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sábado, febrero 11, 2017

De las cartas de Joyce a Nora

«Anoche te hablé sarcásticamente, pero hablaba del mundo, no de ti. Soy enemigo de la bajeza y esclavitud de la gente, no de ti. ¿No puedes advertir la sencillez que hay detrás de todos mis disfraces? Todos llevamos una máscara. Cierta gente que sabe que estamos muy unidos suele increparme. Los escucho con calma, desdeñando responderles, pero su última palabra agobia mi corazón como a un pájaro la tormenta...

«No es agradable para mí tener que ir ahora a la cama recordando la última mirada de tus ojos, una mirada de cansada indiferencia, y la tortura de tu voz la otra noche. Creo que ningún ser humano ha estado nunca tan cerca de mi alma como tú lo estás, y, sin embargo, aún puedes interpretar mis palabras con lastimosa descortesía (“Sé de lo que está hablando ahora”, dices)...

* * * * *

«Esta mañana me levanté temprano para terminar un relato que estaba escribiendo. Cuando había escrito una página decidí, en cambio, escribirte a ti. Además, pensé que no te gusta el lunes y que una carta mía te animaría el espíritu. Cuando soy feliz tengo un loco deseo de contárselo a todas las personas que encuentro, pero lo sería muchísimo más si me dieras uno de esos sonoros besos que te gusta darme. Me recuerdan el canto de los canarios...

* * * * * 

«Nora, “verdadero amor mío”, realmente debes tomarme de la mano. ¿Cómo me has permitido llegar a este estado? Querida, ¿me tomarás como soy, con mis pecados y locuras, y me protegerás de la miseria? Si no lo haces siento que mi vida se hará pedazos. Esta noche tengo una idea más loca que lo habitual. Me gustaría que me azotases. Me gustaría ver tus ojos encendidos de ira...»

jueves, junio 16, 2011

idílico día salvaje

"El amor ama al amor. La nodriza ama al nuevo químico. El alguacil 14 ama a Mary Kelly. Gerty McDowell ama al muchacho que tiene la bicicleta. M. B. ama a un rubio caballero. Li Chi Han ama a la besadora Cha Pu Chow. Jumbo, el elefante, ama a Alicia, la elefanta. El viejo señor Verschoyle, el de la trompetilla acústica para la oreja, ama a la vieja señora Verschoyle, con el ojo mirando contra el gobierno. El hombre del impermeable marrón ama a una dama que está muerta. Su Majestad el Rey ama a su Majestad la Reina. La señora Norman W. Tupper ama al oficial Taylor. Usted ama a cierta persona. Y esa persona ama a otra persona, porque todo el mundo ama a alguien pero Dios ama a todo el mundo..." 
Cada 16 de junio en Dublín se festeja el Bloomsday en honor a James Joyce, a su novela Ulises y al día en que ocurre la historia ahí narrada. Y hoy hay irlandeses que no saben quién fue James Joyce, como aquí en esta ciudad donde escribo no saben quiénes fueron Manuel José Othón o Ramón López Velarde.

Blancas tus manos, roja tu boca,
Tu cuerpo delicado es exquisito;
Ven a beber tendida conmigo;
Y en lo oscuro besarse y abrazarse
"Es lo que Tomás de Aquino el barrigón llama delectación amorosa, frate porcospino. Antes de la caída Adán copulaba sin gozar. Déjalo que brame: tu cuerpo es exquisito. No hay un lenguaje que sea un ápice peor que el de él. Palabras de monje, cuentas de rosario parloteando sobre sus barrigas: palabras de atorrante, rudas pepitas resuenan en sus bolsillos."
Hoy millares de tuiteros transcribirán pasajes de esta obra de James Joyce en todo el mundo hasta completarla, pero habría que preguntarnos cuántos han leído esta odisea. Los clásicos son parte del inconsciente colectivo, al menos de una parte de la colectividad, pero hincarle el diente, el ojo, a sus más de 800 páginas de diversas estrategias narrativas, plagadas de juegos y figuras retóricas, neologismos, rupturas y tensiones, poesía, no cualquiera...
"Si Pyrrhus no hubiera caído a manos de una bruja en Argos, o si Julio César no hubiera sido acuchillado a muerte. No se podrán borrar del pensamiento. El tiempo los ha marcado y, sujetos con grilletes, se aposentan en la sala de las infinitas posibilidades que han desalojado. Pero ¿podría ser que ellos estuvieran viendo que nunca habían sido? ¿O era solamente posible lo que pasaba? Teje, tejedor del viento."
¿Y si creamos nuestro idílico día salvaje para escapar al desierto? ¿Una noche en la que descubramos, tendidos ante una magnífica luna (como la de esta noche) que todos estamos muertos? Bloom tenía 38, casi como yo.
"La de sacar en conclusión como resultado de su examen pero erróneamente que su silencioso compañero estaba ocupado en la tarea mental que reflexionó sobre los placeres provenientes de la literatura de instrucción más bien que de la diversión, ya que él mismo había acudido a las obras de Guillermo Shakespeare más de una vez en procura de la solución de difíciles problemas en la vida imaginativa o real." 
No. No me esperen. Yo por lo pronto me iré a vagar por las calles, a visitar a las musas que no se llaman Molly, a disertar con los sicarios que aguardan en estas calles desiertas, a brindar y a preocuparme, a algún funeral donde pueda leer a gusto... ir a Grecia, o Judea, o Dublín al menos en la colonia Progreso, porque de eso se trata, de volar y construir laberintos para palomear y tan levemente llenarnos de la poesía del movimiento, del arte de la calistenia.

domingo, febrero 01, 2009

Odisea

"Ella confía en mí, su mano suave, las largas pestañas ojos. ¿Ahora
dónde en nombre del tierno infierno la estoy trayendo detrás del velo?
En la ineluctable modalidad de la ineluctable vitalidad. Ella, ella,
ella. ¿Qué ella? La virgen ante el escaparate de Hodges Figgis, el
lunes, buscando uno de los libros alfabéticos que tú ibas a escribir.
Aguda mirada le lanzaste. La muñeca dentro del bordado lazo de su
sombrilla. Ella vive del pesar y bagatelas en el parque Leeson: una
mujer de letras. Habla de eso a alguien más, Estebito: una giranta.
Apostaría a que ella usa de esos endemoniados elásticos de corsés, y
medias amarillas, zurcidas con lana aterronada. Habla de pasteles de
manzana, piuttosto. ¿Dónde tienes los sesos?

"Acaríciame. Ojos suaves. Mano suave, suave, suave. Estoy tan solo
aquí. ¡Oh!, acaríciame pronto, ahora. ¿Cuál es esa palabra que todos
los hombres saben? Estoy triste aquí, solo. Triste también. Tócame,
tócame."

Ulises, de Jaime Joyce

(y sí, de cuando la ciudad cabe en una noche que nos reinventa)
(¿y si...?)