Buogiorno, Principessa!
Visita Il Sogno del Minotauro,
ahora con un par de "ninis" evangélicos
de Olimpotosí en su muro.
No, non dire nulla.
Grazie!
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jueves, enero 10, 2013
lunes, abril 30, 2012
El día que los ninis dominen el mundo - Eduardo Garay Vega
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| Foto: José Manuel Velázquez |
Casi siempre presentar un libro es motivo de alegría, en mi caso lo es porque los dos títulos que hoy están aquí son de un buen amigo, Alexandro Roque, y lo es más por lo que hay al interior de estos pequeños volúmenes: literatura pura, pura literatura. ¿A qué me refiero?, a partir de aquí que se exculpe a Roque porque esta es mi perenne amargura que habla:
Estamos en una época de estandarización de la cultura. El estado como gran sobreprotector del arte, convence a los artistas (esos ninis que deambulan por las calles con una rabia que no pueden expresar) de que el mundo es malo, de que ellos, los ninis, no tienen la culpa de nada, siempre son otros, siempre es una masa informe que bautizamos como sociedad la causante de las desventuras a las que se enfrentan; que cada nini es distinto, que cada nini es especial. Entonces, de la mano de una industria que ejerce su derecho, equivocado pero su derecho al fin yal cabo, generan un falso estado de aceptación disfrazada de estímulos y premios, con formatos de mínimo de cuartillas, de edades, de temas, de formatos… y muchas veces uno no distingue a un autor de otro, a un libro de otro, una propuesta de otra. Obviamente, esto que nos enfrentamos no es literatura pura, es lo que ahora nos dice una estructura cultural que “es literatura”. Y a veces la hay, y quizá siempre ha sido así, no lo sé. Sé que no me gusta.
Pero déjenme volver al trabajo de Alexandro que es por lo que estamos aquí.
A Alexandro Roque (escritor, editor –serio y en serio- periodista cultural, maestro universitario, fotógrafo y hoy descubro que dibujante) lo conocí hace muchos años, cuando éramos una parte mínima de esa estructura cultural en formación y participamos en un encuentro de escritores. Desde entonces mantenemos una amistad que le permitió presentar mi libro de cuentos y hoy me permite tomar venganza. Y doble, porque son dos materiales distintos, cada uno con sus propias virtudes y características.
De Olimpotosí destaco la desacralización que recorre las páginas, en donde dioses, mitos, semidioses e ídolos transitan del mundo cotidiano al celestial, ¿o es al revés? ¿es el mundo celestial vuelto a la cotidianeidad, a la página que sigue cuando se termina de contar su historia? El cielo, el infierno, lo sublime, lo ridículo, los seres maravillosos llenos de defectos, las vírgenes inmaculadas más putas que la Magdalena, el odio y el amor y el paso que se da de ida y vuelta por ese camino están contenidos en cada breve relato. No es humor, no son solo unas frases ingeniosas, es encontrar lo maravilloso en lo rutinario y lo más mundano en lo divino.
De Vademécum me parece que sobresale por dos virtudes. La primera, sorprendentemente algo que debería ser obligatoria a cualquier obra, es la honestidad. ¿Quién ha dicho que no se puede escribir poesía amorosa? ¿Qué el fin del poeta no es el de cantar para enamorar? ¿Desde cuándo se prohibieron las frases como “me conformo con cantarte, mi bello desastre, ternura inquieta”? Ah chinga, si siente deseo de ser romántico o cursi, pues es romántico y cursi. Nada más que hay que saber escribirlo. Y todo se vale, los juegos de palabras, las citas robadas (intertextualidades se llaman ahora, según Sealtiel Alatriste), llamar musa a la mujer y esposa a la musa, porque para decir lo que se quiere decir no hay fórmulas, juramentos, manuales, drogas, dosis, reglas, etcétera.
La otra virtud se comparte con Olimpotosí: la libertad. Uno tiene la impresión de que Roque es un poco villista: primero escribe, después virigua. Y eso tiene que ver con lo hablaba al principio, sobre la estandarización; en estos textos lo importante es escribir lo que uno quiere, de la mejor manera, del modo más honesto y sin importarle si resulta cuento, poema, relato, minificción, ironía, sarcasmo, cursilería o declaración de principios. Nada importa más que el placer: el placer de amar, de desear, de escribir sin importar otra cosa que comunicar lo que se siente, piensa y desea.
Estos materiales son demasiado libres para atarse a la industria cultural, no cumplen el número de cuartillas para participar en un concurso, no tiene ya la edad, ni modo, Alexandro, para presentarse en libros conjuntos de nóveles literatos, no tiene un padrino que lo lleve a los programas de Nicolás Alvarado, ni pertenece a ningún clan o crack que lo promueva en las universidades de Estados Unidos. Para colmo, es un irreverente y tiende a no respetar a cacas-grandes como debiera, pero a pesar de todo lo anterior, es un buen tipo, y un buen escritor.
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Texto leído en la presentación en la galería Libertad de Querétaro. Gracias a Romina Cazón y a Lalo por sus comentarios y el gusto por jugar. Gracias a los organizadores y al público, participativo y entusiasta.
viernes, abril 27, 2012
El ahorro del lenguaje en Olimpotosí - Romina Cazón
| Cortesía: revista El Humo |
La brevedad como género se puso de moda en el siglo XX, en los 70. Por ejemplo Philip Stevick con Anticuento hace algo parecido a Roque. El ahorro del lenguaje es extremo. Por supuesto nada comparado a Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí, del guatemalteco Augusto Monterroso. Julio Torri es un instaurador de la ficción mínima en México. Y muchos más como Arreola, Borges, Cortázar en América Latina.
En este libro Alexandro Roque aborda muy bien al género en cuestión, los títulos de cada uno de sus microrelatos son un punto de partida para la narración. Lo que favorece a la información que requiere el lector. Otro punto es que usa elementos que le son familiares, me refiero a personajes desde Lázaro, Goethe, Eco, Borges, etc. Esto otorga una rápida lectura y no sólo eso, una rápida comprensión. Sin embargo, al desenlace le es sucedido por el trabajo visual que hace el propio Roque con el fin de dar soporte.
Olimpotosí tiene una temática lúdica, de fácil acercamiento. En Minotauro (1) Roque hace un desdoblamiento; cito: Desde que entré al laberinto me siento minotauro: ando medio guey. El personaje mitólogo pasa a tener una condición actual, adjetivo que se usa para no llamar a la persona por su nombre, obviamente un fenómeno aprendido. Y muy mexicano. Este desdoblamiento es recurrente para Alexandro en todo su libro que además de estos recursos y atributos tiene el ejercicio creativo a la vista, es decir, siempre tiene algo que importante que acotar. Roque interviene brevemente, pero a su vez, lo hace de manera precisa, con las palabras justas. En Matemáticas, dice: Su mujer era muy equis. Lo condenaron por despejarla de su ecuación. Fue entonces que se sintió muy tranquilo: en la cárcel ya no habría incógnitas. Allí no necesita decir más, su final es claro. Alexandro sabe que el ahorro del lenguaje es necesario.
El libro tiene un lenguaje coloquial, cito: Anda Jorge, ven que te espero. Te imaginaba más viejo pero eres aún maduro, luces muy bien. En este sentido Alexandro se muestra relajado, permisivo y cotidiano. Solo se deja fluir. En realidad Olimptosí como un todo, es un fluido con sentido y con un destino, que somos nosotros.
Querétaro, Qro., 27 de abril de 2012
miércoles, agosto 31, 2011
como una oferta, como una promoción...
como dicen las sirenas
le venimos ofreciendo lo que viene siendo
este bonito cuadernito con fotos, textos e lustraciones,
Olimpotosí (ninis: ni cuentos ni poemas)
solo treinta pesitos le cuesta,
bara, bara, llévelo marchantita.
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