No soy nada, nunca seré nada, pero La bruja guachichil, palabras para otra magia ya está disponible en la Cafebrería Pessoa, en el 183 de la calle Miguel Hidalgo de Santiago de Querétaro, Qro. Quienes anden por allá, o si van para allá, pasen por la bruja y otros libros y a tomarse un buen café.
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lunes, julio 12, 2021
lunes, noviembre 10, 2014
He pasado toda la noche sin dormir - Fernando Pessoa
He pasado toda la noche sin dormir, viendo,
sin espacio tu figura.
Y viéndola siempre de maneras diferentes
de como ella me parece.
Hago pensamientos con el recuerdo de lo que
es ella cuando me habla,
y en cada pensamiento cambia ella de acuerdo
con su semejanza.
Amar es pensar.
Y yo casi me olvido de sentir sólo pensando en ella.
No sé bien lo que quiero, incluso de ella, y no
pienso más que en ella.
Tengo una gran distracción animada.
Cuando deseo encontrarla
casi prefiero no encontrarla,
para no tener que dejarla luego.
No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que
quiero. Quiero tan solo
pensar en ella.
Nada le pido a nadie, ni a ella, sino pensar.
sin espacio tu figura.
Y viéndola siempre de maneras diferentes
de como ella me parece.
Hago pensamientos con el recuerdo de lo que
es ella cuando me habla,
y en cada pensamiento cambia ella de acuerdo
con su semejanza.
Amar es pensar.
Y yo casi me olvido de sentir sólo pensando en ella.
No sé bien lo que quiero, incluso de ella, y no
pienso más que en ella.
Tengo una gran distracción animada.
Cuando deseo encontrarla
casi prefiero no encontrarla,
para no tener que dejarla luego.
No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que
quiero. Quiero tan solo
pensar en ella.
Nada le pido a nadie, ni a ella, sino pensar.
jueves, junio 13, 2013
Poemas: a qué hora escribirlos y los defectos que hay que evitar, según Fernando Pessoa
"La composición de un poema lírico no debe ser hecha en el momento de la emoción, sino en el momento de su recuerdo. Un poema es un producto intelectual, y una emoción, para ser intelectual, tiene, evidentemente —porque no es de por si intelectual—, que existir intelectualmente. Ahora bien, una emoción es su existencia en la inteligencia; esto es, en la memoria, únicamente parte de la inteligencia, propiamente tal, que puede conservar una emoción. No tengo preocupaciones intelectuales al escribir. Tengo la única preocupación de emitir emociones, dejando a la inteligencia que se aguante con ellas lo mejor que pueda. Tengo el deseo de ser de todos los tiempos, de todos los espacios, de todas las almas, de todas las emociones y de todos los entendimientos. Menos que todo es nada para el alma que no se despioja en la lógica, ni mira para las uñas de la estética. No pudiendo ser la propia fuerza universal que envuelve y penetra la rotación de los seres, quiero por lo menos ser una conciencia audible de ella, un brillo momentáneo en el choque nocturno de las cosas... El resto es delirio y podredumbre".
"Tiende el poeta corriente y puramente sentimental a caer en el defecto de la retórica y el sentimentalismo; tiende el poeta místico a caer en el defecto de la excesiva mezcla de lo ideal y lo real, de lo espiritual y lo terreno; tiende, por último, el poeta simple y real a caer en el defecto de la expresión llana o trivial. Estos son los tres defectos en que acostumbra a caer la poesía sana: exageración del sentimiento poético, deficiencia del sentimiento poético y confusión de sentimiento poético. Pero no pertenece a ninguna de estas categorías el número de defectos en que suelen incurrir los decadentes. Sin duda todos los decadentes tienen los tres defectos citados, y los tienen vulgarmente, en especial el del prosaísmo. Pero no es ninguno de los apuntados el defecto natural de sus obras. Es otro más curioso que consiste en la yuxtaposición delirante de los epítetos, en la completa incoherencia del frasear".
* * * * *
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Más Reflexiones de Pessoa sobre poesía, heterónimos, realidad y lectura, por acá, en Grafein.
viernes, octubre 05, 2012
Ojos azules
"Toda mi vida gira en torno a mi obra literaria, buena o mala, lo que sea, lo que pueda ser. Todos … tienen que convencerse de que soy así, de que exigirme sentimientos —que considero muy dignos, dicho sea de paso— de un hombre común y corriente es como exigirme que sea rubio y con los ojos azules”.
Fernando Pessoa, carta a Ofelia.
Fernando Pessoa, carta a Ofelia.
jueves, junio 14, 2012
Visita de una tarde de junio
Esta tarde la pasé con mi tocayo, Alexander Search, a quien había buscado durante mucho tiempo, por el nombre y su obra, por referencias personales, porque nacimos el mismo día en años distantes. Todo un personaje, por cierto: no podría describirlo, es como varios seres a la vez, parece muy joven pero su amargura raya en la locura, lo cual disfruta y hace disfrutar, calificando de locos a todos los "hombres sensatos". Mi pobre inglés no limitó el intercambio de lecturas y de tristezas, porque los sentimientos son los mismos en todos los idiomas. Habló pausado, escuchó de mi amor platónico y hasta me justificó, aunque su epitafio dirá, dijo, que rechazó el amor. Coincidimos en que el nombre no interesa, que aquí es igual a ahí. Hace mucho que no escribe ("hay que dejarle la pluma a otras personas", sonrió) pero me regaló su libro, que releo a esta hora, bajo la mirada del reloj, "a madman mad with a word-obsession, sorrowfully lone":
«I love my dreams», I said, a winter morn,
To the practical man, and he, in scorn,
Replied: «I am no slave of the Ideal,
But, as all men of sense, I love the Real.»
Poor fool, mistaking all that is and seems!
I love the Real wheN I love my dreams...
martes, abril 20, 2010
De Fernando Pessoa
"No puedo considerar a la humanidad sino como una de las últimas escuelas de la pintura decorativa de la naturaleza. No distingo, fundamentalmente, un hombre de un árbol y, desde luego, prefiero al que sea más decorativo, al que interese más a mis ojos pensantes".
Fernando Pessoa
jueves, septiembre 24, 2009
Del Libro del desasosiego
¡Qué desasosiego si siento,
qué desconsuelo si pienso,
qué inutilidad si quiero!
(click en el título o en el autor para ver el pdf y bajarlo)
miércoles, septiembre 23, 2009
De Álvaro de Campos
Si te quieres matar, ¿por qué no te quieres matar?
¡Ah, aprovecha!
Que yo, que tanto amo la muerte y la vida,
Si osase matarme, también me mataría…
¿De qué te sirve el cuadro sucesivo de las imágenes externas
a las que llamamos mundo?
¿La cinematografía de las horas representadas
por actores de convenciones y poses determinadas,
el circo polícromo de nuestro dinamismo sin fin?
¿De qué te sirve tu mundo interior que desconoces?
Tal vez, matándote, lo conozcas finalmente…
Tal vez, acabando, comiences…
Y de cualquier forma, si te cansa el ser,
¡Ah, cánsate noblemente,
y no cantes, como yo, la vida, por ebriedad,
no saludes como yo la muerte en literatura!
¿Hace falta? ¡Oh sombra fútil llamada personal!
Nadie hace falta; no haces falta a nadie…
Sin ti correrá todo sin ti.
Tal vez sea peor para otros tu existir que el que te mates…
Tal vez peses más durando, que dejando de durar
¿El dolor de los otros? ¿Tienes remordimiento adelantado
de que te lloren?
Descansa: poco te llorarán…
El impulso vital apaga las lágrimas poco a poco,
cuando no son por cosas nuestras,
cuando son por lo que le sucede a los otros, sobre todo la muerte,
porque es la cosa después de la cual nada sucede a los otros…
Primero es la angustia, la sorpresa de la venida
del misterio y de la falta de tu vida hablada…
Después el horror del féretro visible y material,
y los hombres de negro que ejercen la profesión de
de estar allí.
Después la familia para velar, inconsolable y contando anécdotas,
lamentando la pena de que hayas muerto,
y tú, mera causa ocasional de aquella lamentación,
tú verdaderamente muerto, mucho más muerto de lo que calculas…
Mucho más muerto aquí de lo que calculas
aunque estés mucho más vivo más allá…
Después la trágica retirada para la sepultura o la fosa,
y después el principio de la muerte de tu memoria.
Hay primero en todos un alivio
de la tragedia un poco inoportuna de que hayas muerto…
Después la conversación se aligera cotidianamente,
y la vida de todos los días retoma su día…
Después, lentamente olvidaste.
Sólo eres recordado en dos fechas, anualmente:
Cuando hace años que naciste, cuando hace años que moriste.
Nada más, nada más, absolutamente nada más.
Dos veces en el año piensan en ti.
Dos veces en el año suspiran por ti los que te amaron,
y una u otra vez suspiran si acaso se habla de ti.
¡Ah, aprovecha!
Que yo, que tanto amo la muerte y la vida,
Si osase matarme, también me mataría…
¿De qué te sirve el cuadro sucesivo de las imágenes externas
a las que llamamos mundo?
¿La cinematografía de las horas representadas
por actores de convenciones y poses determinadas,
el circo polícromo de nuestro dinamismo sin fin?
¿De qué te sirve tu mundo interior que desconoces?
Tal vez, matándote, lo conozcas finalmente…
Tal vez, acabando, comiences…
Y de cualquier forma, si te cansa el ser,
¡Ah, cánsate noblemente,
y no cantes, como yo, la vida, por ebriedad,
no saludes como yo la muerte en literatura!
¿Hace falta? ¡Oh sombra fútil llamada personal!
Nadie hace falta; no haces falta a nadie…
Sin ti correrá todo sin ti.
Tal vez sea peor para otros tu existir que el que te mates…
Tal vez peses más durando, que dejando de durar
¿El dolor de los otros? ¿Tienes remordimiento adelantado
de que te lloren?
Descansa: poco te llorarán…
El impulso vital apaga las lágrimas poco a poco,
cuando no son por cosas nuestras,
cuando son por lo que le sucede a los otros, sobre todo la muerte,
porque es la cosa después de la cual nada sucede a los otros…
Primero es la angustia, la sorpresa de la venida
del misterio y de la falta de tu vida hablada…
Después el horror del féretro visible y material,
y los hombres de negro que ejercen la profesión de
de estar allí.
Después la familia para velar, inconsolable y contando anécdotas,
lamentando la pena de que hayas muerto,
y tú, mera causa ocasional de aquella lamentación,
tú verdaderamente muerto, mucho más muerto de lo que calculas…
Mucho más muerto aquí de lo que calculas
aunque estés mucho más vivo más allá…
Después la trágica retirada para la sepultura o la fosa,
y después el principio de la muerte de tu memoria.
Hay primero en todos un alivio
de la tragedia un poco inoportuna de que hayas muerto…
Después la conversación se aligera cotidianamente,
y la vida de todos los días retoma su día…
Después, lentamente olvidaste.
Sólo eres recordado en dos fechas, anualmente:
Cuando hace años que naciste, cuando hace años que moriste.
Nada más, nada más, absolutamente nada más.
Dos veces en el año piensan en ti.
Dos veces en el año suspiran por ti los que te amaron,
y una u otra vez suspiran si acaso se habla de ti.
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