miércoles, junio 06, 2012

no se salga del sendero...

¿Cómo cambiar el pasado? ¿Cómo rehacer nuestra vida? ¿Hay futuro? Anoche veía fotografías, o mejor dicho veía miradas. Y me puse a escribir con furia, con una energía que hace mucho no sentía, a pesar de la migraña y los pensamientos. Una fotografía, la imagen congelada en el tiempo, como apunté en el post anterior, puede tener la calidez como para hacernos el día, para alborotar las mariposas que solemos traer en el estómago algunas personas. Las palabras igual.

Después de poner el post, ya recostado, se me ocurrió pensar a cuántos grados arden qué cosas, y el peligro de que haya quien decida lo que quemamos y lo que tenemos derecho a tener. Sobre cómo nos quemamos, o nos queman. Y me dormí casi al amanecer.

Este miércoles murió Ray Bradbury y se anunció el premio Príncipe de Asturias a Philip Roth, escritores ambos que me han acompañado en momentos clave de mi vida. Debido a sus obsesiones y a pesar de ellas, ambos se reinventan en cada texto, vuelven sobre sí, dejan el sendero que les habían marcado. Advierten, critican. Nos hablan de la desazón (en uno y en los demás) de salirse del sendero, de parar en la estación equivocada. "Uno debe inventarse a sí mismo todos los días y no sentarse a ver cómo el mundo pasa allí adelante, sin que uno participe", dijo Bradbury, autor de Crónicas marcianas, Remedio para melancólicos y la genial Fahrenheit 451, referencia a la temperatura a la que arde el papel, y que da pie a una sociedad distópica donde los libros son prohibidos y quemados. "No intento describir el futuro. Intento prevenirlo", comentaba.

En vacaciones de semana santa (entre muchos otros libros) saqué de la biblioteca Remedio para melancólicos, y con él pasé varias horas. "El amor es la respuesta a todo. Es la única razón para hacerlo todo. Si no escribes historias que amas, nunca funcionará. Si no escribes historias que otras personas aman, nunca funcionará".

Llegar a marte, llegar a amarte, legar la muerte. Transformarnos en pesadillas o en algo extraterrestre. Además del amor, que apunta Bradbury, está el dolor, recurrente en los personajes de Roth. Y aunque el dolor no tenga significado el escritor trata de dárselo en sus personajes, aunque él mismo sea un personaje, no siempre el protagonista. Y entre amor y dolor, escribir.

Dice Bradbury (el zen de la escritura):

«No escribir, para muchos de nosotros, es morir.

Debemos tomar las armas cada uno y todos los días, quizás sabiendo que la batalla no podrá ser ganada enteramente, pero pelear nosotros debemos, así sea sólo un gentil combate. El más pequeño esfuerzo por ganar significa, al final de cada día, una suerte de victoria. Recuerda al pianista quien dijo que si no practicaba cada día él sabría, si no practicaba por dos días, los críticos sabrían, y después de tres días, la audiencia lo sabría.

Una variación de esto es verdad para los escritores. No es que tu estilo, cualquiera que sea, se derretirá fuera de forma en esos pocos días.

Pero lo que podría pasar es que el mundo te alcance y trate de enfermarte. Si no escribes todos los días, los venenos se acumularán y comenzarás a morir, o actuar como loco o ambos.

Debes quedarte intoxicado en escritura de manera que la realidad no te destruya.»

Muchos optan por no involucrarse con tal de no sufrir, no discutir, no pelearse. introspección peligrosa la de muchos, y lo más preocupante, de jóvenes. Me quedo en mi burbuja rosita, piensan. Zuckerman, personaje de Roth, escritor también, se asume como personaje del teatro del ridículo. Yo me asumo como personaje secundario que acompaña a su personaje principal. Acaso un cronista de alguien que sabe ver la realidad. Yo no. Otra verdad es que un personaje puede marcar toda la obra así salga en un solo pasaje... Lo malo es cuando todas las lecturas coinciden en que soy el antagonista.

"Escribir falsa biografía y falsa historia, tramar una existencia semiimaginaria a partir del drama real de mi vida es mi vida...", escribió Philip Roth (citado aquí), y sus novelas y artículos son así, una cruza de realidades y vidas. Hay vidas obvias que pecan de linealidad, o que tienen mucha imaginación pero la tuercen en su perjuicio. Cuando hay una chispa no se puede uno quedar callado ni dejar el pasado tal cual. Para eso es cada día. Para eso están las imágenes y las letras.

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