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jueves, abril 16, 2020

Rubem Fonseca (1925-2020)

«Escribir es algo más que eso, es urdir, tejer, zurcir palabras, no importa si es una receta médica o una pieza de ficción. La diferencia es que la ficción consume cuerpo y alma».

«El libro Fin de año nuevo fue prohibido, fui procesado, decían que hacía la apología del crimen. Muchos pensaban que me sentiría acobardado por la censura, entonces escribí algo más violento, El cobrador, ¡más violenta, sórdida! ¿Por qué? Porque además de imaginación y motivación el escritor tiene algo muy importante: coraje, porque si no lo tienes no puedes ser escritor ni guionista, entonces podrías ser otra cosa... rico, hijo de familia».

Cuentos:


martes, febrero 09, 2016

Máscaras y plumas

Alexandro Roque

Este fin de semana desempolvé mi máscara blanca y deambulé por la avenida Marquês de Sapucaí, por la Primeiro de Março y la avenida Antonio Carlos. Tras varias horas de vuelo pude escapar del invierno rumbo al infierno tan querido, a esas calles donde estas noches, a contratiempo de lo que dicen los esquemas de la comunicación, el ruido es el mensaje.

"Sólo el mineral no danza", escribió Murilo Mendes.

Hace años que no caminaba por ahí, perdido en la multitud, desde que en hombros de mi abuelo veía a los blocos y quería ser parte de ellos. Mocedades... ¿hay otro nombre para una escuela de baile? Y todo mundo ríe en la amnesia colectiva, enmascarado adrede, sin fingir. "Ah, ¿Roque santeiro?", se burlaron algunos cuando me presentaba ante ellos. Ellos se presentaron como Orfeo, como Giacomo, pero no me burlé. Seguramente lo eran. Si ahí a tanta gente le salen alas, ¿por qué no iban a serlo? Es uno de los pocos lugares donde ni la edad ni el sexo, ni el género ni el número, parecen importar.

Virgilio no apareció, anduve solo entre la multitud buscando la rosa de Hiroshima. Fui a saludar a Ledo Ivo pero él no tenía tiempo de quedarse. Entre el jet lag y las caipirinhas todo el viaje fue mareo. No hizo falta que me subiera a un carro: yo mismo soy una alegoría, ya habrá tiempo para una procesión en silencio.


Viajé de regreso toda la noche, leyendo a Lancastre (y compañía): "Interpretar un personaje, Hacerte pasar por lo que no eres. Fingir. El irónico y taimado festival. La gran fiesta de la astucia y de la mascarada. Algún día lo comprenderás". Viajé cansado, recostado en el único recuerdo que me traje: una almohada rellena de plumas de colores, plumas de carnaval. Quién sabe cuántas criaturas puedan vivir en ella.

domingo, diciembre 23, 2012

El paso - Ledo Ivo (1924-2012)

Que me dejen pasar — es lo que les pido
delante de la puerta o delante del camino.
Y que nadie me siga en el paso.
No tengo compañeros de viaje
ni quiero que nadie se quede a mi lado.
Para pasar exijo estar solo,
solamente conmigo acompañado.
Pero si me prohibieran el paso
por ser diferente o indeseado
de todos modos pasaré.
Inventaré la puerta o el camino.
Y pasaré solo.

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(más de sus poemas sobre la muerte en Círculo de Lectura)

martes, julio 26, 2011

30 días, 30 rolitas. Día 9



"Una rola que te haga bailar": La lambada, ritmo brasileño que se bailaba... bueno, mejor es practicarla. Ahora que, la verdad, no le hago el feo a ningún ritmo, y a las pruebas me remito.

miércoles, mayo 28, 2008

De Carlos Drummond de Andrade (1902-1987)

Juan amaba a Teresa que amaba a Raymundo que amaba a María que amaba a Joaquín que amaba a Lilí que no amaba a nadie. Juan se fue a los Estados Unidos, Teresa entró en un convento, Raymundo murió en un accidente, María se quedó a vestir santos, Joaquín se suicidó y Lilí se casó con J. Pinto Fernández, que no había entrado en la historia.

(traducción de José Emilio Pacheco)

viernes, noviembre 03, 2006

Ledo Ivo en SLP


(Uno de los poemas que nos compartió el brasileño Ivo el viernes 27 de octubre de 2006, a las 12 hrs., en la sala Miguel Caldera de El Colegio de San Luis. Foto: Fernando López)

Los murciélagos se esconden tras las cornisas
del almacén. ¿Pero dónde se esconden los
        hombres,
que vuelan la vida entera en la oscuridad,
chocando contra las paredes blancas del amor?
La casa de nuestro padre estaba llena de
        murciélagos
colgados, como luminarias, de las viejas vigas
que apuntalaban el tejado amenazado por las
         lluvias.
"Estos hijos nos chupan la sangre", suspiraba
mi padre.
¿Qué hombre tirará la primera piedra a ese
         mamífero
que, como él, se nutre de la sangre de los
         otros animales
(¡hermano mío! ¡hermano mío!) y,
         comunitario, exige
el sudor de su semejante aun en la oscuridad?
En el halo de un seno joven como la noche
se esconde el hombre; en el algodón de su
          almohada, en la luz del farol
el hombre guarda las doradas monedas de su
          amor.
Pero el murciélago, durmiendo como un
         péndulo, sólo guarda el día ofendido.
Al morir, nuestro padre nos dejó (a mis
          ocho hermanos y a mí)
su casa donde de noche llovía por las tejas
          rotas.
Pagamos la hipoteca y conservamos los
         murciélagos.
Y entre nuestras paredes se debaten: ciegos
         como nosotros.