Mostrando las entradas con la etiqueta Doris Lessing. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Doris Lessing. Mostrar todas las entradas

lunes, febrero 23, 2015

Autobiografía... (fragmento) - Doris Lessing

Una cita de Goethe —Goethe otra vez— me parece que va al corazón del prob­lema, de cómo juzgamos, cómo leemos. Es de su autobiografía.
Es obligación de todos inves­ti­gar lo que es interno y pecu­liar en un libro que nos interesa en par­tic­ular y, al mismo tiempo y sobre todo, la relación que guarda con nues­tra nat­u­raleza inte­rior, y el grado en que esa vital­i­dad excita y vuelve fruc­tífera la nues­tra. Por otro lado, todo lo externo que es inútil para nosotros o es objeto de duda, debe ser sometido a la crítica, la cual, incluso si es capaz de desar­tic­u­lar y desmem­brar al con­junto, nunca ten­drá éxito en despo­jarnos del piso al que nos afer­ramos, ni siquiera al dejarnos per­ple­jos durante un momento respecto a nues­tra antigua confianza.
Esta con­vic­ción, surgida de la fe y la obser­vación, la cual en todo caso recono­ce­mos como lo más impor­tante, es per­ti­nente y for­t­ale­ce­dora, reside en la fuente de la moral así como el edi­fi­cio lit­er­ario de mi vida, y…
Y, con Goethe, volve­mos al prin­ci­pio de este ensayo, cuando dice que es un hom­bre viejo y que sólo ha apren­dido a leer. ¿Qué quiere decir? Creo que ha apren­dido cierta pasivi­dad en la lec­tura, tomando lo que el autor ofrece y no lo que el lec­tor piensa que debe ofre­cer, sin inter­pon­erse él mismo (o ella misma) entre el autor y lo que debería ema­nar del autor. Es decir, no leer el libro a través de una pan­talla de teorías, ideas, cor­rec­ción política y demás. Esta clase de lec­tura es ver­dadera­mente difí­cil, pero una puede apren­der esta especie de lec­tura pasiva, de esta man­era la esen­cia y la médula del autor se abre ante ti. Estoy seguro de que todos han tenido la expe­ri­en­cia de leer un libro y encon­trarlo vivo, vibrante, col­orido y urgente. Y luego, tal vez, algu­nas sem­anas más tarde, al leerlo otra vez, encon­trarlo plano y vacío. El libro no cam­bió, cam­bi­aste tú.

domingo, noviembre 17, 2013

Doris Lessing (1919-2013)

Apenas ayer compré Instrucciones para un descenso al infierno, de Doris Lessing. Ver esa novela a sólo 69 pesos (en la Comercial Mexicana, no me pagan comisión pero deberían) fue iresistible y fue mi buena compra de un metafórico y paradójico buen fin. Hoy me entero de su muerte, a los 92 años. Voy en la página 100 apenas pero les comparto algo de mis subrayados:

Doctor Y. ¿Cómo se llama? ¿Me lo dirá?
Paciente. Jonás.
Doctor Y. Ayer se llamaba Jasón. Comprenda que no puede ser ambos al mismo tiempo.
Paciente. Todos somos marineros.

* * * * *

"Un hombre o una mujer que pasean por la calle no delatan lo que piensan; sin embargo, sus pensamientos juguetean en torno a ellos y recorren sutilmente su sustancia. Una persona corriente no es capaz de apreciar el movimiento de estos pensamientos..."

* * * * *

"Un ser que observa su imagen, un mono o un leopardo que se agachan para beber en una charca, ven su cara y su cuerpo, ven un baile de materia en el tiempo. Pero lo que se ve en este baile está dotado de memoria y esperanza, y la memoria no se halla en el mismo plano temporal; por eso cada uno de nosotros, ya sea caminando, sentado o durmiendo, participa de dos escalas temporales como la yema y el huevo, que comparten una misma envoltura, y cuando una criatura que empieza a tomar conciencia de su alma, o un adulto que nunca ha concebido más que pensamientos animales, o un adolescente enamorado, o un viejo moribundo, o incluso un filósofo o un astrólogo, cuando uno de estos, o tú o oyo nos preguntamos, con todo el peso de nuestra vida: ¿quién soy? ¿Qué es el tiempo? ¿Qué pruebas hay de la existencia de un tiempo que no es mortal como una hoja en el otoño? Y la respuesta es: aquello que formula estas preguntas reside fuera del cuerpo mundano..."