Mostrando las entradas con la etiqueta antologías. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta antologías. Mostrar todas las entradas
sábado, julio 12, 2025
jueves, abril 24, 2025
viernes, abril 11, 2025
martes, febrero 14, 2023
Tzompantli, de Alexandro Roque en Amor-es. Antología de minificción mexicana
Mi cuento en AMOR-ES - Antología de minificción mexicana, el volumen número 38 de la Colección LITERATURA DE LAS AMÉRICAS de la Editorial EOS-Villa Argentina, cuyo curador es el poeta y narrador argentino Piero De Vícari y el escritor Yu'i Páez su editor; de distribución y descarga gratuita, el libro antologado por la estupenda escritora mexicana Karla Barajas.
Link de descarga gratuita:
domingo, julio 17, 2016
Crimentales en Pulso: narrativa potosina actual en la revista Punto de Partida
Desde esta semana mi colaboración semanal en el diario Pulso, a cuyos amigos agradezco el espacio, se llama Crimentales, como este blog que ya casi cumple 10 años.
Esta semana escribo sobre el número 197 de la revista Punto de Partida, de la Universidad Nacional Autónoma de México, dedicado a la nueva narrativa potosina, en una selección de David Ortiz Celestino, quien presenta un muy buen texto introductorio.
Además de un fragmento de la novela El hijo del coronel, de David Ojeda —"figura señera en la narrativa potosina y nacional", dice Carmina Estrada en el editorial— y de la obra gráfica de Martha Franco, este número de la revista incluye: "De mis bíceps y del modo en que llegué a adquirirlos", de Jesús Navarrete Lezama; "La fiesta", de Joserra Ortiz; ".09.", de Violeta García Costilla; dos cuentos de Alfredo Padilla; "Historias para la clausura" de Gerardo Cruz-Grunerth; "Stultifera navis", de Ernesto Sánchez Pineda; dos cuentos de Roberto Colis y "Coto de caza", de Ronnie Medellín.
Esta semana escribo sobre el número 197 de la revista Punto de Partida, de la Universidad Nacional Autónoma de México, dedicado a la nueva narrativa potosina, en una selección de David Ortiz Celestino, quien presenta un muy buen texto introductorio.
Además de un fragmento de la novela El hijo del coronel, de David Ojeda —"figura señera en la narrativa potosina y nacional", dice Carmina Estrada en el editorial— y de la obra gráfica de Martha Franco, este número de la revista incluye: "De mis bíceps y del modo en que llegué a adquirirlos", de Jesús Navarrete Lezama; "La fiesta", de Joserra Ortiz; ".09.", de Violeta García Costilla; dos cuentos de Alfredo Padilla; "Historias para la clausura" de Gerardo Cruz-Grunerth; "Stultifera navis", de Ernesto Sánchez Pineda; dos cuentos de Roberto Colis y "Coto de caza", de Ronnie Medellín.
"La muestra que aquí se presenta excluye, como todo trabajo de este tipo, a autores de suma valía y de reconocida trayectoria como Félix Barbosa (1971), Alexandro Roque (1971), Tristana Landeros (1974), David López Dueñas “Sr. Violencia” (1975), Valentín Corona (1976) y Luis Carlos Fuentes (1978). El criterio no fue otro más que la década en que nacieron. Todos ellos merecen, sin duda, aparecer no sólo en ésta, sino en cualquier otra antología o proyecto recopilatorio del país".Aquí el link al artículo completo en Pulso (página 7A de la versión impresa).
sábado, mayo 21, 2016
Antología Virtual de Minificción Mexicana
Los invito a visitar la página de Antología Virtual de Minificción Mexicana, donde podrán leer seis de mis microrrelatos, y los de otros muchos autores, gracias al esfuerzo de José Manuel Ortiz Soto y su equipo.
Se vale dejar comentarios allá, como aquí. La interacción es grata.
Otros de mis cuentos y cuentitos pueden encontrarse en este blog con las etiquetas al pie de este post: Alexandro Roque, cuentos, microcuentos, microficciones, microhistorias, minicuentos, nanorrelatos.
sábado, enero 03, 2009
Laboratorios clónicos o antologias
(Fragmento de "Panoramas perversos o acerca de la construcción artificial del prestigio", de Jorge Fernández Granados)
¿Cuales son, específicamente, los mecanismos de poder que una antología conlleva? Sin dejar de reconocer sus excepciones, esto es, las genuinas empresas intelectuales y los valiosos instrumentos de crítica literaria que hay en algunas, observo tres constantes en casi todas ellas:
1. De entrada, su autor, o autores, incurren en un espejismo jerárquico: quien se propone como juez busca imponerse como depositario de la justicia. Aún en el caso de acertar en sus evaluaciones, es innegable que parte de una sobrevaloración de la autoridad de su propio juicio, la cual lo lleva —por ingenuidad, protagonismo o pura ambición— a confundirlo con la verdad. En otros términos, el más infantil de los sofismas: «lo que me gusta es bueno y es bueno porque me gusta».
2. Enseguida, el afianzamiento de un reducto doctrinario: nadie hace una antología contra sí mismo; por el contrario, suele ser una proyectiva apología. Lo que su autor afirma entre líneas con ella es entre otras cosas el árbol genealógico de su gusto (y de paso de su propia obra literaria, cuando esta existe). Aunque procure revestir esta doctrina de una desinteresada pasión crítica, obedece a una indirecta estrategia de legitimación.
3. Por último, la motivación menos sutil y más común: figurar. Aparecer a como dé lugar en un escenario del que se teme ser excluido. Quien realiza una antología sabe que es otro modo de hacerse presente en un epicentro literario. Se adivina la doble moral del anfitrión: el único invitado sin invitación puesto que es el convocador de la fiesta. Aún en el caso de no incluirse, es evidente que quien firma una obra de este tipo se ha incluido a sí mismo, desde una agazapada posición de autoridad.
Antologar, en suma, sólo es comprometerse con una opinión. Y quien lo hace debe asumir sus consecuencias. Suponer que esa opinión puede ser más que eso es soberbia o desvarío. La antología contemporánea debe o debería ser ante todo crítica literaria. Polémica o convencional, pero siempre responsable, abierta y discutible crítica literaria. Pero he aquí que las obras de este género en México, si bien pronto han pasado de ser libros de texto o difusión a ser caprichosas ejecuciones sumarias entre adversarios, no han logrado despojarse tan rápidamente del aura canonizante que despiertan. Aún se tiene el prejuicio de que en ellas yace alguna nomenclatura de la posteridad y por lo tanto se las recibe con resquemor y no pocas veces con justificada animadversión.
¿Cuales son, específicamente, los mecanismos de poder que una antología conlleva? Sin dejar de reconocer sus excepciones, esto es, las genuinas empresas intelectuales y los valiosos instrumentos de crítica literaria que hay en algunas, observo tres constantes en casi todas ellas:
1. De entrada, su autor, o autores, incurren en un espejismo jerárquico: quien se propone como juez busca imponerse como depositario de la justicia. Aún en el caso de acertar en sus evaluaciones, es innegable que parte de una sobrevaloración de la autoridad de su propio juicio, la cual lo lleva —por ingenuidad, protagonismo o pura ambición— a confundirlo con la verdad. En otros términos, el más infantil de los sofismas: «lo que me gusta es bueno y es bueno porque me gusta».
2. Enseguida, el afianzamiento de un reducto doctrinario: nadie hace una antología contra sí mismo; por el contrario, suele ser una proyectiva apología. Lo que su autor afirma entre líneas con ella es entre otras cosas el árbol genealógico de su gusto (y de paso de su propia obra literaria, cuando esta existe). Aunque procure revestir esta doctrina de una desinteresada pasión crítica, obedece a una indirecta estrategia de legitimación.
3. Por último, la motivación menos sutil y más común: figurar. Aparecer a como dé lugar en un escenario del que se teme ser excluido. Quien realiza una antología sabe que es otro modo de hacerse presente en un epicentro literario. Se adivina la doble moral del anfitrión: el único invitado sin invitación puesto que es el convocador de la fiesta. Aún en el caso de no incluirse, es evidente que quien firma una obra de este tipo se ha incluido a sí mismo, desde una agazapada posición de autoridad.
Antologar, en suma, sólo es comprometerse con una opinión. Y quien lo hace debe asumir sus consecuencias. Suponer que esa opinión puede ser más que eso es soberbia o desvarío. La antología contemporánea debe o debería ser ante todo crítica literaria. Polémica o convencional, pero siempre responsable, abierta y discutible crítica literaria. Pero he aquí que las obras de este género en México, si bien pronto han pasado de ser libros de texto o difusión a ser caprichosas ejecuciones sumarias entre adversarios, no han logrado despojarse tan rápidamente del aura canonizante que despiertan. Aún se tiene el prejuicio de que en ellas yace alguna nomenclatura de la posteridad y por lo tanto se las recibe con resquemor y no pocas veces con justificada animadversión.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





