, 2021

Música y baile en el Centro Histórico

 Debería haber más calles para los peatones y para los bailadores,
brindar apoyo a quienes les da pena sacudirse o al menos mover la cabeza o los pies.
Las calles deberían ser más inclusivas: para los de buen contonearse, los que hasta cantan y los arrítmicos.

Se extrañan los paseos en que caminábamos al son que nos pusieran.








jueves, noviembre 24, 2016

Peatón - George Oppen

Lo que generaciones podrían haber soñado
El nieto de las calles comerciales, sus ojos

En la luz del comprador, las luces de las tiendas
Más luminosas que los faros, más luminosas que la luna apareciendo

desde la salada bahía tan rica
tan brillante su ciudad

en una tierra de pavimento, un tejido de cables por donde ella camina
en el nuevo invierno entre enormes edificios.

martes, enero 21, 2014

Monterrey

No sé quienes fueron Zuazua
y Aramberri. Reyes (Alfonso)
y Gonzalitos (Eleuterio)
dan las buenas noches
en el centro.
Macroplaza.
Macronoche.

sábado, marzo 03, 2012

Ignacio Morones Prieto

No nació en San Luis sino en Linares, Nuevo León, pero dejó una gran obra. Nos acordamos con dolor de su nombre por ser el del Hospital Central: porque nos remite a la palabra enfermedad pero también por el poco presupuesto que se le suele asignar a dicha institución. Sigamos la wikipedia: Nació el 3 de marzo de 1899 y después de la prepa se vino a San Luis Potosí, donde estudió en el Instituto Científico y Literario y luego en la Escuela de Medicina, titulándose en 1923. Luego, del 23 al 28, hizo un posgrado en la Sorbona (París), tras lo cual regresó a San Luis Potosí, donde impulsó campañas sanitarias contra la viruela, el tifo, el paludismo y el bocio e impartió clase de patología y clínica quirúrgicas en la Escuela de Medicina, de la que fue luego director. Asimismo, fundó y dirigió el Hospital Escuela de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, convirtiéndose tiempo después en rector de esta institución. Después sería gobernador de Nuevo León, donde una céntrica y regia calle lleva su nombre, pues bien se le recuerda al haber ampliado la plaza Zaragoza al doble de su tamaño, lo que dio origen a la Macroplaza que identifica a aquella ciudad.

sábado, enero 28, 2012

Entre Sarasate y Paganini...

Siempre la referencia para llegar a la casa de mis papás es "Zamarripa, entre Sarasate y Paganini", y nunca supe quién era Sarasate. Paganini sí, pero incluso el nombre de la otra calle está en un letrero con zetas: Zarazate. Hasta hace poco vi que Pablo Sarasate, por nombre completo Martín Melitón Pablo de Sarasate y Navascués (en serio), "nació el 10 de marzo de 1844 en Pamplona, hijo del músico militar Miguel Sarasate Juanena y de Javiera Navascués Oharrechena. Niño precoz e hijo de padres conscientes del futuro de su hijo, tomó lecciones de violín, debutando a la edad de siete años en La Coruña. Estudió en Santiago de Compostela entre 1846 y 1849 con José Courtier, primer violín de la catedral y profesor de la Escuela de Música de Santiago de Compostela".

Siempre según santa Wikipedia, "en 1852 se trasladó a Pontevedra, donde continuó sus estudios musicales con el músico local Urbano Casasvellas. Era asiduo de los ensayos de la banda del Regimiento Aragón, que dirigía su padre. La Condesa de Espoz y Mina le concedió una pensión para estudiar en Madrid. Una vez en la capital de España, la reina Isabel II le concedió una beca para ampliar sus estudios en París, a donde se trasladó en 1856, y allí ingresó en el Conservatorio bajo la tutela de Jean-Delfin Alard. En dicho viaje a París, al pasar por la localidad de Biarritz, él y su madre enfermaron. Falleció la madre, lo que lo dejó huérfano a la edad de doce años.

"En 1857, obtuvo el Premio de Violín del Conservatorio de París y dos años después comenzó su carrera de concertista, que lo llevó por toda Europa y América. Ganó premios, destacó en sus lecciones y en seguida fue premiado y reconocido como el gran concertista que era".

Entonces, entre violinistas andamos. No hace falta que nos pinten uno.

lunes, septiembre 13, 2010

Potosinos ilustres: Fernando Zamarripa

Paralela (es un decir, porque ninguna calle en San Luis Potosí está derecha) a la de Independencia, la calle donde viven mis papás —una calle que sale del centro de la ciudad y termina en la avenida Salvador Nava (o diagonal sur, o avenida de los maestros, o sencillamente los puentes)— debe su nombre al fraile Fernando Zamarripa, quien nació en Soledad de los Ranchos (luego Soledad Diez Gutiérrez, y luego y hasta la actualidad Soledad de Graciano Sánchez), "un triste pueblo, con un nombre también triste", como escribió el historiador Nereo Rodríguez Barragán.

En la noche del 10 al 11 de noviembre de 1810, con el capitán Joaquín Sevilla y Olmedo, Fernando Zamarripa fue de los "rescatadores" de Luis Herrera, quien estaba preso en en el convento del Carmen, bajo el cargo de conspirador (era enviado de Miguel Hidalgo. aunque en SLP no lo pelaron mucho, que digamos).  Esa misma noche Zamarripa confesó a los caudillos potosinos por si acaso morían en la pelea. Fue asimismo amigo y compañero de batallas de Juan de Villerías, el alferez Nicolás Zapata y Francisco Lanzagorta.

De la narración de Nereo Rodríguez Barragán destaca la respuesta de Fernando Zamarripa a quienes lo juzgaron: "Siento en mi alma no haber sido tan grande en la guerra como el señor Hidalgo, para que se me hubiera degradado y cortado la cabeza. Iré a morir muy lejos de mi tierra, sin poder ayudar más a mis compañeros..." El religioso fue condenado a diez años de presidio en San Juan de Ulúa, y de él "nunca más se supo nada".

Transcribo aquí el último párrafo del artículo (1939) de Rodríguez Barragán sobre el independentista, y trataremos de ir publicando algunas notas más sobre los nombres de calles y de quienes les dieron origen.

A la hora bendita de las recompensas, consumada la Independencia, cuando todos pretenden haber salvado a la Patria, expuesto su vida y gastado sus caudales, no se presentó Zamarripa. Tal vez murió en la prisión, y una calle sórdida, que va a perderse en el polvo del camino, es todo lo que recuerda al héroe, honrándose con su nombre.
Calle sórdida...


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