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domingo, agosto 02, 2026

En la Bella Villa

¿A quién tengo yo en los cielos, sino a Ti?
Fuera de Ti, nada deseo en la tierra.
Mi carne y mi corazón pueden desfallecer,
Pero Dios es la fortaleza de mi corazón 
y mi porción para siempre.
Salmo 73:25–26






sábado, noviembre 19, 2022

50 años del incendio en Guaxcamá: 18 de noviembre de 1972


El Heraldo de San Luis destacó el domingo 19 de noviembre de 1972 en su titular de ocho columnas: “Pavoroso incendio en Guaxcamá”, mientras el primer párrafo (el lead o entrada) añadía: "La débil chispa de un barreno inició la tarde de ayer al filo de las 15:30 horas un gigantesco incendio que hasta esta madrugada amenazaba con destruir las entrañas del subsuelo de Villa Juárez, en una enorme explosión”.

Variaron las versiones, pero hubo coincidencias: el incendio se inició durante la media hora que se daba en el cambio de turno, cuando algunos trabajadores se dedicaban a barrenar uno de los tiros. Los que quedaban en el interior dieron la voz de alerta. Se evacuaron durante esa tarde y parte de la noche unas quinientas familias de la misma Guaxcamá y de los poblados cercanos, como Buenavista, El Carrizal y Puerta del Río.

El diario destacó “la activa labor del síndico municipal en funciones de agente del Ministerio Público, Margarito Avila Martínez”.

Al día siguiente las ocho columnas fueron: “Aflictiva situación de familias mineras”, e incluyó un sumario: “El incendio provoca una psicosis general en la amenazada Villa...” Se informaba allí que el presidente de la república, Lic. Luis Echeverría Álvarez, dio intrucciones a un equipo interdisciplinario (aunque aún no se usaba esa palabra) para que se trasladara al lugar del siniestro, y que el secretario de Gobernación, Lic. Mario Moya Palencia, sostuvo una conversación telefónica con el gobernador del estado, Lic. Antonio Rocha Cordero, para instrumentar un plan conjunto.

Sin embargo, la labor de los bomberos era pesada y hasta inútil, ya que el incendio aumentaba debido a la falta de elementos y equipo adecuados para combatirlo.

Las fumarolas habían disminuido 30 por ciento, pero todavía el lunes debió ser evacuada la exhacienda de Agua del Medio, trasladándose sus habitantes a la escuela Heroinas Mexicanas, a graneros y a casas particulares de la cabecera de la Villa. El martes El Heraldo informó que se necesitaban 500 mil metros cúbicos de agua para extinguir el incendio, y que las personas que integraron el comité para la emergencia eran el ingeniero Víctor Gárate, coordinador; el licenciado Alfonso Lastras Ramírez (entonces Secretario General de Gobierno), Tesorero; el ingeniero Luis E. Ehrlich (director de operación de la Sría. de Mejoramiento Ambiental, SMA) y Enrique Márquez M. (Director de investigaciones de la SMA).

Con la mina convertida en un enorme volcán pasaron dos años, de lo que dan fe las burbujas que quedaron bajo la quebradiza tierra de Guaxcamá y los pequeños movimientos del piso que se sienten cada vez que alguien da un paso en el pueblo fantasma. Las casas nunca se volvieron a habitar, la iglesia y la casa de los patrones qudaron en ruinas, y eso le da al paseo un toque de misterio.

Hay quienes aseguran que hay chispas atrapadas en la tierra, y que el azufre que queda podría venderse bien, pero el precio de este mineral va cada vez más a la baja. Con el tiempo, si vuelven a subir los precios, Guaxcamá puede volver a vivir.

Allí quedan las ruinas y en la cabecera municipal la imagen de San Rafael —trasladada después del incendio— por testigos.



Fragmento de Villa Juárez, la bella Villa 
(Programa de Desarrollo Cultural Municipal (CNCS / Sría.
de Cultura / Ayuntamiento de Villa Juárez, SLP, 2004)

Fragmentos de la entrevista a Víctor Luna 
en la página de YouTube de Luz Galván



jueves, noviembre 02, 2006

Obituario 9: Doña Pola


A mi suegra, doña Hipólita Salazar Hernández, no la conocí. En sueños seguro nos hemos visto. Murió cuando Luz tenía apenas 16 años, y ahora nos visita de vez en cuando. En su casa de Villa Juárez descansaban. Era tarde. Estaban solitas porque todos los hermanos estaban fuera de la bella Villa. Un dolor que dicen pudo haber sido leve fue apenas el principio.

Fue una inyección aplicada por un mal doctor, una reacción alérgica lo que se la llevó en pocas horas.

Era una gorda grandota, del tipo norteño. La describen inmensa, de muy buen carácter pero enérgica y hasta algo dura en lo que tocaba a sus hijos. Tuvo muchos defectos y solapó muchas injusticias, pero también era generosa cuando se trataba de apoyar a los villajuarenses, que la recuerdan con admiración, sobre todo cuando de preparar sus famosos platillos a la hora de las bodas o en las visitas de los políticos de ocasión.

Sigue aquí gracias a todo lo que Luz (su Lucita) me ha platicado, pues doña Pola es protagonista de varios de mis cuentos y uno que otro poema.

miércoles, agosto 02, 2006

La extraña muerte de don Nico

                                        



La fiesta de San Panchito y la extraña muerte de don Nico


Cada cuatro de octubre la bella Villa Juárez se queda más sola, pero no porque sea la fecha de emigración masiva a Estados Unidos, sino porque se organiza el mayor día de campo del año, para ir a visitar a San Francisco de Asís, quien se apareció en un pequeño oasis entre dos cerros, en lo que se conoce como el Cañón de la Mora, distante dos horas a pie de la cabecera municipal.

Don Nicolás Rivera Ramírez, a quien se le apareció el santo, vivía en una humilde casa casi afuera del pueblo, donde solía ofrecer su única silla a quien le visitaba. Parecía que apenas podía moverse, pero cada cuatro de octubre de varias décadas subió y bajó cientos de veces la escalera que lleva al alto altar de la imagen, grabada algo burdamente en una roca. Hasta el año 2003, cuando murió en las más extrañas circunstancias.

Don Nico, como todos le conocían, siempre fue el oficiante de San Panchito, pues enfrentó gran resistencia de la iglesia católica y, por ende, de varios sacerdotes. Encabezaba las caminatas y recibía a los peregrinos. Cada tanto rociaba con agua ¿bendita? a los que llegaban en solitario o en peregrinación, y se rezaban cantado el Rosario o al menos el Padre Nuestro de rigor. Mientras en los alrededores los villajuarenses buscaban el mejor lugar para almorzar y pasar el día, mirando de cerro a cerro a sus paisanos.

Con su voz queda, apenas audible, don Nico nos relató, como lo hacía una y otra vez a quien quería escucharlo, la historia de la aparición. Aunque no recordaba el año exacto fue, dijo, hace unos 40 años, cuando andaba en la sierra buscando un buey que se le había perdido:

"Era ya tarde, el sol estaba bajito. Tomé una veredita que me llevó hasta un arroyo, luego llegué a un pedacito muy lindo, donde había flores. Caminé veinte pasos y que me hablan: “Nico”. Entonces yo me quedé parado, pensando. Yo no había visto a nadie, a lo mejor había por allí algún hombre, algún herido, le picaría una víbora, ha de estar picado, pensaba yo. Entonces me arrendé a buscarlo, y no hallé nada. Que saco la cuchilla y machetié unos árboles hasta que los dejé blanqueando, pa dejarlos de seña de que ahí hablaban, para platicar, así como estoy platicando, y ya me vine. Llegando allí on taban las flores, me dio la claridá y que voy mirando abajo de la roca, en una peña, el señor estaba allí [...] “Mire el señor” esas fueron mis palabras.

"Le pedí el milagro del buey, y que estuviera donde estuviera, me trajera ahí, y yo le llevaba su milagrito y una velita de 50 centavos, probemente. Y así fue toda la manda. Y llegué en la noche, papá, mamá, me estaban esperando todos en la cocina, pues ya era nochecita. Pero ‘onde yo venía caminando traía una claridad y yo veía muy bien. Y yo les dije: les traigo una razón muy linda, les dije pa que se asustaran. Y ya les dije, esto y esto, mañana los llevo yo para que lo vean. Y al día siguiente ellos fueron conmigo, y ahí donde yo había macheteado estaba mi buey. Rápido les dije: yo me voy a regresar a la Villa a comprarle la velita, el milagrito no porque esos hay que irlos a comprar hasta Cerritos, pero la velita sí la podía yo encontrar por ahí en las tienditas. La compré en la tienda de don Higinio Chavira, papá de Manuel Chavira.

Don Nico acudió a la presidencia a avisar, también fue a la iglesia, con el padre Ramón González, quien acudió al Cañón de la Mora a ver la aparición en la peña. Quedó convencido, asegura, pero le dijo a don Nico que al cumplirse los cinco años del fenómeno le daría la bendición y el nombre a la imagen.

Sólo que al santo “le urgía su nombre”, por lo que la imagen le habló nuevamente a don Nico para sugerirle que se pasara con el padre de Cerritos; así lo hizo y el padre del municipio vecino acudió también a conocer la aparición. Lo hizo en un acto público y ahí dio un sermón en el que se le dijo a la gente que San Francisco necesitaba una retocada, porque era como si estuviera desvestido, por lo que todos lo fieles deberían cooperar, y que ya cuando estuviera listo en ese lugar que había escogido para establecerse, entonces sí recibiría bendición y nombre oficial. Él mismo se ofreció a enviar un escultor y así lo hizo, además tramitó una carta del obispo.

Una vez que el trabajo estuvo terminado, el padre de Cerritos le dio la carta del obispo a don Nico para que se la diera al padre Ramón, también le dijo que si el padre Ramón no quería bendecirlo, entonces regresara y él personalmente iría a hacerlo. El padre Ramón ya no puso pretextos y fijó fecha para la bendición, le dijo a don Nico que consiguiera 300 padrinos y madrinas y citara a toda la gente. Fácilmente se reunieron los padrinos necesarios y se llevó a cabo la ceremonia.

El padre le pidió a don Nico que le acercara una reliquia, pero una voz finita llegó a oídos del hombre, diciéndole que “no le acercara una, sino dos”. Don Nico obedeció y el padre al verlas, quedó “humillado” ante el Señor, decía don Nico que exclamando: “una no es ninguna, dos es verdad de Dios”.

Don Nico siempre tuvo la ilusión de que algún día se le hiciera una entrada de cera. Decía que eso le falta al San Francisco del "Cañón de la Mora". Pero ya no lo alcanzó a ver.

Don Nico murió el 4 de octubre de 2003 en pleno festejo anual al “Santito”, frente a la asombrada multitud que acudió al Cañón de la Mora.

No murió de viejo, sino por una piedra que cayó desde lo más alto de la montaña. No fue un alud, fue sólo una piedra, que cayó justo en la nuca del anciano, mientras asistía al sacerdote oficiante.

Cuentan los villajuarenses que unos días antes del lamentable hecho, este hombre se había perdido. Incluso, varias personas se organizaron para salir en su búsqueda y todos pensaban que lo encontrarían muerto. Curiosamente, a pesar de su avanzada edad, fue localizado en un camino cerca de la localidad de Mezquites, en el vecino municipio de Cerritos. ¿Cómo llegó allá? ¿por qué se perdió si él conocía bien los caminos? Nadie lo sabe.

Y luego, el fatal desenlace. Lo cierto es que hasta los más escépticos quedaron sorprendidos ante este extraordinario acontecimiento. Propios y extraños quedan para dar cuenta de que Don Nico murió después de una misa celebrada al pie de su amado San Francisco, sueño que había perseguido por largo tiempo y que por fin había logrado realizar. Precisamente, dicen los testigos que se hallaba sentado al lado del padre, pero parece ser que el “Santito” sólo se lo quería llevar a él.

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(entrevista: Luz Galván Salazar, crónica y redacción: Alexandro Roque).

Capítulo del libro Villa Juárez, la bella villa, 
publicado por el Programa de Desarrollo Cultural Municipal de SLP