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miércoles, febrero 19, 2020

Monólogo de Frankenstein - Jenaro Talens

Esta luz que viene hasta nosotros
del fondo mismo de la noche
quizá resulta demasiado grande
para beberla al despertar. No sé
qué extraña suerte me condujo aquí.
Hecho con los pedazos de otros hombres
tan condenados como yo, me veo
frente a esa luz y a solas,
como si un alba ajena me arrojase
sobre un lecho de plumas
demasiado pequeño para tanto amor.
Conozco ahora las dificultades
de huir remando al viento. Sobre el agua
no quedan flores que me cubran, ni
es mi rostro el que flota en la corriente.
Tal vez si el mundo un día
deja de odiar su imagen, lo que soy
cuando se mira en mí, pueda yacer
junto a un cuerpo desnudo, como un túnel
por donde atravesar la madrugada
y ya no importe ni me duela
que este paseo por el lago dure una eternidad.

miércoles, marzo 08, 2017

Empoderamiento eléctrico - Naomi Alderman

«En mi novela The Power imagino los cambios que suceden cuando de repente casi todas las mujeres del mundo desarrollan el poder de electrificar y electrocutar a la gente a su antojo. Me gustó la idea tan pronto como pensé en ella: parecía lo suficientemente flexible como para soportar algún peso metafórico, y menos cómico que dar a las mujeres enormes músculos o la capacidad de emitir gases venenosos de sus fosas nasales. Pero cuanto más he aprendido sobre la historia de la electricidad —en los hechos y en la ficción—, más he comprendido por qué la imagen de la mujer electrificada era tan perfecta. Se trata de las mujeres y la magia, la liberación de las mujeres a través de la promesa de la "casa electrificada", y sobre la forma en que la energía eléctrica hace que los débiles sea fuertes. Aunque no había puesto todo esto junto cuando empecé a trabajar en la novela, no soy la primera persona que imagina el empoderamiento de las mujeres como literalmente eléctrico.

»De Homero a Shakespeare, los escritores han sabido darle poder a una mujer en sus historias. La hicieron mágica: una bruja. Ése es también el poder que las mujeres tienen en los cuentos de hadas: el extraño poder de lo inexplicable. Y siempre ha habido algo extraño y extraño sobre la electricidad, también.

»Es posible que ya estén recordando la magnífica creación de Rider Haggard, Ella, la que debe ser obedecida, publicada en 1886. Aquí, la inmortal diosa reina Ayesha espera la reencarnación de su amante muerto hace milenios. Ayesha es una "hechicera", pero quien la molesta podría encontrarse "explotada en la muerte por alguna misteriosa agencia eléctrica". O se podría señalar el Victor Frankenstein de Mary Shelley,  quien logra hacer la más femenina de las actividades —el nacimiento de una nueva vida— mediante un proceso que él nunca explica muy bien, pero que parece referirse a la electricidad...»

The Guardian

sábado, enero 07, 2017

Resonancias del afuera - Juan Gelman

«"La invención (literaria), hay que admitirlo humildemente, no consiste en crear desde el vacío, sino desde el caos", escribió Mary Shelley en el prólogo de la edición corregida del texto que se publicó en 1831. Soñaba —despierta— con un nuevo sistema de valores basado en el amor, no en el poder. Pensaba que sólo explorando esa tierra incógnita con la imaginación se podría erigir el mundo igualitario que su marido, sus padres y ella misma querían. El caos era el mundo injusto, sacudido por guerras y voracidades coloniales, por la rapacidad de la burguesía, por la revolución industrial continua, y en el plano ideal, por la contradicción cada vez más desnuda entre el racionalismo del Siglo de las Luces y el irracionalismo de sus partos, que empujaban a los refugios del romanticismo. Y al pavor de la incertidumbre. En 1931, en medio de la crisis más brutal que atravesó Estados Unidos, Hollywood estrenaba el Frankenstein de Boris Karloff y el Drácula de Bela Lugosi. No parece casual. Tampoco la serie de vampiros, el Drácula de Coppola de 1993 incluido, que chupan sangre con insistencia en las pantallas grande y chica —para no hablar de otros terrores, extraterrestres y demás— en los finales de un siglo castigado por genocidios atroces —la Shoa, Hiroshima y Nagasaki, de kurdos y camboyanos, panameños, argentinos, tantos otros—, que no conoció un solo día sin guerra, grande o chica, y que jadea amenazado por el sida, desestabilizado por la globalización y por la destrucción incontenida de la Naturaleza.

»Es notable que otros dos grandes mitos del terror se hayan plasmado en creaciones literarias acuñadas por un sueño. Bram Stoker escribió su Drácula, publicado en 1897, obsedido por esta pesadilla: un hombre indefenso es atacado por tres vampiras sedientas de sexo mientras el vampiro jefe lo reclama al grito de «ese hombre es mío». La que agobió a Robert Louis Stevenson le trajo completa la historia que explayó en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886), novela que escribió en tres días. No escasean las explicaciones freudianas, antifreudianas y aun junguianas de la relación pesadilla-escritura en estos casos. Mary Shelley habría expresado el trauma del nacimiento prematuro y muerte de su hija, y del fallecimiento de su madre a los 12 días de darla a luz. Bram Stoker habría dado salida a inseguridades acerca de su masculinidad. Stevenson, a las marcas que su nodriza, ferozmente escocesa y presbiteriana, le infligió con sus letanías sobre las llamas del infierno y la condenación del pecador. Pero ésa es una manera de achicar las resonancias del afuera en una escritura sensible. Lo cierto es que las ideas y las imágenes del terror que aportó el romanticismo de fines del siglo XVIII guardan intacto su poder de interlocución con los miedos más profundos de dos siglos después. ¿La felicidad consistirá en extirparlos? ¿Hay que cambiar el mundo, entonces?»

"Miedos", en Miradas