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viernes, septiembre 25, 2015

En un viaje a Alemania me he convertido en Goethe - Dolan Mor

A orillas de tu pelo la nieve Margarita escribe una canción en mi fino
portátil que habla de un viaje en tren a Dresden Alemania / Su melodía lleva
un silbido de plata el humo que abrillanta la música en mis dedos el sonido
de plomo que se mueve en mis manos temblorosas las letras en mitad de la niebla
(porque tu nombre en latín significa "perla")
Los cristales ahumados en los meses de invierno inician este viaje que sale
de Ginebra / tu rostro (porcelana) contra la ventanilla cenizas en el cielo
las nubes pasajeras cucarachas azules tus ojos infinitos páginas de periódicos
el polvo que se enquista mientras silba el metal en mis manos la nieve el viento
de la tarde que ensucia la estación los andenes repletos de bultos bancos suelas
oficinas que venden en seis ordenadores mi viaje hacia Alemania desde Gare Cornavin
Más allá de un discurso te nombro Margarita porque tu origen (flor) suena
bellis perennis entre los abedules que rodean el tren (son abedules secos pero en este poema
son árboles perfectos sembrados para ti) vuelo entre varias obras de escritoras que firman
tu diadema de reina tu nombre de princesa en páginas de libros al salir de Ginebra
(porque tu nombre en mi memoria significa "perla")
Imagino la escena: vagones que se marchan el humo la distancia que abrillanta
tu rostro posado en el andén como una mariposa mortal oscurecido por la tela
de araña que deja su diamante tejido sus mil capas de aroma ese veneno vaporoso
el invierno destilando su amor al salir con mis libros de la estación Cornavin
En lápiz azul-negro te escribo este poema para la eternidad (tal vez para la muerte)
su magnitud (en bronce) el arte de lo bello la nieve que ahora reza detrás de ese cristal
el viaje hacia la noche de un tren que se diluye como letra en la hoja digital del portátil
viajeros que se duermen no saben siempre ignoran hacia dónde se mueve el reloj
apagado que deja en estos versos tu perfume (Chanel) unos lagos quemados por la palabra
tiempo y el amor ese tizne que sale de estas letras cual hilos de un gusano
cansado de escribir con seda una canción invisible lejana que habla de tu belleza
Sin embargo me ignoras pero yo te menciono al partir de Ginebra Margarete Margarita
(porque tu nombre en la distancia significa "perla")
Como si fuera un viaje dentro de una novela que escribiera Bulgakov a orillas
de unos árboles sin ramas (abedules) va el tren hacia Alemania el humo
que despide mi corazón del tuyo colillas de la tarde mientras pienso en Celan
(él escribió un poema que hablaba de tu pelo tu cabello encendido como llamas
de oro) estambres que se duermen me golpean tus labios la canción
Margarita el silbido el amor que se agita en mis venas el viento entre mis dedos
tus labios que se mueven me arrastran cucarachas azules son tus ojos la memoria
y la niebla que pasa Margarita esta niebla el poema termina sin tu olor
(por cierto tu cabello es marrón no dorado se equivocó Celan en su Fuga o poema)
y te alejas no vuelves porque yo escribo ahora que estás muerta tu nombre
se borró ya no existe la realidad se impone más allá de mi texto o es sólo una metáfora
de Google que Darío escribió en su palacio de mármol hace un siglo con la luz de una vela.

viernes, abril 03, 2015

La pasión según Goethe

«Cuando el médico llegó al lado del infeliz Werther, le halló todavía en el suelo y en un estado deplorable. Latía el pulso aún; pero todos sus miembros estaban paralizados. Había entrado la bala por encima del ojo derecho, haciendo saltar los sesos. Le sangraron de un brazo, y corrió la sangre; todavía respiraba. Unas manchas de sangre que se veían en el respaldo de su silla indicaban que consumó el suicidio sentado delante de la mesa donde escribía y que en las convulsiones de la agonía había rodado al suelo. Se hallaba tendido boca arriba, cerca de la ventana, vestido y calzado, con frac azul y chaleco amarillo.

»La gente de la casa y de la vecindad, y poco después todo el pueblo, se pusieron en movimiento. Llegó Alberto. Habían acostado a Werther en su lecho con la cabeza vendada. Su rostro tenía ya el sello de la muerte. No se movía; pero sus pulmones funcionaban aún de un modo espantoso: unas veces casi imperceptiblemente, otras con ruidosa violencia. Se esperaba que de un momento a otro exhalase el último suspiro.

»No había bebido más que un vaso de vino de la botella que tenia sobre la mesa. El libro Emilia Galotti estaba abierto sobre el pupitre. Eran indescriptibles la consternación de Alberto y la desesperación de Carlota.

»El anciano juez llegó turbado y conmovido. Abrazó al moribundo, bañándole el rostro con su llanto. No tardaron en reunírsele sus hijos mayores, y se arrodillaron junto al lecho, besando las manos del herido y no pudieron contener el más intenso dolor. El mayor, que había sido siempre el predilecto de Werther, se colgó al cuello de su amigo y permaneció abrazado a él hasta que expiró.»

lunes, octubre 21, 2013

A propósito de una película dominguera


Constantine es una película de 2005, basada en la historieta Hellblazer. La vi de nuevo en televisión abierta. Sí, otra vez, hay películas que no puedo evitar ver cuando las pasan en la tele, así tenga el dvd. El diálogo de Lucifer con el protagonista, o el de éste con el andrógino arcángel Gabriel, bajo su pie, son muy reales, tan reales como este infierno que habitamos todos los días, Calvino dixit. Y se relaciona con la entrada anterior en este blog, con un libro de ensayos sobre mitología que estoy leyendo (que luego compartiré, of course), y con el Fausto, de Goethe —artista que se trasciende, fascinante, sabio como al que en verdad nada humano le es ajeno, aunque a veces le sea extraño—, que está en la lista de mis relecturas. Me gustan de esta película, y de otros textos, los diálogos, la apuesta, el juego entre seres o mentes. Los paisajes oníricos, el vuelo. Disfruto los enfrentamientos entre ángeles y demonios, en la ficción y en la vida real, cuando hay honor, amor e inteligencia. La interacción entre mundos opuestos. Siempre hay posibilidad de perder, pero ya pocas veces se nos presenta la oportunidad de confrontarnos mediante la palabra, de presentar argumentos, reconocernos, de jugarnos el alma con una sonrisa. 

Dice Giovanni Papini sobre el diablo: "Es necesario que alguien le tienda la mano y reavive su espíritu y ese alguien no puede ser Dios. Pero este alguien, que en el lenguaje humano se llama hombre, no sabe o no recuerda o no quiere. Debía ser el salvador de Satanás y se ha convertido en su siervo: lo ayuda a permanecer donde está, en el fondo sin fondo de la soledad..."

Coincidencias, casualidad, las lecturas cruzadas (películas, blogs, libros, tuits, música) llegan sin pensarlo pero, como el escribir, quizá surjan del deseo, inconfesable o no, de ese algo que nos hermana en la condena o la salvación, como si quisiéramos un pacto. Hay quien abre sus alas en medio de la tormenta. Y antes de soñar, de dejarme llevar, releo sonriente —a pesar de un intenso dolor de cabeza—, un fragmento inicial del Fausto:

Mefistófeles: "Ya que de nuevo te llegas acá, Señor, y preguntas cómo andan las cosas entre nosotros, y ya que en otro tiempo solías verme con agrado, aquí me ves también entre la servidumbre. Perdona, yo no sé expresarme con palabras altisonantes, aunque me escarnezca el coro entero. Mi jerigonza te movería ciertamente a risa, si no hubieras perdido la costumbre de reírte. Nada puedo decir del sol ni de los mundos, no veo más que una casa: la miseria del hombre. El pequeño dios de mundo es siempre de la misma calaña y tan extravagante como en el primer día. Un poco mejor viviera si no le hubieses dado ese vislumbre de la luz celeste a la que da el nombre de Razón y que no utiliza sino para ser más bestial que las bestias todas. Me parece, con perdón de vuestra Señoría, una de esas langostas de largas patas, que siempre vuelan y saltan al volar, sin que por ello dejen de entonar su antiguo cantar en la hierba. ¡Si tan sólo se quedara para siempre en la hierba! ¡Pero no, le es preciso meter la nariz en todo lugar!
Y tras la apuesta:
El Señor: "Puedes aparecerte, pues, también a tu albedrío. Jamás odié a tus semejantes; de todos los Espíritus que niegan, el burlón es el que menos me molesta. Harto fácilmente puede rajarse la actividad del hombre, y éste no tarda en aficionarse al reposo absoluto. Por esta razón le doy gustoso un compañero que, debiendo obrar como diablo, le incite y ejerza influencia sobre él..." 
Mefistófeles (solo): "De tiempo en tiempo pláceme ver al Viejo, y me guardo bien de romper con Él. Muy linda cosa es, por parte de todo un gran Señor, el hablar tan humanamente con el diablo..."


Y suscribo. Todos los textos tienen una letra pequeña que casi nadie lee.

¿Dónde hay que firmar?