El morbo al leer la correspondencia ajena. La admiración, por supuesto.
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sábado, diciembre 11, 2021
Correspondencia
Una carta no es correspondencia, puede serlo si hay respuesta. La palabra se sella, viaja, se lee y se responde. Una carta puede ser epístola si es escrita y leída con pasión. Así estos dos gigantes, uno sensei y otro aprendiz, ambas sensibilidades unidas por el idioma, la poesía y la muerte.
jueves, abril 16, 2015
"Pero yo sí lo soy..." - Yasunari Kawabata
Incluso ahora, ahora mismo, en el Tokio moderno, al igual que en los libros con ilustraciones de la antigua Edo, se dice que él —el cazador de pájaros— todavía está ahí, con sus accesorios color cobre dentro de su gastada bolsa de gamuza, la pipa colgando de los cordones de su bolsa con el cierre de ágata, y el anticuado estuche lleno de tabaco dulce de Kobuku, mezclado con algunas ramitas verdes para mantenerlo fresco, todo el conjunto colgando de la cintura, y con sus calzones blancos, sus polainas negras, los mitones de color blanco y un quimono azul que llega a la altura de la cintura. El hombre que me contó esto es un inspector de la policía, alguien poco dado a los recuerdos inútiles.
Pero yo sí lo soy. Quiero hablar del modo en que lo hacían en los días de la antigua Edo. Tomemos ese camino. Sí, debemos determinar, mi querido lector, si este camino a través del cual te voy a conducir a los lugares frecuentados por la Pandilla Escarlata es el mismo camino en el que, según se dijo, en los viejos días de los emperadores Manji y Kanbun, hombres vestidos de blanco, en caballos blancos, con espadas enfundadas en vainas blancas, sobre sus hakama de cuero blanco, iban de un lado a otro del mal afamado barrio de Yoshiwara mientras cantaban obscenas canciones Komuro bushi...
Supongamos ahora que son más de las tres de la mañana y que hasta los vagabundos están profundamente dormidos, y yo estoy aquí, caminando por los jardines del templo Sensō con Yumiko. Hojas muertas de ginkgo caen al suelo y oímos el cacareo de los gallos...
Pero yo sí lo soy. Quiero hablar del modo en que lo hacían en los días de la antigua Edo. Tomemos ese camino. Sí, debemos determinar, mi querido lector, si este camino a través del cual te voy a conducir a los lugares frecuentados por la Pandilla Escarlata es el mismo camino en el que, según se dijo, en los viejos días de los emperadores Manji y Kanbun, hombres vestidos de blanco, en caballos blancos, con espadas enfundadas en vainas blancas, sobre sus hakama de cuero blanco, iban de un lado a otro del mal afamado barrio de Yoshiwara mientras cantaban obscenas canciones Komuro bushi...
Supongamos ahora que son más de las tres de la mañana y que hasta los vagabundos están profundamente dormidos, y yo estoy aquí, caminando por los jardines del templo Sensō con Yumiko. Hojas muertas de ginkgo caen al suelo y oímos el cacareo de los gallos...
(Inicio de La pandilla de Asakusa, Seix Barral, 2014)
lunes, abril 16, 2012
El tiempo pasó... - Yasunari Kawabata
“El tiempo pasó. Pero el tiempo se divide en muchas corrientes. Como en un río, hay una corriente central rápida en algunos sectores y lenta, hasta inmóvil, en otros. El tiempo cósmico es igual para todos, pero el tiempo humano difiere con cada persona. El tiempo corre de la misma manera para todos los seres humanos; pero todo ser humano flota de distinta manera en el tiempo”.
viernes, junio 11, 2010
川端康成 ノーベル文学賞受賞 (Yasunari Kawabata)
No entiendo pero comprendo.
Esperaré a que mi traductora estrella regrese bien quemada...je.
¡Buen viaje!
viernes, julio 24, 2009
papeles en blanco (de un cuento de Yasumari Kawabata)
¡Cuántas historias cree uno que las escribe cuando es el Lector quien las transforma a su antojo...! Me gusta que me lean que para eso escribo, o no, como el personaje de Yasunari Kawabata:
Hay una novela de mi padre en la que he pensado con frecuencia desde que le sucedió este percance. En ella escribió sobre un joven que le enviaba unas cartas extrañas todos los días y que deseaba ser escritor. El muchacho se volvió loco y lo recluyeron en un manicomio. Por ser peligroso no le permitían tener ni plumas, ni tinteros, ni lápices. Lo único que podía tener en la habitación eran resmas de papel de escribir. Cuentan que se pasaba el día frente al papel en blanco escribiendo... o más bien, con la idea de que estaba escribiendo. Porque el papel permanecía en blanco. Lo que he dicho hasta aquí fueron los hechos. Lo que sigue es el relato de mi padre. Cada vez que su madre iba a hacerle visita, el muchacho le pedía: "Mamá, escribí algo, ¿me lo lees, por favor?". Al ver la hoja de papel sin una letra, la madre sentía ganas de llorar. Sin embargo, mostraba un rostro sonriente y le decía: "Está muy bien escrito. ¡Qué interesante!". Con mucha frecuencia, importunada por los ruegos de su hijo, la madre le leyó la hoja de papel en blanco. Se le ocurrió contarle sus propias historias, haciendo ver que las leía. En eso consiste la idea de papá. La mamá le cuenta al joven su niñez. El joven loco cree que lo que escucha es el documento que él escribió con sus propias memorias. Los ojos le brillan de orgullo. La madre no sabe si él comprende o no lo que le cuenta. Sin embargo, al repetir la historia cada vez que lo visita, se va volviendo poco a poco más hábil hasta que tiene la impresión de estar leyendo de verdad una obra de su hijo. Recuerda cosas que había olvidado. También los recuerdos del hijo se van tornando más hermosos. El hijo convoca el recuerdo de la madre, colabora con ella, reconstruye los hechos. No hay modo de saber si se trata del relato de la madre o del relato del hijo. Mientras la madre está contando la historia se olvida de sí. Puede olvidar la locura del hijo Mientras el hijo escucha la lectura con tanta concentración no es posible discernir si está loco o no. Durante esos instantes, el alma de la madre y del hijo se funden en una sola. Se sienten felices como si estuvieran viviendo en el cielo..."Sin palabras", Primera nieve en el Monte Fuji
jueves, junio 11, 2009
110 años
"Un día, mientras escribía una carta, Otoko abrió el diccionario para consultar el ideograma pensar. Al repasar los restantes significados ("añorar", "ser incapaz de olvidar", "estar triste") sintió que el corazón se le encogía. Tuvo miedo de tocar el diccionario... Aun ahí estaba Oki. Innumerables palabras se lo recordaban. Vincular todo lo que veía y oía con su amor equivalía a estar viva. La conciencia de su propio cuerpo era inseparable del recuerdo de aquel abrazo".
"... Ella ignoraba cómo había flotado su propia imagen en la corriente de Oki. No podía haberla olvidado; pero el tiempo había corrido de manera diferente para él. Las corrientes del tiempo nunca son iguales para dos personas, ni siquiera cuando son amantes… La imagen que conservaba de Oki había flotado junto a ella en la corriente del tiempo y quizás los recuerdos de este amor estuvieran teñidos por los colores del amor por sí misma. Quizás hasta se hubieran transformado. Nunca se le había ocurrido pensar en que los recuerdos son sólo fantasmas y apariciones…"
Kawabata Yasunari, Lo bello y lo triste
"... Ella ignoraba cómo había flotado su propia imagen en la corriente de Oki. No podía haberla olvidado; pero el tiempo había corrido de manera diferente para él. Las corrientes del tiempo nunca son iguales para dos personas, ni siquiera cuando son amantes… La imagen que conservaba de Oki había flotado junto a ella en la corriente del tiempo y quizás los recuerdos de este amor estuvieran teñidos por los colores del amor por sí misma. Quizás hasta se hubieran transformado. Nunca se le había ocurrido pensar en que los recuerdos son sólo fantasmas y apariciones…"
Kawabata Yasunari, Lo bello y lo triste
sábado, diciembre 29, 2007
Transgresión
"Cualquier clase inhumanidad se convierte, con el tiempo, en humanidad.
En la oscuridad del mundo están enterradas todas las variedades de transgresión".
"Los viejos tienen la muerte y los jóvenes el amor,
y la muerte viene una sola vez y el amor muchas".
Yasunari Kawabata
Nemureru Bijo (La casa de las bellas durmientes)
Caralt, 2004
lunes, abril 16, 2007
"Como ratitas" - Yasunari Kawabata
“Antes, los eruditos sabían chino y escribían una prosa correcta y armoniosa. La gente no habla así. Todos los días aparecen palabras nuevas, simpáticas como esas ratitas. Y, como a esas ratitas, no les importa lo que roen. Las palabras cambian con tanta rapidez que uno experimenta vértigo. Por eso su vida es muy breve, y aunque sobrevivan se vuelven obsoletas…Como las novelas que escribimos.”
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