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domingo, enero 31, 2010

Cuando un cuerpo encuentra un cuerpo...

Esta es la canción en la que se basa el título de El guardián entre el centeno, la novela de Jerome David Salinger. Sin embargo, y como bien dice el joven escritor José Agustín, The catcher in the rye es un título intraducible, ya que implica el juego de esta canción (“When a body meets a body comin’ thru the rye": Cuando un cuerpo encuentra un cuerpo que viene por el centeno) de Robert Burns, el deseo del protagonista Holden Caulfield de lo que le gustaría ser de grande si de verdad pudiera elegir y lo que anota José Agustín en su texto publicado este sábado en el suplemento Laberinto de Milenio:

"Holden sería un catcher in the rye, variación, a fin de cuentas, de un don Quijote que salva niños en vez de rescatar doncellas, damsels in distress; un protector de la inocencia y la pureza, del paraíso terrenal, como su contemporáneo Charlie Schultz, el monero de Peanuts. Por eso Holden se ofende tanto cuando ve el grafiti fuck en las paredes de una escuela primaria. Pero `in the rye` también son los sándwiches con pan de centeno, así es que este atrapador está listo para ser comido".


Buen domingo.


jueves, enero 28, 2010

JD Salinger (1919-2010)

"¿Sabes lo que me gustaría ser? ¿Sabes lo que me gustaría ser de verdad si pudiera elegir? [...] Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería pero es lo único que de verdad me gustaría hacer".

domingo, enero 17, 2010

De The Catcher in the Rye, de JD Salinger


«No te quedará otro remedio. Te guste o no, lo cierto es que eres estudiante. Amas el conocimiento…

»[en los libros] entre otras cosas, verás que no eres la primera persona a quien la conducta humana ha confundido, asustado y hasta asqueado. Te animará y te alegrará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú. Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá de ti si sabes dejar una huella. Se trata de un hermoso intercambio que no tiene nada que ver con la educación. Es historia. Es poesía…

»no quiero decir que sólo los hombres cultivados puedan hacer una contribución significativa a la historia de la humanidad. No es así. Lo que sí afirmo es que si esos hombres cultos tienen además un genio creador, lo que desgraciadamente se da en muy pocos casos, dejan una huella mucho más profunda que quienes simplemente tienen un talento innato. Tienden a expresarse con mayor claridad y a llevar su línea de pensamiento hasta las últimas consecuencias. Y lo que es más importante, el noventa por ciento de las veces tienen mayor humildad que el hombre no cultivado…

»La educación académica te proporcionará algo más. Si la sigues con constancia, al cabo de un tiempo comenzará a darte una idea de la medida de tu inteligencia. De qué puede abarcar y qué no puede abarcar. Poco a poco comenzarás a discernir qué tipo de pensamiento halla cabida más cómodamente en tu mente. Y con ello ahorrarás tiempo, porque ya no tratarás de adoptar ideas que no te van, o que no se avienen a tu inteligencia. Sabrás exactamente cuáles son tus medidas intelectuales y vestirás tu mente de acuerdo con ellas…»