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lunes, diciembre 01, 2014

Epílogo - W. H. Auden

Los mundos ficticios e intemporales
de significado manifiesto
no deleitarían,

uno fuera el nuestro
uno temporal donde nada
eslo que parece.

.  .  .  

Un poema; un cuento:
pero cualquiera bueno
nos empuja a querer saber.

.  .  .

Sólo los pájaros poco melodiosos,
guerreros inarticulados,
necesitan un plumaje llamativo.

.  .  .
En una casa de citas, tanto
las damas como los caballeros
tienen motes únicamente.

.  .  .

El Mal enmudecido
tomó prestado el lenguaje del Bien
y a ruido lo redujo.

.  .  .

Un día triste y árido.
¿Qué falsedad pirata
ha decapitado tu raudal de Verdad?

.  .  .

En momentos afortunados parecemos a punto
de decir de veras lo que creemos que creemos: r
pero, incluso entonces, el ojo honrado debería guiñar.

.  .  .

La Naturaleza, consecuente y augusta,
no puede enseñarnos qué escribir o hacer:
con Ella lo real siempre es cierto,
y lo que es cierto también es justo.

.  .  .

El tiempo te ha enseñado
                                         cuanta inspiración
te aportaron tus vicios,
                                        la deuda de la imaginación
con la tentación
                                a la que cediste,
que más de un hermoso
                                          verso expresivo
no habría existido,
                                      si hubieras ofrecido resistencia:
como poeta, tú
                               sabes que es cierto,
y aunque en la Iglesia
                                            a veces rezas
para sentirte contrito,
                                             no funciona.
felix culpa, dices:
                                    igual tienes razón.

Esperas, sí,
                     que tus libros te justifiquen,
te salven del infierno:
                                            aun así,
sin parecer triste,
                                    sin que en modo alguno
dé la impresión de que te culpa
                                                             (no le hace falta,
bien sabe
                    a qué hace caso
un enamorado del arte como tú),
                                                              Dios puede hacer
el Día del Juicio,
                          que te deshagas en lágrimas de vergüenza,
recitando de memoria
                                              los poemas que
habrías escrito, si
                                    hubiera sido digna tu vida.



Versión de Eduardo Iriarte
"Canción de cuna y otros poemas"

miércoles, noviembre 20, 2013

El mundo de Shakespeare - W. H. Auden

"La diferencia entre las tragedias y las comedias de Shakespeare no estriba en que en unas los personajes sufren y en las otras no, sino que en la comedia el sufrimiento conduce al autoconocimiento, al arrepentimiento, al perdón y al amor, y en la tragedia conduce, por el contrario, al desconocimiento de sí, al desafío y al odio...

"Los amantes son comunes en los cuentos de hadas, pero el amor aparece más bien como un principio que estructura una pauta, y no como la pasión sexual que experimentamos en el mundo histórico […] Es posible imaginar la seria pasión de Romeo y Julieta con un final feliz en vez de trágico, pero es imposible imaginar ninguno de esos dos finales en el bosque de Oberón o en el bosque de Arden..."

domingo, febrero 05, 2012

La ley como el amor - W. H. Auden

La Ley, dicen los jardineros, es el sol,
la Ley es aquello
que todos los jardineros obedecen
mañana, ayer, hoy.

La Leyes la sabiduría de los viejos,
rezongan lánguidos los abuelos impotentes;
los nietos sacan una lengua atiplada,
la Ley es la razón de la juventud.

La Ley, dice el sacerdote con mirada piadosa,
explicándose ante una congregación impía,
la Leyes las palabras en mi piadoso libro,
la Ley es mi púlpito y mi campanario.
La Ley, dice el juez con su mirada de menosprecio,
hablando con claridad y suma dureza,
la Ley es como ya os dije,
la Ley es como, supongo, sabéis es
la Ley, pero dejadme que os lo explique otra vez,
la Ley es La Ley.

Sin embargo, los eruditos cumplidores de la ley escriben:
la Ley no acierta ni se equivoca,
la Ley no es más que crímenes
castigados por lugares y épocas,
la Ley es la ropa que llevan los hombres
en cualquier momento, en cualquier lugar,
la ley es Buenos Días y Buenas Noches.

Otros dicen, la Ley es nuestro Destino;
otros dicen, la Leyes nuestro Estado;
otros dicen, otros dicen
la Ley ya no existe,
la Ley ha desaparecido.

Y siempre la muchedumbre furiosa y vociferante,
muy furiosa y muy vociferante,
la Ley somos nosotros,
y siempre el débil idiota débilmente Yo.

Si nosotros, cariño, sabemos que no sabemos más
que ellos sobre la Ley,
si yo no sé más que tú
qué deberíamos y no deberíamos hacer
salvo que todos aceptamos
de buen grado o por fuerza
que la Ley es
y que todos lo sabemos,
si por tanto pensando que es absurdo
identificar la Ley con otra palabra,
a diferencia de tantos hombres
no puedo decir que la Ley es otra vez,
no más que ellos podemos sofocar
el deseo universal de descubrir
o zafarnos de nuestra propia situación
hacia una condición indiferente.

Aunque al menos puedo limitar
tu vanidad y la mía
a expresar tímidamente
una tímida similitud,
alardearemos de todos modos:
como el amor, digo yo.

Como el amor que no sabemos dónde o por qué,
como el amor que no podemos imponer ni abandonar,
como el amor que a menudo lloramos,
como el amor que rara vez conservamos.

domingo, diciembre 27, 2009

Otro tiempo - W. H. Auden

Para nosotros como cualquier otro fugitivo,
como las innumerables flores que no pueden enumerar
y todas las bestias que no necesitan recordar,
es hoy donde vivimos.

Muchos intentan decir Ahora No,
muchos han olvidado cómo
decir Yo Soy, y se
perderían, si pudieran, en la historia.

Se inclinan, por ejemplo, con esa elegancia del viejo mundo,
ante una bandera adecuada en un lugar como es debido;
mascullan cual ancianos mientras suben renqueando
sobre lo Mío y lo Suyo y lo Nuestro y lo de Ellos.

Como si el tiempo fuera lo que solían desear
cuando aún estaba dotado de posesión,
como si anduvieran errados
al no desear seguir formando parte.

No es de extrañar, pues, que tantos mueran de pena,
que tantos estén tan solos al morir;
nadie ha creído aún ni apreciado una mentira:
Otro tiempo tiene otras vidas que vivir.