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jueves, julio 19, 2018

Al alcance de la mirada...



Y sí.

"El absoluto no está al alcance de la mano. Pero está al alcance de la mirada..."
André Comte-Sponville
(Sobre el cuerpo. Apuntes para una filosofía de la fragilidad, Paidós, 2010)

domingo, abril 20, 2014

"A casi todos les insuflé desencanto..." - Jorge Ferretis

"Sé que divagando se corre el peligro de restar fuerza a las narraciones. Sé también que corro el riesgo de parecer etnólogo entre los novelistas, y novelista entre los etnógrafos. Y a pesar de ello, permito deliberadamente que el etnólogo y el novelista que llevo en mi interior se disputen mi pluma, y la usen.

"¿La novela tiene que ser escuetamente argumental? ¿Lo pide así nuestro borroso tipo de cultura? Yo no quiero entenderlo y como en mi novela Tierra caliente, persisto en mi propósito de injertar novelas con páginas de ensayo.

"México tiene problemas paradójicos. Aparte del de su analfabetismo, tiene otro más raro, que aunque no lo hayan descubierto los políticos confeccionadores de programas oficiales, no por ello deja de gravitar sobre el país. Es un problema que consiste en enseñar a leer a los que saben leer...

"No aspiro a ser un argumentista neto. Más pláceme orillar a mis personajes a la meditación […] A casi todos les insuflé desencanto, de aquel que nos apretaba el corazón como un puño a millares de quienes, hacia 1932, veíamos cómo los hombres del poder manoseaban a la Revolución y la prostituían. Mis personajes me perdonen." 

(Jorge Ferretis: "Actitud", prólogo a El sur quema, 1937)

sábado, abril 28, 2012

Bandera en frío (fragmento) - Jorge Ferretis, a 50 años


Pasaron unos días. La partida de revolucionarios se asentaba en la población. Una tarde, en una de las bancas de madera en que son tan pródigas las plazas de los pueblos, estaba sentado, solo, el coronel. Llamaron de pronto su atención los colorines con que de lejos venía ataviada una mujer.

Seguíanla algunos rapaces, semivestidos con lienzos igualmente detonantes.

Se acercaban, y él, de improviso, se sintió aterrado por una sospecha. Cuando el abigarrado grupo se aproximó más, aquel ingeniero pudo reconocer a la vieja patriota a quien obsequiara el pabellón. Con el rostro caliente, se levantó de la banca.

—¡Oye vieja!… —y se le atragantó un calificativo soez.

La mujer, a pesar de tal actitud de enojo, se aproximó al miliciano con su andar menudito, mientras los chiquitines, allá, muy juntos, se apegaban a la pared.

—¡Óyeme! ¿Qué hiciste con la bandera?

—Pos calzones, jefecito. Pronto venirán los fríos.

Estupefacto, el coronel iba a injuriarla, pero reflexionó: después de todo, para un “encuerado” analfabeto, una bandera es simplemente manta, muy envidiable para confeccionar siquiera taparrabos.

—Vete, vieja. Tienes razón: van a llegar los fríos.

Ella se le fue retirando con extrañeza. Quizás lo creería borracho.

Mudo de estupefacción, él no podía dejar de contemplada, con aquella flamante blusa verde, relumbrosa, y unas enaguas de raso agresivamente coloradas. La vio reunirse con sus hijillos, ataviados con iguales colorines. Uno de ellos llevaba un calzón blanco. Y el coronel tuvo un nuevo impulso de estallar, al ver cómo le había quedado el águila estampada en el trasero, con la serpiente tijereteada entre las piernas.

Con gesto alterado, el jefe se alejó hacia el cuartel, para buscar a su asistente. Y le ordenó alcanzar al grupo, quitar los calzones al chico, y dar a la mujer unas monedas con que comprar otros pedazos de manta.

Y a grandes zancadas, con las manos hundidas en los bolsillos del pantalón, aquel ingeniero, con la cabeza baja, se alejó pensando:

—Primero, calzones; después banderas.


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Éste y otros cuentos de Ferretis están disponibles en El cuento desde México.